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PROGRAMA DE LOS CONCIERTOS |
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Portada del disco |
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1.- “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme,… Fabordón. J. M. Corbí. 2005 2.- Así empieza EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA, que ahora hace 400 años, el inolvidable D. Miguel de Cervantes editó, para gloria y deleite de cuantos siguieron las andanzas del mejor de los Caballeros Andantes que en España han sido y…. ”... limpias, pues, sus armas. Hecho del morrión celada, puesto nombre a su rocín y confirmándose a sí mismo, se dio a entender que no lo faltaba otra cosa sino de buscar una dama, de quien enamorarse, porque el caballero andante, sin amores, era árbol sin hojas y sin fruto y cuerpo sin alma. (…)... y, buscándole nombre que no desdijese mucho del suyo y que tirase y se encaminase al de princesa y gran señora vino a llamarla Dulcinea del Toboso, porque era natural de El Toboso Había puesto ya nombre a su persona y a su amada. Estaba convencido de que todo Caballero andante debería trocar placeres y amores por venturas y denuestos según oyó en cierta ocasión que cantaban CANCIÓN: Más vale trocar. Juan del Enzina (s. XVI) 3.- En su primera aventura nuestro buen caballero se acercó a una venta, que él creía un castillo, donde le recibieron a la puerta dos mujeres mozas, de esas que llaman del partido; (…) Y al verle llegar de esa suerte armado con lanza y adarga, llenas de miedo iban a entrar en la venta. “….No fuyan las vuestras mercedes, ni teman desaguisado alguno, ca a la orden de caballería que profeso no toca ni atañe facerle a ninguno, cuanto más a tan altas doncellas como vuestras presencias demuestran. Las mozas, o damas, le lisonjeaban y ayudaron a desvestir la armadura al caballero. (…) Mientras, dentro de la venta – perdón, castillo – se oía cantar: CANCIÓN: Nunca fuera caballero. Juan del Enzina (s. XVI)) 4.- Después de ser armado caballero tuvo otras salidas en busca de nuevas aventuras, acompañado ya de un labrador vecino suyo, (…) Fueron muchas las aventuras, entuertos, y embrujos, que les acaecieron. (…) Pero recordando uno de ellos me viene a la memoria la historia del cabrero contando las penas amatorias de Grisóstomo y Marcela “... para que con más veras pueda vuestra merced decir, señor caballero andante, que le agasajamos con pronta y buena voluntad, queremos darle solaz y contento con hacer que cante un compañero nuestro, (…). Apenas había el cabrero acabado de decir esto, cuando llegó a sus oídos el son del rabel y de allí a poco llegó el que le tañía, que era un mozo de hasta veintidós años, de muy buena gracia.” CANCIÓN: ¡Ay! Triste que vengo. Juan del Enzina (s. XVI) 5.- Sancho estaba quejoso (…), eran más los palos que las lisonjas, (…) Gracias a la carta que le mandó llevar a su señora Dulcinea se vio libre de amores y dolores. Decía así: “ (…) El ferido de punta de ausencia y el llagado de las telas del corazón, dulcísima Dulcinea del Toboso, te envía la salud que él no tiene. (…) si gustares de acorrerme, tuyo soy; y si no, haz lo que te viniere en gusto, que con acabar mi vida habré satisfecho a tu crueldad y a mi deseo. Tuyo hasta la muerte, El Caballero de la Triste Figura.” Partió Sancho dejando a Don Quijote (…) suspirando cautivo de amor por su Dulcinea. En su interior una melodía le arrobaba. CANCIÓN: Amor que me cautivas (Belle qui tiens ma vie) Toinot Arbeau (s. XVI) 6.- Estando nuestro Caballero en Sierra Morena, (…), pasó su penitencia escondido entre los riscos. No solo él se encontraba en esa situación. (…) Era Cardenio, hijo de un labrador andaluz rico, y, sufridor de amores de Luscinda. “... de aquí a dos días te partirás, Cardenio, a hacer la voluntad del Duque, (…). Hablé una noche a Luscinda, díjele todo lo que pasaba, y lo mismo hice a su padre, (…)” Desde niños se amaron Cardenio y Luscinda, pero el Duque se interpuso y los amores para Cardenio eran sólo penar por su linda amiga. CANCIÓN: ¡Ay, linda amiga! Anónimo. (s. XVI) 7.- Encontróse Sancho a la vuelta de su cometido, con el barbero y el cura, (…) “... Estando, pues, los dos allí sosegados, y a la sombra, llegó a sus oídos una voz, (…), no de rústicos ganaderos, sino de discretos cortesanos. La hora, el tiempo, la soledad, la voz y la destreza del que cantaba, causó admiración y contento en los dos oyentes, (…)…hizo la misma voz que no se moviesen, la cual llegó de nuevo a sus oídos, cantando:” CANCIÓN: Dindirindin. Anónimo. (s. XVI) 8.- (…) Contaron la triste historia de dos amigos (…) como nos relata El Curioso Impertinente “(…)Un necio e impertinente deseo me quitó la vida. (…) y, pues yo fui el fabricador de mi deshonra, no hay para qué…” CANCIÓN: O que pola . Cantiga 124 Alfonso X 9.- (…) El cautivo les fue narrando sus desgracias y sus venturas y su amor por las gentes de aquella tierra. “... Digo, pues, que encima del patio de nuestra prisión caían las ventanas de la casa de un moro rico y principal, (…) y la caña se estaba blandeando y moviéndose, casi como si hiciera señas que llegásemos a tomarla.” ¡Cómo recordaba el cautivo sus amoríos en Jaén! Aquellas tardes de amores con las tres morillas. CANCIÓN: Tres morillas. Anónimo. (s. XVI) 10.- La historia del cautivo y la mora les tenía embelesados. Todos tenían puesta la atención en la carta que la mora cristiana le mandó, que, decía así: (…) “Cuando yo era niña, tenía mi padre una esclava, la cual en mi lengua me mostró la zalá cristianesca, y me dijo muchas cosas de Lela Marién. (…) Ella y Alá te guarden, y esa cruz que yo beso muchas veces; que así me lo mandó la cautiva.” Los cautivos (…) vueltos hacia ella, (…) entonaron suavemente: CANCIÓN: Ave María. Jacop Arcadelt. (s. XVI) 11.- (…) Vieron por el camino llegar unos disciplinantes haciendo rogativas con la imagen de la Virgen en andas (…) (…) “Señor hermano, si nos quiere decir algo, dígalo presto, (…) si ya no es tan breve que en dos palabras se diga.” “En una lo diré replicó don Quijote, y es ésta: que luego al punto dejéis libre a esa hermosa señora,(…)” (…) Los disciplinantes siguieron raudos y contritos con su salmodia (…) CANCIÓN: Popule meus. Tomás Luis de Vitoria (s. XVII) 12.- CANCIÓN: Epitafio de Don Quijote y Dulcinea J. M. Corbí. 2005. |
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