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Ensayo sobre una sonrisa

Descubrió que tras su fachada de mujer dura había una sonrisa deslumbrante, creyó que quizás esa sonrisa podría mover montañas, pero, para variar, estaba equivocada.
Una sonrisa puede hacer feliz a alguien, puede llegar a ser la razón de existir de determinadas personas, pero lo que nunca podrá una sonrisa es cambiarle la vida al que la posee.


Poco a poco La sonrisa empezó a pensar por su cuenta. Había momentos en los que la mujer estaba decaída, y, al pasar, sin darse cuenta apenas, por delante de un espejo, veía la sonrisa flotando en una cara de ojos tristes.
Esa boca, con las comisuras ligeramente curvadas hacia arriba, enseñando unos dientes grandes y blancos, la perseguía a todas partes.
Incluso en situaciones extremadamente difíciles, la boca seguía risueña, enseñando al mundo que podía valerse por si misma.


Fue entonces cuando la mujer empezó a creer que si que esa sonrisa acabaría cambiandole la vida, la estaba poseyendo, a ella, que siempre había sido escéptica con eso de que “un gesto vale más que mil palabras”.
Pronto la sonrisa empezó a contagiar a sus demás órganos, los ojos cobraron un brillo especial, se reían también, la nariz aleteaba suavemente, toda su cara había cobrado vida propia, ahora la mujer tenía una expresión feliz.
Descubrió por fin, que una sonrisa podía mover montañas, que una sonrisa sí que podía cambiar la vida de su dueño.