Equilibrado, temperamental, templado, sociable, dúctil, adaptable, posesivo,
y activo son las cualidades que debería poseer un perro para salvamento...
Ágil, resistente, preferiblemente constituido al cuadrado, mediano (+/-
20kg), de pelo ni muy corto ni muy largo, serían las características físicas
ideales... y si además es bonito, mejor. Encontrar un ejemplar que reúna
las características ideales es prácticamente imposible, por lo que se debe
procurar que cumpla con la mayoría de ellas, y proceder con riguroso orden
y atención en su preparación para suplir aquellas deficiencias que puedan
ser solucionadas mediante la experiencia y el entrenamiento.
La elección de un perro de trabajo despliega varios interrogantes: ¿cachorro o adulto?, ¿macho ó hembra?,
¿de qué raza?, ¿de criadero o huérfano?... para casi todas éstas preguntas existen respuestas particulares,
casi todas basadas en las experiencias personales de quienes la emiten. Existen numerosos test y pruebas para
determinar las capacidades que un perro posee en función de su edad y periodo de maduración, y que dan unas
posibilidades de acierto relativas. La experiencia nos dice, que además de las observaciones realizadas durante
la realización de pruebas de selección, existe algo que sólo se llega a adquirir con el tiempo y una dilatada
experiencia, y que se podría denominar “intuición” u “ojo de buen cubero”, que si bien no es una forma muy
científica de definirlo, da una clara idea de a qué nos referimos.
Optar por un cachorro o un adulto, tiene en ambos casos ventajas y desventajas,
ya que en el primer caso existe la posibilidad de que durante su desarrollo
se aparezcan defectos de carácter o morfológicos que impidan su utilización
en el trabajo, y que no fueron detectados en principio; por el contrario
se contará con la ventaja de aprovechar las experiencias tempranas y el
proceso de maduración para inculcar en el perro hábitos y actitudes beneficiosos
para su posterior adiestramiento y especialización.
En el caso de decidirse por un ejemplar adulto, es recomendable que no tenga
más de 18 meses, y que se pueda recibir por parte de sus anteriores propietarios
información sobre sus orígenes y la vida que ha llevado hasta el momento.
La desventaja en éste segundo caso será los hábitos que el perro haya adquirido
a lo largo de ese tiempo, y los “pseudoadiestramientos” que se deban llevar
a cabo para corregir las malas costumbres; mientras que las ventajas son
la posibilidad de trabajar en breve con el animal en el adiestramiento base
y la especialidad, y evitar los riesgos que de la cría de un cachorro se
derivan.
Decidirse por un macho o una hembra, va a ser una cuestión absolutamente subjetiva, ya que el sexo no asegura mayor o menor disposición hacia el trabajo de búsqueda. En cuanto a la raza, al igual que en el caso del sexo, no descalifica a sus representantes, atribuyendo a sus representantes mayor o menor capacidad de olfacción, o predisposición al trabajo. No obstante es cierto que dentro de determinadas razas, y más concretamente determinadas “líneas genéticas”cuyas generaciones han venido desarrollando cierta predisposición o facilidad para desempeñar tareas de utilidad, aseguran en un tanto por ciento elevado el éxito en la elección.
Hay otro aspecto respecto a la elección del perro apropiado, que en la mayoría
de los casos no es tenida en cuenta, y que solemos recomendar observar con
atención: el carácter del perro y del guía, debiendo ser compatibles. Ambos
van a formar un equipo indisoluble, que deberá ser capaz de afrontar situaciones
de riesgo, en las que el entrenamiento del perro, las deducciones y decisiones
que sobre su trabajo tome el guía, y la confianza del guía en su animal
y su entrenamiento serán la clave del éxito.
La preparación de un perro para catástrofes se dilata al menos un año, en los que durante seis meses se le enseña obediencia y agilidad, a identificar y marcar correctamente y con precisión la presencia de una víctima, discriminación de olores y rastros residuales, y búsqueda de varias víctimas. En los siguientes meses, se le dotará de la experiencia y casuística necesaria para desempeñar su tarea con precisión y autonomía. Es en ese momento, cuando se le considera preparado para afrontar una prueba de operatividad, y comenzar a salir como perro operativo en la disciplina superada.
Por otra parte es necesario conceptuar la preparación física del perro para catástrofes, como la de un deportista; es decir, que se debe mantener una dieta adecuada al ejercicio realizado, un programa de entrenamiento físico para mantener un tono y elasticidad muscular apropiados, y vigilancia veterinaria con especial atención a las lesiones en articulaciones y tejidos blandos. Un perro bien preparado físicamente tiene como resultado menos lesiones, más rendimiento en el trabajo, y mayor confianza en sí mismo.
Con cariño y agradecimiento, para todos nuestros queridos compañeros y amigos que hoy ya no realizan ésta labor con nosotros, ya sea por jubilación o fallecimiento. Nunca los olvidaremos.
Ellos guiarán ahora en su camino a otros, para que logren hacer lo que ellos mejor sabían: Llevar vida y esperanza sin esperar nada a cambio.