CÓMO CREAR UN GRUPO DE HOMBRES PROFEMINISTAS?
Las mujeres hemos buscado afanosamente nuestra libertad e igualdad, socialmente hablando. Pero, ¿realmente lo hemos conseguido?
LAURA
GUADALUPE LEAL-GUAJARDO / LECTORA DE MUJERACTUAL
Las mujeres
hemos buscado afanosamente nuestra libertad e igualdad, socialmente hablando.
Pero, ¿realmente lo hemos conseguido?
En algunos países, han caído en el libertinaje, en otros para nada se ha
dado la igualdad de sexos, en otros más, ha sido totalmente indiferente; pero
lo que sí ocurre es que en la mayoría se nos sigue viendo como objetos sexuales
al promoverse y permitirse los "tables dances", salas de masajes,
entre otros centros de diversión, además de que cada día es mas alto el índice
de acoso sexual por parte de superiores en el trabajo.
En este sentido, seguimos en las mismas, el abuso psicológico de las
mujeres que no han tenido la oportunidad de desarrollarse académicamente
hablando y son orilladas a ganarse la vida.
Mucha culpa la tenemos nosotras mismas al permitir este tipo de
situaciones, pero lo importante aquí es que aprendamos a defender nuestra
condición de ser mujeres al no aceptar hacer cosas que realmente no queramos
hacer, que estemos conscientes de que el valor de ser mujer es muy alto ya que
es un don con el cual hemos nacido (eso de dar vida a otro ser, y que somos más
aguantadoras que los hombres no es poca cosa) y que hagamos valer nuestros
derechos como seres humanos.
Vivimos en el
siglo XXI, la época de las cavernas ha pasado desde hace mucho y cosas como la
denigración, la humillación, el poco o nada de valor como seres humanos, deben
de dejarse de promover en nuestra sociedad. Tenemos derecho a sentir, a vivir,
a trabajar, a pensar y expresar nuestras ideas y llevar a cabo una vida digna y
con responsabilidad.
La
igualdad sin diferencia alguna entre las personas, sabido es que no existe, y
aun las cosas que no acertamos a distinguir no son idénticas. Si lo parecen las
hojas de un árbol o las arenas del mar, es porque no las observamos bien, o
porque no tenemos medios adecuados de observación: a medida que ésta se
perfecciona más, halla más diferencias; tanto, que conocer es distinguir. Nos
parecen iguales las ovelas de un rebaño que el pastor no confunde, y dos gotas
de agua que ponemos como ejemplo de cosas idénticas, con el auxilio del
microscopio se ve que no lo son.
Si
la igualdad entre los hombres no es, no puede ser la identidad,
resultará, pues, de cierto grado de semejanza. Pero ¿qué grados de
semejanza bastan para constituirla igualdad?¿Cómo se miden estos grados? He
aquí dos preguntas que es preciso hacer y difícil contestar. Por difícil que
sea hay que contestarlas, porque ya se conceda la igualdad o se niegue,
necesario es razonar la concesión o la negativa: reflexionemos, pues, sobre el
asunto.
Hay
que poner ruedas a un vagón, y han de ser iguales. ¿Qué necesitamos
para decir que lo son? No que sean idénticas, sino que su semejanza sea
bastante para resistir igualmente por cierto tiempo, para que se adapten a la
vía de un modo análogo, no tengan demasiado rozamiento al rodar por ella, no
descarrilen en las circunstancias normales, y no produzcan movimientos
violentos y grandes desniveles en los carruajes.
Necesitamos
una balanza: los brazos, los platillos, han de ser iguales. ¿Cuándo decimos que
lo son? Cuando tienen la suficiente semejanza para que los pesos que hacernos
con ella tengan la necesaria exactitud. Según tengamos que pesar patatas, oro o
gases, exigiremos entre las partes simétricas del aparato más igualdad, grados
de semejanza proporcionados a los de exactitud que deseamos en el peso.
Necesitamos
varios aparatos para elevar agua, iguales, y decimos que lo son cuando los
cuerpos de bomba y los émbolos tienen bastante semejanza para efectuar
próximamente el mismo trabajo.
Construimos
una escalera con peldaños, que tenemos por iguales si a la vista lo parecen,
asemejándose bastante para que al andar por ella no se tenga la molestia que
resultaría de su mucha desigualdad.
Podrían
multiplicarse los ejemplos, resultando siempre que en las obras materiales se
llama igualdad cierto grado de semejanza.
Debe
observarse, además, que tácita o expresamente se prescinde, al calificar de
iguales las cosas, de diferencias que, aun cuando grandes, no influyen de una
manera apreciable en su utilidad para el servicio que han de prestar. Así,
decimos que dos bombas son iguales si tienen las mismas dimensiones y efectúan
el mismo trabajo, aunque estén pintadas de un color diferente.
Si
de las obras pasamos a los operarios, observaremos que éstos se califican
también de iguales cuando sus productos se asemejan lo bastante para ser
igualmente útiles. Llamamos iguales a dos zapateros que nos hacen por el mismo
dinero botas que no difieren de un modo apreciable en apariencia y servicio.
-Pero
en cuanto pasamos de la obra al obrero, surgen multitud de
elementos que hacen el problema complicado, de sencillo que era. En la balanza
podíamos prescindir de todas las diferencias que no influyesen para la
exactitud del peso; en el zapatero no podemos prescindir de todas las que no se
refieran a la hechura de las botas. Puede ser un hombre que padece una
enfermedad contagiosa transmisible por el calzado que manipula; un tramposo que
pide paga anticipada y olvida o niega la que ha recibido; un ratero que echa
mano y guarda el cubierto o la joya que halló al paso en nuestra casa; un
criminal que entra en ella para combinar, con otros malvados, el modo de
asaltarla. ¿Puede parecernos igual al que está sano de cuerpo y es exacto en
sus cuentas y honrado en sus procederes? Seguramente que no.
