
feminismo
Doctrina social favorable a la mujer, a quien concede
capacidad y derechos reservados antes a los hombres.
Movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que
para los hombres
Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres
La gran revolución del siglo XX se dio con la mujer
Historia
del feminismo en Europa
Mujeres influyentes en la historia
Sería un grave error identificar con el feminismo a toda acción en favor de la mujer, pero sería una injusticia histórica actuar en este campo sin conocer ni reconocer que las posibilidades que tenemos ahora las mujeres se deben, en gran medida, a la lucha de las feministas, a sus planteamientos y a sus logros.
Sin embargo, es frecuente que personas muy comprometidas en proyectos con mujeres desconozcan el movimiento feminista y no analicen reflexivamente qué le deben, en qué están de acuerdo con él y en qué discrepan.
Resulta también sorprendente que muchas mujeres ejerciten unos derechos recientemente adquiridos sin preguntarse quién y cómo ha logrado su reconocimiento legal y social. No deja de ser cuando menos curioso que en muchos casos las propias mujeres nieguen al movimiento feminista el respeto histórico que otorgan a otros movimientos sociales, como el sindical o el obrero.
Los responsables de DOCUMENTACIÓN SOCIAL, por el contrario, han pensado que un número de la revista dedicado a la mujer debería contar con un marco de referencia que sitúe al feminismo en su contexto histórico, con sus logros y sus fracasos, sus aciertos y sus equivocaciones. Tarea no fácil de realizar, porque aunque existen muchos estudios parciales, se encuentran pocos trabajos de síntesis global.
Simplificando mucho, en favor de la visión de conjunto, podemos decir que en el feminismo se observan tres etapas diferentes precedidas de un período de gestación.
LAS PRECURSORAS
Suele aceptarse que la
primera etapa del feminismo, como fenómeno social organizado, se inició con la
acción de las sufragistas, en un período que abarca desde mediados del siglo
XlX hasta el final de la Primera Guerra Mundial.
Sin embargo, pueden
encontrarse antecedentes en periodos históricos anteriores y muy especialmente
en el ambiente creado por la Revolución Francesa y sus declaraciones en favor
de la igualdad de todos los ciudadanos. Ya en aquel momento algunas autoras, y
también algunos autores, con toda coherencia trataron de aplicar aquella
igualdad también a las mujeres. El propio CONDORCET' defendió este principio en
su documento sobre La admisión de las mujeres en la ciudadanía. Olimpia DE
GOUGES insiste en su Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana,
replica al texto base de la revolución de título similar. En Inglaterra Mary
WOLLSTONECRAFT aborda la cuestión desde otro ángulo en Reivindicaciones de los
derechos de la mujer. La cuestión queda planteada pero los frutos no se recogen
todavía. Muy al contrario, a Olimpia DE GOUGES, que había afirmado en el
artículo X de su Declaración que «si la mujer tiene derecho a subir al cadalso
también debe tener el derecho de subir a la tribuna», se le aplicó el primero
sin llegar a conseguir el segundo, puesto que, como es bien sabido, murió
guillotinada bajo el «régimen de terror» impuesto por Robespierre.
El advenimiento del régimen
napoleónico y la promulgación en 1804 del nuevo Código ahogó la esperanza que
la Revolución había despertado en las mujeres y consagró u minoría de edad
civil, social y económica y su exclusión de los derechos políticos. El Código
de Bonaparte empeoró la situación de las mujeres en toda Europa ya que la
mayoría de los países lo tomaron como modelo en su respectiva legislación.
Sin embargo, la semilla de la
aspiración a la igualdad estaba ya sembrada y sólo esperaba el momento oportuno
para dar sus frutos.
EL SUFRAGISMO
Los vientos de libertad
levantados por la Revolución encontraron un buen campo de cultivo en los
Estados Unidos. A favor de estos vientos las mujeres lucharon por la
independencia de su país junto a los varones y posteriormente se unieron a la
causa de los esclavos. Ello les llevó a ocuparse cada vez en mayor medida de
las cuestiones políticas y sociales.
Las mujeres aprendieron a
hablar en público defendiendo sus derechos al tiempo que los de los esclavos
porque comprendieron que eran cuestiones inseparables.
Con ello existían ya las bases
para un real y verdadero movimiento femenino; lo que hacía falta era un impulso
que le diese vida, una cabeza y un programa. La ocasión fue el Congreso
Antiesclavista Mundial celebrado en Londres en 1840. La delegación
norteamericana incluía cuatro mujeres, pero el Congreso, escandalizado por su
presencia, rehusó reconocerlas como delegadas e incluso ocultó su presencia
tras unas cortinas. Lucrecia Mott y Elisabeth Cady Stanton, dos de las
delegadas norteamericanas, volvieron de Londres indignadas, humilladas y
decididas a intensificar su campaña por el reconocimiento de los derechos. En
1848 convocaron una convención en la que Elisabeth Stanton pronunció un
memorable discurso y pidió el voto para las mujeres. En esta convención se
aprobó la Declaración de Séneca Falls, uno de los textos básicos del sufragismo
americano.
A partir de esta fecha las
mujeres de Estados Unidos empezaron a luchar de forma organizada en favor de
sus derechos, tratando de conseguir una enmienda a la Constitución que les
diera acceso al voto, la enmienda Anthony (llamada así por el nombre de su
redactora), que fue presentada a la Cámara en todos los períodos legislativos,
desde 1878 hasta 1896. En este año decidieron cambiar de táctica para tratar de
conseguir su propósito Estado por Estado, ya que algunos se habían mostrado más
receptivos. En 1869 Wyoming había concedido el voto a las mujeres sin apenas lucha;
le siguió Colorado en 1893, después Utah (1895) e Idaho (1896), y finalmente el
Estado de Washington (1910). En 1918 la «enmienda Anthony» volvió a figurar en
la agenda del Congreso y esta vez dos tercios de los representantes votaron
afirmativamente. Se cuenta que Charlotte Woodward, firmante de la Declaración
de Séneca Falls, fue la única mujer que vivió lo bastante para votar en las
elecciones presidenciales de 1920.
Fue una lucha larga y penosa,
en la que muchas mujeres se pusieron a prueba, pero no llegó al radicalismo de
Gran Bretaña.
SUFRAGISMO EN INGLATERRA
En Europa, el movimiento
sufragista más potente y radical fue el inglés. Surgió en 1951, sólo tres años
después de la Declaración de Séneca Falls, cuando un grupo de mujeres inglesas
celebraron en Sheffielo un acto público en el que pidieron el voto para la
mujer. Decididas a seguir procedimientos democráticos en la consecución de sus
objetivos buscaron el apoyo de los parlamentarios. El día 13 de febrero de
1861, el conde de Carlisle presentó su petición en la Cámara de los Lores. Fue
el inicio de un largo camino.
Posteriormente las sufragistas
inglesas consiguieron tener como aliado a John Stuart, que se casó con una
feminista, Harriet Hardy Taylor, y en 1869 escribió un libro que se hizo
famoso, La sumisión de las mujeres. Stuart' Mili presentó a la Cámara de los
Comunes en 1866 la primera petición oficial del Comité por el Sufragio
Femenino. }oro el verdadero paladín de las mujeres en la Cámara baja inglesa
fue Jacob Brigt, que incansablemente una y otra vez insistía en presentar
propuestas para obtener el derecho político de las mujeres. En 1867 Jacob Brigt
profetizó: «SI los mítines carecen de efecto, si la expresión precisa y casi
universal de la opinión no tiene influencia ni en la Administración ni en el
Parlamento, inevitablemente las mujeres buscarán otros sistemas para asegurarse
estos derechos que les son constantemente rehusados» (2~
Sin embargo, las sufragistas
inglesas siguieron todavía casi cuarenta años más defendiendo la causa
feminista por medios legales. En 1903, cansadas de no ser tomadas en cuenta,
cambiaron de estrategia y pasaron a la lucha directa. La táctica que adoptaron
fue interrumpir los discursos de los ministros y presentarse en todas las
reuniones del partido liberal para plantear sus demandas. La policía las
expulsaba de los actos y les imponía multas que no pagaban, tras lo cual iban a
la cárcel. Allí eran consideradas como presas comunes y no políticas como ellas
hubieran deseado. Para atraer la atención pública sobre su situación
recurrieron a la huelga de hambre; Gladstone, que era entonces primer ministro,
ordenó que las alimentaran por la fuerza, pero las feministas no desistieron,
poniendo en práctica lo que una de ellas había escrito: «Para todas las conquistas
en el campo de la libertad muchos hombres y mujeres han debido padecer. Esta
regla es también válida para nuestro caso».
Las feministas y la policía
inglesa entraron en una espiral de violencia. En julio de 1903, lady Pankhurst,
presidenta de la National Union of Women Suffrage, fue condenada a tres años de
trabajos forzados pero las sufragistas lograron su evasión. El presidente
Wilson la invitó a los EE.UU. Se había convertido en una figura casi
legendaria, pero eso no la libró de volver a ser encarcelada en cuanto regresó
a Inglaterra.
Mientras tanto, las
sufragistas iniciaron una serie de actos terroristas contra diversos edificios
públicos, sin cometer ningún atentado personal. La única víctima mortal fue la
militante EmilY Davidson, que en junio de 1913, en el hipódromo de Epson, se
arrojó a las patas del caballo del Rey que corría en él en la carrera del
Derby.
El funeral de Emily Davidson
fue un grandioso acto feminista. Entre las numerosas carrozas que seguían al
féretro iba una vacía con las cortinas bajas: era la que hubiera correspondido
a lady Pankhurst, que no pudo asistir por estar de nuevo arrestada.
Este terrible acontecimiento,
aunque fue un paso más en el proceso, no puso fin a la 'lucha. Fue preciso
llegar al estallido de la Primera Guerra Mundial. Con este motivo, el Rey Jorge
V amnistió a todas las sufragistas y encargó a lady Pankhurst el reclutamiento
y la organización de las mujeres para sustituir a los varones que debían
alistarse; un buen ejemplo del pragmatismo inglés.
