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Igualdad

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CÓMO CREAR UN GRUPO DE HOMBRES PROFEMINISTAS?

Colaboración

 

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Las mujeres hemos buscado afanosamente nuestra libertad e igualdad, socialmente hablando. Pero, ¿realmente lo hemos conseguido?

 

 

LAURA GUADALUPE LEAL-GUAJARDO / LECTORA DE MUJERACTUAL
Las mujeres hemos buscado afanosamente nuestra libertad e igualdad, socialmente hablando. Pero, ¿realmente lo hemos conseguido?

En algunos países, han caído en el libertinaje, en otros para nada se ha dado la igualdad de sexos, en otros más, ha sido totalmente indiferente; pero lo que sí ocurre es que en la mayoría se nos sigue viendo como objetos sexuales al promoverse y permitirse los "tables dances", salas de masajes, entre otros centros de diversión, además de que cada día es mas alto el índice de acoso sexual por parte de superiores en el trabajo.

En este sentido, seguimos en las mismas, el abuso psicológico de las mujeres que no han tenido la oportunidad de desarrollarse académicamente hablando y son orilladas a ganarse la vida.

Mucha culpa la tenemos nosotras mismas al permitir este tipo de situaciones, pero lo importante aquí es que aprendamos a defender nuestra condición de ser mujeres al no aceptar hacer cosas que realmente no queramos hacer, que estemos conscientes de que el valor de ser mujer es muy alto ya que es un don con el cual hemos nacido (eso de dar vida a otro ser, y que somos más aguantadoras que los hombres no es poca cosa) y que hagamos valer nuestros derechos como seres humanos.

Vivimos en el siglo XXI, la época de las cavernas ha pasado desde hace mucho y cosas como la denigración, la humillación, el poco o nada de valor como seres humanos, deben de dejarse de promover en nuestra sociedad. Tenemos derecho a sentir, a vivir, a trabajar, a pensar y expresar nuestras ideas y llevar a cabo una vida digna y con responsabilidad.

Igualdad social

La igualdad sin diferencia alguna entre las personas, sabido es que no existe, y aun las cosas que no acertamos a distinguir no son idénticas. Si lo parecen las hojas de un árbol o las arenas del mar, es porque no las observamos bien, o porque no tenemos medios adecuados de observación: a medida que ésta se perfecciona más, halla más diferencias; tanto, que conocer es distinguir. Nos parecen iguales las ovelas de un rebaño que el pastor no confunde, y dos gotas de agua que ponemos como ejemplo de cosas idénticas, con el auxilio del microscopio se ve que no lo son.

Si la igualdad entre los hombres no es, no puede ser la identidad, resultará, pues, de cierto grado de semejanza. Pero ¿qué grados de semejanza bastan para constituirla igualdad?¿Cómo se miden estos grados? He aquí dos preguntas que es preciso hacer y difícil contestar. Por difícil que sea hay que contestarlas, porque ya se conceda la igualdad o se niegue, necesario es razonar la concesión o la negativa: reflexionemos, pues, sobre el asunto.

Hay que poner ruedas a un vagón, y han de ser iguales. ¿Qué necesitamos para decir que lo son? No que sean idénticas, sino que su semejanza sea bastante para resistir igualmente por cierto tiempo, para que se adapten a la vía de un modo análogo, no tengan demasiado rozamiento al rodar por ella, no descarrilen en las circunstancias normales, y no produzcan movimientos violentos y grandes desniveles en los carruajes.

Necesitamos una balanza: los brazos, los platillos, han de ser iguales. ¿Cuándo decimos que lo son? Cuando tienen la suficiente semejanza para que los pesos que hacernos con ella tengan la necesaria exactitud. Según tengamos que pesar patatas, oro o gases, exigiremos entre las partes simétricas del aparato más igualdad, grados de semejanza proporcionados a los de exactitud que deseamos en el peso.

Necesitamos varios aparatos para elevar agua, iguales, y decimos que lo son cuando los cuerpos de bomba y los émbolos tienen bastante semejanza para efectuar próximamente el mismo trabajo.

Construimos una escalera con peldaños, que tenemos por iguales si a la vista lo parecen, asemejándose bastante para que al andar por ella no se tenga la molestia que resultaría de su mucha desigualdad.

Podrían multiplicarse los ejemplos, resultando siempre que en las obras materiales se llama igualdad cierto grado de semejanza.

Debe observarse, además, que tácita o expresamente se prescinde, al calificar de iguales las cosas, de diferencias que, aun cuando grandes, no influyen de una manera apreciable en su utilidad para el servicio que han de prestar. Así, decimos que dos bombas son iguales si tienen las mismas dimensiones y efectúan el mismo trabajo, aunque estén pintadas de un color diferente.

Si de las obras pasamos a los operarios, observaremos que éstos se califican también de iguales cuando sus productos se asemejan lo bastante para ser igualmente útiles. Llamamos iguales a dos zapateros que nos hacen por el mismo dinero botas que no difieren de un modo apreciable en apariencia y servicio.

-Pero en cuanto pasamos de la obra al obrero, surgen multitud de elementos que hacen el problema complicado, de sencillo que era. En la balanza podíamos prescindir de todas las diferencias que no influyesen para la exactitud del peso; en el zapatero no podemos prescindir de todas las que no se refieran a la hechura de las botas. Puede ser un hombre que padece una enfermedad contagiosa transmisible por el calzado que manipula; un tramposo que pide paga anticipada y olvida o niega la que ha recibido; un ratero que echa mano y guarda el cubierto o la joya que halló al paso en nuestra casa; un criminal que entra en ella para combinar, con otros malvados, el modo de asaltarla. ¿Puede parecernos igual al que está sano de cuerpo y es exacto en sus cuentas y honrado en sus procederes? Seguramente que no.

Si en vez de calzar se trata de enseñar a un hijo, todavía notaremos más diferencias importantes entro dos maestros iguales respecto a ciencia, y habilidad y celo en transmitirla. No nos basta ya que no sean tramposos, ni cometan ninguna acción penada Por la ley; necesitamos que sus maneras sean cultas, su lenguaje decoroso, su proceder digno, su conducta intachable, a fin de que no dé mal ejemplo, haciendo más daño con su obra inmoral que provecho con su obra científica: en este caso la igualdad necesita mucho mayor número de semejanzas. Estas han de ser más para que haya igualdad entre dos amigos.

Podemos decir (y con exactitud muchas veces) que nos son iguales dos operarios que trabajan del mismo modo; mas para afirmar la misma igualdad en dos personas que aspiran a la mano de una hija, ¡cuánto mayor número de semejanzas no necesitamos! La comparación se extiende entonces a lo físico, a lo moral, a lo intelectual. Edad, robustez, belleza y costumbres, ideas, carácter, aptitud, posición social todo lo comparamos, observando analogías y diferencias, inconvenientes y ventajas, perjuicios y compensaciones; son aquí tantas las semejanzas que se necesitan para establecer la igualdad, que será muy raro que un padre, aun obrando con fría razón y recta conciencia, sin dejarse llevar de simpatías ciegas, ni vanidades locas, piense que es igual un hombre a otro para marido de su hija.