Si
en vez de calzar se trata de enseñar a un hijo, todavía notaremos más
diferencias importantes entro dos maestros iguales respecto a ciencia, y
habilidad y celo en transmitirla. No nos basta ya que no sean tramposos, ni
cometan ninguna acción penada Por la ley; necesitamos que sus maneras sean
cultas, su lenguaje decoroso, su proceder digno, su conducta intachable, a fin
de que no dé mal ejemplo, haciendo más daño con su obra inmoral que provecho
con su obra científica: en este caso la igualdad necesita mucho mayor número de
semejanzas. Estas han de ser más para que haya igualdad entre dos amigos.
Podemos
decir (y con exactitud muchas veces) que nos son iguales dos operarios que
trabajan del mismo modo; mas para afirmar la misma igualdad en dos personas que
aspiran a la mano de una hija, ¡cuánto mayor número de semejanzas no
necesitamos! La comparación se extiende entonces a lo físico, a lo moral, a lo
intelectual. Edad, robustez, belleza y costumbres, ideas, carácter, aptitud,
posición social todo lo comparamos, observando analogías y diferencias,
inconvenientes y ventajas, perjuicios y compensaciones; son aquí tantas las
semejanzas que se necesitan para establecer la igualdad, que será muy raro que
un padre, aun obrando con fría razón y recta conciencia, sin dejarse llevar de
simpatías ciegas, ni vanidades locas, piense que es igual un hombre a otro para
marido de su hija.
Se
ve que en las relaciones de los hombres, aun las más sencillas y del orden
físico, aun para la obra más mecánica, la igualdad que se establece no es
puramente material; y se ve también que entran en ella más elementos físicos,
morales o intelectuales, a medida que la relación se establece en más amplia
esfera, aumentando entonces el número de semejanzas necesarias para constituir
igualdad.
Parece,
pues, bastante claro que al contestar a la pregunta: ¿Qué grados de
semejanza se necesitan para establecer la igualdad?, no podemos referirnos
a escala y números fijos, ni aplicar la misma regla comparando balanzas y
escaleras, que hombres, ni éstos lo mismo si se trata de hacer calzado o la
felicidad de las personas que amamos.
De
todo lo cual se infiere que igualdad es aquel grado de semejanza
NECESARIA para el fin a que se destinan las cosas o personas que se
comparan. Ya sacaremos las consecuencias de este principio, a nuestro
parecer muy importante.
¿Qué
es equivalencia? La etimología de la palabra lo indica: equivalente
es lo que vale igual. La igualdad aquí se refiere, no al aprecio que
de ella se hace, al valor que tiene. Una moneda de oro, una medida de trigo,
una pieza de paño, un pedazo de hierro, cosas son que se parecen muy poco entre
sí, y, no obstante, pueden ser equivalentes, cambiarse unas por otras, y
tomarse indistintamente como pago de una deuda. La equivalencia de las personas
se establece según condiciones que varían mucho más que respecto a las cosas:
las circunstancias, los errores, las pasiones, la abnegación, el egoísmo, el
vicio, la virtud, el crimen, la inocencia, todo contribuye a que una persona
sea tenida en poco o en mucho, y a que se considere que vale más, menos o lo
mismo que otra con quien se la compara.
Menos
fuerza muscular puede suplirse con mayor destreza; una cualidad moral, una
aptitud intelectual con otra o con mayor perseverancia en el trabajo y
constancia para el bien. Aunque no se suplan las disposiciones o las obras,
pueden éstas tener un valor igual y ser equivalentes. Un albañil y un cantero
no se suplen, ni un cantante y un director de orquesta; pero siendo igualmente
necesarios éstos para ejecutar una ópera y aquéllos para hacer una casa, dadas
ciertas circunstancias su trabajo podrá tener un valor igual, y sus servicios
considerarse como equivalentes. Un médico y un abogado no se suplen en lo
relativo a su profesión, pero los servicios que prestan, aunque muy diversos,
pueden valer lo mismo. La muerte del que la arrostra voluntariamente por la
patria en el campo de batalla, o por la humanidad en una epidemia, con ser muy
distintas son igualmente heroicas. Hay equivalencias en el arte y en la
industria, en lo intelectual y en lo moral, en todo.
Pero
estas equivalencias, ¿qué grados de analogías necesitan? Aquí empieza la gran
dificultad; porque un valor, cualquiera que sea, es cosa relativa a los medios,
necesidades o ideas de quien le calcula y determina, y dos cosas análogas y
equivalentes para uno, para otro no tienen analogía, ni pueden ser comparadas,
o si lo son es para apreciarlas de muy diferente modo. El entusiasta por la
música y el que la considera como un ruido menos desagradable que otros; el
aficionado a toros y el que detesta esta diversión, ¿podrán ponerse de acuerdo
sobre la equivalencia de los servicios que presta un torero y un
cantante? El que llama sueños a las especulaciones filosóficas, y el que cree
no hay elevación ni dignidad sino en ellas; el que no considera como verdadero
trabajo sino al manual, y el que le califica de degradante, ¿podrán convenir en
la equivalencia de la obra de un filósofo y de un picapedrero?
Es
un gran auxiliar de la igualdad la equivalencia; por medio de ella pueden
ponerse al mismo nivel social los que tienen aptitudes, méritos, posiciones
diferentes, estableciendo compensaciones armónicas y durables en vez de esas
especies de rodillos que quieren pasarse por la sociedad como por las
carreteras para igualar por presión, aplastando todo lo que sobresale. El que
observa la variedad de aptitudes que especifica y aumenta la división de
trabajo, y duda tal vez de poder hallar bastantes semejanzas para establecer la
igualdad, ve un modo de suplir a la semejanza con la equivalencia, y se
apresura a señalarla como poderoso elemento de equilibrio estable. Y como el
ánimo al discurrir sobre los grandes problemas sociales es raro que no esté
inquieto; como el asunto es carne viva que palpita, que siente, que sufre; como
estas palpitaciones y estos sufrimientos se comunican al que los estudia con
deseo de calmarlos, cuando se halla o se cree hallar un calmante, es difícil
que al desear su eficacia no se exagere.
