Los Efectos Psíquicos del LSD
Los efectos psíquicos del LSD,
generados por cantidades tan ínfimas de sustancia, son demasiado significativos
y multiformes para que puedan explicarse a través de cambios tóxicos
de las funciones cerebrales. Si sólo se tratara de un efecto tóxico
en el cerebro, las experiencias con LSD no tendrían una importancia
psicológica y psiquiátrica, sino sólo psicopatológica.
Más bien deben de cumplir un papel las modificaciones en la conductibilidad
de los nervios y la influencia en la actividad de las sinapsis, que han sido
demostradas experimentalmente. De este modo podría lograrse también
una influencia sobre el sistema su mamente complejo de conexiones transversales
y sinapsis entre los miles de millones de células cerebrales en el
que se fundan las actividades psíquicas
y espirituales superiores. Habrá que investigar en esta dirección
para explicar el profundo efecto del LSD.
De las cualidades de acción del LSD resultaban numerosas posibilidades de aplicación médico-psiquiátrica, ya señaladas por W. A. Stoll en su citado estudio fundamental. Por eso, Sandoz puso la nueva sustancia activa a disposición de los institutos de investigación y del cuerpo médico, en forma de preparado experimental con el nombre de marca de «Delysid» (del alemán, D-Lysergsäürediathylamid) que yo había propuesto. El prospecto adjunto describía esas posibilidades de aplicación y daba las medidas de precaución correspondientes.
La aplicación del LSD para el relajamiento anímico en la psicoterapia analítica se basa sobre todo en los efectos consignados a continuación.
En la embriaguez lisérgica la imagen cotidiana del mundo experimenta una profunda transformación y sacudida. Con esto se puede conectar una relajación o incluso supresión de la barrera yo/tú. Ambas sirven para que los pacientes que estén empantanados en una problemática egocéntrica puedan desprenderse de su fijación y su aislamiento, establecer así un mejor contacto con el médico y ser más abiertos a la influencia psicoterapéutica. En el mismo sentido se traduce una mayor influenciabilidad bajo los efectos del LSD.
Otra característica importante, psicoterapéuticamente valiosa de la embriaguez del LSD, consiste en que los contenidos de experiencias olvidadas o reprimidas a menudo vuelven a la conciencia. Si se trata de los acontecimientos traumáticos buscados en el psicoanálisis bajo la influencia del LSD, se revivieron recuerdos incluso de la primera infancia. No se trata aquí de un recordar común, sino de un verdadero revivir, no de réminiscence, sino de réviviscence, como lo ha formulado el psiquiatra francés Jean Delay.
El LSD no actúa como un verdadero
medicamento, sino que cumple el papel de un recurso medicamentoso en el marco
de un yratamiento psicoanalítico y psicoterapéutico, capaz de
dar una mayor eficacia y una menor duración a dicho tratamiento. Con
esta
función se lo aplica de dos formas distintas.
Uno de los procedimientos, desarrollado en clínicas europeas y conocido como terapia psicolítica, se caracteriza por la administración de dosis medias de LSD durante varios días de tratamiento separados por intervalos. Las experiencias de LSD se elaboran en la posterior conversación de grupo y en una terapia de de expresión a través del dibujo y la pintura. El término «terapia psicolítica» (psycholytic therapy) fue acuñado por Ronald A. Sandison, terapeuta inglés de la corriente de Jung y pionero de la investigación clínica del LSD. La raíz lysis indica la disolución de tensiones o conflictos en la psique humana.
En el segundo procedimiento, la terapia
preferida en los EE. UU., después de la correspondiente preparación
espiritual intensa del paciente se le administra una dosis única, muy
fuerte (0,3-0,6 miligramos) de LSD. En este método, designado «terapia
psicodélica»
(psychedelic therapy), se trata de desencadenar mediante una reacción
de shock de LSD una experiencia místico-religiosa. Ésta ha de
servir en el tratamiento psicoterapéutico subsiguiente como punto de
partida para una reestructuración y cura de la personalidad del paciente.
La denominación de psychedelic, que puede traducirse como «descubridor
o revelador del alma», fue introducida por Humphry Osmond, un pionero
de la investigación del LSD en los Estados Unidos.
El aprovechamiento del LSD como recurso medicamentoso en psicoanálisis y psicoterapia se basa en efectos opuestos a los que provocan los psicofármacos del tipo de los tranquilizantes. Mientras que éstos más bien tapan los problemas y conflictos del paciente, de modo que parezcan menos graves e importantes, el LSD, por el contrario, los pone al descubierto; el paciente los vive con mayor intensidad, con lo cual los conoce con mayor nitidez y se tornan más accesibles al tratamiento psicoterapéutico.
La utilidad práctica y el éxito del apoyo medicamentoso del psicoanálisis y la psicoterapia mediante el LSD aún son materia de discusión entre los círculos profesionales. Pero lo mismo vale para otros procedimientos empleados en psiquiatría, como el electroshock, la insulinoterapia o la psicoquirurgia, cuya aplicación encierra, además, un riesgo mucho mayor que la de LSD. El empleo de LSD en condiciones apropiadas puede considerarse prácticamente inocuo.
Numerosos psiquiatras piensan que la rápida vuelta a la conciencia de experiencias olvidadas o reprimidas, que ha podido observarse a menudo como resultado de la acción del LSD, no es una ventaja sino una desventaja. Opinan que no alcanza el tiempo necesario para la elaboración psicoterapéutica, y que en consecuencia el efecto curativo es menos duradero que con una lenta concienciación de las vivencias traumáticas y su tratamiento escalonado.