Se ve que en las relaciones de los hombres, aun las más sencillas y del orden físico, aun para la obra más mecánica, la igualdad que se establece no es puramente material; y se ve también que entran en ella más elementos físicos, morales o intelectuales, a medida que la relación se establece en más amplia esfera, aumentando entonces el número de semejanzas necesarias para constituir igualdad.

Parece, pues, bastante claro que al contestar a la pregunta: ¿Qué grados de semejanza se necesitan para establecer la igualdad?, no podemos referirnos a escala y números fijos, ni aplicar la misma regla comparando balanzas y escaleras, que hombres, ni éstos lo mismo si se trata de hacer calzado o la felicidad de las personas que amamos.

De todo lo cual se infiere que igualdad es aquel grado de semejanza NECESARIA para el fin a que se destinan las cosas o personas que se comparan. Ya sacaremos las consecuencias de este principio, a nuestro parecer muy importante.

¿Qué es equivalencia? La etimología de la palabra lo indica: equivalente es lo que vale igual. La igualdad aquí se refiere, no al aprecio que de ella se hace, al valor que tiene. Una moneda de oro, una medida de trigo, una pieza de paño, un pedazo de hierro, cosas son que se parecen muy poco entre sí, y, no obstante, pueden ser equivalentes, cambiarse unas por otras, y tomarse indistintamente como pago de una deuda. La equivalencia de las personas se establece según condiciones que varían mucho más que respecto a las cosas: las circunstancias, los errores, las pasiones, la abnegación, el egoísmo, el vicio, la virtud, el crimen, la inocencia, todo contribuye a que una persona sea tenida en poco o en mucho, y a que se considere que vale más, menos o lo mismo que otra con quien se la compara.

Menos fuerza muscular puede suplirse con mayor destreza; una cualidad moral, una aptitud intelectual con otra o con mayor perseverancia en el trabajo y constancia para el bien. Aunque no se suplan las disposiciones o las obras, pueden éstas tener un valor igual y ser equivalentes. Un albañil y un cantero no se suplen, ni un cantante y un director de orquesta; pero siendo igualmente necesarios éstos para ejecutar una ópera y aquéllos para hacer una casa, dadas ciertas circunstancias su trabajo podrá tener un valor igual, y sus servicios considerarse como equivalentes. Un médico y un abogado no se suplen en lo relativo a su profesión, pero los servicios que prestan, aunque muy diversos, pueden valer lo mismo. La muerte del que la arrostra voluntariamente por la patria en el campo de batalla, o por la humanidad en una epidemia, con ser muy distintas son igualmente heroicas. Hay equivalencias en el arte y en la industria, en lo intelectual y en lo moral, en todo.

Pero estas equivalencias, ¿qué grados de analogías necesitan? Aquí empieza la gran dificultad; porque un valor, cualquiera que sea, es cosa relativa a los medios, necesidades o ideas de quien le calcula y determina, y dos cosas análogas y equivalentes para uno, para otro no tienen analogía, ni pueden ser comparadas, o si lo son es para apreciarlas de muy diferente modo. El entusiasta por la música y el que la considera como un ruido menos desagradable que otros; el aficionado a toros y el que detesta esta diversión, ¿podrán ponerse de acuerdo sobre la equivalencia de los servicios que presta un torero y un cantante? El que llama sueños a las especulaciones filosóficas, y el que cree no hay elevación ni dignidad sino en ellas; el que no considera como verdadero trabajo sino al manual, y el que le califica de degradante, ¿podrán convenir en la equivalencia de la obra de un filósofo y de un picapedrero?

Es un gran auxiliar de la igualdad la equivalencia; por medio de ella pueden ponerse al mismo nivel social los que tienen aptitudes, méritos, posiciones diferentes, estableciendo compensaciones armónicas y durables en vez de esas especies de rodillos que quieren pasarse por la sociedad como por las carreteras para igualar por presión, aplastando todo lo que sobresale. El que observa la variedad de aptitudes que especifica y aumenta la división de trabajo, y duda tal vez de poder hallar bastantes semejanzas para establecer la igualdad, ve un modo de suplir a la semejanza con la equivalencia, y se apresura a señalarla como poderoso elemento de equilibrio estable. Y como el ánimo al discurrir sobre los grandes problemas sociales es raro que no esté inquieto; como el asunto es carne viva que palpita, que siente, que sufre; como estas palpitaciones y estos sufrimientos se comunican al que los estudia con deseo de calmarlos, cuando se halla o se cree hallar un calmante, es difícil que al desear su eficacia no se exagere.

Fácil es, por tanto, caer en exageración al graduar lo que al equilibrio social puede contribuir la equivalencia; mas sin considerarla como una panacea, parécenos que puede calificarse de remedio en algunos casos, y siempre de elemento armónico de razonable igualdad. Al congratularse de que exista, y al contar con él, hay que precaverse de exagerar su poder, y, sobre todo, de no imaginar que es independiente. La equivalencia puede penetrar muy adentro en el organismo social, pero no influir sin ser influida, y sin un previo, largo y difícil trabajo para calmar pasiones, desvanecer error, satisfacer intereses y hacer concurrir al bien elementos cuyas armonías no se sospechan al ver sus aparentes antagonismos.

Pero si parece indudable que la equivalencia puede contribuir de un modo eficaz a establecer la igualdad, tampoco tiene duda que su cooperación ofrece dificultades cuya magnitud conviene apreciar bien, para que, no se conviertan en insuperables obstáculos. Por una parte, si pueden ponerse al mismo nivel, no sólo los que son iguales, sino también aquellos que valen igualmente, claro es que aumenta el número de personas que se igualaron, socialmente consideradas; pero este aumento requiere condiciones difíciles, es más dificultoso determinar equivalencias que igualdades. Comparar dos médicos entre sí, un médico con un naturalista o un abogado, un poeta con un piloto, un ingeniero con un albañil, un artista con un artesano, ofrece dificultades crecientes a medida de las diferencias: ya no se buscan semejanzas que se llaman igualdades, hay que observar analogías para determinar equivalencias. Este trabajo se ve claramente es mucho más delicado y difícil, aunque se hiciera con toda calma, despreocupación y justicia; pero suele faltar esta justicia, esta despreocupación, esta calma, y suele medirse el valor de las diferentes clases como miden la temperatura los que no tienen termómetro, y según sienten calor o frío, dicen que una casa está fría o caliente. ¿Qué escala, qué regla hay para graduar las equivalencias sociales? Si no nos pagamos de palabras y de apariencias, veremos que no existen reglas fijas; y reflexionando sobre el caso, notaremos que las escalas es inevitable que sean variables con las ideas, las pasiones, las necesidades y la manera de ser de los que las forman. El pueblo guerrero y descreído no puede conceder equivalencia entre el combatiente impávido y el piadoso sacerdote; el ignorante y vicioso, entre el sabio que le quiere instruir y el cómico, el cantante o el torero que le divierten: donde se cree en la diferencia real de las castas y de las clases, no hay equivalencia posible entre los que figuran en las primeras y los que pertenecen a las últimas. Cada cambio en las ideas, en los intereses, en las necesidades, en las pasiones, produce otro en la escala que gradúa el valor social de los hombres; se establecen equivalencias donde antes no podían existir, se niegan las reconocidas, y se declara superior al que antes estaba más abajo, y viceversa. Mirados con desprecio los que toman parte en las representaciones teatrales, su oficio es vil, y ellos equiparados a los más indignos; pasan años, no muchos, para tan notable cambio, y el que era un histrión infame se convierte en un actor, en un artista apreciable, eminente, sublime, inmortal, según los casos, Y la equivalencia que antes se buscaba en las últimas capas sociales, se establece en las primeras.