Fácil
es, por tanto, caer en exageración al graduar lo que al equilibrio social puede
contribuir la equivalencia; mas sin considerarla como una panacea, parécenos
que puede calificarse de remedio en algunos casos, y siempre de elemento
armónico de razonable igualdad. Al congratularse de que exista, y al contar con
él, hay que precaverse de exagerar su poder, y, sobre todo, de no imaginar que
es independiente. La equivalencia puede penetrar muy adentro en el organismo
social, pero no influir sin ser influida, y sin un previo, largo y difícil
trabajo para calmar pasiones, desvanecer error, satisfacer intereses y hacer
concurrir al bien elementos cuyas armonías no se sospechan al ver sus aparentes
antagonismos.
Pero
si parece indudable que la equivalencia puede contribuir de un modo eficaz a
establecer la igualdad, tampoco tiene duda que su cooperación ofrece
dificultades cuya magnitud conviene apreciar bien, para que, no se conviertan
en insuperables obstáculos. Por una parte, si pueden ponerse al mismo nivel, no
sólo los que son iguales, sino también aquellos que valen igualmente, claro es
que aumenta el número de personas que se igualaron, socialmente consideradas;
pero este aumento requiere condiciones difíciles, es más dificultoso determinar
equivalencias que igualdades. Comparar dos médicos entre sí, un médico con un
naturalista o un abogado, un poeta con un piloto, un ingeniero con un albañil,
un artista con un artesano, ofrece dificultades crecientes a medida de las
diferencias: ya no se buscan semejanzas que se llaman igualdades, hay que
observar analogías para determinar equivalencias. Este trabajo se ve claramente
es mucho más delicado y difícil, aunque se hiciera con toda calma,
despreocupación y justicia; pero suele faltar esta justicia, esta
despreocupación, esta calma, y suele medirse el valor de las diferentes clases
como miden la temperatura los que no tienen termómetro, y según sienten calor o
frío, dicen que una casa está fría o caliente. ¿Qué escala, qué regla hay para
graduar las equivalencias sociales? Si no nos pagamos de palabras y de
apariencias, veremos que no existen reglas fijas; y reflexionando sobre el
caso, notaremos que las escalas es inevitable que sean variables con las ideas,
las pasiones, las necesidades y la manera de ser de los que las forman. El
pueblo guerrero y descreído no puede conceder equivalencia entre el combatiente
impávido y el piadoso sacerdote; el ignorante y vicioso, entre el sabio que le
quiere instruir y el cómico, el cantante o el torero que le divierten: donde se
cree en la diferencia real de las castas y de las clases, no hay equivalencia
posible entre los que figuran en las primeras y los que pertenecen a las
últimas. Cada cambio en las ideas, en los intereses, en las necesidades, en las
pasiones, produce otro en la escala que gradúa el valor social de los hombres;
se establecen equivalencias donde antes no podían existir, se niegan las
reconocidas, y se declara superior al que antes estaba más abajo, y viceversa.
Mirados con desprecio los que toman parte en las representaciones teatrales, su
oficio es vil, y ellos equiparados a los más indignos; pasan años, no muchos,
para tan notable cambio, y el que era un histrión infame se convierte en un
actor, en un artista apreciable, eminente, sublime, inmortal, según los casos,
Y la equivalencia que antes se buscaba en las últimas capas sociales, se
establece en las primeras.
Un
gran número de artes y oficios vedados por la ley o por la opinión a toda
persona digna, y hoy apreciados u honrados, han variado la graduación de la
escala y los elementos de la equivalencia. Estudiándolos se ve que crecen estos
elementos, que cada descubrimiento, cada invención, cada camino que se abre a
la actividad inteligente del hombre, es un nuevo medio de equipararle a otros
que ocupaban una posición más aventajada, y aumenta el número de los que,
siendo equivalentes, pueden ser y son considerados como iguales: la rapidez del
progreso en este sentido no puede desconocerse. No es necesario subir mucho en
la historia de los pueblos para ver que no había equivalencia social respecto a
las clases elevadas más que en dos: el sacerdote y el guerrero. Entre éstas y
las demás mediaba un abismo; la equivalencia era imposible. Después la toga se
equiparó al hábito y a la coraza; así pasó mucho tiempo, y aún los ancianos
recuerdan aquel en que ninguna persona noble que no tuviera lo suficiente para
vivir de sus rentas podía dedicarse más que a las armas, a la iglesia o al
estudio de las leyes: la equivalencia, que se había extendido un poco, se
limitaba, no obstante, al derecho, la teología y la milicia; hoy han dilatado
su esfera las ciencias, las artes, la industria, el comercio, modos infinitos
de desplegar dignamente la actividad humana, que, manifestándose de diferente
modo y aplicándose a objetos diversos, tienen igual utilidad y merecen igual
aprecio.
No
es posible observar, siquiera sea muy por encima, la marcha de la civilización
sin ver como factor creciente de la igualdad la equivalencia, y sin notar que
este crecimiento es constante, graduado, sólido, resulta de causas poderosas y
permanentes, es lógico, en fin.
Pero
quien dice lógica, dice encadenamiento ordenado y necesario de verdades, dice
un inmenso poder y una regla severa, una gran fuerza y una estrecha sujeción, y
para que las consecuencias sean irresistibles es indispensable que las premisas
sean ciertas. No es una escuela, un club, un orador de tribuna o de esquina los
que pueden decir a un hombre o a una multitud tú vales tanto como otra multitud
u otro hombre esta declaración puede hacerse aplaudir en una hora de
entusiasmo, o servir de bandera en un día de motín; pero no constituirá un
derecho si no recae sobre hechos positivos y constantes. Nuevas ideas, nuevas
necesidades físicas, morales e intelectuales, y quien las satisfaga realmente,
es condición precisa para aumentar de un modo estable el número de los
equivalentes sociales, o variar el lugar de la escala que ocupan. La
adivinación no se ha convertido en buenaventura descendiendo del oráculo a la
gitana, sino porque son ya pocos y de los que están muy abajo los que creen que
hay artes ocultas para predecir lo futuro. El ingeniero no se ha puesto a nivel
de las profesiones más honradas sino porque satisface una necesidad generalmente
sentida. El cómico no pasó de histrión infame a actor apreciado sino porque se
ha hecho artista en un pueblo que gusta del arte; y donde el torero recoge
aplausos y dinero, y el filósofo vive olvidado en la miseria, es porque la
falta de ideas y el trastorno de las pocas que hay produce la inversión de las
escalas sociales y que los últimos sean los primeros, y viceversa.
