Miércoles 31.10.2007 |
Actualizado 23.56
Hemeroteca web |
RSS
|
1425 visitas
|
22 comentarios
![]() |
| Simón
Márquez, Jesús Montoiro y José Moreiras, de izquierda a derecha, dentro
de la cárcel de Teixeiro se despiden de sus vecinos FOTO: RAMÓN ESCUREDO |
Fue casi media hora de palmas y lágrimas, porque no hubo ni una sola palabra. Nadie podía hablar. "Nunca creíamos que este momento pudiera llegar, ni tampoco ellos lo pensaban", confesaban unos amigos de profesión de Montoiro, chófer de la Xunta. Y es que los vecinos condenados siempre mantuvieron su inocencia, y así lo creen también sus vecinos. Por este motivo, 500 personas los despidieron en las dársenas de Xoán XXIII, en Santiago, a las siete y media de la tarde. Y doscientos más recorrieron en autocar los 62 kilómetros que separan Santiago de la prisión de Teixeiro para acompañarlos, "y que se sientan apoyados", en el momento de cruzar las puertas de entrada a la cárcel.
La noche era fea, hacía mucho frío, lloviznaba y el cielo estaba completamente oscuro.
Simón Márquez, el único soltero del grupo y fontanero de profesión, llegó cogido de la mano de su novia. Inmediatamente le abrazaron un sinfín de amigos y familiares, que le pusieron una chaqueta roja para combatir el frío. Simón rompió a llorar. "Y es que están destrozados, rotos", comentaban los vecinos. Jesús Montoiro llegó en coche particular y fue el primero que se dirigió a la puerta de entrada. Portaba una bolsa de deportes, una pequeña mochila y un paquete entre las manos. Estaba serio y su cara apenas podía emitir ningún gesto. Los vecinos le abrían paso y le aplaudían. Tras él apareció José Moreira, dueño de una librería, que caminó todo lo rápido que pudo hasta el interior de Teixeiro.
Dentro, los policías detenían a los periodistas, que también se dieron cita en masa para recoger el momento. El funcionario de prisiones saludó a los condenados y, tras identificarlos, los guió al departamento de Ingresos de la prisión, en donde pasaron la noche. Los vecinos siguieron aplaudiendo, 15, 20, 25 minutos...
![]() |
Simón Márquez, arriba a la izquierda, llegó cogido de la mano de su novia. José Moreira, arriba a la derecha, cruzó todo lo rápido que pudo entre los aplausos de sus vecinos. Jesús Montoiro, sobre estas líneas, entró en Teixeiro lleno de paquetes. Cientos de vecinos se reunieron ayer en las dársenas de Xoán XXIII, y muchos de ellos recorrieron en bus el trayecto que separa Compostela de la prisión
Quinientas personas los jalearon en Xoán XXIII
Quinientas personas se dieron cita ayer en la dársena de autobuses de Xoán XXIII para despedir a los vecinos condenados y para acompañarlos hasta la prisión de Teixeiro. Tres autocares llegaron cargados de pasajeros desde O Eixo. El cuarto esperaba en la explanada, y se llenó allí mismo. Por todos lados se escuchaban las palabras "injusticia" e "indulto", junto con carteles que demostraban su solidaridad con sus paisanos : "O pobo cos do Eixo", decía una de las pancartas. A medida que se acercaba la hora de ingreso en prisión, el nerviosismo y la tristeza empapaba a los presentes. "Estamos aquí para darles nuestro apoyo", decían. "Ellos somos todos". Un hombre presente en la concentración testimonió que "yo participé en la manifestación cuando los detuvieron, y me parece un insulto a la ciudadanía que vayan a la cárcel". Pero el momento más emotivo llegó a las 19.30 horas, minutos antes de que los autobuses arrancaran hacia Teixeiro. Simón Márquez, el menor de los detenidos, se dejó ver por allí, lloró y habló con algunos amigos y familiares. Los presentes le demostraron su reconocimiento con un fuerte aplauso, y Simón, de la mano de su novia, se dirigió hacia el coche que lo llevaría a Teixeiro. Una mujer, con ramos de rosas rojas en la mano le siguió.
Tanto él como sus compañeros, Jesús Montoiro y José Moreira, llegaron a la prisión en automóviles particulares. Allí les esperaban más de doscientos vecinos, amigos y representantes políticos, como las ediles compostelanas Elvira Cienfuegos y Socorro García .