Un gran número de artes y oficios vedados por la ley o por la opinión a toda persona digna, y hoy apreciados u honrados, han variado la graduación de la escala y los elementos de la equivalencia. Estudiándolos se ve que crecen estos elementos, que cada descubrimiento, cada invención, cada camino que se abre a la actividad inteligente del hombre, es un nuevo medio de equipararle a otros que ocupaban una posición más aventajada, y aumenta el número de los que, siendo equivalentes, pueden ser y son considerados como iguales: la rapidez del progreso en este sentido no puede desconocerse. No es necesario subir mucho en la historia de los pueblos para ver que no había equivalencia social respecto a las clases elevadas más que en dos: el sacerdote y el guerrero. Entre éstas y las demás mediaba un abismo; la equivalencia era imposible. Después la toga se equiparó al hábito y a la coraza; así pasó mucho tiempo, y aún los ancianos recuerdan aquel en que ninguna persona noble que no tuviera lo suficiente para vivir de sus rentas podía dedicarse más que a las armas, a la iglesia o al estudio de las leyes: la equivalencia, que se había extendido un poco, se limitaba, no obstante, al derecho, la teología y la milicia; hoy han dilatado su esfera las ciencias, las artes, la industria, el comercio, modos infinitos de desplegar dignamente la actividad humana, que, manifestándose de diferente modo y aplicándose a objetos diversos, tienen igual utilidad y merecen igual aprecio.

No es posible observar, siquiera sea muy por encima, la marcha de la civilización sin ver como factor creciente de la igualdad la equivalencia, y sin notar que este crecimiento es constante, graduado, sólido, resulta de causas poderosas y permanentes, es lógico, en fin.

Pero quien dice lógica, dice encadenamiento ordenado y necesario de verdades, dice un inmenso poder y una regla severa, una gran fuerza y una estrecha sujeción, y para que las consecuencias sean irresistibles es indispensable que las premisas sean ciertas. No es una escuela, un club, un orador de tribuna o de esquina los que pueden decir a un hombre o a una multitud tú vales tanto como otra multitud u otro hombre esta declaración puede hacerse aplaudir en una hora de entusiasmo, o servir de bandera en un día de motín; pero no constituirá un derecho si no recae sobre hechos positivos y constantes. Nuevas ideas, nuevas necesidades físicas, morales e intelectuales, y quien las satisfaga realmente, es condición precisa para aumentar de un modo estable el número de los equivalentes sociales, o variar el lugar de la escala que ocupan. La adivinación no se ha convertido en buenaventura descendiendo del oráculo a la gitana, sino porque son ya pocos y de los que están muy abajo los que creen que hay artes ocultas para predecir lo futuro. El ingeniero no se ha puesto a nivel de las profesiones más honradas sino porque satisface una necesidad generalmente sentida. El cómico no pasó de histrión infame a actor apreciado sino porque se ha hecho artista en un pueblo que gusta del arte; y donde el torero recoge aplausos y dinero, y el filósofo vive olvidado en la miseria, es porque la falta de ideas y el trastorno de las pocas que hay produce la inversión de las escalas sociales y que los últimos sean los primeros, y viceversa.

Así, pues, la equivalencia, auxiliar poderoso de la igualdad, crece constante pero lógicamente; tiene poder, pero está sujeta a leyes; puede influir mucho, pero no puede prescindir de necesidades, de ideas y, lo que es más triste, ni aun de errores o injusticias. En vano un individuo o una colectividad dirán a otra colectividad o a otro individuo: valemos tanto como vosotros, y será cierto y lo probarán; si los demás no lo comprenden así, si hay quien tiene interés en negarlo y medios de hacer que su interés prevalezca, la equivalencia, por más justa que sea, no será menos imposible. No la realiza, pues, quien pretendo imponerla; antes la desacredita, contribuyendo a que se a declare imposible, cuando no es más que prematura.

Resumiendo. No se debe confundir la igualdad con la identidad, porque no existen dos personas entre las cuales no haya diferencia alguna.

Igualdad no es una cosa absoluta y fija, sino relativa y variable, según el objeto con que se establece; así hemos podido definirla aquel grado de semejanza necesario para el fin a que se destinan las cosas o las personas comparadas.

Equivalencia es el valor igual que tienen las cosas o las personas, no por sus muchos grados de semejanza, sino por ser igualmente apreciadas del que las califica.

Tendremos ocasión de recordar más adelante estas verdades y necesidad de apoyarnos en ellas

Machismo

Creo que todo mundo sabe que en México el machismo es casi una forma de vida, poco falta para que venga escrito atrás del escudo nacional o debajo de nuestro himno, la clásica imagen que tiene el mundo de nosotros es un borracho, parrandero y jugador, que dedica pocas o ninguna hora a su trabajo y al hogar, que hace lo que quiere aún si la ley no está de su lado, y cuya esposa e hijos (por lo general numerosos hijos) son maltratados por él... incluso he llegado a pensar que la palabra machismo es un regionalismo que se extendió por todo el mundo de habla hispana, aunque algo es seguro: Este tipo de personas existe más allá de nuestras fronteras.

Seguramente hombres así hay en todo el mundo, cada lugar denominándolos diferente, pero con las mismas actitudes de creer que sus órganos sexuales les dan el derecho de hacer lo que les venga en gana... poco más que una tontería.

El machismo tiene un historial tan largo como la humanidad; con excepción de algunos pueblos, los hombres eran quien controlaban las familias y los bienes; desde el emperador hasta el siervo, todos tenían al menos una mujer a quién subyugar. La Biblia y los escritos egipcios y europeos nos dejan ver que el patriarcado era una forma de vida y, salvo excepciones, las mujeres llegaban a tomar el poder o pasar a la historia haciendo algo interesante.

