blupeados
Escapados de la secta Hare Krishna
¿Qué religión adopta el Hare Krishna que se escapa?
PREGUNTA: ¿Existe alguna investigación sociológica acerca
de qué religiones adoptan los devotos que se salen del movimiento?
blupeados: No conozco ninguna investigación sociológica seria. He visto
algunos interesantes libros antisectarios, pero no me parecieron del todo serios
(no había estadísticas o encuestas). Según mi opinión, no se puede dar una
respuesta muy fehaciente. En general las personas que se escapan de los Hare
Krishna o "blupeados" siguen con la creencia que tenía antes de acercarse a los
libros del fundador del movimiento (Srila Prabhupada, 1977-1896 a. C.). Alguno
se hace evangelista, otro católico, otro de algún credo diferente, como el culto
del Santo Daime (que se basa en la ingestión colectiva de un alucinógeno, en
busca del espíritu más profundo de cada uno: una religiosidad sin Dios. Santo
Daime es el nombre brasileño de la bebida conocida en Perú como ayahuasca, que
se prepara con el yagé (un cactus que en los sesenta convocó a Allen Ginsberg y
William Burroughs a un periplo sudamericano). Su ingestión provoca una brutal
deshidratación, en la que se origina una percepción de cuerpo escindido y
flotación en un universo acuoso. Otros exdevotos quedan "curados" de las
religiones en general y la creencia en dioses y se hacen ateos (o sea: sostienen
que los dioses no existen), o por lo menos agnósticos (no saben si existen
dioses).
Hola. Creo que uno debe investigar profundamente antes de
atreverse a dar conceptos volátiles sin ningun fundamento, profundidad o
conocimiento. En primera medida el yagé no es un cactus sino un bejuco. En
Ecuador y Colombia se llama de esa manera y en Perú el mismo bejuco se llama
ayahuasca. Su ingestión no provoca una brutal deshidratación, ¿de dónde sacaste
esa información? El yagé tampoco representa una religiosidad sin Dios. Los que
practicamos ese ritual lo hacemos en torno a Dios y la Virgen María (y de hecho
los indígenas lo hacen igual). Investiga un poco más con tomadores de verdad
porque sino pasas por ignorante.
blupeados: No conozco a nadie que tome yagé, por eso puse información de
segunda mano. No sé de dónde la saqué, probablemente de internet. Gracias por tu
aclaración.
4 de marzo de 2004
Hola, no sé si ya conocías este artículo que te mando acerca del pedófilo Sai
Baba. Me he puesto mala del estómago al leerlo. Me gustaría saber qué opinas.
También en la página de opuslibros.com (acerca de la destructiva secta católica
Opus Dei, cada vez más poderosa) hay una historia de una chica que es
impresionante, cómo ella relata que no podía seguir dentro de esa secta porque
ya no aguantaba más. Pero luego le costó adaptarse a vivir fuera. No sé si lo
logró alguna vez. Más juguetes rotos...
Sí, había leído en internet sobre este tema de Sai Baba abusador de menores.
Es fácil de deducir: Sai Baba, Prabhupada, etc. son seres humanos. No son dioses
ni asociados íntimos del Señor, como ellos mismos trataron de hacerles creer a
sus discípulos. La cuestión es por qué les creímos, por qué les creemos, por qué
creemos en cosas que no pueden ser, por qué queremos siempre buscar más allá. Es
el deseo de ser felices, de buscar más y más, lo que nos hace meter la pata.
Pero bueno, lo interesante de esto es que pudimos salir y ahora estamos buscando
otros caminos para ser felices. Y nos vamos a seguir equivocando y de eso se
trata esta corta vida. ¡Qué le vamos a hacer!
Un beso,
TRADUCCIÓN DEL ARTÍCULO ORIGINAL EN INGLÉS EN LA REVISTA ON LINE SALON.COM
http://www.salon.com/people/feature/2001/07/25/baba/index.html
¿Intocable?
