Testimonio del obrar de Dios en un misionero
Fuente: Ungido para la sepultura, Todd y DeAnn Burke
A continuación redacto, por pensar que será de bendición a los que leen los escritos de esta página testimonios del obrar de Dios en un hermano misionero, sacados del libro del cual es fuente este escrito: Ungido para la sepultura, de Todd y DeAnn Burke.
El misionero narra en su libro que en Camboya quedándole solo un día de visa le pasó lo siguiente:
"Aún antes de que el interprete tradujera la afirmación del idioma Kmer al inglés, la atmósfera estaba tensa, y percibí la sospecha del oficial mientras hojeaba las páginas de mi pasaporte. Levantó los ojos, entrecerrándolos mientras me observaba. Me sentía incómodo bajo su mirada escrutadora."
"Sabia que, de no mediar un milagro, se me obligaría a dejar el país al día siguiente"
Explicando e intentando obtener la visa, ya sin tener mucho que perder casi ya sin esperanza directamente dice su verdadero motivo de estar en este, en aquel pequeño país en conflictos.
-"¿Es posible obtener permiso para utilizar el estadio cerrado del Stadt Olympic?" A lo cual su oyente obviamente se mostró asombrado, a esto a continuación escucha la explicación sobre el querer realizar un concierto cristiano.
A lo cual respondió:
-"La gente de Kmer ya tiene su propia religión. ¿Porque quiere darles otra?"
En su libro relata: "Nunca me había enfrentado con esa pregunta, pero respiré hondo y le conteste con decisión:
-"Estoy de acuerdo con usted, señor Dy Bellong, que su pueblo no necesita otra religión. Pero ciertamente necesitan a Jesucristo" Continua "La religión es lo que el hombre hace tratando de llegar a Dios, en espera de su salvación. Pero Jesucristo es Dios llegando al hombre, dándonos la salvación como un regalo. La salvación no se puede comprar, ni ganar, ni robar; Jesucristo pagó el precio. Es un regalo que sólo podemos obtener por creer en El. Aun el cristianismo como religión, y en cualquiera de sus ramas, no nos puede ayudar. Solo Cristo puede salvarnos. Sólo queremos compartir a Jesucristo con la gente de su pueblo"
¡Que respuesta espontánea! Seguro fue inspirada por el Espíritu Santo, al transcribir esta experiencia de nuestro hermano recuerdo lo que está escrito en la Biblia: "Pero cuando os trajeren para entregaros, no os preocupéis por lo que habréis de decir, ni lo penséis, sino lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo" Mr.13:11
Como resultado este señor le da instrucciones para que vuelva en tres días.
Mientras vuelve con su amigo en motocicleta recuerda lo que le había ocurrido en esos seis días desde su llegada a Camboya:
"Al salir de Japón el 3 de septiembre, pasé por Hong Kong para conseguir una visa para Camboya. Todo lo que obtuve fue una visa de siete días como turista. Mi esposa, DeAnn, se había quedado en Okinawa, ya que se esperaba la caída de Camboya en cuestión de semanas. Yo no sabía que esperar.
Cuando bajé del avión en el aeropuerto de Pnom Penh lo primero que escuché fue un temblor en la lejanía.
-Me pregunto que será ese ruido -le dije a otro pasajero que descendía-. Parecen truenos.
Antes de contestar el hombre me miró diciendo: "muchacho tienes mucho que aprender todavía". Luego contestó:
-Ese es el sonido de la guerra, joven." (se pone pálido por la respuesta)
En el transcurso de esos seis días en primer lugar se dirige a un hotel del cual tenía una dirección como único dato. Ni bien comienza a instalarse aparece un muchacho sonriente con hojas de papel...
"Con una sonrisa radiante me dijo que su nombre era Sam-Oeurn.
-¿Es usted el siervo de Jesucristo? Me preguntó.
-Si, así es,- contesté con una sonrisa, ya que escuchaba por primera vez a alguien dirigirse a mí de esa forma.