No es de extrañar que se piensa ahora que el desarrollo de la humanidad esté asentado en la "mano del hombre", y no de la mujer... haciendo un rápido análisis mental puedo recordar a muchísimos hombres de ciencia: Pitágoras, Da Vinci, Newton, Franklin, Einstein, Samuelson, Bell, Joule, Descartes, Voltaire, Demócrito... pero sobre mujeres solo recuerdo a Hypatia y Marie Curie... y esto no significa que las mujeres sean tontas o que no les interese la ciencia, simplemente que mientras todos esos hombres filosofaban y construían inventos ellas prendían sus fogones y lavaban sus camisas, en ese estado poca ciencia se puede aprender.

Sí, los tiempos han cambiado, y desde 1960 las mujeres pueden votar en México (No me admiro que en esa época ya pudieran, sino que antes no...), y ahora (sin contar los problemas familiares y culturales que aún sofocan) la mujer puede tomar sus propias decisiones, lo cual al menos nos indica que vamos en buen camino
 
 

 

Feminismo

Como era de esperarse, debía haber un ataque hacia la represión de la mujer; y esto no ocurre únicamente en este campo... casi como un Dogma de Fe donde haya represión, se harán conspiraciones para intentar llevar la situación no solo a una posición equitativa, sino al otro lado de la balanza: En una revolución no cambia la miseria de un pueblo, simplemente los que están arriba y abajo, esto lo aprendimos bien con el Materialismo Dialéctico al mostrarnos que la lucha de clases es el motor de la historia. Pues bien, esta guerra de los sexos no se escapa de la regla y por tanto el Feminismo surgió como un movimiento (no precisamente organizado) que se oponía al machismo, tratando de demostrar la superioridad de la mujer y llevarla a recuperar no solo el terreno perdido, sino ganar la diferencia que ha tenido el hombre. Pocas mujeres en realidad son feministas, la mayoría de hombres y mujeres preferimos llegar a un mutuo acuerdo y por tanto el equilibrio de fuerzas.

El decir que el feminismo comenzó en los años 60 es la peor de las mentiras, ya que seguramente existía antes del invento de la escritura; han sido señaladas culturas que, aunque aisladas, tenían a la mujer como centro de gobierno, y los matriarcados eran lo normal. Aún en la cultura machista occidental se han dado casos donde la mujer ha expresado y sabido demostrar su capacidad, ejemplos como Sor Juana Inés de la Cruz con poemas que hablan de la relación de la mujer con la sexualidad:

Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón
Sin ver que sois vos la ocasión de lo mismo que culpáis;
Si con ansia sin igual solicitáis su desdén,
Para que queréis que obren bien si las incitáis al mal?

O como Elna Cornado, que en 1678, a los 32 años de edad, se convirtió en la primera mujer en graduarse de una universidad, no solo en Padua, Italia, sino en todo el mundo.
 
 

Más allá de ambos

Si algo he aprendido en mi vida y en conversaciones en [Cyberateos], es que la mujer no se librará del yugo del machismo completamente hasta que deje de esperar la caballerosidad en un hombre, "La caballerosidad es el primer paso hacia el machismo" aunque a muchas mujeres acostumbradas a los buenos tratos se les dificulte entender. La idea es que una mujer verdaderamente independiente no espera a que un hombre llegue a abrirle la puerta, ella misma la abre con la misma destreza que un hombre podría; ella no es ninguna impedida, y al usar esa "ayuda" sin una razón específica (como sería el usar una silla de ruedas, donde si lo veo oportuno), se le dice que por el hecho de ser mujer ella debe esperar ese trato del hombre, que a la larga resultará en sumisión.

Les confieso que llegué a dudar de lo que acabo de explicar, pero por alguna razón he descubierto con amigos y conocidos que el más caballeroso, el que siempre se bate a golpes por la mujer (ya sea o no la amada) y el que insiste más en el cortejo es quien, ya en pareja, resulta ser el más celoso y más machista sobre la mujer, pidiéndole una exacta cuenta de sus actos, como si ella dependiera de él... nada más alejado de la verdad.

Es cierto que a las mujeres (y de cierta forma a todos) les gusta que se les trate bien y que tengan un trato preferencial, y siempre es así cuando comienza el cortejo, pero ya tomada confianza, si la mujer permitió que el hombre se encargara de todo en esa relación, nada va a cambiar; es cuando las mujeres expresan eso de "Es que ha cambiado mucho" . Lo que no ven es que el problema está en que es el mismo de siempre: Un machista jamás dejará que su "novia recién adquirida" ande del lado de la acera que ve hacia la calle, pues él se cree omnipotente como para encarar a los autos y la cree a ella tan débil y frágil que se rompería como cristal.

Al final de cuentas creo que la mejor cura hacia las dos tendencias (machismo y feminismo) sería una total igualdad. Como lo he expresado varias veces con mis conocidos no tengo planes de casarme, pero en caso de tener una pareja estable me gustaría que fuéramos una especie de "socios", donde cada uno se encarga exactamente del mismo número de obligaciones, tanto del trabajo como del hogar... esa es mi idea de relación estable.
 
 

 

HACIA UNA PERSPECTIVA FEMINISTA

DE LA VIDA

Una semana destinan en Puerto Rico para reflexionar sobre las luchas de la mujer. ¿Qué sacamos en limpio?

Por Norma Valle

(FEMPRESS) La carta llegó como una premonición... A ésta se añadió luego el mensaje de radio. Ambos alusivos a la Semana de la Mujer (porque en Puerto Rico, cuando finalmente se decide conmemorar un evento, no se hace con un día o un acto sino con toda una semana). La carta, del presidente de la Universidad de Puerto Rico, y el mensaje, del Rector del Recinto de Río Piedras (UPR), reflejaron conocimiento y conciencia. Más que sorprenderme, me alegré, y pensé para mis adentros lo mucho que se ha cambiado desde que hace exactamente 25 años comencé a militar en el feminismo en mi país.

Las feministas nos pusimos los patines: por una semana visitamos escuelas, centros universitarios, oficinas sindicales, ministerios o agencias de gobierno, y conversamos con todo tipo de grupo sindical, cívico o de empresa privada que, a tono con la Semana de la Mujer, quiso escuchar el mensaje de la igualdad. Se hicieron reportajes en los medios escritos y en los electrónicos. Parecería que la cosa marcha bien para el '94, faltando apenas un año para la culminación de las dos décadas desde que la Organización de Naciones Unidas mandató a sus estados miembros adelantar la condición de la mujer.

Sabemos, sin embargo, que hay un largo trecho que recorrer todavía para alcanzar la igualdad real. En ese camino, tres asuntos me llamaron poderosamente la atención durante estos días:

Se sigue alterando los hechos relacionados con el Día Internacional de la Mujer, ignorando muchos de los detalles y falseando otros acerca del origen histórico de la conmemoración. Por ejemplo, el socialismo de Clara Zetkin y del Congreso de Mujeres que proclamaron la celebración brilla por su ausencia. Se omite que el 8 de marzo se celebró en Puerto Rico a principios de este siglo con el fortalecimiento del movimiento obrero. Se ignora que se celebra ininterrumpidamente desde 1972 y que se celebra oficialmente en Puerto Rico porque un legislador socialista y una estadolibrista legislaron sobre la materia a petición y reclamo del movimiento feminista. La preocupación es que intencionalmente se esté aumentando la frivolidad de la conmemoración y se disminuye el origen revolucionario de la misma.

