Juani estaba en el despacho de Mercedes con los ojos vendados y las manos a la espalda, maniatada, y con su gesto arrugado. Mercedes, con túnica negra y capucha del mismo color, le ofrecía, con una tranquilidad degolladora, un cigarrillo y una sonrisa brillante, diciéndole “ven, reina mora, ven”. Y la reina mora fue y a cada paso más se le afilaban las uñas a ella y más le brillaba la sonrisa a la otra.
Mientras, los demás tras las puertas.
Otra realidad [11h 31m 13s]
Juani estaba en el despacho de Mercedes. Ésta le pedía algo y aquélla, como buena administrativa, hacía silencio, silencio administrativo, decía que sí. Silencio y una sonrisa arrugada mientras Mercedes le respondía “gracias, reina mora”. Y la reina mora salió y a cada paso que daba más brillaba su medalla pagana.
Mientras, los demás tras las puertas.