Puso los papeles en mi mano mientras decía:
-Dios me mostró que usted estaba por llegar. Este es mi testimonio. Me dijo que lo escribiera y se lo diera a usted.
Oculté mi sorpresa y recibí los papeles. A medida que leía me sentía mas y mas atraído hacia ese joven, un refugiado de Takeo. Tenía aproximadamente mi edad. Había sido monje budista pero se había desilusionado de tener que raparse la cabeza y caminar en túnicas color naranja, mendigando comida para obtener la salvación. Había conocido a los Cornwall antes de que tuvieran que dejar Pnom Penh. Dijo que creía en Dios y quería conocer mas acerca de la salvación en Jesucristo. Hablé largo rato con Sam-Oeum, y tarde, aquel día me llevó donde el vivía. También eran refugiados. Decidí invitar a San Oeurn a que viniera a vivir conmigo en el edificio. Podría encargarse de la limpieza y el cuidado de la casa, a la vez que ayudar a cuidar la entrada. Presentía que necesitábamos un cuidador, ya que Tom Cornwall me había dicho que habían depositado allí una bomba; evidentemente alguien que no deseaba su presencia en ese lugar."...
Luego le comenta que no sabe cuanto tiempo el Señor lo tendría en ese país y que tendría que hacer para iniciar una obra para Dios, para ello responde que podría enseñar ingles usando la Biblia, que había estudiantes que le gustarían estudiar ingles con un profesor que fuera norteamericano.
Ya dando inmediatamente las clases comenta:
"Había muchas discusiones y preguntas después de clase, sentí que algunos de ellos estaban recibiendo el mensaje. Cada día veía el interés por el estudio tornarse en interés por el Señor. La chispa de nueva vida que nació de ellos despertó una "hoguera" de interés al punto de que perdimos la cuenta. Al quinto día de clase teníamos noventa en la clase de la mañana, y noventa y cuatro en la de la tarde. No teníamos asientos para todos ellos, sino que venían y se sentaban en el suelo.
Kong y Sam-Oeum estaban ocupados desde la mañana temprano, hasta tarde en la noche, instruyendo y aconsejando a los nuevos creyentes, además de las otras tareas. A medida que la gente aceptaba al Señor, Dios comenzó a confirmar su palabra, obrando milagros en su vida y en sus familias."
Había intentado renovar la visa sin éxito y encima dos policías lo buscaron inquietando:
"-Quizás pueda usted quedarse - me dijo el mas corpulento-; pero le resultará muy difícil conseguirlo.
Intercambiaron un diálogo en Kmer mientras yo me ponía muy nervioso. Comencé a pensar que ésos eran los individuos de los cuales Tom Cornwall me había advertido: "Ten cuidado con esos tipos -me dijo- No te podrás deshacer de ellos si ven que pueden sacarte dinero. Cada vez que necesiten dinero vendrán a verte."
El Señor me había enseñado que este era su dinero, y que yo no debía usarlo para pagar un soborno por debajo de la mesa. Retiré el pasaporte de la mano del policía y le dije enérgicamente:
- Lo siento, caballeros, pero no tengo mas tiempo para pasar con ustedes esta mañana.
Parecía un tanto molestos, pero se fueron, anunciando volver en otro momento.
Al verlos partir volví a recordar que mi visa estaba a punto de expirar"...
"Al ir y volver de la oficina de inmigración solía pasar por un hermoso estadio en el centro de la ciudad. Tenía facilidades para juegos olímpicos al aire libre, y un estadio cubierto como para acomodar unas 8000 personas.
Me puse a pensar lo que sería una gran campaña evangelística en un lugar así. Sabía que un conjunto musical norteamericano, los luminaires tenían un compromiso por aquella época en el sudeste asiático. El reverendo Arthur Chesnut, a quien había dejado en Okinawa esperaba que yo pudiera arreglarles alguna actuación en Pnom Penh. Una semana atrás había desechado la proposición como demasiado ambiciosa para que la consideráramos. Ahora me parecía entrever una posibilidad.