Millones de personas adoran a Sai Baba como Dios encarnado. Más y más personas
dicen que el guru es además un pedófilo.
por Michelle Goldberg
PUTTAPARTHI (India), 25 de julio de 2001. Uno de los hombres más poderosos de la
India preside el ashram más grande del mundo, Prasanthi Nilayam, o Morada de la
Paz, en un remoto pueblo ubicado en una árida esquina de Andhra Pradesh, un
desesperadamente pobre estado de un desesperadamente pobre país. El pueblo se
jacta de un reluciente planetario, dos hospitales que tratan a los pacientes sin
costo alguno, un colegio universitario, una escuela de música e inmaculados y
coloridos campos de recreo. Edificios de apartamentos de lujo están brotando en
un lugar que hace sólo unas décadas estaba cubierto de desvencijadas chozas de
lodo. También hay un recién estrenado aeropuerto para servir a los devotos más
adinerados de Sathya Sai Baba, un indio del sur de 75 años de una melena estilo
afro y una cálida sonrisa.
Entre 10 y 50 millones de personas adoran a Sai Baba como Dios encarnado, y
afluyen a Puttaparthi de los cinco continentes a dormir en una de las 10.000
camas del ashram o en una de las muchas casas de huéspedes del pueblo. Mientras
tanto, el creciente número de ex devotos que condena a su antiguo maestro de
acosador sexual, de fraudulento y hasta de pedófilo casi no le ha hecho mella
alguna, a pesar de que sus voces se tornan cada vez más altas.
“Sai Baba era mi Dios” -- ¿Quién se atreve a desafiar a Dios? Él tenía la
libertad de hacer lo que quisiese conmigo, tenía toda mi confianza, mi amor y mi
amistad; me tenía a mí en su totalidad,” dice el iraní-estadounidense Said
Korramshahgol, antes seguidor de él. Lo que Sai Baba decidió hacer con él, dice
Korramshahgol, fue llamarlo repetidas veces a entrevistas privadas, ordenarle
que se bajara los pantalones y masajearle su pene. Otros ex devotos sostienen
que Sai Baba les hizo aún más. Eso no importa – en esta parte del mundo, la fe
es absoluta. Los creyentes no rechazan a Dios, y no lo cuestionan.
En las afueras de Puttaparthi, un templo hindú tiene una estatua de Sai Baba
entre las demás deidades de su panteón, en la que él está parado junto a
Krishna. En el pueblo, toda posible superficie está adornada con cuadros de Sai
Baba en su túnica naranja con su benigna sonrisa. Hay una foto de él, de la que
cuelga una guirnalda de flores artificiales color de rosa, en el hotel en el que
yo estoy, hay un retrato de él detrás del mostrador de recepción. Cada tarde,
una bocina que está frente a mi cama ofrece música en alabanza del guru. Si
compro una pluma para tomar mis notas, ésta tiene sobrepuesta la sonriente cara
de Sai Baba.
El darshan es casi el único evento que ocurre en el ashram. No hay sesiones de
adoctrinamiento, ni tan siquiera de meditación. Más allá del vegetarianismo, Sai
Baba no prescribe ninguna otra práctica en particular. Sus enseñanzas son
floridas y vagas, en las que se combinan la colorida mitología hindú, un enfoque
budista acerca de trascender los deseos mundanos, la idea cristiana del servicio
y un énfasis evangélico sobre la experiencia directa de lo divino. Según “Océano
de Amor”, un libro publicado el año pasado por el Fideicomiso Central Sri Sathya
Sai Baba, “no hay un sendero que Él predique, ni una orden que Él haya creado.
No hay una nueva religión que Él haya venido a añadir o una filosofía en
particular que Él recomiende... Su misión es única y simple. Su misión es la de
amor y compasión”.
Esta placentera imprecisión permite que los creyentes proyecten lo que ellos
deseen en Sai Baba. La gente ve su mano en todo, y en el invernadero espiritual
de Puttaparthi casi todo lo que acontece es visto como una nueva prueba de su
poder. Aparte de las cartas y las codiciadas entrevistas, la forma reconocida de
comunicarse con Sai Baba es a través de los sueños y las visiones, y de esta
forma el pueblo se une a la gente en interpretar ese tipo de su subconsciente
como evangelio. Un estadounidense llamado George Leland dice que Sai le ha
llegado en la apariencia de un agente de tránsito en Tijuana, México y un
pasajero japonés en un avión. Una argentina de 32 años me dijo que ella había
dejado su departamento en Buenos Aires y sus estudios médicos después de que
Baba la llamó en un sueño.
Las historias de sincronización abundan. Una paciente de cáncer, de Holanda, en
silla de ruedas que fue abandonada por su esposo y que estaba viviendo con
devotos de Sai, tuvo una serie de sueños en las que el guru la llamaba. Insistió
mucho en que no le había contado a nadie sobre sus sueños, sin embargo, un día
sus amigos le dieron la sorpresa de regalarle un boleto para la India. La
sortija que él le materializó me luce a mí como una baratija – hasta una de las
piedras se le había caído – pero para ella es un talismán que le ha ayudado a
luchar en contra de su triturador dolor.