Así,
pues, la equivalencia, auxiliar poderoso de la igualdad, crece constante pero
lógicamente; tiene poder, pero está sujeta a leyes; puede influir mucho, pero
no puede prescindir de necesidades, de ideas y, lo que es más triste, ni aun de
errores o injusticias. En vano un individuo o una colectividad dirán a otra
colectividad o a otro individuo: valemos tanto como vosotros, y será cierto y
lo probarán; si los demás no lo comprenden así, si hay quien tiene interés en
negarlo y medios de hacer que su interés prevalezca, la equivalencia, por más
justa que sea, no será menos imposible. No la realiza, pues, quien pretendo
imponerla; antes la desacredita, contribuyendo a que se a declare imposible,
cuando no es más que prematura.
Resumiendo.
No se debe confundir la igualdad con la identidad, porque no existen dos
personas entre las cuales no haya diferencia alguna.
Igualdad no es una cosa absoluta y fija, sino relativa y variable,
según el objeto con que se establece; así hemos podido definirla aquel
grado de semejanza necesario para el fin a que se destinan las cosas o las
personas comparadas.
Equivalencia es el valor igual que tienen las cosas o las personas, no
por sus muchos grados de semejanza, sino por ser igualmente apreciadas del
que las califica.
Tendremos ocasión de recordar más adelante estas verdades y necesidad de apoyarnos en ellas
Creo que todo mundo sabe que en México el machismo es casi una forma de vida, poco falta para que venga escrito atrás del escudo nacional o debajo de nuestro himno, la clásica imagen que tiene el mundo de nosotros es un borracho, parrandero y jugador, que dedica pocas o ninguna hora a su trabajo y al hogar, que hace lo que quiere aún si la ley no está de su lado, y cuya esposa e hijos (por lo general numerosos hijos) son maltratados por él... incluso he llegado a pensar que la palabra machismo es un regionalismo que se extendió por todo el mundo de habla hispana, aunque algo es seguro: Este tipo de personas existe más allá de nuestras fronteras.
Seguramente hombres así hay en todo el mundo, cada lugar denominándolos diferente, pero con las mismas actitudes de creer que sus órganos sexuales les dan el derecho de hacer lo que les venga en gana... poco más que una tontería.
El machismo tiene un historial tan largo como la humanidad; con excepción de algunos pueblos, los hombres eran quien controlaban las familias y los bienes; desde el emperador hasta el siervo, todos tenían al menos una mujer a quién subyugar. La Biblia y los escritos egipcios y europeos nos dejan ver que el patriarcado era una forma de vida y, salvo excepciones, las mujeres llegaban a tomar el poder o pasar a la historia haciendo algo interesante.
No es de extrañar que se piensa ahora que el desarrollo de la humanidad esté asentado en la "mano del hombre", y no de la mujer... haciendo un rápido análisis mental puedo recordar a muchísimos hombres de ciencia: Pitágoras, Da Vinci, Newton, Franklin, Einstein, Samuelson, Bell, Joule, Descartes, Voltaire, Demócrito... pero sobre mujeres solo recuerdo a Hypatia y Marie Curie... y esto no significa que las mujeres sean tontas o que no les interese la ciencia, simplemente que mientras todos esos hombres filosofaban y construían inventos ellas prendían sus fogones y lavaban sus camisas, en ese estado poca ciencia se puede aprender.
Sí,
los tiempos han cambiado, y desde 1960 las mujeres pueden votar en México (No
me admiro que en esa época ya pudieran, sino que antes no...), y ahora (sin
contar los problemas familiares y culturales que aún sofocan) la mujer puede
tomar sus propias decisiones, lo cual al menos nos indica que vamos en buen
camino
Como era de esperarse, debía haber un ataque hacia la represión de la mujer; y esto no ocurre únicamente en este campo... casi como un Dogma de Fe donde haya represión, se harán conspiraciones para intentar llevar la situación no solo a una posición equitativa, sino al otro lado de la balanza: En una revolución no cambia la miseria de un pueblo, simplemente los que están arriba y abajo, esto lo aprendimos bien con el Materialismo Dialéctico al mostrarnos que la lucha de clases es el motor de la historia. Pues bien, esta guerra de los sexos no se escapa de la regla y por tanto el Feminismo surgió como un movimiento (no precisamente organizado) que se oponía al machismo, tratando de demostrar la superioridad de la mujer y llevarla a recuperar no solo el terreno perdido, sino ganar la diferencia que ha tenido el hombre. Pocas mujeres en realidad son feministas, la mayoría de hombres y mujeres preferimos llegar a un mutuo acuerdo y por tanto el equilibrio de fuerzas.
El decir que el feminismo comenzó en los años 60 es la peor de las mentiras, ya que seguramente existía antes del invento de la escritura; han sido señaladas culturas que, aunque aisladas, tenían a la mujer como centro de gobierno, y los matriarcados eran lo normal. Aún en la cultura machista occidental se han dado casos donde la mujer ha expresado y sabido demostrar su capacidad, ejemplos como Sor Juana Inés de la Cruz con poemas que hablan de la relación de la mujer con la sexualidad:
Hombres necios que acusáis a la mujer sin
razón
Sin ver que sois vos la ocasión de lo mismo
que culpáis;
Si con ansia sin igual solicitáis su desdén,
Para que queréis que obren bien si las
incitáis al mal?
O como Elna Cornado, que en 1678, a los 32
años de edad, se convirtió en la primera mujer en graduarse de una universidad,
no solo en Padua, Italia, sino en todo el mundo.