Gradualmente mis pensamientos me trajeron a la pregunta ¿porque no? No había visto grupos de gente en el estadio. Sin duda que era posible conseguirlo, pensé nadie me había dicho que las reuniones públicas estaban prohibidas debido a la guerra. El gobierno sabia que había demasiado peligro de actividades terroristas si se permitía reunirse a grande grupos. No conociendo este detalle, continué soñando con la posibilidad."...
"Compartí mi inspiración con la clase de la tarde y traté de aparentar confianza.
-Ustedes ya saben las cosas que están pasando en su vida, y la manera en que Dios está confirmando su salvación por medio de Jesucristo que obra entre ustedes. ¿no es así? respondieron afirmativamente con una sonrisa en el rostro.
-A fin de mes un grupo musical cristiano vendrá a Pnon Penh.- Continué- Si logramos de alguna manera obtener el estadio del Stadt Olipic podríamos tener una campaña donde miles de personas supieran de las cosas que ustedes han experimentado, y pudieran gustar la salvación de nuestro Señor. ¿No les gustaría?.
Expresaron su entusiasmo gritando y levantando los brazos en alto. Pero mi segunda pregunta provocó un silencio solemne.
-¿Como se hace para conseguir un permiso y obtener un estadio? Nadie tenía ninguna sugerencia. Luego uno de los hombres de aspecto distinguido se puso de pie y dijo que quería leer una parte de las escrituras que había descubierto esa mañana en la Biblia. Leyó: "Por tanto, os digo que todo lo que pidieres orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá" (Mr. 11:24). ¿Que mejor respuesta que esta podía esperar de ellos? Luego el mismo hombre le preguntó a la clase:
-¿Creen ustedes que Dios nos puede dar el estadio para la campaña?
Respondieron afirmativamente, y por lo tanto oramos en el nombre de Jesucristo. En su fe de niños, esperaban plenamente que Dios contestaría sus oraciones. Esperaban llenos de interés y entusiasmo por ver como se las arreglaría para hacerlo. Y yo también.
Cuando la clase hubo terminado, me presentaron a Kai Wan, el hermano de la esposa de Kong, San. Era un hombre apuesto de mediana edad que hablaba ingles bástate bien, y se ofreció de inmediato para llevarme a ver a alguien que podía ayudarnos a obtener el estadio para la campaña.
¡Que contestación inmediata a la oración! pensé. Menos de una hora después que los estudiantes hubieran orado, ya estaba parado en la oficina de Dy Bellong. Me sonreí pensando lo sorprendida que estaría Deann si supiese todo lo que habían sucedido en los últimos días de mi partida de Okinawa. Sabía que estaba esperando ansiosamente mi aviso de que ya podía viajar a Pnom Penh. En tres días tendría la respuesta.
Cuando la motocicleta de Kai Wan hiba llegando de regreso al edificio volví súbitamente a la realidad. Pronto sería la hora para comenzar la clase de la tarde y tenía deseos de compartir con ellos la manera en que el Señor había comenzado a contestar las oraciones de los otros alumnos. Agradecí a Kai Wan la ayuda que me había brindado y me apresuré a subir a mi habitación para preparar la clase.
La mañana del tercer día después de mi visita a Dy Bellong, regresé a su oficina para conocer su decisión. A esta altura mi visa ya había expirado. Primero me recibió su ayudante; quién me llevó de inmediato a ver a Dy Bellong. Me recibió cordialmente.
- He hecho los arreglos para que tengan el estadio. Sus primeras palabras me sorprendieron. Había estado orando para obtener esa respuesta, pero me llevó unos minutos asimilar plenamente el impacto ¡esto significaba que podíamos tener la campaña!.
Luego me informó que debido a la actividad terrorista se había prohibido las reuniones con mucha gente, pero que harían una excepción con nosotros, y nos darían protección militar y escolta policial durante los tres días que duraría el encuentro.
Mi mente estaba trabajando con rapidez:
-¿ Cual será el precio que tendremos que pagar por el estadio?- Pregunté.