Por fin, el 28 de mayo de 1917
fue aprobada la ley de sufragio femenino, por 364 votos a favor y 22 en contra,
después de cincuenta años de lucha y 2.584 peticiones presentadas al
Parlamento.
FEMINISMO EN ESPAÑA
En otros países europeos
las mujeres lucharon también por conseguir el voto con menos dramatismo y
apoyándose en las conquistas de sus hermanas de Inglaterra y de América.
En España el feminismo entró
tardíamente, cuando ya en Europa empezaba a perder su fuerza inicial, y nunca
adquirió gran desarrollo.
En 1920 existían varias
asociaciones feministas de diferente signo, de las cuales las más importantes
eran la Asociación Nacional de Mujeres Españolas, presidida por María Espinosa,
y la Unión de Mujeres Españolas (UME), presidida por la marquesa de Ter. Para
ellas eran temas prioritarios la educación de las mujeres, la reforma del
Código y el derecho al voto.
La República, instaurada en
abril de 1914, dio satisfacción a la mayoría de sus demandas. El 1 de octubre
de este mismo año se aprueba en el Parlamento el artículo 34 de la
Constitución, que reconoce el derecho de las mujeres al voto, después de un
doloroso enfrentamiento entre dos mujeres que se suponía deberían haber estado de
acuerdo. Clara Campoamor, del Partido Radical, defendió con calor el derecho al
voto como cuestión de justicia, y Victoria Kent, del Partido
Radical-Socialista, se opuso por una razón de oportunismo político, suponiendo
que las españolas se indinarían hacia un voto conservador. Clara Campoamor
consiguió una clara victoria, 161 votos a favor de la ley y 121 en contra, pero
debió pagar un alto precio por ella ya que su propio partido llegó a abandonada
posteriormente.
Hacia los años treinta la
mayoría de las naciones desarrolladas habían reconocido el derecho al voto
femenino, salvo Suiza, que no lo aceptó hasta 1970. El objetivo principal de
las sufragistas se habían logrado y el feminismo pareció entrar en una fase de
recesión.
A pesar de su nombre las sufragistas
no defendían sólo el derecho al voto. Sus objetivos eran más amplios, Ya hemos
visto que las americanas lucharon contra la esclavitud junto a los
abolicionistas y en favor de la igualdad en sentido muy amplio. Las feministas
de esta primera época plantearon también el derecho al libre acceso a los
estudios superiores y a todas las profesiones; la igualdad de derechos civiles;
compartir la patria potestad de los hijos; denunciaban que el marido fuera el
administrador delos bienes conyugales, incluso de lo que ganaba la esposa con
su trabajo; pedían salario igual para trabajo igual, etc. Todos estos objetivos
se centraron en el derecho al voto, que parecía la llave para conseguir los
demás.
En resumen, las feministas del
siglo XlX y primeros años del siglo xx lucharon por conseguir la igualdad de
derechos respecto al varón argumentando que era persona humana lo mismo que él.
Se puso énfasis en los aspectos igualitarios y en el respeto a los valores
democráticos. En ese sentido se ha puede decir que era un movimiento basado en
los principios liberales.
Junto a este feminismo, y a
veces frente a él, se intentó desarrollar un feminismo de clase, socialista y
comunista, que se debatió entre la fidelidad a la causa feminista y la
fidelidad a los partidos políticos respectivos. «Cuando las feministas
socialistas tratan de empujar a sus camaradas varones a llevar sus promesas a
la práctica, entonces surgen las ambivalencias y los conflictos. En ciertos
momentos, las mujeres socialistas no se atreven a insistir demasiado en sus
objetivos feministas por temor a perjudicar la causa socialista.
LA SEGUNDA OLA DEL FEMINISMO
Durante muchos años se ha
pensado que los años veinte marcaron el final de una época y que el feminismo
quedó en suspenso durante décadas hasta la eclosión en los años sesenta.
Actualmente se están llevando a cabo estudios que aconsejan matizar un juicio
tan radical; ahora se habla más bien de «crisis de transición entre dos
feminismos. Algo se movía sin duda cuando en 1959 Simone De Beauvoir da el
grito de alarma en El segundo sexo y algo estaba ador-mecido cuando un libro
tan importante no empieza a ser estudiado y comentado hasta después de una
década larga.
De cualquier forma, los que
hemos vivido el movimiento feminista de los últimos cincuenta años recordamos
bien cómo surgió la llamada segunda ola y el interés que despertó en el mundo
entero, lo mismo entre los que se situaron a su favor como entre los que lo
hicieron en contra.
El detonante fue la
publicación del libro de Betty FRlEDAN, La mística de la feminidad que apareció
en Norteamérica en el año 1963 y en seguida se difundió por todo el mundo
occidental. La primera edición española, de 1965, lleva un prólogo de Lily
Alvarez. Poco tiempo después, la propia autora viajó por diversos países
explicando sus planteamientos a través de conferencias, mesas redondas,
entrevistas... Su presencia en Madrid, en los momentos que se iniciaba la
transición política, dio ocasión a una de las primeras manifestaciones públicas
de grupos de feministas después de la Guerra Civil.
El mensaje central de Betty
FRIEDAN fue que «algo» estaba pasando entre las mujeres norteamericanas, algo
todavía indefinido, que ella denominó «el problema que no tiene nombre. Eran
muchas las mujeres que, a pesar de estar felizmente casadas, sin problemas
económicos y con hijos sanos, experimentaban una asfixia interior tan
misteriosa como intolerable. Era una sensación de vacío que Betty FRIEDAN
achacó a no sentir la propia identidad, a saberse definida no por lo que se es sino
por las funciones que se ejercen: esposa, madre, ama de casa...
Según Betty FRIEDAN, las hijas
de las mujeres que realizaron aquel «viaje apasionado» que supuso la lucha por
el derecho al voto fueron atrapadas por la «mística de la feminidad», que les
hizo cifrar su felicidad en la dedicación exclusiva al servicio de las personas
que aman, ya que lo contrario sería violentar su propia naturaleza femenina.
Para salir de esta trampa, «de
este confortable campo de concentración», las mujeres deben romper las
invisibles cadenas que les atan, tratar de desarrollar todas sus
potencialidades y lograr su propia autonomía incorporándose al mundo del
trabajo. Una vez planteado el problema, Betty FRIEDAN pasó a la acción creando,
en 1966, la NOW (Organización Nacional de Mujeres), que consiguió afiliar en
poco tiempo un elevado número de mujeres en todos los Estados de la Unión,
llegando a ser la asociación feminista más influyente.
Hubo una gran movilización de
mujeres, unas veces en forma de manifestaciones masivas con aspectos
provocativos y humoristas y otras en forma de trabajo paciente y concienzudo,
que contribuyó a conseguir importantes reformas legislativas en el campo
matrimonial y familiar. Solo en la década de los setenta el Congreso de los
Estados Unidos aprobó 71 disposiciones relativas al «problema de la mujer».
Esta movilización general no
fue exclusiva de los Estados Unidos sino que Se produjo en casi todas las
naciones, favorecida desde 1975, Año Internacional de la Mujer, por la
actuación de los Organismos Internacionales. Como veremos más adelante, las
mujeres españolas se incorporaron a esta movilización feminista con gran
entusiasmo y menos retraso que en el caso del sufragismo.
La NOW, formada en su mayoría
por mujeres blancas, de clase acomodada, con estudios superiores, conectaba con
el espíritu liberal del primer feminismo. Consideraba que si las mujeres
ejercían los derechos adquiridos, los ampliaban y se incorporaban activamente a
la vida pública, laboral y política, sus problemas tendrían solución. Aceptando
este planteamiento, muchas mujeres en el mundo entero centraron sus esfuerzos
en desarrollar una vida profesional compatible con sus funciones dentro de la
familia, dando lugar a lo que se llamó la «superwoman», por el derroche de energía
que se vio obligada a desplegar.
MOVIMIENTO DE LIBERACIÓN DE LA MUJER
Poco a poco, incluso dentro
de la misma NOW, fueron surgiendo mujeres más jóvenes con objetivos más
revolucionarios que aspiraban a cambiar el sistema. Abandonando las ideas liberales
adoptan el planteamiento marxista. Las mujeres son consideradas como el sexo
oprimido. El culpable final de la opresión de la mujer no son los varones sino
el capitalismo. «La liberación de la mujer no podía darse sin la liberación
general de otros trabajadores oprimidos y explotados bajo el capitalismo. El
capitalismo era concebido como responsable de la organización injusta del
trabajo que oprime al obrero y oprime a la mujer con la doble jornada.» La
escritora inglesa Sheila ROWBOTHAM expone estas ideas en sus dos obras
principales, Mujer, Resistencia y Revolución (1972) y La Conciencia de la Mujer
en el Mundo de los Hombres (1973), tomando como antecedente la gran
revolucionaria del siglo XIX, Flora Tristán. Estos grupos intentan conectar con
las mujeres de clase media y baja e incluso se dirigen a las mujeres de color.
Los grupos se sentían
solidarios de la Nueva Izquierda y se unieron a todas las causas que promovía:
movimiento de protesta juvenil, defensa de los Derechos Civiles, pacifismo. En seguida
se encontraron con la misma dificultad que Sus hermanas del primer feminismo
socialista: por un lado sus propios compañeros de partido les relegaban a los
trabajos subordinados y por otra parte sus reivindicaciones siempre tenían que
supeditarse a los objetivos más importantes de la lucha global. En
consecuencia, decidieron separarse y de esta decisión nació el Movimiento de
Liberación de la Mujer.
En cualquier caso, no tiene
duda que en un momento histórico el MLM tuvo un gran protagonismo y colaboró al
logro de diferentes metas feministas.
FEMINISMO RADICAL
Algunas mujeres tomaron
otro camino y se apuntaron a lo que se ha llamado el feminismo radical. Este
considera que la opresión de las mujeres es anterior al capitalismo y no
termina con él, como lO demuestra el hecho palpable de que en los regímenes
comunistas, entonces todavía existe res, la mujer seguía siendo explotada. Por
tanto, el origen de su explotación no está en el capitalismo sino en el
patriarcado. En 1971, Kate MILLET publica Política sexual donde define el
patriarcado como «una institución en virtud de la cual una mitad de la
población (es decir, las mujeres) se encuentra bajo el control de la otra mitad
(los hombres).
