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OVNIS,
EXTRATERRESTRES Y FENÓMENOS PARANORMALES
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EL TRIÁNGULO DE LAS BERMUDAS
El 11 de junio de 1998, el vuelo
1844 de la US Airways con destino a Filadelfia desde San Juan de
Puerto Rico, se encontró con una turbulencia considerable en pleno
vuelo: una perturbación lo suficientemente fuerte como para
suspender el servicio de bebidas y comida inmediatamente. El capitán
se disculpó profusamente con los pasajeros, indicando que el aparato
se encontraba "fuera del alcance de cualquier radar basado en
tierra" y por consiguiente, no podía solicitar el cambio a una menor
elevación. Mientras que el Boeing 737 seguía siendo juguete de las
corrientes de aire, algunos pasajeros comentaron abiertamente sobre
el Triángulo de las Bermudas, omitiendo las consecuencias sufridas
por los aviones que entran en dicha zona. Después de varias horas,
la turbulencia se redujo y el avión llegó a su destino sin
percances. |

Triángulo de las bermudas |
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Durante la década
de los '60 y '70, la creencia en el Triángulo de las Bermudas - ese
trilátero imaginario formando por los vértices de las islas de
Puerto Rico, Bermudas y Cayo Hueso en la Florida - no sólo era la
moda, sino una materia de rigor para cualquier interesado en temas
que rodeaban al fenómeno OVNI y lo paranormal. La biblioteca
personal de cualquier entusiasta casi seguramente incluía un buen
número de libros, la mayoría de ellos ediciones rústicas, acerca de
los misterios del mar: buques desvanecidos, objetos no identificados
saliendo del mar, y la posibilidad de que la mítica Atlántida aún
estuviese activa bajo las olas del Atlántico después de miles de
años. |
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Autores como
Charles Berlitz, Richard Winer y John Wallace Spencer se
convirtieron en los máximos exponentes de la realidad de la figura
geométrica en el agua que devoraba aparatos hechos por el hombre sin
dejar rastro de ellos. Otros autores se vieron obligados a pescar
misterios en otros mares: algunos, como Jay Gourley, los encontraron
en el Lago Ontario, cuyas anomalías magnéticas siguen siendo una
realidad hasta el presente; otros como Kevin Killey echaron sus
redes en el "Meridiano del Diablo" cerca de la australiana isla de
Tasmania. |
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Pero con el paso de los años, y la aparición de nuevas obras
investigativas como la de Lawrence David Kusche, que apuntaban hacia un
origen mundano de las desapariciones, o al hecho de que muchas de las
embarcaciones jamás existieron, el interés por el Triángulo de las
Bermudas comenzó a menguar, o al menos dejó de ser una fascinación para la
nueva generación de fanáticos de lo paranormal. No obstante, todavía
existe una cantidad de eventos sin explicar que tienen su origen en las
aguas del Atlántico - eventos que jamás han sido incluidos en los libros
que tratan sobre el tema.
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El ejemplar de la revista Pursuit de julio de 1973 incluyó un caso
bastante dramático narrado por Robert J. Durant, conocido por sus
pesquisas ufológicas. Durant entrevistó a un piloto que volaba el
trayecto entre la ciudad de Nueva York y San Juan de manera
rutinaria, acostumbrado a los disturbios que suelen producirse en la
zona y que en ocasiones han sido lo suficientemente fuertes como
para arrojar a los pasajeros de un lado de la cabina al otro. En
este caso, el piloto dijo que sus oficiales y la tripulación habían
comentado sobre la tranquilidad del vuelo.
Pero poco después de haberse
producido el comentario, destellos de electricidad estática de color
violáceo
El pasajero promedio con la suerte
de conseguir un asiento de ventanilla en un vuelo comercial apiñado
tiene a veces más cosas que ver por la ventana que los cielos de
color azul irreal y nubes blancas que se extienden hasta el
infinito.
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Debido a la congestión de las rutas aéreas, resulta posible ver
hasta otros aviones pasando de largo a alturas estratosféricas. El
que esto escribe tuvo la oportunidad de mirar por la ventanilla y
ver, desde una perspectiva de treinta mil pies, un buque de carga
surcando las aguas del Atlántico. Si el observador fortuito llega a
ver semejantes cosas, podemos esperar que las tripulaciones de los
aviones de línea lleguen a ver objetos aún más inesperados.
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El 13 de abril de 1963, la tripulación de un Boeing 707 viajando desde San
Juan hasta Nueva York presenció algo totalmente inesperado: luego de haber
despegado normalmente del aeropuerto de Isla Verde y ascendido a la altura
de crucero de 30,000 pies media hora después de haber dejado Puerto Rico,
el copiloto advirtió a sus compañeros de vuelo que se producía un fenómeno
desconocido debajo del reactor: una enorme "burbuja" que se formaba en la
superficie del Atlántico.
