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El Animador Personalidad y Rol
Extraído de: Enrique Gervilla: El Animador/1. Perfil y Opciones. CCS. 1991. Madrid.
La personalidad del animador su ser y su modo de ser
El animador es persona y actúa con y sobre personas. La persona es así el sujeto y el destinatario de la animación. De aquí que cuanto acabamos de expresar sea punto de referencia obligado, aunque en diverso sentido, para el animador y para aquellas personas destinatarias de la acción, ya se realice ésta de modo individualizado o en cuanto colectivo.
Si la función del animador, como ya indicamos, es la de desarrollar e impulsar el proceso de optimización, mediante la donación de su ser, saber y hacer, es evidente que sólo con la posesión de un conjunto de aptitudes y cualidades podrá realizar eficazmente su labor.
1. El animador es educador. Su reparación
Es importante clarificar, ya desde este momento, el ser del animador y su manifestación como tal, por cuanto en nuestra sociedad existen animadores de droga, terrorismo o robos que nada tienen que ver con la animación y el animador al que nosotros nos referimos. De aquí la identificación que realizamos entre animador y educador, y entre animación y educación, ya se realice esta actividad en la calle, en el club o en un grupo religioso.
El animador es educador porque en todo momento pretende, con su ser y hacer, que la persona sea más persona, es decir, que el ser humano sea más valioso en sí mismo y para la sociedad; ya se entienda esta acción como algo que se ejerce desde fuera a dentro, como la nutrición, o bien se oriente a la estimulación de las potencialidades de la persona. En uno u otro caso, o en la conjugación de ambas posibilidades, el animador es educador, De aquí que el animador sea aquel que posee la capacidad de mejorar o de optimizar a otras personas, de dinamizar -con su ser y modo de ser- a los demás de tal manera que logre personas más humanas, más humanizadoras, y, en definitiva, más felices.
Las tareas a realizar demandan cualidades y aptitudes específicas según los casos (médico, sacerdote, profesor, arquitecto...) pues no todos valemos para todo. Nuestros intereses, valores, actitudes, preparación científica, etc. hacen que desempeñemos con eficacia y gusto un quehacer, mientras en otros casos se soporta y se aguanta como un peso pesado la labor comprometida. La siguiente definición nos ofrece las bases necesarias para deducir las cualidades del animador:
La animación o educación es un proceso formativo de optimización individual social y, a veces, trascendente (autorrealización), en el cual la persona, ante la consecución de un ideal, implica todo su, ser: inteligencia o razón, afectividad o sentimiento y dinamismo o acción.
La primera parte de la definición nos explica la tarea a realizar; la segunda, las implicaciones en ella de las dimensiones personales. Dejando esta última para el siguiente apartado, nos centramos, por el momento, en las cualidades del animador atendiendo a la función que ha de realizar.
El animador ha de ser consciente y poseer las aptitudes y actitudes necesarias para:
1.1. Realizar un proceso formativo de optimización
La animación es un permanente proceso, siempre inacabado, porque así es la persona, el hombre. "el hombre, al existir, se encuentra con la tarea primordial de que hay que hacerse". Este hacerse es posible sencillamente porque no esta hecho, o, como ya se ha dicho, porque es un ser inacabado, ser defec-tivo, ani-mal no afirmado, o proyecto, programa que hay que realizar. A esta inmadurez humana se suma la insatisfacción y la ambición de ser y tener, lo que hace posi-ble la construcción de ciertas metas o grados de madurez, de creci-miento, de acabamiento, etc, En cualquier caso, siempre serán metas intermedias para seguir progresando, avances para seguir avanzan-do, por cuanto las personas nunca estamos hechas del todo.
Este proceso permanente decimos que es formativo de optimización, es decir, que la nueva forma que queremos dar al ser humano por medio de nuestro influjo o intervención, es de mejora, de perfeccionamiento. Pretendemos completar lo que esté incompleto, lograr lo que la naturaleza humana nos ha dado de modo incipiente, alcanzar el máximo de plenitud y bien que nos sea posible.
De este modo, la animación, la reforma, el progreso, el bien, pertenecen a una misma familia de palabras. El animador no sólo ha de ser consciente de esta situación, sino también poseer la preparación y cualidades necesarias para llevar a término esta tarea.
