| Ana Mon de Alconada Sempe | ||||||||||||||||
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Una
obra sin fronteras
Ana habla muy rápido y con una claridad de ideas que sorprende. “Ver a esos chicos me movilizó. Comencé a contactarme con parientes y amigos con la idea de hacer algo para ayudar, y ya van a hacer 15 años que fundamos la primer Casa del Niño en La Plata”. La casita -abierta en 1984- se llamó así por las expectativas que, junto con once amigas, pusieron en este proyecto. En 1986, con el fin de formalizar este proyecto, fundaron la Federación Argentina de Apoyo Familiar. La primera actividad de la FAAF fue alimentar y contener a 10 hijos de madres solteras que, por trabajo, tenían que abandonar a los chicos durante el día. Como resultado de tanto amor, sostienen 107 hogares de día instalados en todo el país para contener a menores de entre 3 y 13 años. Allí desayunan, almuerzan, meriendan y aprenden oficios casi 5.000 chicos, mientras sus padres trabajan o buscan empleos. Casas
de amor Cada casa contrata entre cinco y nueve empleados. Son maestras, cocineras y personal administrativo que cobran un sueldo. Pero los dirigentes trabajan ad honorem. La difusión de la actividad es boca a boca, entre los vecinos. “La gente nos conoce y nos ayuda porque confía en nuestro trabajo. Tenemos la habilitación como entidad de bien público y todos los papeles en regla”, nos contó la directora de la casa “Encuentro”, de City Bell, Silvia De Battista. Los chicos reciben asistencia médica y odontológica, completan los calendarios de vacunación y, a veces, la ayuda se extiende a los padres. En caso de mujeres golpeadas o alcoholismo en las familias, las Casas cuentan con la colaboración de psicólogos y asistentes sociales. Esta idea de las Casas de Niños también se exporta: Desde 1991, comenzaron a habilitarse en países de Latinoamérica donde también la pobreza deja huellas profundas. Ana Mon piensa que muy pronto abrirán otros 50 hogares en la Argentina y en países vecinos. Un
premio para el amor El Nobel de la Paz es el único que no otorga el gobierno de Suecia sino el Comité Noruego seleccionado por el Parlamento de ese país. Además de la distinción mundial que significa, el premio va acompañado por una bonificación efectiva de un millón de dólares que Ana Mon hubiese destinado para que la mayor cantidad de niños carenciados pueda tener acceso a una infancia feliz y a un futuro promisorio, con todas las posibilidades de una buena vida. Hace tres años, la Federación Argentina de Apoyo Familiar había sido postulada por el gobierno de Bélgica para un premio Nobel, pero no se logró la candidatura. Pero no es el único reconocimiento que Ana cosechó en estos casi quince años de servicio: la institución fue nominada para los premios “Rey Balduino” y “ Príncipe de Asturias”. Sin embargo, una de las satisfacciones más trascendentes que tuvo por su trabajo fue el llamado de una verdadera entendida en la materia de hacer el bien. En 1996, la Madre Teresa de Calcuta habló por teléfono con Ana y le pidió que le mandara toda la información sobre todo su trabajo. Cuando recibió todo el material, la Madre les mandó tres cartas alentándola a seguir adelante. Hoy esas breves esquelas son un premio inigualable, que guardan como joyas invaluables para todos los que cada día entregan su corazón a esos chicos. A pesar de todo este crecimiento, Ana sigue pasando la mitad del día en la misma oficinita de 5 metros cuadrados donde comenzó toda la aventura. Ahí es donde recibe la visita de funcionarios de Naciones Unidas, Unesco, Fundaciones Internacionales y personas comunes que llegan atraídos por un lema que se hace realidad a cada momento: "Juntos, desde la comunidad para la comunidad, brindándoles un presente más digno para que ellos luchen por un futuro mejor". Una
amiga en el teléfono Cuando le preguntaron a María Elena sobre Ana Mon, dijo que se trataba de "una mujer muy trabajadora y de un gran emprendimiento. Hace su tarea con mucha humildad, sin gastar en papelería ni en folletería. Y vale la pena ayudar a la gente que se ocupa de los chicos". Pero
también hay muchísimos colaboradores que no son conocidos y que no dejan de
sorprender a los de la Federación Argentina de Apoyo Familiar. En City Bell,
un hombre a quien conocen como Gonzalo, que utiliza un intermediario, entrega,
cada semana, decenas de kilos de carne o pollo para los 62 chicos de la casita
“Encuentro”. La entidad recibe donaciones en el teléfono (0221)422-3734 y
en su dirección de e-mail: faafciaf@netverk.com.ar.
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Distincion
para Ana Mon Recibieron
tambien la distincion, el
general Luis María Miró, responsable de la Comisión de Límites; y el suboficial
del Ejército destacado, Rubén Ernesto Cosatti. Buenos Aires, miércoles 29 de mayo de 2002.- |
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