Las radicales identificaron
como centros de dominación patriarcal esferas de la vida que hasta entonces se
consideraban «privadas». A ellas corresponde el mérito de haber revolucionado
la teoría política al analizar las relaciones de poder que estructuran la
familia y la sexualidad: lo sintetizaron con un eslogan: «1o personal es
político».
El feminismo radical puso en
práctica una forma de organización y trabajo que tuvo mucho éxito: los grupos
de autoconciencia, en los que se impulsaba a cada participante a exponer su
experiencia personal de opresión con la finalidad de que tomara conciencia de
ella y la analizase en clave política con vistas a lograr una transformación de
la situación.
Estos grupos de autoconciencia
pagaron el mismo precio que todos los grupos que excluyen a priori cualquier
tipo no sólo de jerarquización sino incluso de división de funciones. En el
prurito de que cada participante debía tener la misma consideración, el avance
se hacía casi imposible porque la última recién llegada podía poner todo en
cuestión y obligar al grupo a empezar de nuevo.
FEMINISMO DE LA DIFERENCIA
Algunos grupos de
feministas radicales fueron evolucionando hacia el feminismo de la diferencia,
que aboga por identificar y defender la identidad propia de la mujer y marcar
bien sus señas diferenciales. Consideran que los varones, debido a su
psicología, son agresivos, guerreros, depredadores. Las mujeres no deben entrar
en ese juego m m-tentar imitarlos. Una de sus teóricas, la italiana Carla
Louzi, afirma que «la meta de la toma del poder es totalmente vana». Y la francesa
Luce Irigaray considera inútil o incluso nocivo empeñarse en obtener la
igualdad. En Francia y en Italia existen notables partidarias del feminismo de
la diferencia. Sus críticos dudan de que puedan construir la identidad femenina
y a un tiempo destruir el mito «mujer».
Las teóricas de cada una
de las tendencias señaladas debaten entre ellas y en ocasiones se niegan
mutuamente el título de feministas. Mientras tanto, los grupos feministas de
base siguen su trabajo a menudo utilizando los diferentes lenguajes de forma
alternativa y a veces hasta simultánea.
LA SEGUNDA OLA DEL FEMINISMO EN ESPAÑA
Fue alrededor de los años sesenta cuando las mujeres españolas empezaron a reclamar públicamente los derechos que se le venían negando desde la terminación de la Guerra Civil, cuando, como es bien sabido, perdieron todos los derechos que habían conseguido durante la segunda década del siglo y sobre todo durante la República.
ANTECEDENTES
Anteriormente, algunas mujeres
habían actuado e, título individual. En 1948, después de unos años en los que
nadie en España habló sobre el tema, María CAMPO ALANGE se atrevió a escribir
La secreta guerra de los sexos. Fue un acto de valentía, porque el ambiente no
era propicio. En 1961 volvió a la carga con La mujer como mito y como ser
humano, que fue seguida por una obra de mayor envergadura, La mujer en España.
Cien años de su historia.
En 1956, tres asociaciones
religiosas, las Mujeres de AC, las Congregaciones Marianas Universitarias y un
grupo de universitarias de la Institución Teresiana, constituyeron una
asociación llamada Amistad Universitaria, que fue durante años un lugar de
encuentro y debate y donde se intentó fijar las bases de un feminismo cristiano
en una línea que resultaba progresista respecto a la postura oficial, a la
mantenida por la Iglesia católica y la que predominaba en el conjunto de la
sociedad española de aquel momento.
Por otra parte, ya en la
década de los sesenta, el despegue económico de España y los Planes de
Desarrollo hacen necesaria la incorporación de la mujer al trabajo y, como
consecuencia, en 1960 las Cortes franquistas aprueban la Ley de los Derechos
políticos, por el trabajo de la mujer, por la que se eliminan la mayoría
de las discriminaciones impuestas anteriormente en el campo laboral. Para
preparar el proyecto de ley se realizaron diversos estudios, que pusieron de
manifiesto la precaria situación de la mujer española.
Estos acontecimientos dieron
lugar a que fuera cristalizando una corriente de opinión favorable a las tesis
feministas y a que las propias mujeres fueran tomando conciencia de sus
problemas, aunque' no pudieran asociarse para reclamar sus derechos.
En aquellas circunstancias,
María Campo Alange reunió en su casa a un grupo de ocho mujeres de procedencia
universitaria con la idea de fundar un grupo feminista informal en la
imposibilidad de constituir una asociación. De esta manera en el año 1960 nació
el SESM, que antes del cambio democrático publicó algunos libros y · numerosos artículos sobre la problemática femenina y después, cuando se
pudo, participó en actos y reuniones de signo feminista o relacionados con la
mujer.
Mientras tanto, todavía
en la clandestinidad, empezaron a reunirse periódicamente diferentes grupos de
mujeres para formular objetivos comunes y preparar estrategias de acción,
dentro de la oposición democrática al régimen.
EL «BOOM» DE LOS AÑOS
SETENTA
En 1975, declarado por la ONU
Año Internacional de la Mujer, el movimiento de mujeres progresistas estaba ya
en plena efervescencia en España. No hace falta recordar que fue un año muy
peculiar. Después de cuatro décadas de régimen autoritario empezaría a ser
inminente un cambio político, todavía de signo incierto. En todos los ambientes
habla grupos que se organizaban con vistas al próximo futuro. Las mujeres
aprovecharon el momento y a finales de año, a favor de una cierta permisividad
de las autoridades gubernamentales, organizaron en Madrid, en el colegio
Montserrat, las Primeras Jornadas de Liberación de la Mujer, a las que
acudieron más de quinientas mujeres de toda España que, durante tres días en
largos debates, intentaron perfilar su ideología. No fue tarea fácil. Se
encontraban allí juntas por primera vez mujeres que hacían un planteamiento
intelectual del problema con otras volcadas en la acción directa; jóvenes que
se asomaban por primera vez al feminismo con veteranas, si no de una acción que
hasta entonces había sido imposible, sí en el pensamiento y en la discusión.
Había incluso mujeres, como María Campo Alange, que recordaban los inicios del
feminismo en España y que hablan escrito sobre ello.
Al año siguiente se
organizaron en Barcelona las Primeres Jornades Catalanes de la Dona. En ambas
Jornadas se manifestaron claramente las dos tendencias que existían en los
incipientes grupos feministas españoles: la que abogaba por una acción política
simultánea a la acción feminista (la llamada doble militancia) y la que
consideraba al feminismo como una alternativa global a una sociedad dominada
por el hombre. Por debajo de esta división muy clara empezaban a
perfilarse las diversas corrientes de feminismo que se estaban
manifestando en Norteamérica v en todo el mundo.
Es imposible dar cuenta de los
numerosos grupos feministas que nacieron, se formaron, se fragmentaron,
desaparecieron y volvieron a aparecer con características diferentes durante
aquella década. Varios nacieron arropados por los diversos partidos políticos.
El MDM (Movimiento Democrático de la Mujer) fue creado por mujeres del PCE y
por independientes "con la intención de ser movimiento de masas y teniendo
como campo de acción los barrios periféricos de las ciudades".
En 1976 se crea la ADM
(Asociación Democrática de la Mujer) integrada por mujeres militantes o
simpatizantes del PTE y de la ORT. A pesar de su origen, tuvo vocación
interclasista y propuso objetivos muy aceptables que podrían atraer a
muchas mujeres, aunque no fueran feministas. La inteligente acción de su
presidenta Sacramento Martí, estuvo a punto de conseguir que la ADM se
convirtiera en la gran asociación feminista de masas que en España nunca hemos
logrado tener· Dispusieron de una revista» la
Gaceta Feminista, de bastante calidad. Después de un cierto éxito, agotada la
fuente política de donde presumiblemente venían los subsidios, la ADM fue
decayendo hasta desaparecer.
·
Junto a estos grupos, que
propugnaban la doble militancia, estaban los que repudiaban esta colaboración.
Especialmente interesante entre ellos fue el que se organizó en el despacho de la
abogada Cristina Alberdi, que tomó el nombre de Colectivo Feminista de Madrid,
porque había otros grupos con el mismo nombre en diferentes capitales de
España.
Lidia Falcón, por su parte,
alzó una bandera diferente al propugnar que las mujeres deben crear sus
organizaciones políticas, con sus programas específicos y sus estrategias
particulares. Consecuente con sus ideas años más tarde fundó un partido y se
presentó a las elecciones.
Un carácter muy distinto en la
Asociación para la Promoción y Evolución Cultural (APEC). Nada en su
denominación indicaba que fuese una asociación feminista, sin embargo sus
fundadores se proponían que la clave de esa evolución y promoción fuese í ó
desde el primer momento una revolución que afectase al concepto tradicional de
mujer. El alma de la asociación fueron el matrimonio formado por Pilar
Yzaguirre y Alvaro Meseguer. APEC se apuntó el tanto de traer a España, con la
colaboración financiera de la Fundación March, a la famosa feminista americana
Betty Friedan, que estaba entonces en la cresta de la ola. El éxito fue
estruendoso en todos los sentidos de la palabra.
Fue esta una demostración
palpable de que el feminismo español quería conectar con la poderosa nueva ola
del feminismo americano en el que ya empezaban a manifestarse las líneas de
divergencia que se reprodujeron inmediatamente en España.
LAS REFORMAS LEGALES
A pesar de estas
divergencias había algunas reivindicaciones inmediatas en las que todos los
grupos feministas estaban de acuerdo.
La presión de los grupos
feministas y las nuevas circunstancias que se vivían en España hicieron que se
promulgaran una serie de leyes favorables a la mujer.
La no discriminación legal por
razón del sexo, que tanto habían reclamado los grupos feministas, quedó
garantizada por la Constitución de 1978, en forma general en el artículo
4, en el 32 con referencia al matrimonio y en el 35 al referirse al
trabajo.
En 1978 se despenalizaron los
anticonceptivos y se eliminaron los delitos de adulterio ¡ y amancebamiento, que tradicionalmente desfavorecían a la mujer.