Para algunos, Sai Baba irradia amor y genialidad, mientras que para otros es
estricto y dificultoso, destrozando sus relaciones o haciendo a sus cuerpos
padecer en servicio por su adelanto espiritual. Leland, un hombre robusto de 61
años con mucha personalidad, que tal parece la versión hollywoodense de un
poderoso senador, me dijo: “La labor de Swami no es hacerlo a uno feliz, es
liberarlo.” En su caso esto quiso decir dejar su carrera de conferencista
motivador y después su matrimonio. “Sai Baba es el ser más poderoso que ha
venido al planeta,” dijo él mientras desayunábamos en un conocido restaurante
tibetano del pueblo. Leland, quien ha vivido en Puttaparthi por cuatro años,
siente que lo debe seguir, pero eso no quiere decir que lo esté disfrutando. El
dijo de un modo triste: “Aún en este momento, mi mente no quiere creer que Dios
no quiere que yo sea feliz, que tenga una relación, que sea próspero, que
disfrute la vida.”
“A veces creo que el ashram es como un manicomio y Swami su director,” dijo Rico
Mario Haus, un recién convertido de 24 años de edad. Yo conocía a Haus, un suizo
a quien sus lentes oscuros de cristales cuadrados le daban un toque de efugio a
la pureza de su hermosura, hacía dos meses, en el estado costal de Kerala. Los
dos habíamos hecho roles de extras en una película musical de la India y los dos
nos habíamos enterado acerca de Puttaparthi mediante un seguidor de Sai Baba que
también estaba participando en la película. Irónicamante (o como lo ve ahora
Haus, ominosamente, nosotros habíamos actuado nuestro rol como devotos del
occidente de un poderoso guru que le salvó el alma al héroe errante. En esos
momentos, Haus era un pretensioso joven que estaba planeando irse a Casimir en
su moto. Ahora, en su atuendo de piyamas blancas, me dijo: “Baba me estaba
llamando. Cuando uno cree en Dios no existen las coincidencias.” Aún así,
preservaba su buen sentido del humor y encontraba un placer subversivo en
contarnos acerca de los lunáticos con quien convivía. “Cuando uno no tiene
problemas no tiene que ir a un ashram,” dijo.
La mayoría del tiempo, el ambiente de histeria espiritual de Puttaparthi es
bastante tenue. Con sus buenos restaurantes y relativamente limpias calles, el
pueblo puede ser suficientemente agradable. Pero existen explosiones ocasionales
de locura. Una tarde, una joven de Malasia tuvo una crisis psicopática, atacó a
empleados del ashram y fue llevada por la policía. Más tarde me la encontré en
la estación de policía en un estado semi catatónico , barbullando “darshan,
darshan, darshan” una y otra vez. En otra ocasión, durante la cena, Haus me
señaló a una empalidecida mujer austriaca arrastrando a un apático niño pequeño.
Ella estaba enloquecida porque había tenido un sueño en el que Sai Baba le había
dado instrucciones de abandonar a su hijo de 7 años y vivir en la calle como
pordiosera y ella no sentía que tenía la “fuerza” para llevarlo a cabo.
Los días en el ashram se centran alrededor de un evento llamado “darshan,” en el
que Sai Baba camina por un salón al aire libre color pastel (llamado un mandir)
y muestra su valioso ser a las multitudes reunidas para ese propósito. Esto se
lleva a cabo dos veces al día, una en la mañana y otra en la tarde y las
personas hacen cola con horas de anticipación. Todo el mundo está desesperado
por entrar primero, ya que sentarse al frente indica que puede que Sai Baba le
dirija a uno unas palabras, acepte una carta o hasta que lo invite a su sala
especial para una entrevista privada. Las entrevistas privadas son el propósito
(raison de être) de la vida en Puttaparthi. Es ahí donde Sai Baba hace la
mayoría de sus famosas materializaciones – ostensiblemente conjurando objetos
como anillos o sortijas, relojes y collares de la nada como obsequios a los
fieles.
