-- Texto basado en el artículo de la revista cuatrimestral 'Al-Cantillo' de Serón, por Valeriano Sánchez Ramos en el número 17 (Marzo 2002) --
La trayectoria religiosa de Serón tiene un momento cronológico esencial en
la ruina de la vieja iglesia a principios del siglo XVII y en los duros
avantares por reconstruirla.
Para 1626 tan sólo habia en la localidad dos cofradías, la del Santísimo
Sacramento y las Ánimas del Purgatorio. En 1633, con la consagración de un nuevo
templo parroquial surgió un nuevo revival religioso, con la aprobación el 5 de
mayo de las constituciones de la Cofradía del Entierro de Cristo.
En los años sucesivos surgieron dos corporaciones religiosas ligadas a la
Semana Mayor: La Cofradía de la Santa Vera Cruz -con toda seguridad de sangre- y
la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno.
El arraigo de las Congregaciones Nazarenas tiene su desarrollo en el eremitismo que desplegaba el franciscanismo -de los conventos franciscanos del entorno, sobre todo los de Baza y Huéscar-. A esta importante labor ayudaron también las misiones que los jesuitas realizaban en el territorio con un claro sentido popular. El culto al Dulcísimo Nombre de Jesús es otra característica de ambas.
La fusión de ambos cultos es muy rara de ver en la provincia de Almería y sin duda es muestra de una aquilatada
evolución de la religiosidad popular. El caso seronero representa una excentricidad en el panorama religioso
almeriense, que lo hace de sumo interés dentro de los estudios de religiosidad popular.
Agradecemos a don José Vicente Martínez Merlos el
permitirnos acceder al libro de las actas de la cofradía, fuente fundamental del
estudio.
Entre las funciones que celebraba, se econtraba "la fiesta de la dominica primera infraoctaba después de los Santos Reyes, con la advocación y título de El Niño Pérdido". La festividad quedaba regida por las Reglas con víspera, procesión y misa de pontifical. El oficio, en honor al Espíritu Santo, costaba en sus inicios 32 reales y era cantada con organo. A mediados del siglo XIX cobró bastante fama la predicación, llegándose a pujar por traer un buen orador.
La Procesión del Niño era un simpático desfile con una talla de gloria que en Serón recibia el nombre del Niño Pérdido. Esta efemérides ser realizó hasta 1905, fecha a partir de la cual fue, posiblemente, sustituida por la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, talla que aparece en el inventario de 1906.
Tras la onomástica del Dulce Nombre, los cofrades celebraban otra misa en el altar de Jesús Nazareno,
"Para implorar de el Espíritu Santo su gracia para la elección que en el mismo día se celebra de hermano mayor"
La cofradía tenia como principal objetivo
celebrar la Pasión de Cristo. Organizaba diversos actos en Semana Mayor, siendo
de los más importantes la elección de doce hermanos que el Jueves Santo asistían
con el hermano mayor y el notario a la parroquia. Disfrazados de apóstoles, los
cofrades rememoraban El Lavatorio.
Es de singular interés este dato, pues nos acerca a las viejas escenificaciones teatrales tan
cercanas a los autos de fe.
La cermonia religiosa se completaba con el sermón del
Jueves Santo, denominado en las actas como de El Mandato. Este acto, estaba al
cargo de algún afamado predicador que se traía para la ocasión. A continuación
comenzaba la manifestación pública de fe, el acto central de la cofradía.
Previamente, en la mañana, un niño vestido de ángel, realizaba un pregón por las
calles de la localidad acompañado por un tambor.
El Viernes Santo por la mañana, la cofradía realizaba una segunda procesión, repitiendo todo el boato establecido para el día anterior.
Entre la noche de Jueves Santo al Viernes Santo la cofradía realizó algunos actos en la iglesia parroquial, destacando un pregón que se leía de madrugada que recibió el nombre de "Hene Sermón", pieza escrita en 1897 y de la que se desconoce su autor.
En correspondencia con el acompañamiento que recibía la procesión del nazareno, la cofradía del Dulce Nombre asistía a la procesión
del Santo Entierro en la noche del Viernes Santo.
Al márgen de estas
salidas, tan sólo en la festividad del Corpus Christi asistía nuevamente la
cofradía.
Por último, otra de las obligaciones de la cofradía nazarena era la realización de 20 misas en la parroquia seronera como sufragio por los hermanos vivos y muertos.
En 1902 la cofradía debió asumir la organización de una procesión el Domingo de Resurrección, pues es de este año la adquisición de una talla de Cristo bajo esta adbocación.
La cofradía se regía por unas constituciones muy antiguas que aprobó en su momento el Obispo de Almería.
Sin embargo, el 18 de junio de 1811 esta asociación religiosa perdió gran parte de sus enseres y todo su archivo,
en una riada. De tal modo sus reglas debieron redactarse de nuevo.