El Estatuto de los
Trabajadores de marzo de 1980 declara nulos y sin efectos los anteriores
preceptos reglamentarios y disposiciones que contengan discriminaciones en el
empleo.
En el año 1981 se aprobó la
Ley del divorcio y en 1985 se promulgó la Ley de despenalización del aborto,
bajo tres condiciones,
reivindicación en la que no
todos los grupos feministas están de acuerdo y no sólo por motivos religiosos.
Algunas feministas italianas se oponen al aborto por considerar que refuerza
los privilegios masculinos... «la mujer se pregunta: ¿Para placer de quién he quedado yo embarazada? ¿Para placer de quién aborto yo? Estos interrogantes contienen las
semillas de nuestra liberación: al formularlos, las mujeres abandonan su
identificación con los hombres y encuentran 1~. fuerza necesaria para romper un
silencio cómplice que es la coronación de nuestra colonización.
En consecuencia; algunas
asociaciones feministas italianas en el debate sobre el aborto optaron
por pedir la despenalización y se opusieron a su legalización.
EL FEMINISMO DESPUÉS DE LOS AÑOS OCHENTA
A partir de los ochenta
parece como si el movimiento feminista haya ido perdiendo el vigor de que dio
muestras en las dos décadas anteriores. Algunos hasta se han apresurado a
pronosticar su pronta defunción a causa de los debates ~ das divisiones
internas.
Sin duda tienen razón los que
aducen que su presencia pública no es tan preponderante como hace unos años y
que los debates que se producen en torno al sentido mismo del feminismo, su
finalidad, sus objetivos y su estrategia hayan llegado a un punto donde a veces
podría parecer que ya no se sabe de lo que se discute.
Sin embargo, la presencia de
36.000 mujeres llenas de iniciativas y de vitalidad en el Forum de Huairu, en
el verano de 1995, con motivo de celebrarse en China la IV Conferencia
Internacional de la Mujer, dan que pensar y obligan a replantearse la cuestión
desde otra perspectiva.
Cierto es que no todas las
mujeres presentes en aquel Forum eran feministas, pero si muchas de ellas, y no
sólo representantes del Primer Mundo. como suele pensarse y escribirse, sino
que había feministas de Africa, Asia y Latinoamérica, con planteamientos muy
dinámicos y muy interesantes.
i
Quizás lo que ocurre es
que el feminismo ha entrado en una nueva fase más difícil de analizar« por
varias causas. En primer lugar, los acontecimientos están demasiado cercanos y
por ello los árboles no nos dejan ver el bosque; por otra parte, el movimiento
feminista que en los
años sesenta estaba bastante
polarizado en Norteamérica, se ha disgregado en diferentes polos de acción y
producción de pensamiento feminista (por ejemplo, uno de ellos muy importante
en Italia) y, además, una vez alcanzados los objetivos primarios que afectaban
a todas las
mujeres por igual, ahora
los intereses no siempre son coincidentes.
Esta última
afirmación podría ser objeto de discusión en ciertos círculos feministas que
consideran una batalla equivocada la emprendida a favor de la igualdad de derechos,
llevada a cabo por mujeres de la burguesía liberal, que no pretendían cambiar
las relaciones de poder sino simplemente entrar en la dinámica del sistema. Lo
cual probablemente es muy verdad, pero sin aquel primer paso difícilmente
podrían haberse dado los
que han venido y vendrán después.
Yásmine Ergas considera
que el término "feminismo" no designa una realidad sustancial cuyas
propiedades puedan establecerse con
exactitud; por el
contrario, se podría decir que el término "feminismo'' indica un conjunto
de teorías y de prácticas históricamente variables en torno a la constitución y
la capacitación de los sujetos femeninos.
El hecho cierto es que las
posturas del feminismo están lejos de ser unánimes. Un problema básico sin
resolver es cómo articular la lucha por liberarse de la vieja afirmación
antifeminista de que «la anatomía es el destino» con la defensa de la propia
identidad pro-pugnada por el feminismo de la diferencia.
Sin embargo, a pesar de la
dificultad de abrirse paso en la multitud de manifestaciones diferentes que se
dan entre los grupos que se llaman feministas, pueden detectarse algunos
aspectos generales del feminismo actual.
GRUPOS PEQUEÑOS Y
DIVERSIDAD DE OBJETIVOS
FOMENTO DE LA INVESTIGACIÓN
UNIVERSITARIA
Ya vimos que, frente a
grandes organizaciones que tuvieron la iniciativa en los años sesenta, fueron
apareciendo multitud de grupos pequeños e informales en los que las mujeres se
reunían, intercambiaban experiencias, promovían la auto concienciación,
realizaban acciones puntuales y vivían la solidaridad. Para muchas mujeres
estos grupos llegaron a ser una alternativa global a su necesidad de relación,
para otras constituyeron un lugar de encuentro y desahogo que no impedían otro
tipo de relaciones humanas. En los últimos años muchos de estos grupos se han
ido transformando en asociaciones de ayuda mutua que ofrecen apoyo a las
mujeres, muchas veces con programas subvencionados por organismos estatales. En
algunos casos es difícil marcar una diferencia clara entre los grupos que se
autodefinen como feministas y los que son más bien reacios al término, pero
trabajan activamente en favor de las mujeres.
Otro fenómeno que hace menos
visibles a las feministas en el mundo actual es que muchas de ellas se han
dedicado a realizar estudios sobre la problemática de la mujer dentro de las
universidades, lo mismo en España que en otros países.
No fue tampoco fácil que las
universidades aceptaran albergar y financiar estos departamentos de
investigación. En España, el primero se creó en 1979, en la Universidad
Autónoma de Madrid, dirigido por María Ángeles Durán, bien secundada por Pilar
Folguera. La Universidad Complutense aprobó en el curso 1988-89 un Instituto de
Investigaciones Feministas que, desde el año siguiente, imparte un curso de
Historia de la Teoría Feminista, coordinado por Celia Amorós, catedrática de
Historia de dicha Universidad. La mayoría de las universidades españolas tienen
departamentos similares.
RECUPERACIÓN DE LA PROPIA HISTORIA
Las mujeres se han
hecho conscientes de que hasta ahora su historia ha sido ignorada por los
historiadores, aunque, como es obvio, la mujer ha estado siempre presente en
cualquier acontecimiento histórico de forma activa o pasiva. En consecuencia,
se han puesto a buscar los datos olvidados y a rastrear las huellas de su
presencia invisible. En esta tarea se afanan lo mismo las profesionales
universitarias utilizando todos los recursos de las ciencias históricas, como
las mujeres de la base, que recurren a los relatos familiares y a la
transmisión de información recibida oralmente de sus mayores.
Estos estudios que
rescatan del Olvido a las mujeres están provocando un cambio total de enfoque
histórico, porque no se trata de escribir dos historias paralelas, sino una
sola que integre también la aportación de las mujeres. Se ha llegado a afirmar
que se esta gestando un cambio parecido al que se produjo cuando el marxismo
obligó a incorporar a los estudios históricos los fenómenos económicos: la
perspectiva cambió totalmente. Lo mismo puede ocurrir ahora al incorporar la
intervención de las mujeres en la vida privada y en la vida pública de los
diferentes pueblos.
FEMINISMO INSTITUCIONAL
En los últimos años muchos países han creado
ministerios o departamentos ministeriales encargados de las cuestiones
relativas a la mujer. En España contamos con el Instituto de la Mujer, que fue
creado en el año 1983, a partir de la Subdirección de la Condición Femenina,
establecida por el primer gobierno democrático en 1978. Cada una de las
Comunidades Autónomas tiene también su correspondientes organismo con
diferentes denominaciones.
Este feminismo institucional tiene sus ventajas y sus inconvenientes: por un
lado asegura la atención oficial a las reivindicaciones feministas, pero, por
el otro, facilita que los grupos de base, confiados en su acción, desatiendan
la lucha o, todavía peor, se acostumbren a vivir de sus subvenciones.
El feminismo institucional, que en muchos países está en manos de prestigiosas
feministas, ha hecho disminuir el síndrome de miedo al poder que ha
caracterizado al movimiento feminista durante muchos años.
Por Pilar Ballarín, Margarita M. Birriel, Cándida
Martinez y Teresa Ortíz
Universidad de Granada
1.1 El trabajo de las mujeres en el ámbito doméstico
1.2 El trabajo asalariado femenino
1.3 Educación y modelos de género en la Europa contemporánea
1.4 Las políticas de las mujeres. El movimiento feminista
Una mirada sobre los
sucesivos feminismos
Por María Salas
Sería un grave error identificar con el feminismo a toda acción en favor de la mujer, pero sería una injusticia histórica actuar en este campo sin conocer ni reconocer que las posibilidades que tenemos ahora las mujeres se deben, en gran medida, a la lucha de las feministas, a sus planteamientos y a sus logros.
Sin embargo, es frecuente que personas muy comprometidas en proyectos con mujeres desconozcan el movimiento feminista y no analicen reflexivamente qué le deben, en qué están de acuerdo con él y en qué discrepan.
Resulta también sorprendente que muchas mujeres ejerciten unos derechos recientemente adquiridos sin preguntarse quién y cómo ha logrado su reconocimiento legal y social. No deja de ser cuando menos curioso que en muchos casos las propias mujeres nieguen al movimiento feminista el respeto histórico que otorgan a otros movimientos sociales, como el sindical o el obrero.
Los responsables de DOCUMENTACIÓN SOCIAL, por el contrario, han pensado que un número de la revista dedicado a la mujer debería contar con un marco de referencia que sitúe al feminismo en su contexto histórico, con sus logros y sus fracasos, sus aciertos y sus equivocaciones. Tarea no fácil de realizar, porque aunque existen muchos estudios parciales, se encuentran pocos trabajos de síntesis global.
Simplificando mucho, en favor de la visión de conjunto, podemos decir que en el feminismo se observan tres etapas diferentes precedidas de un período de gestación.
LAS PRECURSORAS
Suele aceptarse que la
primera etapa del feminismo, como fenómeno social organizado, se inició con la
acción de las sufragistas, en un período que abarca desde mediados del siglo
XlX hasta el final de la Primera Guerra Mundial.