Más allá de ambos
Si algo he aprendido en mi vida y en conversaciones en [Cyberateos], es que la mujer no se librará del yugo del machismo completamente hasta que deje de esperar la caballerosidad en un hombre, "La caballerosidad es el primer paso hacia el machismo" aunque a muchas mujeres acostumbradas a los buenos tratos se les dificulte entender. La idea es que una mujer verdaderamente independiente no espera a que un hombre llegue a abrirle la puerta, ella misma la abre con la misma destreza que un hombre podría; ella no es ninguna impedida, y al usar esa "ayuda" sin una razón específica (como sería el usar una silla de ruedas, donde si lo veo oportuno), se le dice que por el hecho de ser mujer ella debe esperar ese trato del hombre, que a la larga resultará en sumisión.
Les confieso que llegué a dudar de lo que acabo de explicar, pero por alguna razón he descubierto con amigos y conocidos que el más caballeroso, el que siempre se bate a golpes por la mujer (ya sea o no la amada) y el que insiste más en el cortejo es quien, ya en pareja, resulta ser el más celoso y más machista sobre la mujer, pidiéndole una exacta cuenta de sus actos, como si ella dependiera de él... nada más alejado de la verdad.
Es cierto que a las mujeres (y de cierta forma a todos) les gusta que se les trate bien y que tengan un trato preferencial, y siempre es así cuando comienza el cortejo, pero ya tomada confianza, si la mujer permitió que el hombre se encargara de todo en esa relación, nada va a cambiar; es cuando las mujeres expresan eso de "Es que ha cambiado mucho" . Lo que no ven es que el problema está en que es el mismo de siempre: Un machista jamás dejará que su "novia recién adquirida" ande del lado de la acera que ve hacia la calle, pues él se cree omnipotente como para encarar a los autos y la cree a ella tan débil y frágil que se rompería como cristal.
Al final de cuentas creo que la mejor cura hacia las dos tendencias
(machismo y feminismo) sería una total igualdad. Como lo he expresado varias
veces con mis conocidos no tengo planes de casarme, pero en caso de tener una
pareja estable me gustaría que fuéramos una especie de "socios",
donde cada uno se encarga exactamente del mismo número de obligaciones, tanto
del trabajo como del hogar... esa es mi idea de relación estable.
HACIA UNA
PERSPECTIVA FEMINISTA
DE LA VIDA
Una semana destinan
en Puerto Rico para reflexionar sobre las luchas de la mujer. ¿Qué sacamos en
limpio?
Por Norma Valle
(FEMPRESS)
La carta llegó como una premonición... A ésta se añadió luego el mensaje de radio.
Ambos alusivos a la Semana de la Mujer (porque en Puerto Rico, cuando
finalmente se decide conmemorar un evento, no se hace con un día o un acto sino
con toda una semana). La carta, del presidente de la Universidad de Puerto
Rico, y el mensaje, del Rector del Recinto de Río Piedras (UPR), reflejaron
conocimiento y conciencia. Más que sorprenderme, me alegré, y pensé para mis
adentros lo mucho que se ha cambiado desde que hace exactamente 25 años comencé
a militar en el feminismo en mi país.
Las
feministas nos pusimos los patines: por una semana visitamos escuelas, centros
universitarios, oficinas sindicales, ministerios o agencias de gobierno, y
conversamos con todo tipo de grupo sindical, cívico o de empresa privada que, a
tono con la Semana de la Mujer, quiso escuchar el mensaje de la igualdad. Se
hicieron reportajes en los medios escritos y en los electrónicos. Parecería que
la cosa marcha bien para el '94, faltando apenas un año para la culminación de
las dos décadas desde que la Organización de Naciones Unidas mandató a sus
estados miembros adelantar la condición de la mujer.
Sabemos,
sin embargo, que hay un largo trecho que recorrer todavía para alcanzar la
igualdad real. En ese camino, tres asuntos me llamaron poderosamente la
atención durante estos días:
Se
sigue alterando los hechos relacionados con el Día Internacional de la Mujer,
ignorando muchos de los detalles y falseando otros acerca del origen histórico
de la conmemoración. Por ejemplo, el socialismo de Clara Zetkin y del Congreso
de Mujeres que proclamaron la celebración brilla por su ausencia. Se omite que
el 8 de marzo se celebró en Puerto Rico a principios de este siglo con el
fortalecimiento del movimiento obrero. Se ignora que se celebra
ininterrumpidamente desde 1972 y que se celebra oficialmente en Puerto Rico
porque un legislador socialista y una estadolibrista legislaron sobre la
materia a petición y reclamo del movimiento feminista. La preocupación es que
intencionalmente se esté aumentando la frivolidad de la conmemoración y se
disminuye el origen revolucionario de la misma.
Estos
días estuvieron marcados por la preocupación frente a la violencia contra la
mujer y por la discusión del tema de la relación de los hombres con las mujeres
y el feminismo. Es una discusión que hace tiempo viene gestándose y parece
estar tomando cuerpo. La cuestión en el aire parece ser 'cómo vivir en un mundo
poblado por feministas y sobrevivir en el intento...'. El tema ha pasado de la
broma y la burla a la discusión seria, unos y otras reflexionando y apoyando el
feminismo, otros y otras repudiándolo y resacando algunos de los prejuicios más
atávicos. Se pone sobre el primer plano la crianza de los varones y la
enseñanza a nivel formal e informal de las relaciones entre los sexos, desde
que empiezan en el centro escolar y en el vecindario. Se plantea más allá de
provocar cambios en la escuela, una nueva formación de padres y madres para
eliminar el sexismo en la crianza de los hijos.
En
una charla que dictaba estos días, un líder obrero me preguntó qué aspecto de
la pionera puertorriqueña del feminismo Luisa Capetillo (1879-1922) me llamó
más la atención. La interrogante me tomó por sorpresa, porque son muchos los
detalles de la vida de esta mujer los que me conmueven. Luego de reflexionar
unos instantes, le respondí que su rectitud, al vivir cotidianamente de acuerdo
con los principios que predicaba. Esto le costó íntimos y dolorosos
sacrificios. Entonces, pensé que durante estos últimos 25 años de compromiso
feminista, la lucha más ardua la hemos dado las mujeres, tal vez, en la vida
cotidiana. En las relaciones de poder con el compañero, en el hogar, en el
trabajo, en la cama. En ese trajín diario de hacer malabares, de concientizar y
desconcientizarse, de no equivocarse en los mil y un detalles que implican una
perspectiva feminista de la vida, de lo que leemos, de lo que escribimos. De
cómo convivimos en el trabajo, en la escuela, en la calle, en el hogar,
aprendiendo todos los días a ser feministas, principalmente con nosotras
mismas.