Las nuevas reglas se redactaron el 23 de enero de 1814, bajo la presidencia de D. Agustín Ventura
Domínguez, cura rector de la iglesia parroquial de Serón y consiliario de la hermandad. Estas
constituciones fuerno aprobadas el 4 de septiembre de 1816 por el canónigo D. José Vicente Góngora.
La organización giraba en torno a un cabildo, celebrado por los hermanos a principios de año y en el que se
nombraba una junta de gobierno constituida por tres cargos, los cuales llevaban el peso de la hermandad:
1.- Hermano mayor. Se encargaba de cobrar las cuotas de los hermanos, dar las cuentas y "presidir con su cetro todos los actos públicos".
2.- Notario. Semejante a un secretario, con la obligación de "guardar en su poder los libros y papeles de esta hermandad y formar el libro cobratorio"
3.- Arquero. Custodiar los enseres de la cofradía. La
cofradía tenía dos arcas, guardando en una la cera y en otra los enseres de la
hermandad. En la actualidad la iglesia parroquial de Serón conserva uno de estos
muebles, fechado del siglo XVII.
Por lo general las personas que ocuparon estos cargos fueron siempre de enorme prestigio, habida cuenta de las continuas reelecciones y las repeticiones en los diferentes puestos.
Si algo ha caracterizado al Dulce Nombre -como cualquier cofradía- es su constante agobio económico.
Según establecían sus reglas, "quien se aliste a esta ermandad a de contribuir con un acha de dos libras de cera blanca, o su importe, y anualmente pagará seis reales de luminaria para cera y las funciones". Con estos ingresos la cofradía del Dulce Nombre funcionaba, si bien es cierto que era suficiente a tenor de pertenecer a la misma prácticamente todo el municipio. Es de destacar como gastos que comenzaron a ser frecuentes a finales del siglo XIX, la música, cada vez más constante en el acompañamiento de los pasos.
El patrimonio de la cofradía del Dulce Nombre prácticamente desapareció en la riada de 1811, conservando
solamente aquello que tenían en la parroquia: las imagenes de Jesús Nazareno, Ntra. Señora de los dolores y El Niño Pérdido; las andas de las imágenes
y las dos arcas donde se guardaba la cera y las túnicas.
Con este panorama empezó la nueva andadura de la hermanadad.
Los primero momentos fueron muy
duros, pues prácticamente hubo que adquirir casi todo el patrimonio.
Las imágenes:
Jesús Nazareno, Ntra. Sra. de los Dolores, Niño Perdido, San Juan, Jesús Resucitado, Corazón de Jesús.
Vestuario de los personajes de la Pasión:
El vestuario de los distintos personajes de la pasión que intervenían en las procesiones del Dulce Nombre
era otro de los patrimonios con que contaba la cofradía. Ricas telas, con bordados de encaje y galones de oro, etc.
Los más importantes eran los siguientes:
Los Apóstoles. Sus túnicas eran bellamente decoradas con galones y bordados. Disponían de unas cruces que portaban en la estación de penitencia.
Los Armados. Consistía en ropa a la usanza romana y el utillaje propio de un soldado.
Los Fariseos. Su ropa era solamente unas túnicas.
El Ángel. Disponía de un vestuario profuso, además de peluca y diadema.
La Verónica. Con ricos ropajes, este personaje adquirió a lo largo del tiempo gran protagonismo en la estación de penitencia de la cofradía;
de tal modo que la hermandad no reparó en gastos para enriquecer su vestuario.
Las Marías. Su indumentaría eran túnicas y manto.
Enseres de la procesión
Los enseres para la estación de penitencia fueron otra de las constantes de la cofradía. Entre los más importantes destacaron los siguientes:
El estandarte. Realizado en Granada en 1816 por 586 reales.
Túnica de la Junta de Gobierno. Dada su relevancia y distinción en la procesión, se trataba de unas piezas de gran riqueza.
Los Cetros. Había de varias clases según quien los portase, variando desde el dorado que usaba el Hermano Mayor para presidir
la procesión, hasta los más sencillos que llevaban los diputados para dirigir los tramos de paso.
Cruces de los Apóstoles, Trompetas, Tambor.
Otros Enseres
Otros enseres de gran importancia eran aquellos que necesitaba la cofradía para mantenerse.
Entre los principales estaban los siguientes:
Las arcas. Estos muebles seran esenciales, puesto que servían para guardar las túnicas de los hermanos,
los blandones de cera y demás enseres de la cofradía.
Hierro de la cera. La cera que gastaba la cofradía generalmente provenía de Baza y Granada, aunque en algún año llegó a traerse de Andújar.
Alcuza. Depósito donde se guardaba el aceite para la lámpara que constantemente ardía en el altar de Cristo.
Prácticamente todo este patrimonio fue destruido en la guerra civil, recuperándose poco a poco tras la refundación de la cofradía. Por ejemplo, la talla actual de Cristo con la cruz a cuestas se realizó en la década de 1950 aprovechando las piezas que se salvaron del patrón de la localidad, San Cleofás. De tal modo "la misma escultura en madera fue reparada por un artista de Valencia, trasformándola en la imagen de Nuestro Padre Jesús".