Sin embargo, pueden
encontrarse antecedentes en periodos históricos anteriores y muy especialmente
en el ambiente creado por la Revolución Francesa y sus declaraciones en favor
de la igualdad de todos los ciudadanos. Ya en aquel momento algunas autoras, y
también algunos autores, con toda coherencia trataron de aplicar aquella
igualdad también a las mujeres. El propio CONDORCET' defendió este principio en
su documento sobre La admisión de las mujeres en la ciudadanía. Olimpia DE
GOUGES insiste en su Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana,
replica al texto base de la revolución de título similar. En Inglaterra Mary
WOLLSTONECRAFT aborda la cuestión desde otro ángulo en Reivindicaciones de los
derechos de la mujer. La cuestión queda planteada pero los frutos no se recogen
todavía. Muy al contrario, a Olimpia DE GOUGES, que había afirmado en el
artículo X de su Declaración que «si la mujer tiene derecho a subir al cadalso
también debe tener el derecho de subir a la tribuna», se le aplicó el primero
sin llegar a conseguir el segundo, puesto que, como es bien sabido, murió
guillotinada bajo el «régimen de terror» impuesto por Robespierre.
El advenimiento del régimen
napoleónico y la promulgación en 1804 del nuevo Código ahogó la esperanza que
la Revolución había despertado en las mujeres y consagró u minoría de edad
civil, social y económica y su exclusión de los derechos políticos. El Código
de Bonaparte empeoró la situación de las mujeres en toda Europa ya que la
mayoría de los países lo tomaron como modelo en su respectiva legislación.
Sin embargo, la semilla de la
aspiración a la igualdad estaba ya sembrada y sólo esperaba el momento oportuno
para dar sus frutos.
EL SUFRAGISMO
Los vientos de libertad
levantados por la Revolución encontraron un buen campo de cultivo en los
Estados Unidos. A favor de estos vientos las mujeres lucharon por la
independencia de su país junto a los varones y posteriormente se unieron a la
causa de los esclavos. Ello les llevó a ocuparse cada vez en mayor medida de
las cuestiones políticas y sociales.
Las mujeres aprendieron a
hablar en público defendiendo sus derechos al tiempo que los de los esclavos
porque comprendieron que eran cuestiones inseparables.
Con ello existían ya las bases
para un real y verdadero movimiento femenino; lo que hacía falta era un impulso
que le diese vida, una cabeza y un programa. La ocasión fue el Congreso Antiesclavista
Mundial celebrado en Londres en 1840. La delegación norteamericana incluía
cuatro mujeres, pero el Congreso, escandalizado por su presencia, rehusó
reconocerlas como delegadas e incluso ocultó su presencia tras unas cortinas.
Lucrecia Mott y Elisabeth Cady Stanton, dos de las delegadas norteamericanas,
volvieron de Londres indignadas, humilladas y decididas a intensificar su
campaña por el reconocimiento de los derechos. En 1848 convocaron una
convención en la que Elisabeth Stanton pronunció un memorable discurso y pidió
el voto para las mujeres. En esta convención se aprobó la Declaración de Séneca
Falls, uno de los textos básicos del sufragismo americano.
A partir de esta fecha las
mujeres de Estados Unidos empezaron a luchar de forma organizada en favor de
sus derechos, tratando de conseguir una enmienda a la Constitución que les
diera acceso al voto, la enmienda Anthony (llamada así por el nombre de su
redactora), que fue presentada a la Cámara en todos los períodos legislativos,
desde 1878 hasta 1896. En este año decidieron cambiar de táctica para tratar de
conseguir su propósito Estado por Estado, ya que algunos se habían mostrado más
receptivos. En 1869 Wyoming había concedido el voto a las mujeres sin apenas
lucha; le siguió Colorado en 1893, después Utah (1895) e Idaho (1896), y
finalmente el Estado de Washington (1910). En 1918 la «enmienda Anthony» volvió
a figurar en la agenda del Congreso y esta vez dos tercios de los
representantes votaron afirmativamente. Se cuenta que Charlotte Woodward,
firmante de la Declaración de Séneca Falls, fue la única mujer que vivió lo
bastante para votar en las elecciones presidenciales de 1920.
Fue una lucha larga y penosa,
en la que muchas mujeres se pusieron a prueba, pero no llegó al radicalismo de
Gran Bretaña.
SUFRAGISMO EN INGLATERRA
En Europa, el movimiento
sufragista más potente y radical fue el inglés. Surgió en 1951, sólo tres años
después de la Declaración de Séneca Falls, cuando un grupo de mujeres inglesas
celebraron en Sheffielo un acto público en el que pidieron el voto para la
mujer. Decididas a seguir procedimientos democráticos en la consecución de sus
objetivos buscaron el apoyo de los parlamentarios. El día 13 de febrero de
1861, el conde de Carlisle presentó su petición en la Cámara de los Lores. Fue
el inicio de un largo camino.
Posteriormente las sufragistas
inglesas consiguieron tener como aliado a John Stuart, que se casó con una
feminista, Harriet Hardy Taylor, y en 1869 escribió un libro que se hizo
famoso, La sumisión de las mujeres. Stuart' Mili presentó a la Cámara de los
Comunes en 1866 la primera petición oficial del Comité por el Sufragio
Femenino. }oro el verdadero paladín de las mujeres en la Cámara baja inglesa
fue Jacob Brigt, que incansablemente una y otra vez insistía en presentar
propuestas para obtener el derecho político de las mujeres. En 1867 Jacob Brigt
profetizó: «SI los mítines carecen de efecto, si la expresión precisa y casi
universal de la opinión no tiene influencia ni en la Administración ni en el
Parlamento, inevitablemente las mujeres buscarán otros sistemas para asegurarse
estos derechos que les son constantemente rehusados» (2~
Sin embargo, las sufragistas
inglesas siguieron todavía casi cuarenta años más defendiendo la causa
feminista por medios legales. En 1903, cansadas de no ser tomadas en cuenta,
cambiaron de estrategia y pasaron a la lucha directa. La táctica que adoptaron
fue interrumpir los discursos de los ministros y presentarse en todas las
reuniones del partido liberal para plantear sus demandas. La policía las
expulsaba de los actos y les imponía multas que no pagaban, tras lo cual iban a
la cárcel. Allí eran consideradas como presas comunes y no políticas como ellas
hubieran deseado. Para atraer la atención pública sobre su situación recurrieron
a la huelga de hambre; Gladstone, que era entonces primer ministro, ordenó que
las alimentaran por la fuerza, pero las feministas no desistieron, poniendo en
práctica lo que una de ellas había escrito: «Para todas las conquistas en el
campo de la libertad muchos hombres y mujeres han debido padecer. Esta regla es
también válida para nuestro caso».
Las feministas y la policía
inglesa entraron en una espiral de violencia. En julio de 1903, lady Pankhurst,
presidenta de la National Union of Women Suffrage, fue condenada a tres años de
trabajos forzados pero las sufragistas lograron su evasión. El presidente
Wilson la invitó a los EE.UU. Se había convertido en una figura casi
legendaria, pero eso no la libró de volver a ser encarcelada en cuanto regresó a
Inglaterra.
Mientras tanto, las
sufragistas iniciaron una serie de actos terroristas contra diversos edificios
públicos, sin cometer ningún atentado personal. La única víctima mortal fue la
militante EmilY Davidson, que en junio de 1913, en el hipódromo de Epson, se
arrojó a las patas del caballo del Rey que corría en él en la carrera del
Derby.
El funeral de Emily Davidson
fue un grandioso acto feminista. Entre las numerosas carrozas que seguían al
féretro iba una vacía con las cortinas bajas: era la que hubiera correspondido
a lady Pankhurst, que no pudo asistir por estar de nuevo arrestada.
Este terrible acontecimiento,
aunque fue un paso más en el proceso, no puso fin a la 'lucha. Fue preciso
llegar al estallido de la Primera Guerra Mundial. Con este motivo, el Rey Jorge
V amnistió a todas las sufragistas y encargó a lady Pankhurst el reclutamiento
y la organización de las mujeres para sustituir a los varones que debían
alistarse; un buen ejemplo del pragmatismo inglés.
Por fin, el 28 de mayo de 1917
fue aprobada la ley de sufragio femenino, por 364 votos a favor y 22 en contra,
después de cincuenta años de lucha y 2.584 peticiones presentadas al
Parlamento.
FEMINISMO EN ESPAÑA
En otros países europeos
las mujeres lucharon también por conseguir el voto con menos dramatismo y
apoyándose en las conquistas de sus hermanas de Inglaterra y de América.
En España el feminismo entró
tardíamente, cuando ya en Europa empezaba a perder su fuerza inicial, y nunca
adquirió gran desarrollo.
En 1920 existían varias
asociaciones feministas de diferente signo, de las cuales las más importantes
eran la Asociación Nacional de Mujeres Españolas, presidida por María Espinosa,
y la Unión de Mujeres Españolas (UME), presidida por la marquesa de Ter. Para
ellas eran temas prioritarios la educación de las mujeres, la reforma del
Código y el derecho al voto.
La República, instaurada en
abril de 1914, dio satisfacción a la mayoría de sus demandas. El 1 de octubre
de este mismo año se aprueba en el Parlamento el artículo 34 de la
Constitución, que reconoce el derecho de las mujeres al voto, después de un
doloroso enfrentamiento entre dos mujeres que se suponía deberían haber estado
de acuerdo. Clara Campoamor, del Partido Radical, defendió con calor el derecho
al voto como cuestión de justicia, y Victoria Kent, del Partido
Radical-Socialista, se opuso por una razón de oportunismo político, suponiendo
que las españolas se indinarían hacia un voto conservador. Clara Campoamor
consiguió una clara victoria, 161 votos a favor de la ley y 121 en contra, pero
debió pagar un alto precio por ella ya que su propio partido llegó a abandonada
posteriormente.
Hacia los años treinta la
mayoría de las naciones desarrolladas habían reconocido el derecho al voto
femenino, salvo Suiza, que no lo aceptó hasta 1970. El objetivo principal de
las sufragistas se habían logrado y el feminismo pareció entrar en una fase de
recesión.