Mujeres con Handicap
hacia la Resistencia
Hemos sido educadas en la pasividad, obediencia, aceptación de la
violencia ejercida contra nosotras. Se nos ha inculcado que como mujeres con
discapacidad debemos seguir de manera sumisa las directrices que nos han venido
marcadas desde fuera: El rechazo de cualquier acción de resistencia u
oposición, ni siquiera pacifica y el total sometimiento a nuestr@s
agresor@s. Hablamos de violencia psicológica, física, sexual (abuso sexual o
directamente la violación)
Las compañeras con
discapacidad y con una opción sexual diferente (lesbianas) se han visto
forzadas a ocultar su sexualidad. Se trata de una tercera vía de castración por
ser mujeres, por su discapacidad y por ser lesbianas.
En la colaboración con
nuestros compañeros masculinos de lucha nos enfrentamos al machismo instaurado
en la sociedad patriarcal en la que nos hallamos inmersas. Algunos de nuestros
camaradas emplean un lenguaje discriminatorio, sexista y vejatorio demostrando
un absoluto desprecio por lo que ellos llaman despectivamente "cosas de
mujeres". Prueba de ello es el escaso numero de mujeres discapacitadas que
hallamos en puestos directivos en nuestro movimiento ya que tenemos que
demostrar que valemos el doble que los hombres para que se nos tenga en cuenta.
En lo que concierne al
movimiento feminista nos llama la atención el escaso interés que el feminismo
se toma por nuestras particularidades. Nos resulta sumamente extraña la
inexistencia de colectivos de mujeres con discapacidad fuera o dentro del
movimiento de mujeres.
Para terminar con esta
situación alienante es necesario que hablemos entre nosotras compartamos
experiencias. De esta forma lo que, con anterioridad, hemos intuido en nuestro
fuero interno, personalmente, se convertirá en conocimiento, avalado por la
experiencia colectiva.
UNAMOS NUESTRAS FUERZAS
HACIA LA RESISTENCIA
Las interesadas en
participar en esta iniciativa escribid a esta dirección: marmolp36@hotmail.com
(Por Txema Espada Calpe, Enero 2002)
Os recomendamos que visitéis los textos de esta
sección para comprender mejor el porqué, cuándo y cómo de ‘Los grupos de toma
de conciencia’. Hemos revisado y traducido aquí una breve guía extraída de la
página de la “Red Europea de Hombres Profeministas”, en la que se explica
algunas cuestiones sobre cómo crear un grupo de hombres pro-feministas. No
existen recetas pero experiencias anteriores nos pueden enseñar sobre posibles
errores. Afortunadamente han existido múltiples grupos de hombres en nuestro
Estado que nos ha legado cierto poso sobre cómo se avanza en el camino del
anti-sexismo.
Si estoy interesado por el feminismo: ¿Tengo
que formar o participar en un “grupo de toma de conciencia” de hombres?
No existe nada que diga que sea
absolutamente necesario formar parte en un “grupo de hombres” para poder
implicarse en el profeminismo masculino, pero de la experiencia de movilización
de las últimas décadas se extrae que los grupos de hombres son una de las
mejores formas que tienen los hombres para comenzar a implicarse en el
profeminismo.
Crear un grupo sin saber para qué o por
qué no tiene mucho sentido. Sin embargo muchos hombres que se han acercado al
feminismo han sentido la necesidad de discutir sobre sus vivencias y los
problemas de la masculinidad, y lo han hecho tanto con otros hombres como con
mujeres. Mientras muchas mujeres han reflexionado sobre los problemas que han
generado en sus vidas los mandatos y modelos de género, son todavía muy pocos
hombres los que han reflexionado sobre los problemas que nos causan los modelos
imperantes de masculinidad. Se puede reflexionar leyendo libros, conversando
con familiares, amigos y amigas, compañeros de estudios y de trabajo. Una forma
muy útil para reflexionar sobre nuestras vidas es hacerlo en grupo,
compartiendo con otros hombres nuestras vivencias e intentando construir unas
relaciones diferentes con los compañeros de grupo.
Cuando ciertos hombres han sentido la
necesidad de organizarse para apoyar decididamente las luchas feministas
generalmente han tenido dificultades para saber qué podían hacer y cómo. Los
modelos de organización específica de hombres interesados por el feminismo, que
hemos tenido comúnmente al alcance, han sido los grupos de hombres de toma de
conciencia. Fueron las feministas las que nos señalaron el camino ya que
aprendimos de su organización y experiencias el valor que los grupos de toma de
conciencia tenían para introducir cambios sociales.
¿Qué se hace en estos grupos?
Bueno, pues se conversa entre varones y
se intercambian palabras, cuidados, comida, experiencias. Digamos que se
reflexiona en grupo sobre nuestras vivencias como tíos, partiendo generalmente
de nuestras vidas cotidianas, problemas, frustraciones, etc. En realidad los
temas y acciones nunca están cerrados, pero más que hablar por mover la boca,
los “grupos de hombres” han pretendido ser una experiencia diferente donde
romper con los problemas de comunicación que se dan entre varones, un lugar
donde experimentar unas nuevas relaciones en las que superar la homofobia (odio
a la homosexualidad) y donde explorar los malestares que nos ha producido unos
modelos de ser hombres terriblemente dañinos y obligatorios. Es por eso que
muchos grupos han servido como grupos de auto-ayuda, con un alto valor
terapéutico, aunque no fuera este su fin primordial (que generalmente es la
toma de conciencia y la reflexión para la acción política). Los grupos de toma
de conciencia de hombres han sido una de las respuestas más comunes a los
desafíos del feminismo, aunque pensamos que existen muchas más respuestas que
debemos y podemos dar.
