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Después de Génova


Opción por el Socialismo n.º 51

El salvajismo de la policía italiana contra los manifestantes de Génova es un reflejo descarnado de lo lejos a que está dispuesto a ir un sector de las "democráticas" burguesías europeas para preservar sus insultantes privilegios. No hubo improvisación en los incidentes. El gobierno Berlusconi preparó concienzudamente la criminalización y la represión más salvaje contra el movimiento antiglobalización.

Sin embargo, los verdaderos desacreditados han sido ellos: Berlusconi y sus defensores, el G/8 y las demás instituciones de la globalización capitalista. El 21 de julio, un día después del asesinato de Carlo Giuliani, 200.000 manifestantes ocupaban las calles genovesas para denunciar al gobierno italiano y al neoliberalismo imperialista. Tres días después 300.000 personas se manifestaban en Italia contra la brutalidad policial. Una amplia mayoría de la población europea ha simpatizado con la causa antiglobalizadora y repudiado la sangrienta violencia policial.

El movimiento antiglobalización

El movimiento antiglobalización se ha fortalecido mucho, sin duda, desde su primer estallido en Seattle, allá a finales del 99. Su principal virtud ha sido encauzar la radicalización anticapitalista de importantes sectores de jóvenes europeos y americanos, aunque sea preciso reconocer que la juventud trabajadora no se ha incorporado masivamente al movimiento.

Es un movimiento en alza, heterogéneo, sin fronteras claras, masivo y con grandes contradicciones en su seno. Forman parte de él jóvenes radicales, sectores sindicales, movimientos de solidaridad, sindicatos campesinos, ecologistas, ONGs humanitarias, movimientos pacifistas, sectores católicos, organizaciones revolucionarias y otras representativas de la clase media ilustrada europea como ATTAC. Las principales demostraciones del movimiento han concentrado a cientos de miles de manifestantes y, aunque algunos tiendan a olvidarlo, el movimiento obrero ha desempeñado en ellas un importante papel, desde Seattle hasta Génova.

La fortaleza del movimiento antiglobalización representa el reverso de la crisis del neoliberalismo. Veinte años de planes neoliberales ha mostrado crudamente la realidad de las promesas de "prosperidad y democracia universal": crisis económicas sucesivas desde 1.995, desempleo y miseria para miles de millones, desigualdades extremas, recolonización de los países de la periferia y de los antiguos países del Este, ataque generalizado a las conquistas históricas de los trabajadores europeos, renovado auge del militarismo y crecientes desastres medioambientales. La brutalidad de los planes neoliberales alimenta poderosos movimientos de resistencia y radicalización anticapitalista. La situación de Argentina, con el país desvalijado y el hambre mordiendo a un tercio de la población, marca hoy el punto más alto de resistencia revolucionaria al neoliberalismo imperialista.

El movimiento ha surgido de espaldas a la izquierda oficial. Los dirigentes de los partidos socialistas aparecen ante los jóvenes radicales como parte del orden neoliberal. Los jefes de los principales sindicatos se han transformado en los grandes apagafuegos de la protesta obrera y popular y los partidos comunistas se baten en retirada siguiendo la estela política de los partidos socialistas. La pujanza electoral de la extrema izquierda francesa en torno a organizaciones como Lutte Ouvrière y la LCR, que se reclaman del trotskismo, es otra de las expresiones del actual proceso.

La Tasa Tobin

Antes mencionábamos las contradicciones internas del movimiento. Y es que éste se halla atravesado por programas abiertamente enfrentados en lo político y lo social. No podemos desconocer, además, que el descrédito de la izquierda oficial, la debilidad de las organizaciones revolucionarias y el apoyo mediático recibido, han dado un importante protagonismo a organizaciones como ATTAC, presentada por la prensa como una especie de dirección ideológica del movimiento.

Pero el programa de ATTAC no es un programa anticapitalista sino una propuesta neorreformista que no pone en cuestión la propiedad capitalista ni el Estado. ATTAC lo presenta como una verdadera alternativa, moderna y realista, tanto frente a la sumisa e integrada izquierda oficial como frente al "dogma superado" de los marxistas revolucionarios. ATTAC entiende que hablar de clases sociales y de lucha de clases es algo caduco y que sólo quedan ciudadanos y sociedad civil. El programa de ATTAC es reglamentar y humanizar el capitalismo y su propuesta estrella consiste en la implantación de la Tasa Tobin a las transacciones financieras internacionales.

ATTAC recuperó esta vieja propuesta de los años 70 del economista Tobin, que la describía como un mecanismo de seguridad monetaria para ayudar a controlar turbulencias financieras. No hay que olvidar que Tobin siempre se ha distinguido por su fidelidad al aparato de poder del capitalismo norteamericano. Para ATTAC la implantación de un pequeño impuesto al enorme flujo de operaciones financieras internacionales aportaría un arma decisiva "contra la dictadura de los mercados" y un gran instrumento para una justa redistribución de las rentas mundiales, a través de la creación de unos fondos internacionales que, gestionados desde la ONU, servirían para "la erradicación del hambre, la renovación medioambiental, la salud y la educación". Según Susan George, para recibir estos hipotéticos fondos, los gobiernos del Tercer Mundo deberían aprobar una especie de examen democrático. Un complemento técnico de la tasa Tobin sería la eliminación de los paraísos fiscales.

Pero es puro utopismo pensar que una hipotética implantación de la tasa pudiera traer una reforma sustancial del infame modo de distribución capitalista. ¡Como si ello fuera posible sin la expropiación de las grandes empresas transnacionales y sin sustituir su dictadura económica por la planificación democrática de la economía por la población trabajadora.

Sin embargo, el verdadero problema no es tanto el utopismo de la propuesta sino su función política de reconducir la radicalización anticapitalista del movimiento por la senda de la integración al sistema, de la mano de sectores de la socialdemocracia europea.

Jospin y ATTAC

Es indiscutible que el grueso de la burguesía mundial no está actualmente dispuesta a admitir ningún tipo de freno a su enloquecida carrera por los beneficios, incluida tasa Tobin. Pero no hay que olvidar que junto a los Berlusconi también hay un sector de la burguesía europea que, a través principalmente de algunos partidos socialistas como el francés, ensaya una nueva manera de enfrentar la protesta y la radicalización social, mediante una " aproximación al movimiento antiglobalización".

A finales de agosto escuchábamos que Jospin asumía la defensa de la tasa Tobin (pongamos más bien que "propondría su aplicación por el FMI") y que nombraba un equipo ministerial para discutir con la dirección de ATTAC cuál de sus ideas podía ser tomada por su gobierno. Operaciones de este tipo se están dando también en El Olivo italiano e incluso en la dirección liberal del PSOE. No es tampoco casual que el gobierno francés haya creado una "Secretaría de Estado de la Economía Solidaria" dedicada a "favorecer el cooperativismo y los microcréditos y apoyar a empresas éticas".

Estamos, de hecho, ante un serio intento de frenar y desviar el anticapitalismo del movimiento y encauzarlo en las instituciones. Pero esto significaría su muerte. Por eso, esta tentativa debe ser combatida, luchando por afirmar el carácter anticapitalista y antiimperialista del movimiento y por fortalecer su ala izquierda y su vinculación con las luchas obreras y populares. Las próximas citas del movimiento y, en el caso español la Presidencia semestral de la UE, serán una buena ocasión para avanzar en este camino.

Tania Mercader y Victor F.

 

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