A pesar de su nombre las
sufragistas no defendían sólo el derecho al voto. Sus objetivos eran más
amplios, Ya hemos visto que las americanas lucharon contra la esclavitud junto
a los abolicionistas y en favor de la igualdad en sentido muy amplio. Las
feministas de esta primera época plantearon también el derecho al libre acceso
a los estudios superiores y a todas las profesiones; la igualdad de derechos
civiles; compartir la patria potestad de los hijos; denunciaban que el marido
fuera el administrador delos bienes conyugales, incluso de lo que ganaba la
esposa con su trabajo; pedían salario igual para trabajo igual, etc. Todos
estos objetivos se centraron en el derecho al voto, que parecía la llave para
conseguir los demás.
En resumen, las feministas del
siglo XlX y primeros años del siglo xx lucharon por conseguir la igualdad de
derechos respecto al varón argumentando que era persona humana lo mismo que él.
Se puso énfasis en los aspectos igualitarios y en el respeto a los valores
democráticos. En ese sentido se ha puede decir que era un movimiento basado en
los principios liberales.
Junto a este feminismo, y a
veces frente a él, se intentó desarrollar un feminismo de clase, socialista y
comunista, que se debatió entre la fidelidad a la causa feminista y la
fidelidad a los partidos políticos respectivos. «Cuando las feministas
socialistas tratan de empujar a sus camaradas varones a llevar sus promesas a
la práctica, entonces surgen las ambivalencias y los conflictos. En ciertos
momentos, las mujeres socialistas no se atreven a insistir demasiado en sus
objetivos feministas por temor a perjudicar la causa socialista.
LA SEGUNDA OLA DEL FEMINISMO
Durante muchos años se ha
pensado que los años veinte marcaron el final de una época y que el feminismo
quedó en suspenso durante décadas hasta la eclosión en los años sesenta.
Actualmente se están llevando a cabo estudios que aconsejan matizar un juicio
tan radical; ahora se habla más bien de «crisis de transición entre dos
feminismos. Algo se movía sin duda cuando en 1959 Simone De Beauvoir da el
grito de alarma en El segundo sexo y algo estaba ador-mecido cuando un libro
tan importante no empieza a ser estudiado y comentado hasta después de una
década larga.
De cualquier forma, los que
hemos vivido el movimiento feminista de los últimos cincuenta años recordamos
bien cómo surgió la llamada segunda ola y el interés que despertó en el mundo
entero, lo mismo entre los que se situaron a su favor como entre los que lo
hicieron en contra.
El detonante fue la
publicación del libro de Betty FRlEDAN, La mística de la feminidad que apareció
en Norteamérica en el año 1963 y en seguida se difundió por todo el mundo
occidental. La primera edición española, de 1965, lleva un prólogo de Lily
Alvarez. Poco tiempo después, la propia autora viajó por diversos países
explicando sus planteamientos a través de conferencias, mesas redondas,
entrevistas... Su presencia en Madrid, en los momentos que se iniciaba la
transición política, dio ocasión a una de las primeras manifestaciones públicas
de grupos de feministas después de la Guerra Civil.
El mensaje central de Betty
FRIEDAN fue que «algo» estaba pasando entre las mujeres norteamericanas, algo
todavía indefinido, que ella denominó «el problema que no tiene nombre. Eran
muchas las mujeres que, a pesar de estar felizmente casadas, sin problemas
económicos y con hijos sanos, experimentaban una asfixia interior tan
misteriosa como intolerable. Era una sensación de vacío que Betty FRIEDAN
achacó a no sentir la propia identidad, a saberse definida no por lo que se es
sino por las funciones que se ejercen: esposa, madre, ama de casa...
Según Betty FRIEDAN, las hijas
de las mujeres que realizaron aquel «viaje apasionado» que supuso la lucha por
el derecho al voto fueron atrapadas por la «mística de la feminidad», que les
hizo cifrar su felicidad en la dedicación exclusiva al servicio de las personas
que aman, ya que lo contrario sería violentar su propia naturaleza femenina.
Para salir de esta trampa, «de
este confortable campo de concentración», las mujeres deben romper las
invisibles cadenas que les atan, tratar de desarrollar todas sus potencialidades
y lograr su propia autonomía incorporándose al mundo del trabajo. Una vez
planteado el problema, Betty FRIEDAN pasó a la acción creando, en 1966, la NOW
(Organización Nacional de Mujeres), que consiguió afiliar en poco tiempo un
elevado número de mujeres en todos los Estados de la Unión, llegando a ser la
asociación feminista más influyente.
Hubo una gran movilización de
mujeres, unas veces en forma de manifestaciones masivas con aspectos
provocativos y humoristas y otras en forma de trabajo paciente y concienzudo,
que contribuyó a conseguir importantes reformas legislativas en el campo
matrimonial y familiar. Solo en la década de los setenta el Congreso de los
Estados Unidos aprobó 71 disposiciones relativas al «problema de la mujer».
Esta movilización general no
fue exclusiva de los Estados Unidos sino que Se produjo en casi todas las
naciones, favorecida desde 1975, Año Internacional de la Mujer, por la
actuación de los Organismos Internacionales. Como veremos más adelante, las
mujeres españolas se incorporaron a esta movilización feminista con gran
entusiasmo y menos retraso que en el caso del sufragismo.
La NOW, formada en su mayoría
por mujeres blancas, de clase acomodada, con estudios superiores, conectaba con
el espíritu liberal del primer feminismo. Consideraba que si las mujeres
ejercían los derechos adquiridos, los ampliaban y se incorporaban activamente a
la vida pública, laboral y política, sus problemas tendrían solución. Aceptando
este planteamiento, muchas mujeres en el mundo entero centraron sus esfuerzos
en desarrollar una vida profesional compatible con sus funciones dentro de la
familia, dando lugar a lo que se llamó la «superwoman», por el derroche de
energía que se vio obligada a desplegar.
MOVIMIENTO DE LIBERACIÓN DE LA MUJER
Poco a poco, incluso dentro
de la misma NOW, fueron surgiendo mujeres más jóvenes con objetivos más
revolucionarios que aspiraban a cambiar el sistema. Abandonando las ideas
liberales adoptan el planteamiento marxista. Las mujeres son consideradas como
el sexo oprimido. El culpable final de la opresión de la mujer no son los
varones sino el capitalismo. «La liberación de la mujer no podía darse sin la
liberación general de otros trabajadores oprimidos y explotados bajo el
capitalismo. El capitalismo era concebido como responsable de la organización
injusta del trabajo que oprime al obrero y oprime a la mujer con la doble
jornada.» La escritora inglesa Sheila ROWBOTHAM expone estas ideas en sus dos
obras principales, Mujer, Resistencia y Revolución (1972) y La Conciencia de la
Mujer en el Mundo de los Hombres (1973), tomando como antecedente la gran
revolucionaria del siglo XIX, Flora Tristán. Estos grupos intentan conectar con
las mujeres de clase media y baja e incluso se dirigen a las mujeres de color.
Los grupos se sentían
solidarios de la Nueva Izquierda y se unieron a todas las causas que promovía:
movimiento de protesta juvenil, defensa de los Derechos Civiles, pacifismo. En
seguida se encontraron con la misma dificultad que Sus hermanas del primer
feminismo socialista: por un lado sus propios compañeros de partido les
relegaban a los trabajos subordinados y por otra parte sus reivindicaciones
siempre tenían que supeditarse a los objetivos más importantes de la lucha
global. En consecuencia, decidieron separarse y de esta decisión nació el
Movimiento de Liberación de la Mujer.
En cualquier caso, no tiene
duda que en un momento histórico el MLM tuvo un gran protagonismo y colaboró al
logro de diferentes metas feministas.
FEMINISMO RADICAL
Algunas mujeres tomaron
otro camino y se apuntaron a lo que se ha llamado el feminismo radical. Este
considera que la opresión de las mujeres es anterior al capitalismo y no
termina con él, como lO demuestra el hecho palpable de que en los regímenes
comunistas, entonces todavía existe res, la mujer seguía siendo explotada. Por
tanto, el origen de su explotación no está en el capitalismo sino en el
patriarcado. En 1971, Kate MILLET publica Política sexual donde define el
patriarcado como «una institución en virtud de la cual una mitad de la
población (es decir, las mujeres) se encuentra bajo el control de la otra mitad
(los hombres).
Las radicales identificaron
como centros de dominación patriarcal esferas de la vida que hasta entonces se
consideraban «privadas». A ellas corresponde el mérito de haber revolucionado
la teoría política al analizar las relaciones de poder que estructuran la
familia y la sexualidad: lo sintetizaron con un eslogan: «1o personal es
político».
El feminismo radical puso en
práctica una forma de organización y trabajo que tuvo mucho éxito: los grupos
de autoconciencia, en los que se impulsaba a cada participante a exponer su
experiencia personal de opresión con la finalidad de que tomara conciencia de
ella y la analizase en clave política con vistas a lograr una transformación de
la situación.
Estos grupos de autoconciencia
pagaron el mismo precio que todos los grupos que excluyen a priori cualquier
tipo no sólo de jerarquización sino incluso de división de funciones. En el
prurito de que cada participante debía tener la misma consideración, el avance
se hacía casi imposible porque la última recién llegada podía poner todo en
cuestión y obligar al grupo a empezar de nuevo.
FEMINISMO DE LA DIFERENCIA
Algunos grupos de
feministas radicales fueron evolucionando hacia el feminismo de la diferencia,
que aboga por identificar y defender la identidad propia de la mujer y marcar
bien sus señas diferenciales. Consideran que los varones, debido a su
psicología, son agresivos, guerreros, depredadores. Las mujeres no deben entrar
en ese juego m m-tentar imitarlos. Una de sus teóricas, la italiana Carla
Louzi, afirma que «la meta de la toma del poder es totalmente vana». Y la
francesa Luce Irigaray considera inútil o incluso nocivo empeñarse en obtener
la igualdad. En Francia y en Italia existen notables partidarias del feminismo
de la diferencia. Sus críticos dudan de que puedan construir la identidad
femenina y a un tiempo destruir el mito «mujer».