¿Cómo creamos un grupo de hombres?
No existe una formula mágica para crear un grupo. El
grupo surge entre gente que mantiene algún tipo de vínculo. En España, los
grupos generalmente han estado formados por gente que tenía experiencia en
trabajo asociativo y/o político, o han surgido desde talleres de un tipo más
terapéutico. Cualquiera puede crear un grupo, no tienes más que proponérselo a
las personas con las que te gustaría compartir una serie de encuentros
periódicos y a las que pienses le podría interesar reflexionar sobre lo que
significa ser hombre aquí y ahora.
Se podría, por ejemplo, comenzar hablando por uno
mismo, de la propia vida, creando un clima de confianza y respeto que permita
que surja una relación de intimidad entre varones. Así podemos comenzar a
experimentar nuevas formas de relacionarse con otros hombres, ya que uno de los
graves problemas que suele estar presente entre los hombres son los problemas
de comunicación a los que lleva nuestro miedo a comportarnos de una forma que
pueda ser vista por otros como poco masculina. Generalmente se nos ha enseñado
a competir, a valorar y valorarnos como hombres mediante pruebas que demuestren
nuestra habilidad, autocontrol y arrojo.
Sí, pero ¿qué pasos concretos hay que dar?
Por
lo menos son necesarias tres personas para formar un grupo. Muchos hombres no
se atreven a comenzar a hablar personalmente con otros hombres o dudan
indefinidamente. Lo mejor que se puede hacer es comentarlo a la gente que te
rodea, a amigos, a amigos de amigos... simplemente iniciar el primer movimiento.
Puede tardar un poco pero no es difícil encontrar gente interesada.
Una
vez que el lugar y fecha ha sido fijada para el primer encuentro y todos están
reunidos, se descuelga el teléfono, se apagan los móviles (para no ser
interrumpidos), uno se asegura que los niños estén atendidos, etc. Entonces se
puede comenzar... . ¿El lugar? Agradable y que favorezca la comunicación. Una
cafetería íntima y relajada, la casa de alguna persona, algún local de
asociación, si hace buen tiempo algún parque o paraje que no disperse y en el
que uno no sea molestado.
¿Y quién empieza a hablar? ¿De qué hablamos?
Cada grupo para poder funcionar mínimamente necesita
organizar sus propias normas. No existen recetas de cómo organizar y dirigir los
encuentros, pero hay algunos consejos importantes que pueden favorecer un buen
clima de comunicación y entendimiento:
Es mejor hablar por ti, y usar la primera persona
singular. Demasiados varones tendemos a pensar que los sabemos todo y a hablar
por otros. También tenemos dificultades para hablar de nosotros mismos,
especialmente de nuestras emociones y vivencias íntimas que podemos esconder
habitualmente. Es interesante probar a contarlas y escuchar a otros hombres
hablar desde sus experiencias.
Todo el mundo debe poder expresarse, ya sea hablando
o permaneciendo en silencio. Los silencios no son embarazosos. Hay múltiples
técnicas de dinámicas de grupos para ayudar que todos hablen pero participar es
mucho más que hablar. Hay gente que prefiere escuchar, que trae unos dulces o
unas bebidas, otros que no paran de hablar, etc. Aprende a escuchar a los
otros, incluyendo sus silencios.
Procura no hablar sobre otra gente que está ausente,
puede que estés traicionando su confianza. En cualquier caso lo importante son
los que están. No queremos hablar sobre los hombres en abstracto, ni evitar la
vergüenza que nos puede producir aceptar que algo nos ocurre a nosotros y no a
un amigo o a un vecino imaginario. Sin embargo hablar de uno implica la posibilidad
de ser capaz de hablar sobre las propias dificultades con ‘él’ o ‘ella’.
Todos los presentes deben garantizar la
confidencialidad para posibilitar la confianza y el intercambio.
Ten además en cuenta que la gente no está hay para
pasar el veredicto del grupo. El grupo no es la sede de un partido... cada
individuo reproduce a su manera las relaciones de dominación con las mujeres, y
la rivalidad y la guerra entre los hombres. Afortunadamente nadie es perfecto.
No se trata de saber quién es más profeminista, cuando ni siquiera se comprende
como la propia vida está marcada por los mandatos de la masculinidad.
Evita la grandiosidad en los proyectos en su
comienzo. Resulta más fácil desilusionarse ante dificultades que se desconoce
que pudieran surgir. Los hombres se han acostumbrado a responder a los desafíos
mediante la acción. No se puede cambiar mediante una suerte de voluntad y
determinación personal como nos han enseñado a pensar. Frena el carro y tómate tu tiempo para
disfrutar el tiempo que estéis juntos y trata de repetir estas experiencias.
El grupo tampoco es una varita mágica. Tomad tiempo,
intercambiad textos, artículos, videos, música..., asistid a alguna
conferencia. Charlad con las mujeres y contactad con otros grupos similares,
intercambiad vuestras experiencias y discusiones. Las redes de hombres
profeministas pueden ayudar en este sentido. Ten en cuenta que las feministas
llevan más tiempo que nosotros reflexionando sobre problemas que están
íntimamente relacionados con los nuestros.
Debes estar preparado para aceptar momentos
reconfortantes, pero también para aceptar las críticas de otros y para
tratarlos como una fuente de enriquecimiento personal, y como una fuente para
el cambio en tus relaciones. El debate y el conflicto forman parte del
crecimiento tanto como expresar el aprecio y el cariño.
¿Deberíamos beber y comer juntos?
Puede ser muy reconfortante encontrar gente con la
que compartes experiencias y puntos de vista. Lo de intercambiar cenas es una
forma interesante de entrenar el cuidado entre varones. Pero no hace falta
demostrar las dotes domésticas y culinarias para demostrar lo mucho que se ha
cambiado. Por otro lado hay gente que prefiere charlar en un ambiente relajado
con comida y bebida, otros prefieren concentrarse más. No hay reglas. Cada
grupo lo hace como más le apetece. El objetivo no es crear una agrupación de
hombres amargados, ni tampoco un club culinario... algunos comen, otros no.