1. 2. Hacer efectiva una labor individualizada
La animación es un proceso de individualización por el que la persona va adquiriendo características propias distintivas, cuantitativa y cualitativamente, ante sí y ante los demás.
El ser humano, como ya indicamos anteriormente, es uno, único e irrepetible. Por lo que el hacerse o construirse persona es un quehacer individual e individualizado, aunque no individualista. Las personas no nos formamos en serie, con un único patrón. El cuerpo, la razón y la afectividad constituyen un ser y un modo de ser singularisimo y diferenciador de los demás, un yo y una mismidad personal. No hay dos personas iguales.
El animador, en su quehacer educativo, ha de tener en cuenta los intereses, valores, modos de pensar y posibilidad de actuar de sus destinatarios, para que, atendiendo a cada persona en su singularidad, su acción resulte eficaz. Y es esto de tal importancia y dignidad que no puede sustituirse por algo mejor. Como ya escribió E. FROMM, "el desarrollo y la realización individual constituyen un fin que no debe ser nunca subordinado a propósitos a los que se atribuye una dignidad mayor”.
Así pues, el animador cuya función es sembrar inquietudes, crear dinamismo poner en relación, orientar actividades..., en definitiva, hacer que la vida sea más vida, ha de partir del hombre que es para llegar al que debe ser pero sin dejar de ser el mismo. De aquí que toda forma de manipulación por su falta de conciencia y juicio crítico, al no respetar la individualidad personal sea la antimejora y antítesis de una animación educativa.
1.3. Alentar un desarrollo social
La persona, corno acabamos de indicar es individualidad, pero ésta es abierta. Con ello, se pretende afirmar que la persona es relación, y sobre todo relación con otras personas. Nos humanizamos en apertura y relación con los humanos, porque si es verdad que somos distintos unos de otros, no es menos cierto que también tenemos mucho de semejanza.
La animación no puede realizarse ajena a las exigencias de la sociedad, sería una animación que no ayuda a la persona a participar e integrarse en el medio social que está destinado a vivir. Y es en este contexto social en que el yo personal se desarrolla en una mutua interacción de donación y recepción. De aquí que todo el grupo humano venga condicionado por la personalidad de sus componentes, y que estos reciban una fuerte influencia del grupo en cuanto tal y quizás de ciertos miembros en particular.
El animador, que ha de potenciar tanto al grupo como a sus componentes, individualmente considerados, ha de poseer una preparación filosófica, pedagógica, psicológica y sociológica que le capacite para la reflexión y la acción, de tal modo que siendo vida y animación del colectivo humano, sea también colaborador y formador de cada uno de sus componentes. Ni el individualismo, ni el sociologismo, por su unilateralidad y parcialidad son, a nuestro entender, buenos consejeros del animador.
1.4. Favorecer, si es necesario, una relación trascendente
La apertura de la persona, como ya indicamos anteriormente, no se agota en sus semejantes. Dios, para el creyente, es un ser personal, cuya superioridad y cercanía, posibilita el diálogo Padre-hijo y favorece la hermandad entre los demás.
Esta apertura trascendente supone lógicamente la fe, sin la cual es imposible vivir, y a veces entender, el diálogo con Dios y las repercusiones personales y sociales de dicha relación.
Dada la gratuidad y libertad de la fe, hoy como siempre, encontramos colectivos humanos de los más variados signos ideológicos y religiosos. Tal pluralidad de grupos y de miembros en un mismo grupo, puede enriquecer y completar el crecimiento de las personas y del grupo, pero también favorecer el enfrentamiento y la pugna personal que lleve a la desintegración del mismo,
El animador puede desempeñar en este aspecto una labor esencial favoreciendo el diálogo, la comprensión y la tolerancia. Suprimir autoritariamente del sujeto o del colectivo humano la dimensión religiosa sería privar a éstos de intereses y aspiraciones vitales contra los Derechos Humanos universalmente reconocidos. Y por lo mismo, imponer la fe a quienes carecen de ella, sería violentar sus conciencias, atentando contra la esencia misma de la fe y contra los derechos de la persona. En uno y otro caso, la animación deja de ser educación, por no perfeccionar al hombre en su dimensión individual y social, bien por (a carencia de algo que necesita, bien por la añadidura de lo que no le es necesario, en ambos casos se analizaría un proceso de animación alienante.
