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Es sabido que la vida inteligente -hace millones de años, antes que en ningún sitio- vio la luz en Africa. Desde allí se difundió hacia todo el mundo...

Todas las razas somos descendientes de aquellos seres inteligentes -homo erectus, homo neardentalensis, homo sapiens- que se sucedieron en la prehistoria de la humanidad y vieron por primera vez la luz del sol que da la vida, en el continente africano.

Mucho han cambiado los tiempos. Las modificaciones climáticas hicieron las razas. Propiciaron costumbres nuevas que cristalizaron en culturas diferentes.

Y un día, los hombres que habían marchado del “Continente Madre” abandonaron el respeto a las almas del mundo, de los objetos y de los animales, se olvidaron de rendir culto a los antepasados y corrieron al encuentro de los bienes materiales porque quisieron sentirse seguros creyendo que así dejarían de depender de la naturaleza.

E inventaron muchas cosas.

El hombre se creyó grande y se comparó a Dios. Y aprendió correr más que el guepardo -el animal más veloz- en plena carrera, a volar y a navegar más allá que ningún otro animal del mar, incluso por debajo del agua. A producir calor y a suplir la luz del sol sin tener que utilizar el fuego. A matar, sin correr el riego de ser matado, justificándolo con que era el rey del mundo que le había sido entregado por su Dios. Cuando creyó dominar todos los elementos, llegó hasta otro mundos...porque Dios le había concedido ser el dueño del Universo.

Allí, en el Continente Antiguo, donde la vida inteligente había nacido, seguían creyendo que La Tierra tiene un alma que requiere cuidados y atenciones porque un día podría cansarse de darnos siempre todo lo que necesitamos. Creían que el sol les aportaba el calor que necesita la tierra para que haya alimentos y árboles que den sombra; calentaba el agua para que en ella exista vida.

Los hombres utilizaban lo que les daba la tierra y rendían tributo a ésta con sus danzas, sus donativos en bebidas, en comidas -porque la tierra también bebe y come-. Crearon objetos con madera, metales, piedras, conchas, restos de seres vivientes u otros objetos que habían sido poseídos por los espíritus del mundo de los vivos y de los muertos para impregnarse de su energía.

Y rendían respeto a los antepasados, intermediarios entre los vivos y las fuerzas que no podían dominar. Sabían muy bien que los lazos entre sus antepasados y ellos nunca se romperían mientras guardaran las debidas normas de respeto y agradecimiento...

El hombre moderno, el que había abandonado el culto a la Tierra y al Universo, el que se creía elegido por su Dios para ser igual que Él, reflexionó sobre la marcha de la Historia y pensó que el hombre africano era un salvaje.Se creyó con derecho a hacerle olvidar sus costumbres “a cambio” de una esclavitud mucho peor de la que nunca hubiera conocido, primero, y de la promesa de una vida mejor, después. Y obtuvo de su mundo todo lo que pudo, agotando los recursos y dándoles las sobras que apenas ni los desgraciados de su mundo querían.

Muchos africanos aceptaron las nuevas costumbres. Abrazaron las nuevas ideas, las religiones novedosas que les decían que Dios era blanco y les haría igual de fuerte y de sabio que a los blancos.

Y el mundo empezó a agotarse por culpa de las matanzas de animales, por la putrefacción de las aguas y la desaparición de los bosques. Los rayos del sol quemaron más porque los hombres “se comían el aire”; aunque la mayoría de ellos cerraban los oídos y la mente al hecho demostrado de que la tierra se cansaría pronto y dejaría de dar cobijo a los seres humanos.

Excepto unos cuantos que no abandonaron los cultos antiguos y  lucharon y luchan porque vuelva el equilibrio.

¿Y nosotros? ¿Nos creemos tan integrados en nuestro mundo que apoyamos lo que se ha venido haciendo y lo que hacemos? ¿Pensamos que las culturas que no son como la nuestra son cosas de salvajes o de ignorantes? ¿Acaso sabemos mucho más, el pueblo llano que los más inteligentes de entre ellos?

En el nombre del Dios de los cristianos, en nombre del Alá de los mahometanos, en nombre de la Verdad, absoluta, que es la verdad de cada uno cuando no sabe lo que es la verdad, la humanidad exterminó otras culturas formadas por hombres y mujeres tan inteligentes como nosotros y seguramente mejor intencionados

Solo quiero hacer un esfuerzo para comprender a otra gente; para aceptarla. Para pensar que sus formas de ser y de pensar tienen razones.

Y para no buscar la paja en el ojo ajeno...


Jorge de Satrústegui