Los grupos de hombres son reconfortantes dado el daño
que se ha infringido a muchos hombres, y son importantes para apoyarse en
entornos muy agresivos contra aquellos hombres que se niegan a cumplir con
mucho de lo que se espera de ellos como varones. Para algunos varones puede que
se conviertan entonces en un refugio. Pero quedarse con la autoadulación
(“comeflores”) puede que ayude poco a cambiar y es muy injusto con las mujeres
que están pidiéndonos nuestra colaboración para construir unas relaciones más
igualitarias.
¿Cada cuanto tiempo?
Algunos grupos se reúnen una vez al mes, otros dos o
más veces. Lo importante es comprender que lo masculino no se puede
“deconstruir” en dos o tres sesiones. Los aprendizajes y cambios más
interesantes se producen en procesos más o menos largos. Intenta no pretender
saberlo todo después de unos pocos primeros encuentros.
¿Qué temas deberían aflorar?
Los grupos suelen comenzar habitualmente con las
experiencias personales de sus miembros y seleccionan un tema por sesión: la paternidad,
la sexualidad, las relaciones entre los hombres, las relaciones con las
mujeres, los placeres, el ejército, la homofobia, la violencia, las luchas
(guerras) entre los hombres y nosotros mismos, cómo se puede ayudar al
feminismo, la escuela, la amistad, las relaciones íntimas. Los temas pueden ser
muy amplios... hay grupos que prefieren partir de la lectura de algún texto,
otros prefieren comenzar por hacer que la gente se conozcan más entre sí, así
se puede crear un clima de confianza en el que afloren con más facilidad los
temas más dolorosos y urgentes, que suelen avergonzar y ser fácilmente
postergados. Empezar por presentarse, expresar qué ha llevado a cada cual a la
reunión y cuáles son sus expectativas, es también una buena forma de comenzar.
Pero es importante no comenzar desde cero. Por
ejemplo, antes de un primer encuentro el grupo puede hacer circular textos y
artículos, no para que sirvan como una Biblia sino para comenzar a
familiarizarse con el pensamiento de otros hombres y de mujeres que han
reflexionado sobre las relaciones de género, y para que las lecturas ayuden a
ir creando cierto vocabulario común.
Prueba y cuéntanos qué ocurre....
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Cuando se piensa en Fantasía Heroica, o Espada y Brujería,
creo que a todos nos vienen a la mente las imágenes creadas por famosos
dibujantes como Frank Fazetta, Boris Vallejo, o Corben. Ilustraciones que se
han podido ver en carteles de películas, portadas de discos, y que con
demasiada frecuencia suelen presentar a un héroe musculoso, con una espada
enorme, protegiendo a una bella damisela que se encuentra postrada a sus
pies, semidesnuda. Es la típica fantasía masculina de matar al monstruo y
salvar a la chica, para que nos esté eternamente agradecida (y yo soy el
primero en reconocer que tener fantasías está guay).
Y es muy curioso que, en un género que podría considerarse
a priori como el más sexista que se pueda imaginar, ya nos encontrábamos en
esta película con un personaje femenino de armas tomar. No una compañera
decorativa, sino una guerrera tan heroica como el protagonista masculino, y
afortunadamente mucho menos bestia (anda que la escenita de Arnie dándole un
puñetazo a un pobre camello...). No me he olvidado de Conan el
Destructor (1984), uno de esos desastres que colecciona el productor
italiano Dino de Laurentiis. En esta época hubo un intento de realizar
cine de animación de calidad, dirigido a un público adulto. Ralph Bakshi realizó
una adaptación muy mala de El Señor de los Anillos (1978), y también Tygra,
Hielo y Fuego (1983), ésta última a partir de ilustraciones de Frank
Fazetta. Todo lo que le falta a Tygra, lo tiene El
Cristal Oscuro (1982), la obra maestra de Jim Henson, realizada
íntegramente con muñecos: El papá de Conan, el escritor Robert E.
Howard, también creó a Red Sonja, una heroína que también tiene su... ejem...
película (1985). Mención aparte merecen todas las reinas
ambiciosas y malvadas hechiceras que se han enfrentado a los héroes.
Destacando entre todas ellas Morgana (Helen Mirren), la hermana de Arturo en Excalibur
(1981), y sobre todo la fascinante Miranda Richardson, que bordaba el papel
de Reina Mab en la miniserie "Merlín" (1998). El éxito de dicha serie de T.V. puede ser
el comienzo de una nueva edad de oro de la Fantasía Heroica. Después de la
abundancia de los 80 parecía que el género ya no iba a dar más de sí,
quedando relegado en los 90 a las series Z y los "anime" japoneses.
El que volverá a poner el género de moda
es el gran director Peter Jackson, que rueda en estos momentos El Señor de
los Anillos, en Nueva Zelanda. Bueno, creíais que no iba a llegar nunca,
pero he dejado lo mejor para el final: |
"lo.l" <mmromero50@hotmail.com>
Me
da vergüenza leer vuestra web feminista cuando ustedes las
chicas sois por naturaleza sumisas del hombre como asi lo establece la Santa
Biblia de Nuestro Señor. Es una tradicion milenaria que no podeis
cambiar en años de democracia; no es esclavitud, es consustancial y es causa esendi
de la existencia de la mujer, pues es una creacion que Dios que hizo para
el hombre, y no al contrario. Mirad la Biblia y comprobar que en el
Genesis Nuestro Señor habla de la sumision y que la mujer fue creada como
compañera y no como aadversaria del hombre.
La mujer no puede ser semejante al hombre en aspectos politicos, sociales,
culturales ni fisicos como la misma naturaleza nos enseña. La mujer es una
compañera del hombre. Repito es compañera del hombre. Siento de veras que seais
las verdaderas culpables de la tragedia de la humanidad con el pecado original,
pero asi es.
Despues de tanto feminismo, os invito a qe sigais luchando en esta estupida
moda pasajera hasta que os deis cuenta de que vuestra silla es la misma de
siempre.
(la faltas ortográficas son tal como se ha
recibido el correo electrónico)