El animador puede o no poseer la fe, lo que nunca debe es imponerla, ni obstaculizarla. Si no la posee, no la podrá dar; pero si goza de ella y así lo exige el grupo deberá favorecerla.
Si algo hay intolerable es la intolerancia del fanático. Fanatismo e intolerancia son situaciones de antimejora, y, por lo mismo, antieducativas e impropias del animador por no respetar la dignidad de la persona humana.
2. Aptitudes y Cualidades del animador
Junto a las cualidades que acabamos de exponer, derivadas de la tarea, o función educadora a realizar del animador, hay otras aptitudes y cualidades, derivadas éstas de su ser personal, que es necesario explicitar.
Somos conscientes de la artificiosidad de esta división como de cualquier otra. Sabernos que la persona es unidad y no división; sin embargo, esas divisiones, no reales, sino didácticas, nos son útiles en aras a una mayor claridad y comprensión del ser y modo de ser del animador.
Pretendemos, a continuación, relatar algunas cualidades del animador relacionadas con las dimensiones de la persona anteriormente expuestas: cuerpo, razón y afecto, y cuya posesión hará posible su donación:
a) Desde la dimensión corporal, el animador ha de gozar de una buena salud y resistencia física, dada la multiplicidad de tareas que, en ocasiones, debe desarrollar. Y si para todo animador las cualidades físicas se presentan como fundamentales, para aquellos cuya labor específica es el deporte o las tareas al aire libre, son condicionantes decisivos.
Es más, el cansancio y la enfermedad que con tanta frecuencia experimentamos en nuestra vida diaria, y que condicionan o impacientan las actividades en curso, son, en buena parte, consecuencia de nuestro estado de salud y de nuestra resistencia física. Otro tanto podía afirmarse del desinterés, apatía o desgana ante actividades en marcha o en vías de organización, cuya raíz somática puede ser la causa y explicación.
El conocimiento del cuerpo, con su poder y límites, es primordial en todas las fases evolutivas de la persona, por cuanto el hombre vive toda su existencia con el cuerpo, desde el cuerpo, en el cuerpo y a través del cuerpo. No cabe, pues, ni pensamiento, ni afecto, ni acción que no sea corporalizada. De aquí que el conocimiento y la vivencia y exigencias, potencialidades y límites de este elemento físico de la persona se presenten como cualidades primordiales del animador, ya que el cuidado y la salud corporal le posibilitarán su acción animadora y comunicativa.
b) Desde la dimensión intelectual, para realizar eficazmente la labor, al animador, se exige una formación y madurez intelectual, un conocimiento científico sobre el comportamiento humano que responde a la necesidad de conocerse a sí mismo y de conocer a los demás.
De modo más concreto, esta formación intelectual se especifica en lo siguiente:
? Flexibilidad y creatividad que implica la capacidad de análisis y precisión de las causas posibles de un determinado conflicto, así como articular posibles solucio-nes. El conflicto es connatural a la persona y, por lo mismo, a) grupo. El animador, pues, ha de poseer una buena capacidad de abstrac-ción y concreción, unas dotes de organización y sentido real que le lleven a encontrar los medios, métodos y técnicas apro-piados para la solución del conflicto en cuestión.
? Tolerancia hacia las ideas y sugerencias de los demás. Ello conlleva una clara conciencia de la relatividad de (as diversas aspiraciones y, en consecuencia, el rechazo de toda imposición dogmática.
? Autoridad como servicio y apertura que no se impone, sino que se acepta como ayuda, y se busca en alguien que es distinto por su prestigio: mejor ser, mejor hacer, más saber. El animador ha de saber mandar sin dirigir, suscitar sin imponer.
? Comunicación interpersonal del animador con el grupo y de los miembros de estos entre sí. Es ésta una cualidad tan esencial que, de algún modo, sintetiza las cualidades precedentes y las que indicaremos a continuación. Sin esta capacidad comunicativa es imposible que el animador realice con éxito su función por cuanto carecería de las dotes de relación y donación, de poner en común su ser y su saber.
c) desde la dimensión afectiva se exige al animador estabilidad y madurez, sensibilidad ante los éxitos y fracasos de los demás, confianza en sí mismo, capacidad de ayudar, sentido del humor, etc. La afectividad, en cualquiera de las modalidades indicadas, comporta siempre una cercanía a la persona y al grupo, una empatía que potencia la relación personal.