Las teóricas de cada una
de las tendencias señaladas debaten entre ellas y en ocasiones se niegan
mutuamente el título de feministas. Mientras tanto, los grupos feministas de
base siguen su trabajo a menudo utilizando los diferentes lenguajes de forma
alternativa y a veces hasta simultánea.
LA SEGUNDA OLA DEL FEMINISMO EN ESPAÑA
Fue alrededor de los años sesenta cuando las mujeres españolas empezaron a reclamar públicamente los derechos que se le venían negando desde la terminación de la Guerra Civil, cuando, como es bien sabido, perdieron todos los derechos que habían conseguido durante la segunda década del siglo y sobre todo durante la República.
ANTECEDENTES
Anteriormente, algunas mujeres
habían actuado e, título individual. En 1948, después de unos años en los que
nadie en España habló sobre el tema, María CAMPO ALANGE se atrevió a escribir
La secreta guerra de los sexos. Fue un acto de valentía, porque el ambiente no
era propicio. En 1961 volvió a la carga con La mujer como mito y como ser
humano, que fue seguida por una obra de mayor envergadura, La mujer en España.
Cien años de su historia.
En 1956, tres asociaciones
religiosas, las Mujeres de AC, las Congregaciones Marianas Universitarias y un
grupo de universitarias de la Institución Teresiana, constituyeron una
asociación llamada Amistad Universitaria, que fue durante años un lugar de
encuentro y debate y donde se intentó fijar las bases de un feminismo cristiano
en una línea que resultaba progresista respecto a la postura oficial, a la
mantenida por la Iglesia católica y la que predominaba en el conjunto de la
sociedad española de aquel momento.
Por otra parte, ya en la
década de los sesenta, el despegue económico de España y los Planes de
Desarrollo hacen necesaria la incorporación de la mujer al trabajo y, como
consecuencia, en 1960 las Cortes franquistas aprueban la Ley de los Derechos
políticos, por el trabajo de la mujer, por la que se eliminan la mayoría
de las discriminaciones impuestas anteriormente en el campo laboral. Para
preparar el proyecto de ley se realizaron diversos estudios, que pusieron de
manifiesto la precaria situación de la mujer española.
Estos acontecimientos dieron
lugar a que fuera cristalizando una corriente de opinión favorable a las tesis
feministas y a que las propias mujeres fueran tomando conciencia de sus problemas,
aunque' no pudieran asociarse para reclamar sus derechos.
En aquellas circunstancias,
María Campo Alange reunió en su casa a un grupo de ocho mujeres de procedencia
universitaria con la idea de fundar un grupo feminista informal en la imposibilidad
de constituir una asociación. De esta manera en el año 1960 nació el SESM, que
antes del cambio democrático publicó algunos libros y · numerosos artículos
sobre la problemática femenina y después, cuando se pudo, participó en actos y
reuniones de signo feminista o relacionados con la mujer.
Mientras tanto, todavía
en la clandestinidad, empezaron a reunirse periódicamente diferentes grupos de
mujeres para formular objetivos comunes y preparar estrategias de acción,
dentro de la oposición democrática al régimen.
EL «BOOM» DE LOS AÑOS
SETENTA
En 1975, declarado por la ONU
Año Internacional de la Mujer, el movimiento de mujeres progresistas estaba ya
en plena efervescencia en España. No hace falta recordar que fue un año muy
peculiar. Después de cuatro décadas de régimen autoritario empezaría a ser
inminente un cambio político, todavía de signo incierto. En todos los ambientes
habla grupos que se organizaban con vistas al próximo futuro. Las mujeres
aprovecharon el momento y a finales de año, a favor de una cierta permisividad
de las autoridades gubernamentales, organizaron en Madrid, en el colegio
Montserrat, las Primeras Jornadas de Liberación de la Mujer, a las que
acudieron más de quinientas mujeres de toda España que, durante tres días en
largos debates, intentaron perfilar su ideología. No fue tarea fácil. Se
encontraban allí juntas por primera vez mujeres que hacían un planteamiento
intelectual del problema con otras volcadas en la acción directa; jóvenes que
se asomaban por primera vez al feminismo con veteranas, si no de una acción que
hasta entonces había sido imposible, sí en el pensamiento y en la discusión.
Había incluso mujeres, como María Campo Alange, que recordaban los inicios del
feminismo en España y que hablan escrito sobre ello.
Al año siguiente se
organizaron en Barcelona las Primeres Jornades Catalanes de la Dona. En ambas
Jornadas se manifestaron claramente las dos tendencias que existían en los
incipientes grupos feministas españoles: la que abogaba por una acción política
simultánea a la acción feminista (la llamada doble militancia) y la que
consideraba al feminismo como una alternativa global a una sociedad dominada
por el hombre. Por debajo de esta división muy clara empezaban a
perfilarse las diversas corrientes de feminismo que se estaban
manifestando en Norteamérica v en todo el mundo.
Es imposible dar cuenta de los
numerosos grupos feministas que nacieron, se formaron, se fragmentaron,
desaparecieron y volvieron a aparecer con características diferentes durante
aquella década. Varios nacieron arropados por los diversos partidos políticos.
El MDM (Movimiento Democrático de la Mujer) fue creado por mujeres del PCE y
por independientes "con la intención de ser movimiento de masas y teniendo
como campo de acción los barrios periféricos de las ciudades".
En 1976 se crea la ADM
(Asociación Democrática de la Mujer) integrada por mujeres militantes o
simpatizantes del PTE y de la ORT. A pesar de su origen, tuvo vocación
interclasista y propuso objetivos muy aceptables que podrían atraer a
muchas mujeres, aunque no fueran feministas. La inteligente acción de su
presidenta Sacramento Martí, estuvo a punto de conseguir que la ADM se
convirtiera en la gran asociación feminista de masas que en España nunca hemos
logrado tener· Dispusieron de una revista» la Gaceta Feminista, de bastante
calidad. Después de un cierto éxito, agotada la fuente política de donde
presumiblemente venían los subsidios, la ADM fue decayendo hasta desaparecer.
·
Junto a estos grupos, que
propugnaban la doble militancia, estaban los que repudiaban esta colaboración.
Especialmente interesante entre ellos fue el que se organizó en el despacho de
la abogada Cristina Alberdi, que tomó el nombre de Colectivo Feminista de
Madrid, porque había otros grupos con el mismo nombre en diferentes capitales
de España.
Lidia Falcón, por su parte,
alzó una bandera diferente al propugnar que las mujeres deben crear sus
organizaciones políticas, con sus programas específicos y sus estrategias
particulares. Consecuente con sus ideas años más tarde fundó un partido y se
presentó a las elecciones.
Un carácter muy distinto en la
Asociación para la Promoción y Evolución Cultural (APEC). Nada en su
denominación indicaba que fuese una asociación feminista, sin embargo sus
fundadores se proponían que la clave de esa evolución y promoción fuese í ó
desde el primer momento una revolución que afectase al concepto tradicional de
mujer. El alma de la asociación fueron el matrimonio formado por Pilar
Yzaguirre y Alvaro Meseguer. APEC se apuntó el tanto de traer a España, con la
colaboración financiera de la Fundación March, a la famosa feminista americana
Betty Friedan, que estaba entonces en la cresta de la ola. El éxito fue
estruendoso en todos los sentidos de la palabra.
Fue esta una demostración
palpable de que el feminismo español quería conectar con la poderosa nueva ola
del feminismo americano en el que ya empezaban a manifestarse las líneas de
divergencia que se reprodujeron inmediatamente en España.
LAS REFORMAS LEGALES
A pesar de estas
divergencias había algunas reivindicaciones inmediatas en las que todos los
grupos feministas estaban de acuerdo.
La presión de los grupos
feministas y las nuevas circunstancias que se vivían en España hicieron que se
promulgaran una serie de leyes favorables a la mujer.
La no discriminación legal por
razón del sexo, que tanto habían reclamado los grupos feministas, quedó
garantizada por la Constitución de 1978, en forma general en el artículo
4, en el 32 con referencia al matrimonio y en el 35 al referirse al
trabajo.
En 1978 se despenalizaron los
anticonceptivos y se eliminaron los delitos de adulterio ¡ y amancebamiento,
que tradicionalmente desfavorecían a la mujer.
El Estatuto de los
Trabajadores de marzo de 1980 declara nulos y sin efectos los anteriores
preceptos reglamentarios y disposiciones que contengan discriminaciones en el
empleo.
En el año 1981 se aprobó la
Ley del divorcio y en 1985 se promulgó la Ley de despenalización del aborto,
bajo tres condiciones,
reivindicación en la que no
todos los grupos feministas están de acuerdo y no sólo por motivos religiosos.
Algunas feministas italianas se oponen al aborto por considerar que refuerza
los privilegios masculinos... «la mujer se pregunta: ¿Para placer de quién he
quedado yo embarazada? ¿Para placer de quién aborto yo? Estos interrogantes
contienen las semillas de nuestra liberación: al formularlos, las mujeres
abandonan su identificación con los hombres y encuentran 1~. fuerza necesaria
para romper un silencio cómplice que es la coronación de nuestra colonización.
En consecuencia; algunas
asociaciones feministas italianas en el debate sobre el aborto optaron
por pedir la despenalización y se opusieron a su legalización.
EL FEMINISMO DESPUÉS DE LOS AÑOS OCHENTA
A partir de los ochenta parece
como si el movimiento feminista haya ido perdiendo el vigor de que dio muestras
en las dos décadas anteriores. Algunos hasta se han apresurado a pronosticar su
pronta defunción a causa de los debates ~ das divisiones internas.
Sin duda tienen razón los que
aducen que su presencia pública no es tan preponderante como hace unos años y
que los debates que se producen en torno al sentido mismo del feminismo, su
finalidad, sus objetivos y su estrategia hayan llegado a un punto donde a veces
podría parecer que ya no se sabe de lo que se discute.
Sin embargo, la presencia de
36.000 mujeres llenas de iniciativas y de vitalidad en el Forum de Huairu, en
el verano de 1995, con motivo de celebrarse en China la IV Conferencia
Internacional de la Mujer, dan que pensar y obligan a replantearse la cuestión
desde otra perspectiva.