Estos días estuvieron marcados por la preocupación frente a la violencia contra la mujer y por la discusión del tema de la relación de los hombres con las mujeres y el feminismo. Es una discusión que hace tiempo viene gestándose y parece estar tomando cuerpo. La cuestión en el aire parece ser 'cómo vivir en un mundo poblado por feministas y sobrevivir en el intento...'. El tema ha pasado de la broma y la burla a la discusión seria, unos y otras reflexionando y apoyando el feminismo, otros y otras repudiándolo y resacando algunos de los prejuicios más atávicos. Se pone sobre el primer plano la crianza de los varones y la enseñanza a nivel formal e informal de las relaciones entre los sexos, desde que empiezan en el centro escolar y en el vecindario. Se plantea más allá de provocar cambios en la escuela, una nueva formación de padres y madres para eliminar el sexismo en la crianza de los hijos.

En una charla que dictaba estos días, un líder obrero me preguntó qué aspecto de la pionera puertorriqueña del feminismo Luisa Capetillo (1879-1922) me llamó más la atención. La interrogante me tomó por sorpresa, porque son muchos los detalles de la vida de esta mujer los que me conmueven. Luego de reflexionar unos instantes, le respondí que su rectitud, al vivir cotidianamente de acuerdo con los principios que predicaba. Esto le costó íntimos y dolorosos sacrificios. Entonces, pensé que durante estos últimos 25 años de compromiso feminista, la lucha más ardua la hemos dado las mujeres, tal vez, en la vida cotidiana. En las relaciones de poder con el compañero, en el hogar, en el trabajo, en la cama. En ese trajín diario de hacer malabares, de concientizar y desconcientizarse, de no equivocarse en los mil y un detalles que implican una perspectiva feminista de la vida, de lo que leemos, de lo que escribimos. De cómo convivimos en el trabajo, en la escuela, en la calle, en el hogar, aprendiendo todos los días a ser feministas, principalmente con nosotras mismas.

 

Colaboración

Mujeres con Handicap hacia la Resistencia

 

Hemos sido educadas en la pasividad, obediencia, aceptación de la violencia ejercida contra nosotras. Se nos ha inculcado que como mujeres con discapacidad debemos seguir de manera sumisa las directrices que nos han venido marcadas desde fuera: El rechazo de cualquier acción de resistencia u oposición, ni siquiera pacifica y el total sometimiento a nuestr@s  agresor@s. Hablamos de violencia psicológica, física, sexual (abuso sexual o directamente la violación)

Las compañeras con discapacidad y con una opción sexual diferente (lesbianas) se han visto forzadas a ocultar su sexualidad. Se trata de una tercera vía de castración por ser mujeres, por su discapacidad y por ser lesbianas.

En la colaboración con nuestros compañeros masculinos de lucha nos enfrentamos al machismo instaurado en la sociedad patriarcal en la que nos hallamos inmersas. Algunos de nuestros camaradas emplean un lenguaje discriminatorio, sexista y vejatorio demostrando un absoluto desprecio por lo que ellos llaman despectivamente "cosas de mujeres". Prueba de ello es el escaso numero de mujeres discapacitadas que hallamos en puestos directivos en nuestro movimiento ya que tenemos que demostrar que valemos el doble que los hombres para que se nos tenga en cuenta.

En lo que concierne al movimiento feminista nos llama la atención el escaso interés que el feminismo se toma por nuestras particularidades. Nos resulta sumamente extraña la inexistencia de colectivos de mujeres con discapacidad fuera o dentro del movimiento de mujeres.

Para terminar con esta situación alienante es necesario que hablemos entre nosotras compartamos experiencias. De esta forma lo que, con anterioridad, hemos intuido en nuestro fuero interno, personalmente, se convertirá en conocimiento, avalado por la experiencia colectiva.

UNAMOS NUESTRAS FUERZAS HACIA LA RESISTENCIA

Las interesadas en participar en esta iniciativa escribid a esta dirección: marmolp36@hotmail.com

CÓMO CREAR UN GRUPO DE HOMBRES PROFEMINISTAS?

(Por Txema Espada Calpe, Enero 2002)

 

 

 

Os recomendamos que visitéis los textos de esta sección para comprender mejor el porqué, cuándo y cómo de ‘Los grupos de toma de conciencia’. Hemos revisado y traducido aquí una breve guía extraída de la página de la “Red Europea de Hombres Profeministas”, en la que se explica algunas cuestiones sobre cómo crear un grupo de hombres pro-feministas. No existen recetas pero experiencias anteriores nos pueden enseñar sobre posibles errores. Afortunadamente han existido múltiples grupos de hombres en nuestro Estado que nos ha legado cierto poso sobre cómo se avanza en el camino del anti-sexismo.

 

Si estoy interesado por el feminismo: ¿Tengo que formar o participar en un “grupo de toma de conciencia” de hombres?

 

No existe nada que diga que sea absolutamente necesario formar parte en un “grupo de hombres” para poder implicarse en el profeminismo masculino, pero de la experiencia de movilización de las últimas décadas se extrae que los grupos de hombres son una de las mejores formas que tienen los hombres para comenzar a implicarse en el profeminismo.

 

Crear un grupo sin saber para qué o por qué no tiene mucho sentido. Sin embargo muchos hombres que se han acercado al feminismo han sentido la necesidad de discutir sobre sus vivencias y los problemas de la masculinidad, y lo han hecho tanto con otros hombres como con mujeres. Mientras muchas mujeres han reflexionado sobre los problemas que han generado en sus vidas los mandatos y modelos de género, son todavía muy pocos hombres los que han reflexionado sobre los problemas que nos causan los modelos imperantes de masculinidad. Se puede reflexionar leyendo libros, conversando con familiares, amigos y amigas, compañeros de estudios y de trabajo. Una forma muy útil para reflexionar sobre nuestras vidas es hacerlo en grupo, compartiendo con otros hombres nuestras vivencias e intentando construir unas relaciones diferentes con los compañeros de grupo.

 

Cuando ciertos hombres han sentido la necesidad de organizarse para apoyar decididamente las luchas feministas generalmente han tenido dificultades para saber qué podían hacer y cómo. Los modelos de organización específica de hombres interesados por el feminismo, que hemos tenido comúnmente al alcance, han sido los grupos de hombres de toma de conciencia. Fueron las feministas las que nos señalaron el camino ya que aprendimos de su organización y experiencias el valor que los grupos de toma de conciencia tenían para introducir cambios sociales.

 

¿Qué se hace en estos grupos?