La afectividad del animador se traduce más que en lo que dice y hace en cómo lo dice y hace. Su modo de decir y hacer es una transmisión colateral inseparable del mensaje, que en no pocos casos condiciona la aceptación y eficacia que el emisor provoca en el receptor, ante un mismo contenido, reacciones distintas y hasta antagónicas, produciéndose incluso, en ciertos casos, la ruptura de la comunicación misma si el emisor cae gordo al receptor.
La animación, por ser animación de y entre, pensamos es siempre una relación humana de donación sin empobrecimiento, un poner en común lo que tenemos y lo que somos sin perder por ello nuestra identidad; al contrario, nos enriquecemos al dar, pues lo mismo que aprendemos a andar andando y a hablar hablando, aprendemos a amar amando.
Es miembro activo y responsable.
El animador debe considerarse miembro activo y responsable del grupo. Debe situarse dentro del grupo con una implicación personal que sirva de estímulo a los demás.
Su papel ha de consistir fundamentalmente en dar vida al grupo, es decir, en estimular y alentar para que no decaiga ni se estanque en el camino emprendido; también ha de guiarle de manera que no se desvíe de la finalidad propuesta, para lo cual habrá de recordar oportunamente los objetivos fijados en la convocatoria.
¿Qué hace falta para ser animador de un grupo de adolescentes o jóvenes?
Para ser animador de grupos juveniles mencionaría estos dos requisitos:
- . Sentirse cercano de los propios jóvenes con vocación educadora, la capacidad de diálogo y de comprensión, interés por conocer su mundo y la problemática que viven, ilusión por trabajar con ellos.
- . Tener experiencia previa de aquello que se quiere transmitir y comunicar, o sea, experiencia de haber vivido o estar viviendo en grupo o en comunidad un cierto proceso de maduración en la fe.
Ser persona abierta y suficientemente entrenada para el diálogo, estar habituado a confrontar opiniones y puntos de vista diversos, sentir un vivo interés y una preocupación constante por conocer de cerca de los jóvenes y por tratarlos. Poder mantener con ellos un diálogo cercano a sus situaciones, problemas y dificultades reales; un diálogo liberado, a ser posible, de los habituales tópicos y prejuicios que se alzan como barrera infranqueable en las relaciones jóvenes – adultos.
En cuanto a la experiencia previa que el animador debe tener de aquello que pretende educar a los adolescentes y jóvenes, conviene subrayar lo importante y aleccionador que es para la persona que acompaña a un grupo de esta naturaleza el tener una experiencia ya vivida a la que poder remitirse y referirse habitualmente, no por la vía de la invocación genérica y abstracta sin por la vía del testimonio real. El mejor modo de manifestar a otros lo ventajoso de formar parte de un grupo o comunidad es estar viviéndolo uno mismo.
La necesidad de coordinarse y de trabajar en equipo, la disponibilidad de tiempo y de voluntad para preparar las reuniones, actividades, programaciones, etc.. Y por supuesto, la disponibilidad de cara a los propios chicos a quienes no se les puede regatear la ocasión de charlar y de comunicarse con la excusa de las prisas o de cualquier otro subterfugio para no estar con ellos.
El arte de llevar bien las reuniones
Dirigir bien una reunión requiere una serie de exigencias, alguna de las cuales hay que poner en acto antes del momento mismo de la reunión (preparándola cuidadosamente), otras hay que ejercitarlas durante el desarrollo de la misma (seguimiento más o menos detallado de lo convenido y programado) y otras pro fin, hay que realizarlas una vez que la reunión ha concluído (revisión y evaluación de cuanto ha sucedido).
Las reuniones
? Respetar la dinámica de evolución del grupo: crear grupo de talla humana antes de abordar los temas propiamente cristianos.
? Favorecer una metodología activa y participativa de todos los miembros: las reuniones deben dedicarse principalmente a poner en común lo reflexionado y preparado durante la semana. (Lo cual supone la entrega previa de materiales).
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Cuidar las relaciones interpersonales.
- Intensificarlas
- Evitar sobre todo la rutina y la indiferencia.
- Los temas o contenidos deben ser tratados según la dinámica progresiva de descubrir – compartir – profundizar.
- Y siempre los temas en función de las personas y no al revés.