La tarde que fui a darshan me pasé cuarenta y cinco minutos en cola y cuarenta y
cinco más sentada con las piernas cruzadas entre miles de feligreses en el piso
de mármol del mandir. Había casi tantos extranjeros en el salón, que puede
acomodar a 15.000, como había indios. Docenas de candeleros colgaban del cielo
raso que estaba decorado con hoja de oro. Al final del mandir había un escenario
con una puerta que conduce a la sala de entrevistas privadas del guru.
Justo cuando el aburrimiento ya crecía de una forma interminable, una música
surgió de pronto y una carga atravesó a la multitud mientras los cuellos se
estiraban como garzas para obtener un vistazo de Sai Baba, una figura algo
delicada, que llevaba su acostumbrada túnica larga, con su esponjoso nimbo de
pelo negro. Hizo un saludo con la mano al estilo de la princesa Diana mientras
pasaba del lado de las mujeres al de los hombres (todo en el ashram está
estrictamente separado por género) y otra vez a la vuelta, tomando algunas de
las cartas que fervientemente le ofrecían al pasar. A mi alrededor los ojos de
las mujeres brillaban y algunas se mecían hacía adelante y hacia atrás
extáticamente. Sai Baba entonces se regresó por donde había entrado y se acabó –
en menos de 10 minutos. Una señora danesa retirada, con un semblante angelical,
me dijo que ella venía haciendo esto todos los días, dos veces cada día, por
tres meses.
Es de suponer que los que no pertenecen esperen ver demencia en las religiones
que no son las establecidas. Pero Sai Baba no es un líder de culto común y
corriente. Por el hecho de no ser tan conocido en América, es muy difícil
trasmitir el asombroso poder con el que cuenta en la India. Además de la
multitud de extranjeros que acuden a verlo, los acólitos de Sai Baba incluye la
flor y nata de lo más selecto de la India. El Primer Ministro A. B. Vajpayee es
devoto de él, así como el Ex Primer Ministro P.V. Narasimha Rao. Un artículo en
1993 en el Times of India cuenta entre los seguidores del guru a “gobernadores,
ministros jefes, diferentes políticos, magnates del mundo de los negocios,
magnates de los periódicos, juristas, deportistas, académicos y, así es, hasta
científicos.
Aunque uno no crea en los milagros que le han sido atribuidos – resurrecciones,
curaciones de fe, materializaciones—su fenomenal popularidad en la India es
fácil de comprender. Justo afuera de Puttapathi existe un enorme hospital que él
ayudó a construir y que provee, gratuitamente, tratamientos de cardiología,
optometría y nefrología a todo el que llega. Fue capitalizado en parte por una
donación de veinte millones de dólares de Isaac Tigrett, co-fundador del Hard
Rock Café. La fachada blanca del edificio parece un cruce entre un palacio mogol
y un pastel de bodas. Uno entra a un salón con cúpula, resplandecientes pisos de
mármol e imágenes de Sai Baba y otras deidades – Jesús en la cruz, el Buda, el
dios con cabeza de elefante, Ganesha. Sin embargo, con todo y el exceso
arquitectónico de Las Vegas, especialmente en un país donde muchos no pueden
contar ni siquiera con una rudimentaria atención médica, el hospital afirma unas
impresionantes cantidades como 10.594, cirugías cardiacas gratuitas, 9.090
operaciones del riñón, 382.328 consultas externas.
Un sinnúmero de otros proyectos de caridad también le han ganado a Sai Baba el
favor de las masas. Uno de sus proyectos instaló cisternas de 2.500 litros en
varias aldeas de Andhra Pradesh. Niños indios, que de otra manera no hubieran
tenido acceso a una educación más avanzada, codician lugar en sus escuelas
universitarias gratuitas. A pesar de que rumores de trampas legales y aún cosas
peores revoletean alrededor de estos aventurados proyectos, hasta los críticos
de Sai Baba tienen que admitir que él ha aliviado algo del sufrimiento de esa
región. “Dios o fraude, nadie duda de la buena obra llevada a cabo por
organización Sai,” escribió el Illustrated Weekly de la India.
Todo esto ayuda a explicar por qué no ha habido ninguna acción oficial en contra
de Sai Baba en la India, a pesar de las docenas de ex devotos que insisten en
que sus alardes de divinidad sirven sólo para enmascarar a un humano total con
un apetito por los cuerpos de los jóvenes y niños del ashram. La evidencia de
que Sai Baba usa su poder para bajarle los pantalones a sus feligreses es
fuerte. Como también es fuerte que la vida para muchos indios pobres es menos
brutal debido a que él existe.