Recordé que solo me quedaban 200 dólares.
Sonrió y me dijo:
-Será gratis.
Y luego siguió diciendo que cualquier cosa que necesitáramos - plataforma, micrófonos y altoparlantes- sería proporcionada por ellos.
Casi no me detuve a escuchar el resto. A medida que seguía hablando por medio de su interprete, tomé conciencia de que no tenía una confirmación definida de que los Luminaires vendrían. Pero sabia que si el Señor era capaz de proporcionarnos el uso del estadio, también se encargaría de que los Luminaires llegaran a tiempo.
Con el entusiasmo que podíamos contar con el Stadt Olimpic sin costo alguno, me habían olvidado momentáneamente de la cuestión de mi visa. Mis pensamientos se vieron interrumpidos momentáneamente cuando Dy Bellong me extendió el pasaporte.
-También me he hecho cargo de su visa- me dijo mientras sonreía compasivamente.
Pase las hojas y descubrí que me había dado una nueva entrada, pero no podía leer lo que decía. El ayudante me explicó que me habían concedido una visa diplomática de uso múltiple, válida por un año, con garantía de renovación si el gobierno lograba sostenerse hasta ese momento ante el avance comunista.
Mi corazón aceleró los latidos y casi estalló de gratitud al Señor. Haciendo el saludo kmer, peach, agradecí al Señor Dy Bellong. No cabía en mi del entusiasmo de poder quedarme en Pnom Penh, y hacer la campaña."
..."Después de salir de la oficina de Dy Bellong tome un taxi para ir directamente al correo para mandar las buenas noticias a Okinawa. quería que DeAn viniera inmediatamente. además, tenia que confirmar los últimos detalles con los luminaires.
Al llegar a la oficina de correo, poco antes de mediodía, me entere de que era posible hablar por teléfono a Okinawa hasta las doce y treinta. Pensé que hablar con DeAn era mucho mejor que mandar un telegrama, así que le di el numero a la operadora. Al observar a mi alrededor los equipos mas bien primitivos, y al escuchar a la operadora Kmer intercambiando frases con el de Hong Kong , me preguntaba si la llamada llegaría alguna vez. justo antes del momento en que debían cerrar los circuitos, la operadora me anuncio que había hecho contacto con Okinawa luego me aviso que estaba en línea. La conexión era tan mala que solo podía escuchar fragmentos de frases pero me emocionaba saber que estaba realmente hablando con DeAn. Le dije que viniera de inmediato a Pnom penh y que contactara a los luminaires para que hicieran planes de estar aquí no después del 27. La campaña comenzaba el 28 de septiembre y terminaba el 30. La llamada me resulto muy frustrante, porque no tenia seguridad de que DeAn escuchara todas mis instrucciones .Su voz solo me llegaba en forma intermitente de modo que mande un telegrama y una carta para asegurarme de que tuviera la información por escrito"
..." Anunciamos la campaña bajo el lema: " El camino de vida" e imprimimos miles de carteles y folletos en Kmer: los cuales decían:
Traigan a los enfermos, ciegos, y cojos y confíen en Dios para su sanidad.
Normalmente hubiera titubeado en decir algo así mucho menos imprimirlo y pegarlo por toda la ciudad. Pero al ver la mano de Dios en todos los arreglos hechos hasta el momento, sentí la osadía de la fe en darle publicidad a la campaña de esta manera."
..." Tan pronto como estuvieron impresos los carteles y folletos para la campaña, organizamos equipos voluntarios para ir por toda la ciudad y los pueblos vecinos a pegar los carteles en lugares públicos. Colocamos carteles colgantes de tela, de un lado a otro de las calles principales de Pnom Penh, e hicimos propaganda por el diario y por la radio. Cuando la red de televisión del gobierno supo de los luminaires, quisieron que cantaran en televisión, lo cual nos permitió alcanzar a la clase media y alta del país. Luego supimos que los tres días que habíamos elegido coincidían con feriados religiosos. Eso significaba que los negocios estarían cerrados y la gente podría asistir