 

Bueno, pues se conversa entre varones y se intercambian palabras, cuidados, comida, experiencias. Digamos que se reflexiona en grupo sobre nuestras vivencias como tíos, partiendo generalmente de nuestras vidas cotidianas, problemas, frustraciones, etc. En realidad los temas y acciones nunca están cerrados, pero más que hablar por mover la boca, los “grupos de hombres” han pretendido ser una experiencia diferente donde romper con los problemas de comunicación que se dan entre varones, un lugar donde experimentar unas nuevas relaciones en las que superar la homofobia (odio a la homosexualidad) y donde explorar los malestares que nos ha producido unos modelos de ser hombres terriblemente dañinos y obligatorios. Es por eso que muchos grupos han servido como grupos de auto-ayuda, con un alto valor terapéutico, aunque no fuera este su fin primordial (que generalmente es la toma de conciencia y la reflexión para la acción política). Los grupos de toma de conciencia de hombres han sido una de las respuestas más comunes a los desafíos del feminismo, aunque pensamos que existen muchas más respuestas que debemos y podemos dar.

 

¿Cómo creamos un grupo de hombres?

 

No existe una formula mágica para crear un grupo. El grupo surge entre gente que mantiene algún tipo de vínculo. En España, los grupos generalmente han estado formados por gente que tenía experiencia en trabajo asociativo y/o político, o han surgido desde talleres de un tipo más terapéutico. Cualquiera puede crear un grupo, no tienes más que proponérselo a las personas con las que te gustaría compartir una serie de encuentros periódicos y a las que pienses le podría interesar reflexionar sobre lo que significa ser hombre aquí y ahora.

 

Se podría, por ejemplo, comenzar hablando por uno mismo, de la propia vida, creando un clima de confianza y respeto que permita que surja una relación de intimidad entre varones. Así podemos comenzar a experimentar nuevas formas de relacionarse con otros hombres, ya que uno de los graves problemas que suele estar presente entre los hombres son los problemas de comunicación a los que lleva nuestro miedo a comportarnos de una forma que pueda ser vista por otros como poco masculina. Generalmente se nos ha enseñado a competir, a valorar y valorarnos como hombres mediante pruebas que demuestren nuestra habilidad, autocontrol y arrojo.

 

Sí, pero ¿qué pasos concretos hay que dar?

 

Por lo menos son necesarias tres personas para formar un grupo. Muchos hombres no se atreven a comenzar a hablar personalmente con otros hombres o dudan indefinidamente. Lo mejor que se puede hacer es comentarlo a la gente que te rodea, a amigos, a amigos de amigos... simplemente iniciar el primer movimiento. Puede tardar un poco pero no es difícil encontrar gente interesada.

 

Una vez que el lugar y fecha ha sido fijada para el primer encuentro y todos están reunidos, se descuelga el teléfono, se apagan los móviles (para no ser interrumpidos), uno se asegura que los niños estén atendidos, etc. Entonces se puede comenzar... . ¿El lugar? Agradable y que favorezca la comunicación. Una cafetería íntima y relajada, la casa de alguna persona, algún local de asociación, si hace buen tiempo algún parque o paraje que no disperse y en el que uno no sea molestado.

 

¿Y quién empieza a hablar? ¿De qué hablamos?

 

Cada grupo para poder funcionar mínimamente necesita organizar sus propias normas. No existen recetas de cómo organizar y dirigir los encuentros, pero hay algunos consejos importantes que pueden favorecer un buen clima de comunicación y entendimiento:

 

Es mejor hablar por ti, y usar la primera persona singular. Demasiados varones tendemos a pensar que los sabemos todo y a hablar por otros. También tenemos dificultades para hablar de nosotros mismos, especialmente de nuestras emociones y vivencias íntimas que podemos esconder habitualmente. Es interesante probar a contarlas y escuchar a otros hombres hablar desde sus experiencias.

 

Todo el mundo debe poder expresarse, ya sea hablando o permaneciendo en silencio. Los silencios no son embarazosos. Hay múltiples técnicas de dinámicas de grupos para ayudar que todos hablen pero participar es mucho más que hablar. Hay gente que prefiere escuchar, que trae unos dulces o unas bebidas, otros que no paran de hablar, etc. Aprende a escuchar a los otros, incluyendo sus silencios.

 

Procura no hablar sobre otra gente que está ausente, puede que estés traicionando su confianza. En cualquier caso lo importante son los que están. No queremos hablar sobre los hombres en abstracto, ni evitar la vergüenza que nos puede producir aceptar que algo nos ocurre a nosotros y no a un amigo o a un vecino imaginario. Sin embargo hablar de uno implica la posibilidad de ser capaz de hablar sobre las propias dificultades con ‘él’ o ‘ella’.

 

Todos los presentes deben garantizar la confidencialidad para posibilitar la confianza y el intercambio.

 

Ten además en cuenta que la gente no está hay para pasar el veredicto del grupo. El grupo no es la sede de un partido... cada individuo reproduce a su manera las relaciones de dominación con las mujeres, y la rivalidad y la guerra entre los hombres. Afortunadamente nadie es perfecto. No se trata de saber quién es más profeminista, cuando ni siquiera se comprende como la propia vida está marcada por los mandatos de la masculinidad.

 

Evita la grandiosidad en los proyectos en su comienzo. Resulta más fácil desilusionarse ante dificultades que se desconoce que pudieran surgir. Los hombres se han acostumbrado a responder a los desafíos mediante la acción. No se puede cambiar mediante una suerte de voluntad y determinación personal como nos han enseñado a pensar. Frena el carro y tómate tu tiempo para disfrutar el tiempo que estéis juntos y trata de repetir estas experiencias.

 

El grupo tampoco es una varita mágica. Tomad tiempo, intercambiad textos, artículos, videos, música..., asistid a alguna conferencia. Charlad con las mujeres y contactad con otros grupos similares, intercambiad vuestras experiencias y discusiones. Las redes de hombres profeministas pueden ayudar en este sentido. Ten en cuenta que las feministas llevan más tiempo que nosotros reflexionando sobre problemas que están íntimamente relacionados con los nuestros.

 

Debes estar preparado para aceptar momentos reconfortantes, pero también para aceptar las críticas de otros y para tratarlos como una fuente de enriquecimiento personal, y como una fuente para el cambio en tus relaciones. El debate y el conflicto forman parte del crecimiento tanto como expresar el aprecio y el cariño.

 

¿Deberíamos beber y comer juntos?

 

Puede ser muy reconfortante encontrar gente con la que compartes experiencias y puntos de vista. Lo de intercambiar cenas es una forma interesante de entrenar el cuidado entre varones. Pero no hace falta demostrar las dotes domésticas y culinarias para demostrar lo mucho que se ha cambiado. Por otro lado hay gente que prefiere charlar en un ambiente relajado con comida y bebida, otros prefieren concentrarse más. No hay reglas. Cada grupo lo hace como más le apetece. El objetivo no es crear una agrupación de hombres amargados, ni tampoco un club culinario... algunos comen, otros no.