Aspectos en los que hay que prestar atención durante la reunión:
Introducir poco a poco la dimensión de compromiso, tanto personal como grupal, sobre la base de presupuestos realistas... Para ello ayudará no poco el análisis de la realidad de los propios jóvenes.
Iniciar a la oración y a la celebración debe constituir también en su momento una preocupación importante en la marcha del grupo cristiano juvenil.
Los temas y la metodología:
? Dinamizar, profundizar
? A dinamizar la vida grupal contribuye no sólo lo que pasa en un grupo sino también lo que en él se dice o se hace como actividades o contenidos de trabajo.
? Los animadores tienen que tener muy claro para qué deben servir los temas en los distintos pasos o momentos del proceso por el que evoluciona un grupo.
? Importa mucho en la dinámica grupal que se respete asimismo otro tipo de lógica que es el requerido por la pedagogía grupal.
Función de los temas
Han de ser temas cercanos a los intereses y conocimientos de los participantes pues sabido es que las personas nos sentimos más fácilmente motivadas a hablar de aquello que conocemos y dominamos que de aquello que nos resulta incierto, desconocido o carente e interés. De ahí también la importancia de sugerir temas que recojan las preocupaciones, inquietudes y necesidades más inmediatas de la vida de los jóvenes.
Temas y materiales:
Lo importante habrá de ser que los animadores sepan utilizarlos y adecuarlos convenientemente a la situación del propio grupo.
El equipo de animadores los debe adaptar a las posibilidades reales de los respectivos grupos y disponer de un conjunto de materiales suficientemente amplio de consulta, de ayuda y de enriquecimiento de los diferentes temas que han de ser abordados.
La metodología:
En el proceso de maduración cristiana existen dos objetivos a los que conviene prestar singular atención. Uno es la preocupación por unir la fe y la vida, ya que lo decisivo aquí termina siendo las actividades personales, pero a ello contribuye indudablemente una metodología acertada.
Y otro es el de conseguir una verdadera pedagogía de conversión, es decir, implicativa, vivencial, transformadora de las propias actitudes y comportamientos.
Propuesta de actividades
- Elaborar en el grupo un perfil del Animador ideal.
- Crear una plantilla, a la manera de un test de personalidad, para evaluar las aptitudes de un animador. Buscar personas que estén actuando como animadores y aplicar el test. Sacar conclusiones.
- Recordar las personalidades de distintos líderes conocidos por el grupo. Escoger uno de ellos y analizar, si se dan en él, las características estudiadas. Razonar. Por qué.
- Redactar un anuncio ofreciendo empleo a un animador sociocultural, y detallar qué características son necesarias para ser admitido. Encabezar el anuncio: «se necesita»...
Estas referencias son recopilaciones de Autores Salesianos para Pastoral de Juventud; gentileza Univesidad Don Bosco.
Para PJP On Line Bibliografía: que tenemos para prestarte en la Inspectoría.
Escribinos a mjspatagonia @hotmail.com.
O acercate a Vieytes 150. (0291) 453-3906.
| - Sánchez, A. y otros: Cauces Vivos de la Animación. Colección Plan de Formación de Animadores. Editorial CCS Madrid, 1991. Temas: Animador Sociocultural, Monitor de tiempo libre, Educador de calle, Coordinador de animadores.
- Ventosa, V.: Guía de recursos para la animación. Colección Plan de Formación de Animadores. Editorial CCS Madrid, 1991.
- Movilla y Sastre: Animación Pastoral. Colección Plan de Formación de Animadores. Editorial CCS Madrid, 1992. Temas: Confirmación, Convivencias, Pascuas.
- Pullido, Pérez Godoy y Martín: Personalidad del Animador Cristiano. Colección Plan de Formación de Animadores. Editorial CCS Madrid, 1991. Temas: Identidad del animador cristiano, Espiritualidad del animador cristiano, Conversión permanente, Actividades y documentos.
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En próximas actualizaciones iremos incluyendo otros materiales de formación específicos, para trabajar con adolescentes, jóvenes, y aquellos que deseen formarse para servir en determinadas áreas de la Pastoral Parroquial de su Comunidad.
Sepan disculpar la tardanza en las actualizaciones de esta sección, es debido a problemas de recursos.
Muchas gracias equ. PJP On Line
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