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ALBUM ICONOMIAS SUMERGIDAS

INTRODUCClON NAJERA, UN JOVEN AUTOR

POR JOSE ANTONIO ORTEGA

Aparentemente el ejercicio artístico y temático de Francisco Nájera lleva la impronta de Carlos Giménez. Hacer una afirmación así, de entrada, cuando a todo autor se le exige, entre otros muchos aciertos, grandes dosis de originalidad, supondría descalificar su obra en un porcentaje excesivamente alto.

En la historia de los cómics ha habido forjadores emblemáticos de una capacidad tal para la creación que han dado origen a una serie de escuelas en las que es posible encuadrar a cientos de artistas que les siguen con mayor o menor fortuna.

Jean Giraud (Moebius), Milion Caniff Alex Raymond, Hergé, Hal Fosie,; Jesús Blasco, Corben, Schulz, Alex Toth, Jim Steranko y alguno más, partiendo de influencias ajenas, y después de una definición de su propio estilo, han sabido marcar unos patrones por los que hoy son reconocidos como los más geniales maestros que dieron los cómics.

Alineados tras ellos, es posible descubrir la huella que dejaron en gente como Arno, Ives Swolfs, Colin Wilson, Frank Robbins, Al Williamson, Hans Kreese, Jordi Bernei, Jean Louis Floc1h, Yves Chaland y un largo etc.

Citados en este orden, ¿quiere decir esto que se les sitúa en un escalón más bajo allá en el podium?. Realmente sería injusto porque sus obras conllevan las suficientes dosis de elementos cualitativos como para hacer una escala en la que el lugar en que se encuentran sea marcado con esa contundencia.

Por simple admiración, o a veces por imposiciones comerciales, un creador de primera fila y de estilo tan personal como William Vance se adapta a Jean Giraud. Incluso Ibáñez ha llegado a aproximarse hasta parámetros en los que se mueven ejecutantes tan dispares como Vázquez o Franquin. Sin embargo con el tiempo sus realizaciones continúan un camino autónomo, y a su vez, son capaces de dejar un embrión en gente que les siguen en su concepción estilística.

Nájera, hace unos anos creó un personaje que respondía a unas características sicológicas bien determinadas, y por tanto su aspecto físico fue creado en función de éstas. Casi paralelamente, Carlos Giménez tuvo necesidad de incluir otro que se movía en unas coordenadas similares, y casualmente, lo dibujó tan parecido como si hubiesen dado a luz en el mismo parto. Por razones evidentes, ninguno de los dos conocía el del otro.

Como decía, aparentemente, tras una primera ojeada, la obra de los dos es similar, pero sin embargo, al analizarías hay profundas diferencias, puesto que ambos trabajos contienen la autonomía y complejidad necesarias que los distinguen por haber sido hechos a partir de unas premisas de originalidad absoluta como se verá tras la lectura íntegra de este álbum.

Dejando al margen diversos personajes creados profesionalmente para las revistas de humor de Ediciones B, la labor de Francisco Nájera ha pasado revista a distintos géneros en los que es posible encontrar siempre una unidad común, y es el deseo de hacernos reparar en estos aspectos y personajes con los que nos encontramos cotidianamente en el mejor de los casos, o el de sentirnos reilejados hasta el límite del esperpento.

La temática

Es la visión de la realidad que nos rodea la que anima el espíritu de Iconomías Sumergidas que por primera vez se presentan en versión íntegra, ya que alguna, esporádicamente, había sido publicada, quedando la inmensa mayoría inéditas hasta ser recopiladas en este álbum. Una de ellas, la novena en concreto, consiguió merecidamente el segundo premio en el último concurso que convocó Toutain en el apartado de erotismo.

Al igual que los objetos de la trastienda de Ezra, el anticuario, cada cosa puede narrar una historia por sí misma. Así estas Iconomías Sumergidas, podían contarnos que defendieron su virginidad, como María Goretti, aun a riesgo de su propia vida.

Nájera creó las primeras historietas que se integran en esta compilación para la desaparecida Cuadernos de Humor, que fue publicada en la pasada década. Su omnipotente director se creía en el derecho de quitar, poner o retocar lo que le viniese en gana, olvidando que el único ser plenipotenciario de una obra es su propio autor, y claro, éste se negó en redondo y siguió trabajando en ellas durante algunos años hasta que al fin han visto la luz, totalmente vírgenes, por supuesto.

No habría mejor definición para conocer los seres que pueblan Iconornías Sumergidas que citar textualmente la frase inicial que abre la cuarta historieta que dice: desfilan hombres y mujeres de a pié, como usted y como yo, donde hacemos un seguimiento de una jornada normal en la vida de un ciudadano normal. En este caso, verán al Sr. López Raudo, sus compañeros de trabajo, o alguna otra gente que podían ser sus vecinos de bloque, como Gerardo Florecido, José Manuel, Juan y Mercedes, Luis Morcillo, el Sr. Borrego, la familia Dominguera, Serafín, el pensionista cuya libido se alimenta ya de la de los otros, o tantas y tantas marujas y niños despersonalizados de clase media baja, junto a los que el tiempo y el espacio les obligó a hacer, hacinados en el mismo barco, la singladura de la vida.

Todos ellos viven presos del sicólogo, la declaración de la renta, el coche y por lo tanto de las averías y embotellamientos, las vacaciones en lugares superpoblados, de la televisión y el video, la comida light, un trabajo agresivo, la seguridad social, el sexo, etc.