 

Los grupos de hombres son reconfortantes dado el daño que se ha infringido a muchos hombres, y son importantes para apoyarse en entornos muy agresivos contra aquellos hombres que se niegan a cumplir con mucho de lo que se espera de ellos como varones. Para algunos varones puede que se conviertan entonces en un refugio. Pero quedarse con la autoadulación (“comeflores”) puede que ayude poco a cambiar y es muy injusto con las mujeres que están pidiéndonos nuestra colaboración para construir unas relaciones más igualitarias.

 

¿Cada cuanto tiempo?

 

Algunos grupos se reúnen una vez al mes, otros dos o más veces. Lo importante es comprender que lo masculino no se puede “deconstruir” en dos o tres sesiones. Los aprendizajes y cambios más interesantes se producen en procesos más o menos largos. Intenta no pretender saberlo todo después de unos pocos primeros encuentros.

 

¿Qué temas deberían aflorar?

 

Los grupos suelen comenzar habitualmente con las experiencias personales de sus miembros y seleccionan un tema por sesión: la paternidad, la sexualidad, las relaciones entre los hombres, las relaciones con las mujeres, los placeres, el ejército, la homofobia, la violencia, las luchas (guerras) entre los hombres y nosotros mismos, cómo se puede ayudar al feminismo, la escuela, la amistad, las relaciones íntimas. Los temas pueden ser muy amplios... hay grupos que prefieren partir de la lectura de algún texto, otros prefieren comenzar por hacer que la gente se conozcan más entre sí, así se puede crear un clima de confianza en el que afloren con más facilidad los temas más dolorosos y urgentes, que suelen avergonzar y ser fácilmente postergados. Empezar por presentarse, expresar qué ha llevado a cada cual a la reunión y cuáles son sus expectativas, es también una buena forma de comenzar.

 

Pero es importante no comenzar desde cero. Por ejemplo, antes de un primer encuentro el grupo puede hacer circular textos y artículos, no para que sirvan como una Biblia sino para comenzar a familiarizarse con el pensamiento de otros hombres y de mujeres que han reflexionado sobre las relaciones de género, y para que las lecturas ayuden a ir creando cierto vocabulario común.

 

Prueba y cuéntanos qué ocurre....

 

 

 

Xena y la Fantasía Heroica

 

Cuando se piensa en Fantasía Heroica, o Espada y Brujería, creo que a todos nos vienen a la mente las imágenes creadas por famosos dibujantes como Frank Fazetta, Boris Vallejo, o Corben. Ilustraciones que se han podido ver en carteles de películas, portadas de discos, y que con demasiada frecuencia suelen presentar a un héroe musculoso, con una espada enorme, protegiendo a una bella damisela que se encuentra postrada a sus pies, semidesnuda. Es la típica fantasía masculina de matar al monstruo y salvar a la chica, para que nos esté eternamente agradecida (y yo soy el primero en reconocer que tener fantasías está guay).
Pero afortunadamente, para los que no nos gustan los estereotipos, todos los excelentes artistas que he nombrado antes también han dibujado maravillosas chicas guerreras.
Pienso que la película que mejor ha conseguido retratar el universo de la Fantasía Heroica hasta ahora, ha sido Conan el Bárbaro (1982) de John Milius.

Valeria

Valeria

Y es muy curioso que, en un género que podría considerarse a priori como el más sexista que se pueda imaginar, ya nos encontrábamos en esta película con un personaje femenino de armas tomar. No una compañera decorativa, sino una guerrera tan heroica como el protagonista masculino, y afortunadamente mucho menos bestia (anda que la escenita de Arnie dándole un puñetazo a un pobre camello...).
Se trataba de Valeria, una ladrona amante de la aventura interpretada por Sandahl Bergman. Más tarde Schwarzenegger encontraría el papel de su vida en la tostadora asesina de Terminator (1984), mientras que de Bergman casi nadie se acordaba.
La desesperación debió llevarla a aceptar el papel de terrorista/cyborg en un bodrio titulado Retaliator. Programada para matar (1987). Desde entonces sólo hemos podido verla trabajando en innumerables telefilmes y series Z para el mercado del vídeo.

No me he olvidado de Conan el Destructor (1984), uno de esos desastres que colecciona el productor italiano Dino de Laurentiis.
Aquí tenemos una princesa rubia y tonta, a la que hay que sacrificar (según el guión es "una criatura hembra. Una virgen"). Pero también está la bandida Zula (Grace Jones), manejando el cayado que es un primor, y sonriendo sádicamente al acabar con sus enemigos.

En esta época hubo un intento de realizar cine de animación de calidad, dirigido a un público adulto. Ralph Bakshi realizó una adaptación muy mala de El Señor de los Anillos (1978), y también Tygra, Hielo y Fuego (1983), ésta última a partir de ilustraciones de Frank Fazetta.
El protagonismo de la princesa Tygra se reducía a ser secuestrada varias veces y lucir sus encantos. Tiene mucho mérito el que todos los personajes fuesen siempre medio desnudos, ya que gran parte de las aventuras ocurrían en un mundo helado, con tormentas de nieve y todo.
El peor error (bastante común en el género, todo hay que decirlo), es que el único rasgo que diferencia a los personajes se reduce a que algunos son buenos, y otros son malos.
¿Cine para adultos? Tygra acabará enamorada del héroe de turno, como en todas las películas de Walt Disney.

Todo lo que le falta a Tygra, lo tiene El Cristal Oscuro (1982), la obra maestra de Jim Henson, realizada íntegramente con muñecos:
Personajes y argumento muy interesantes, un mundo de fantasía en el que se ha cuidado hasta el más mínimo detalle, y sobre todo, la mejor magia que existe: enormes cantidades de pasión y cariño invertidas en el proyecto. Nada que ver con la obsesión actual de George Lucas por llenar todos los rincones de la pantalla con muñequitos de "Luz & Magia Industrial".
Los protagonistas son Jen y Kira, dos jóvenes Gelfling, únicos supervivientes de su raza.
Jen es muy inseguro, mientras que Kira es valiente, decidida, y llena de recursos.
En una situación en la que se encuentran rodeados por sus enemigos, ella salta al vacío agarrando a Jen, y de pronto despliega dos pequeñas alas que frenan su caída:
-
¡Sujétate!
-
¡Alas! Yo no tengo alas...
-Claro que no. Tú eres un chico.