Cierto es que no todas las
mujeres presentes en aquel Forum eran feministas, pero si muchas de ellas, y no
sólo representantes del Primer Mundo. como suele pensarse y escribirse, sino
que había feministas de Africa, Asia y Latinoamérica, con planteamientos muy
dinámicos y muy interesantes.
i
Quizás lo que ocurre es
que el feminismo ha entrado en una nueva fase más difícil de analizar« por
varias causas. En primer lugar, los acontecimientos están demasiado cercanos y
por ello los árboles no nos dejan ver el bosque; por otra parte, el movimiento
feminista que en los
años sesenta estaba bastante
polarizado en Norteamérica, se ha disgregado en diferentes polos de acción y
producción de pensamiento feminista (por ejemplo, uno de ellos muy importante
en Italia) y, además, una vez alcanzados los objetivos primarios que afectaban
a todas las
mujeres por igual, ahora
los intereses no siempre son coincidentes.
Esta última
afirmación podría ser objeto de discusión en ciertos círculos feministas que
consideran una batalla equivocada la emprendida a favor de la igualdad de
derechos, llevada a cabo por mujeres de la burguesía liberal, que no pretendían
cambiar las relaciones de poder sino simplemente entrar en la dinámica del
sistema. Lo cual probablemente es muy verdad, pero sin aquel primer paso
difícilmente
podrían haberse dado los
que han venido y vendrán después.
Yásmine Ergas considera
que el término "feminismo" no designa una realidad sustancial cuyas
propiedades puedan establecerse con
exactitud; por el
contrario, se podría decir que el término "feminismo'' indica un conjunto
de teorías y de prácticas históricamente variables en torno a la constitución y
la capacitación de los sujetos femeninos.
El hecho cierto es que las
posturas del feminismo están lejos de ser unánimes. Un problema básico sin
resolver es cómo articular la lucha por liberarse de la vieja afirmación
antifeminista de que «la anatomía es el destino» con la defensa de la propia
identidad pro-pugnada por el feminismo de la diferencia.
Sin embargo, a pesar de la
dificultad de abrirse paso en la multitud de manifestaciones diferentes que se
dan entre los grupos que se llaman feministas, pueden detectarse algunos
aspectos generales del feminismo actual.
GRUPOS PEQUEÑOS Y
DIVERSIDAD DE OBJETIVOS
FOMENTO DE LA INVESTIGACIÓN
UNIVERSITARIA
Ya vimos que, frente a
grandes organizaciones que tuvieron la iniciativa en los años sesenta, fueron apareciendo
multitud de grupos pequeños e informales en los que las mujeres se reunían,
intercambiaban experiencias, promovían la auto concienciación, realizaban
acciones puntuales y vivían la solidaridad. Para muchas mujeres estos grupos
llegaron a ser una alternativa global a su necesidad de relación, para otras
constituyeron un lugar de encuentro y desahogo que no impedían otro tipo de
relaciones humanas. En los últimos años muchos de estos grupos se han ido
transformando en asociaciones de ayuda mutua que ofrecen apoyo a las mujeres,
muchas veces con programas subvencionados por organismos estatales. En algunos
casos es difícil marcar una diferencia clara entre los grupos que se
autodefinen como feministas y los que son más bien reacios al término, pero trabajan
activamente en favor de las mujeres.
Otro fenómeno que hace menos
visibles a las feministas en el mundo actual es que muchas de ellas se han
dedicado a realizar estudios sobre la problemática de la mujer dentro de las
universidades, lo mismo en España que en otros países.
No fue tampoco fácil que las
universidades aceptaran albergar y financiar estos departamentos de
investigación. En España, el primero se creó en 1979, en la Universidad
Autónoma de Madrid, dirigido por María Ángeles Durán, bien secundada por Pilar
Folguera. La Universidad Complutense aprobó en el curso 1988-89 un Instituto de
Investigaciones Feministas que, desde el año siguiente, imparte un curso de
Historia de la Teoría Feminista, coordinado por Celia Amorós, catedrática de Historia
de dicha Universidad. La mayoría de las universidades españolas tienen
departamentos similares.
RECUPERACIÓN DE LA PROPIA HISTORIA
Las mujeres se han
hecho conscientes de que hasta ahora su historia ha sido ignorada por los
historiadores, aunque, como es obvio, la mujer ha estado siempre presente en
cualquier acontecimiento histórico de forma activa o pasiva. En consecuencia,
se han puesto a buscar los datos olvidados y a rastrear las huellas de su
presencia invisible. En esta tarea se afanan lo mismo las profesionales
universitarias utilizando todos los recursos de las ciencias históricas, como
las mujeres de la base, que recurren a los relatos familiares y a la
transmisión de información recibida oralmente de sus mayores.
Estos estudios que rescatan
del Olvido a las mujeres están provocando un cambio total de enfoque histórico,
porque no se trata de escribir dos historias paralelas, sino una sola que
integre también la aportación de las mujeres. Se ha llegado a afirmar que se
esta gestando un cambio parecido al que se produjo cuando el marxismo obligó a
incorporar a los estudios históricos los fenómenos económicos: la perspectiva
cambió totalmente. Lo mismo puede ocurrir ahora al incorporar la intervención
de las mujeres en la vida privada y en la vida pública de los diferentes
pueblos.
FEMINISMO INSTITUCIONAL
En los últimos años muchos países
han creado ministerios o departamentos ministeriales encargados de las
cuestiones relativas a la mujer. En España contamos con el Instituto de la
Mujer, que fue creado en el año 1983, a partir de la Subdirección de la
Condición Femenina, establecida por el primer gobierno democrático en 1978.
Cada una de las Comunidades Autónomas tiene también su correspondientes
organismo con diferentes denominaciones.
Este feminismo institucional
tiene sus ventajas y sus inconvenientes: por un lado asegura la atención
oficial a las reivindicaciones feministas, pero, por el otro, facilita que los
grupos de base, confiados en su acción, desatiendan la lucha o, todavía peor,
se acostumbren a vivir de sus subvenciones.
El feminismo institucional,
que en muchos países está en manos de prestigiosas feministas, ha hecho
disminuir el síndrome de miedo al poder que ha caracterizado al movimiento
feminista durante muchos años.
Muy lejos del cliché, tan común en nuestra cultura, el
feminismo va más allá de la independencia material y del supuesto dominio
femenino al que muchos temen igual o más que a la bomba atómica o la sonada
guerra biológica. Esta corriente político-filosófica nacida en su máximo
esplendor durante la década de los setenta, persigue entre otras cosas,
derechos de equidad no solamente para las mujeres, también para las minorías
sexuales, étnicas y para la humanidad en general.
El nacimiento del movimiento feminista bien puede remontarse
al siglo pasado aunque existe información de que en la Edad Media, en países
como Alemania, Francia e Inglaterra hubo mujeres que de manera aislada
comenzaron a manifestar toda una serie de cuestionamientos referentes a la
subordinación femenina en el plano teórico, las ideas y el razonamiento. Por
desgracia la falta de una adecuada continuidad tales textos nunca se
divulgaron, condenándose al olvido. Es hasta el siglo XVIII cuando comienzan a
esbozarse las teorías feministas propiamente dichas, y ya para los siglos XIX y
XX la concepción feminista destaca en el maremagnum de las diferentes ideas y
concepciones sobre el mundo y la historia, a través de lo cual emergen
vertientes como el feminismo anarquista, socialista, marxista y liberal entre
otros, todos encaminados hacia la equidad y la diferencia, dos grandes pilares
que plantean tanto la igualdad de derechos de la mujer en todo plano público y
privado, como el fortalecimiento de aquellas características específicamente
femeninas que no han sido negativamente valoradas o simplemente ignoradas por
la cultura patriarcal.
Durante el siglo pasado los brotes de inquietud y represión
que la mujer experimentaba se expresaron de varias maneras, aunque de nueva
cuenta la historia no diera fe de ello. Un ejemplo sería una campaña de mujeres
sufragistas organizada en Inglaterra allá por 1866 y que duró hasta 1914; o el
legado de un grupo de obreras neoyorkinas que en 1857 se manifestaron por
mejoras en la condición laboral y fueron reprimidas por la policía, lo que
daría como resultado la celebración mundial del Día Internacional de la Mujer. Pero
ya fuera la economía, las ideas, el voto o la libertad de expresión, se contaba
con valiosos precedentes en Estados Unidos y España con mujeres periodistas
como Nellie Bly (1864-1922), Elisabeth Mallet y mucho tiempo antes con
Francisca de Acuoldi y su periódico Noticias Principales y Verdaderas, que
junto con escritoras más contemporáneas como Virginia Woolf, Beauvoir y Elena
Croce se rompieron prejuicios y sentaron precedentes a nivel mundial.
Tras las secuelas de la Segunda Guerra Mundial inicia una
fase de reconstrucción, a través de cual se busca recuperar tiempo perdido.
Pasada la sacudida bélica había que reacomodar las ideas. También buscar qué
comer. De esta manera la mujer incursiona al trabajo asalariado, aunque con
serias desventajas frente al hombre reflejadas en jornadas iguales con sueldos
inferiores y restricción en prestaciones. Bajo tal contexto surge en 1949 el
clásico de la escritora y filósofa francesa Simone de Beauvoir, El Segundo
Sexo, obra que analiza la condición y esencia femenina bajo ópicas biológicas,
históricas, sociales y científicas, y donde traspasa la visión biologista de la
mujer, volviéndola culturalista. "La gran revolución del siglo XX se dio
cuando la mujer sale a trabajar fuera de casa", comenta Lídice Ramos,
coordinadora de Centro Universitario de Estudios de Género, ubicado en la
Facultad de Filosofía y Letras de la UANL.
Actualmente el feminismo ha logrado parte de sus objetivos,
la mayoría en países desarrollados. Desde el derecho al voto, al trabajo, a la
salud, salarios justos, acceso a la educación hasta libertad de decisión
reproductiva, pasando por libertad para denunciar atentados contra su
integridad física y mental pero sobre todo el derecho de ser escuchada y
atendida, los avances en materia de feminismo trascienden y a paso lento pero
seguro van llegando a lugares tan radicales con la figura femenina como Europa
del Este, Afganistán, Argelia e India.
Alma Ramírez