Son hijos, por ello, de la insatisfacción personal, la vulgaridad, el consumo, las ideologías y el proselitismo, la soledad, el adocenamiento, el escepticismo, la alienación del individuo a través del sexo, el acoso del estado, y en el mejor de los casos, de un liberador infarto.

Sin embargo, en casi todas subyace la ácida ironía como ingrediente principal, sirviendo de catalizador a la dureza de algunas de las situaciones, como tantas veces ocurre en las creaciones destinadas a la cultura popular.

Lo que sorprende en Nájera y, ocasionalmente, en José Miguel Pallarés (guionista de dos de las doce historias que componen esta obra) es su objetiva percepción del mundo que les circunda.

Pudiera parecer que para reflejar éste, sólo bastaría con que dejásemos de mirarnos el ombligo, sin embargo, admirar el paisaje formando parte de él, es poco menos que imposible.

Analizar un determinado tipo de sociedad, sin una perspectiva histórica o diferenciación social, es una cuestión de sensibilidad a la que no todo el mundo accede porque depende de lo inmerso que se esté en ella. No en vano alguien dijo que si pasas diez días en un país extraño, puedes escribir un libro sobre él, si estás diez meses podrás hacer un artículo periodístico, pero si vives diez años, no serás capaz de escribir una sola línea.

La imagen

Gráficamente el autor parte de unos postulados que pudiera encuadrarse en la simpleza de trazo, sin apenas tramas o manchas que los ochenta han aportado al cómic como herederos de una escuela europea cuyo acabado final se complementa con el color.

Originalmente, esta obra debía haber sido publicada así, pero, tras su negativa a que fuese retocada, su realizador se ve obligado a terminarla en blanco y negro y a considerar un replanteamiento estético que resuelva la bidimensionalidad y el efecto de compactación de los elementos dibujados que produce la plumilla ante la ausencia de líneas de pincel y sombras. Por ello incluye, a veces, atrevidos encuadres o constantes cambios en el enfoque, o bien remarca las formas y volúmenes como sólo puede hacerlo un artífice con una buena escuela de dibujo.

Sorprende su capacidad de expresión en gestuario facial y corporal de sus criaturas que se insertan en los escenarios como si de seres reales se tratase. Estos, dentro de la viñeta, se encuentran a la distancia exacta del objetivo que exige cada momento secuencial del relato, lo que unido a un manejo perfecto de la elipsis, evidencia un conocimiento del lenguaje que habla de la madurez artística de un autor tan joven como Nájera.

El uso de la perspectiva, la puesta en escena en cuanto a mobiliario, vestuario y decoración, a veces de un gusto estético dudoso, como corresponde a sus propietarios, y todo lo antedicho, hacen de Iconomías Sumergidas una obra perfecta y atemporal a pesar de que su temática esté imbuida del entorno que motivó cada una de sus historias.

Esta es una de esas obras que, con los años, habrá que revisar para poder detener el tiempo y tratar de buscar placenteramente, la huella indeleble que le dejó impresa. Quizás entonces nos sintamos un poco Marcel Proust.

José Antonio Ortega

Córdoba, 1 de julio de 1994

ALBUM ICONOMIAS SUMERGIDAS

CONTRAPORTADA POR JOSE MIGUEL PALLARES

Comentaba Thomas Pynchon en el prólogo a su soberbio libro Un lento aprendizaje que una de las cosas más atractivas son los cambios. Y esta referencia se ajusta perfectamente a la evolución del trabajo de Francisco Nájera.

Cuando Nájera contactó conmigo, yo me encontraba realizando guiones para la fenecida revista Creepy (Toutain Editor) y, la verdad sea dicha, no andaba muy propicio a embarcarme en nuevas aventuras. Pero su constancia, su sincera honestidad al no renegar ni rehuir de sus influencias y, sobre todo, la elegancia de su trazo, me hicieron retractarme de esa postura apriorística e iniciar con el una andadura difícil (porque el cómic es un mundo duro) pero enormemente gratificante. No he tenido nunca motivo alguno para arrepentirme de esa decisión.

Fruto de nuestra colaboración han visto la luz innumerables guiones, de los cuales el lector podrá contemplar en estas páginas Pero he aquí que floreció (nuestra primera colaboración y, probablemente, la más emblemática) y Lluvia de abril.

Entre ambas historias media un período en el que Nájera ha madurado su trazo, ha soltado el lápiz y ambos hemos ido compenetrándonos en múltiples guiones.

Consecuencia: una notable mejora. Pero este resultado no es casual; el trabajo de Nájera en este tiempo ha sido constante, tenaz e incesante. Su estilo se ha hecho adulto gracias a las muchas horas metidas en el tablero de dibujo (a veces por culpa mía, pidiendo escenas imposibles).

Hombre de probada honestidad, sencillo y de trato afable sabe siempre en sus relaciones con los demás ganarse el afecto de la variopinta fauna que habitamos el mundillo del cómic. Nunca he oído a nadie criticar sus actitudes o comportamientos. Defiende sus opiniones sin dogmatismos, con la misma tenacidad con la que se afana (casi obsesivamente) en mejorar cada trazo, cada matiz. Es un eterno descontento en búsqueda de la perfección en cada viñeta. Buen dibujante, sí, pero mejor persona. Un amigo.

José Miguel Pallarés

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