El papá de Conan, el escritor Robert E. Howard, también creó a Red Sonja, una heroína que también tiene su... ejem... película (1985).
Ella era Brigitte Nielsen, en otro desastre del amigo Dino de Laurentiis. Como los productores pensaban (y muchos continúan pensándolo hoy en día), que el protagonismo de una mujer fuerte y nada cariñosa alejaría al público más que atraerlo, en el cartel ella aparecía dibujada en pequeñito, y Schwarzenegger, que tenía un papel (muy) secundario, aparece ocupando todo el cartel. De hecho en España el título original Red Sonja se convirtió en El Guerrero Rojo
¿?.
Alguien debería decirles a los ejecutivos de las compañías de cine que la mejor manera de atraer al público es hacer buenas películas. Y ésta sencillamente era una birria; aunque podemos ver a Sandahl Bergman como Reina Gedren.

Mención aparte merecen todas las reinas ambiciosas y malvadas hechiceras que se han enfrentado a los héroes. Destacando entre todas ellas Morgana (Helen Mirren), la hermana de Arturo en Excalibur (1981), y sobre todo la fascinante Miranda Richardson, que bordaba el papel de Reina Mab en la miniserie "Merlín" (1998).

El éxito de dicha serie de T.V. puede ser el comienzo de una nueva edad de oro de la Fantasía Heroica. Después de la abundancia de los 80 parecía que el género ya no iba a dar más de sí, quedando relegado en los 90 a las series Z y los "anime" japoneses.
Pero hace unos días se ha estrenado El guerrero n
º13 (1999), una soberbia aventura épica en la que, desgraciadamente, la mujer es una vez más el reposo del guerrero.

El Señor de los Anillos

Éowyn, dibujada por Frank Fazetta en 1975

El que volverá a poner el género de moda es el gran director Peter Jackson, que rueda en estos momentos El Señor de los Anillos, en Nueva Zelanda.
Las aventuras que se narran en el libro de J.R.R. Tolkien están protagonizadas por hobbits, magos, elfos y enanos. Si bien es cierto que lo que más destaca Tolkien de sus personajes femeninos es la belleza, hay que decir que también tienen su importancia en la historia. Es el caso de la Dama Galadriel, algo así como una reina de los elfos. En el guión han intervenido dos escritoras, Philippa Boyens y Fran Walsh, lo que hace pensar que las actrices que interpretarán a Galadriel, Éowyn o Arwen, no estarán simplemente de adorno.
Pero me temo que habrá que esperar hasta que se estrene la 3
ª película de la trilogía (en el 2001 si todo va bien), para poder ver el capítulo más emocionante del libro:
La Dama Éowyn, que participa en la batalla como un soldado más (escondiendo su identidad, ya que no le permiten luchar), consigue matar a la criatura alada sobre la que cabalga uno de los Jinetes Negros. Éstos son unos seres a medio camino entre el mundo de los vivos y el de los fantasmas, aparentemente invencibles. Pero Éowyn conseguirá atravesar con su espada al Capitán Negro, acabando con él.

Bueno, creíais que no iba a llegar nunca, pero he dejado lo mejor para el final:
"En la era de los antiguos dioses, de los Señores de la Guerra, y de los Reyes.
Una tierra convulsionada clamaba por un héroe.
Ella era Xena, una temible princesa forjada en el calor de la batalla.
Poderosa, pasional, peligrosa. Su valentía cambió el mundo.
Xena, la Princesa Guerrera.
"
Así comienza una de las series más sorprendentes que he visto nunca (a los escépticos les recomiendo el alucinante episodio "The bitter Suite: A musical Odyssey":
¡todos los personajes de la serie se ponen a cantar, igualito que en Broadway!).
El éxito de la serie "Hércules", producida por Sam Raimi, propició que en 1995 Xena tuviera su propia serie, más violenta (ella lucha con espada mientras que Hércules generalmente lo hace con las manos desnudas), y por supuesto mucho más divertida (hay que ver lo soso que es el Kevin Sorbo ése).
Ahora olvidaros un poco de lo infantiloides que son la mayoría de los episodios; y olvidaros también de ese humor tan vulgar y americano del que hacen gala los guionistas.
Lo importante es que ésta es la primera vez que se ha visto a una mujer que vive en un mundo violento, dominado por los hombres, y éstos le respetan, le temen, obedecen sus órdenes (ella tiene en ocasiones ejércitos enteros bajo su mando), SIN QUE PAREZCA IMPORTARLES LO MÁS MÍNIMO EL QUE SE TRATE DE UNA MUJER.
Cuántas veces hemos oído eso de "yo no admito órdenes de una mujer", o "no tengáis miedo. Sólo es una mujer". En esta serie todos los personajes ven en Xena a una persona que ha dedicado su vida al "Arte de la guerra". Tienen una fe absoluta en su fuerza y sus dotes para la estrategia, y el hecho de que se trate de una mujer es un detalle sin importancia.
Sólo recuerdo una escena en la que se caía en el tópico, pero incluso era divertido:
Xena acudía a salvar a un joven en apuros, y éste se quedaba sorprendido. Ella le pregunta qué le ocurre y contesta:
"No, nada, es que cuando los dioses me dijeron que un héroe vendría a ayudarme, pensé que se trataría de Hércules, o incluso Simbad... je..."
(es el momento de destacar a esa increíble actriz que es Lucy Lawless. Si las miradas matasen...).
A Xena le acompaña en sus aventuras Gabrielle (Reneé O'Connor), que como si de un Sancho Panza se tratara, intenta evitar que la princesa guerrera dé rienda suelta a sus impulsos más violentos.
Afortunadamente casi nunca lo consigue.
El éxito de Xena en todo el mundo es un dato que tiene su importancia: Las niñas pueden elegir ahora entre jugar con su muñeca Barbie, o jugar a ser la Princesa Guerrera.
Y un último detalle: en la serie el personaje más débil y miedoso (y el más pelma) es un hombre: Joxer (Ted Raimi). Que además está enamorado platónicamente de Gabrielle.
¡Oooooh...!
Definitivamente no son buenos tiempos para los que les gusten los estereotipos.

 

 

Opinión de navegantes

 

"lo.l" <mmromero50@hotmail.com>

Me da   vergüenza leer  vuestra web feminista cuando ustedes las chicas sois por naturaleza sumisas del hombre como asi lo establece la Santa Biblia  de Nuestro Señor. Es una tradicion  milenaria que no podeis cambiar en años de democracia; no es esclavitud, es consustancial y es causa esendi de la existencia de la mujer, pues es una creacion que  Dios que hizo para el hombre,  y no al contrario. Mirad la Biblia  y comprobar que en el Genesis Nuestro Señor habla de la sumision y  que la mujer fue creada como compañera y no como aadversaria del hombre.

 

    La mujer no puede ser semejante al hombre en aspectos politicos, sociales, culturales ni fisicos como la misma naturaleza nos enseña. La mujer es una compañera del hombre. Repito es compañera del hombre. Siento de veras que seais las verdaderas culpables de la tragedia de la humanidad con el pecado original, pero asi es.

    Despues de tanto feminismo, os invito a qe sigais luchando en esta estupida moda pasajera hasta que os deis cuenta de que vuestra silla es la misma de siempre.

 (la faltas ortográficas son tal como se ha recibido el correo electrónico)