Los hombres en la cabina de vuelo del 707 no daban crédito a lo que
estaban viendo. La burbuja aumentaba de tamaño, y los cálculos posteriores
realizados por el piloto indicaron que el fenómeno tenía casi una milla de
ancho por media milla de alto. ¿Habían presenciado, acaso, una detonación
submarina, una erupción volcánica, o uno de los fenómenos característicos
de la zona? Treinta y ocho años después, "la burbuja" sigue siendo un
misterio. Algunos han aventurado la posibilidad de que la tripulación del
707 pudo haber presenciado la explosión submarina de un dispositivo
termonuclear, o una prueba artificial siendo realizada en el fondo del
mar.
Las manifestaciones de alta extrañeza no resultan fuera de lo común en
esta región del Atlántico, aunque, a veces, su explicación resulta
prosaica. El 21 de agosto de 1969, los ciudadanos de la República
Dominicana presenciaron una enorme nube blanca que se expandió a
dimensiones prodigiosas, formando círculos concéntricos antes de
disiparse. El pánico cundió entre los testigos, quienes temían que "el fin
del mundo" había llegado, o que la nube presagiaba algún evento de
significado oculto. No obstante, resultó ser parte de una operación
denominada "proyecto Stormfury", cuya meta consistía en acribillar a los
huracanes con yoduro de plata para disminuir su potencia. Semejantes
experimentos, realizados a alturas estratosféricas, a menudo resultan
visibles a cientos de millas de distancia.
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A comienzos de la década de los '50, el Reverendo Donald Omand - cuya fama
en el mundo de lo paranormal alcanzaría dimensiones insospechadas después
de sus exorcismos en el lago Ness y en varias casas encantadas en
Inglaterra - aceptó la invitación extendida por un amigo de Miami a dar un
paseo en su yate, "Dainty Dinah". Cuando el yate perdió de vista la costa
de la Florida, se produjo un cambio abrupto en las condiciones
meteorológicas, y la embarcación quedó a la merced de una mar embravecida
y vientos aullantes. El propietario del yate informó al reverendo que los
cambios repentinos eran característicos del "Triángulo de las Bermudas".
"Nunca sospeché que veinte años más tarde me vería enfrascado en un
intento por desentrañar sus misterios y vencer las fuerzas diabólicas que
lo ocupaban", escribiría Omand en sus memorias. "Aunque en aquel momento
no pude atisbar el futuro, estaba muy consciente del presente".
El reverendo Omand describió que el sonido producido por el viento y las
olas se parecía un canto, o gemidos provenientes de cientos de gargantas,
cambiando de una nota musical a la otra. Se dio cuenta de que lo que
presenciaba era un evento sobrenatural. "Repentinamente, la tormenta
amainó y dejé de escuchar el canto. Me di cuenta entonces de que las voces
que cantaban llevaban siglos de estar muertas: se trataban de las almas de
los esclavos africanos que murieron en el cruce desde África hasta las
colonias americanas. Muchos de ellos habían sido arrojados por la borda en
esta parte del mar", escribió Omand. Antes de regresar a Inglaterra, el
reverendo comentó su teoría con algunos estadounidenses, quienes la
encontraron francamente descabellada. Pero otros, como el Rev. Martin
Luther King, le escucharon con gran interés y coincidieron con su
interpretación.
En 1977, el Rev. Omand manifestó ante un congreso internacional que la
causa de los eventos en el Triángulo de las Bermudas se debía a los
cientos de esclavos que murieron en tormentas, o que fueron echados al mar
por estar enfermos o en mal estado antes de llegar a las Indias
Occidentales o Norteamérica. "[Entre ellos] pudo haber habido una
personalidad dominante, casi seguramente un hechicero, quien maldijo esta
región del mar. Sabemos que en el África existe esta clase de personas y
yo mismo he experimentado la envergadura de sus poderes".
El 16 de enero de 1978, el reverendo Omand realizó su exorcismo del
Triángulo, un evento cuidadosamente sincronizado con otras ceremonias que
se llevarían a cabo en Miami y en Puerto Rico. "Se ofrecerán plegarias por
todos los que han muerto en el Triángulo, y por los esclavos que murieron
durante el cruce desde África, pidiendo a Dios que el amargado corazón,
vivo o muerto, responsable por las condiciones del mar, conociese la
compasión cristiana y pudiese superar los poderes del Maligno".
A las 7:30 a.m., el reverendo comenzó el exorcismo, concluyendo con el
rito mozárabe y la invocación final, esparciendo agua bendita sobre las
aguas del Atlántico. Omand se desmayó poco después de haber concluido el
rito, advirtiendo a los presentes que era algo que siempre le sucedía.
Doce días después, el 28 de enero de 1978, un Boeing 727 de la aerolínea
National que volaba entre Miami y Newark, perdió potencia en sus tres
motores y cayó casi en picado una distancia de siete mil pies. La avería
en los tres motores era algo que iba contra todos los cánones de la
aviación moderna, pero cinco minutos después, los tres motores volvieron a
funcionar y no hubo muertos que lamentar. Se afirmó que el final feliz del
incidente se debió al éxito de la ceremonia realizada por el reverendo
Omand. |
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