Tanto la terapia psicolítica cuanto, y especialmente, la psicodélica, exigen una preparación a fondo del paciente para la experiencia de LSD; no debe atemorizarse con lo desacostumbrado, extraño. También es importante la selección de los pacientes, puesto que no todas las clases de perturbaciones psíquicas responden igual de bien a estos tratamientos. Por lo tanto, una aplicación exitosa del psicoanálisis y la psicoterapia apoyados por el LSD presupone unos conocimientos y unas experiencias especiales.
Estas incluyen también autoensayos del psiquiatra, cuya utilidad había señalado ya w. A. Stoll. La experiencia personal le permite al médico formarse una idea inmediata de los extraños mundos de la embriaguez del LSD, y tan sólo eso le posibilita comprender verdaderamente estos fenómenos en sus pacientes, interpretarlos con un análisis correcto y aprovecharlos plenamente.
Los pioneros en el empleo de LSD como auxiliar medicamentoso en psicoanálisis y psicoterapia que merecen citarse en primer lugar son A. K. Busch y w. C. Johnson, S. Cohen y B. Eisner, H. A. Abramson, H. Osmond, A. Hoffer, en los Estados Unidos; R. A. Sandison, en Inglaterra; W. Frederking, H. Leuner, en Alemania; G. Roubicek y St. Grof en checoslovaquia.
La segunda indicación del prospecto
de Sandoz sobre Delysid para el LSD se refiere a su aplicación en exámenes
experimentales sobre la naturaleza de la psicosis. Se basa en el hecho de
que los estados psíquicos excepcionales creados experimentalmente con
LSD en personas sanas se parecen a algunas manifestaciones en ciertas enfermedades
mentales. Sin embargo, la opinión sustentada en algunas partes al comienzo
de la investigación del LSD, de que en la embriaguez de LSD se estaba
en presencia de una suerte de «psicosis modelo», se fue dejando
de lado, porque unas amplias investigaciones comparativas dieron como resultado
que existen diferencias sustanciales entre las formas en que se manifiestan
las psicosis y la experiencia de LSD. Con todo, el modelo de LSD permite estudiar
desviaciones del estado psíquico y mental normal y las modificaciones
bioquímicas y electrofisiológicas que suponen. Posiblemente
así
podamos formarnos una idea más acabada de la naturaleza de las psicosis.
Según algunas teorías, determinadas enfermedades mentales podrían
estar provocadas por productos psicotóxicos finales del metabolismo,
que ya en cantidades mínimas pueden modificar la función de
las células del cerebro. En el LSD se ha encontrado una sustancia que
no aparece en el organismo humano, pero cuya existencia y acción muestran
que podría haber productos finales anormales del metabolismo que provoquen
perturbaciones mentales aunque no haya más que trazas de estos productos.
Con ello, la concepción de la génesis bioquímica de determinadas
enfermedades mentales ha encontrado un nuevo apoyo, y se ha visto estimulada
la investigación en este sentido.
Una aplicación medicinal de LSD,
que toca los fundamentos de la ética médica, es su administración
a moribundos. Se basa en observaciones realizadas en clínicas americanas:
muestran que los dolores muy fuertes de enfermos de cáncer que ya no
respondían al
analgésicos convencionales, eran atenuados o eliminados totalmente
por el LSD. Es posible que no se trate aquí de una acción analgésica
en el verdadero sentiIdo. La desaparición del dolor debe producirse
más bien porque el paciente sometido a la influencia del LSD se separa
psíquicamente de su cuerpo hasta tal punto que el dolor físico
ya no penetra en su conciencia. También en esta aplicación del
LSD son decisivos para el éxito del tratamiento la preparación
y el esclarecimiento del paciente respecto del tipo de experiencias y de transformaciones
que le aguardan. En muchos casos fue también benéfica la conducción
de los pensamientos hacia cuestiones religiosas, realizada por un sacerdote
o por un psicoterapeuta. Hay numerosos informes sobre pacientes quienes liberados
del dolor en su lecho de muerte, fueron partícipes de una comprensión
profunda de la vida y de la muerte, en el éxtasis provocado por el
LSD. Luego, reconciliados con su destino, aguardaron su última hora
terrenal sin temor y en paz.
Las experiencias habidas hasta ahora en el terreno de la administración de LSD a enfermos de muerte se recopilaron en el libro The Human encounter with Death, de St. Grof y J. Halifax (E. P. Dutton, Nueva York, 1977).* Junto a E. Kart, S. Cohen y w. A. Pahnke, estos autores son algunos de los pioneros de esta aplicación del LSD.
La última publicación detallada
acerca del empleo del LSD en psiquiatría, en la que se procede a una
interpretación crítica de la experiencia del LSD a la luz de
las concepciones de Freud y J ung, así como los del análisis
del «Dasein» (existencia), pertenece también al psiquiatra
checo St. Grof, emigrado a los EE. UU.: Realms of the Human Unconscious. Observations
from LSD Research (El inconsciente humano. Observaciones sobre los estudios
con LSD) (The Viking Press, Nueva York, 1975).
* El encuentro del hombre en la muerte.
Albert Hofmann
(de su libro La Historia del LSD. Balance Crítico de sus aplicaciones y efectos realizado por su descubridor)
Extraído de http://www.semanacultural.f2s.com/lsd25psicodelic.htm