Las historias acerca de la mala conducta sexual de Sai Baba son notablemente
similares. “Durante mis ‘audiencias privadas’ con Sai Baba, Sai Baba me tocaba
mis partes privadas y con regularidad masajeaba mis partes privadas, indicando
que eso tenía propósitos espirituales,” escribió el holandés Hans de Kraker en
una carta que le envió a la periodista francesa Virginie Saurel. En diciembre de
1996, cuando De Kraker tenía 24 años, Sai Baba supuestamente le pidió que le
hiciera sexo oral: “Agarró mi cabeza y la presionó contra su pelvis. Hizo
sonidos de gemidos —escribió De Kraker—. Tan pronto como me quitó la presión de
la cabeza y yo levanté la cabeza, Sai Baba levantó su vestido y me presentó un
miembro semi-erecto, diciéndome que esta era mi oportunidad de buena suerte, y
me embistió la cara con sus caderas.” Cuando De Kraker le contó a otros lo
sucedido, fue sacado del ashram.
El estadounidense Jed Geyerhahm, que tenía 16 años cuando Baba comenzó a
acosarlo, hace eco de la declaración de De Kraker: “Cada vez que veía a Sai
Baba, su mano hacía un prominente progreso hacia mi ingle.” Las historias no
tienen fin y finalmente son todas iguales. Concernientes a hombres desde la
adolescencia hasta alrededor de sus veinticinco años.
Tampoco es nada nuevo. En 1970, Tal Brooke publicó un libro llamado “Lord of the
Air” (Señor del Aire) que más tarde fue renombrado “Avatar of Night”, (Avatar de
Noche) un vívido y detallado relato de sus desconcertantes días como acólito
buscador y su total desilusión al enterarse de la rapacidad sexual de su guru.
Sin embargo, es sólo recientemente, gracias en gran parte a internet, que varias
de las víctimas, sus padres, y oficiales dentro de la Organización Sai que han
desertado, se han unido para dirigir la energía que antes empleaban en adorar su
maestro, a hacer caer al hombre.
Todo comenzó con un documento llamado “The Findings” (Los Descubrimientos),
publicado en la segunda parte del 2000 por los devotos de largo tiempo David y
Faye Bailey, cuyo matrimonio fue arreglado por Sai Baba. Parte del artículo de
casi 20.000 palabras se enfoca a hacer evidencia de que Sai Baba hace de una
manera falsa sus materializaciones y de que no cura al enfermo por magia –
revelaciones que parecen ser evidentes para los no creyentes, pero que provocan
un fiero debate en los círculos de devotos y ardientes encabezados en la prensa
de la India.
En su mayor parte “The Findings” consiste de testimonios de acoso sexual y abuso
sexual. “Mientras que estaba todavía en el ashram, lo peor para mí – como madre
de hijos – ocurrió cuando un joven, estudiante de la escuela universitaria, vino
a nuestra habitación a rogarle a David, ‘Por favor, señor, haga algo para que
pare de abusar de nosotros sexualmente,” escribe Faye. “Estos hijos de devotos,
que ya no podían soportar su indefendible situación de ser participantes sin
consentimiento en una situación de pedofilia por más tiempo, y a la misma vez,
sin poder compartirla con sus padres porque no sería creídos, confiaron en
David, una confianza que se había desarrollado durante sus cinco años como
profesor visitante de música de la escuela universitaria de Sai.” Estas súplicas
desgastaron la fe de los Bailey y finalmente los hicieron salir a la luz
pública.
Desde entonces, el movimiento en contra Sai Baba se ha convertido en un
bumerang. En los últimos meses, ex devotos han entrado en contacto con el FBI,
Interpol, la Corte Suprema de la India y un sinnúmero de otras agencias en
esperanza de encontrar ayuda en su batalla contra el guru. Un señor de
California llamado Glen Meloy, que pasó 26 años como devoto de Sai, está
tratando de organizar una demanda legal en contra de los líderes de la
Organización Sai en los Estados Unidos, tomando como modelo la que se hizo
recientemente en contra de los Hare Krishnas. Su fe fue hecha pedazos cuando se
le enseñó extractos de un diario del hijo de quince años de un amigo muy
cercano, dando detalles de varios incidentes de abuso sexual. Como hijo de
devotos, el niño había sido criado para adorar a Sai Baba como Dios, y concedió
cuando el maestro, según el reporte, le pidió que le chupara el pene. “Tenemos a
todos estos niños que están muertos de miedo de hacer cualquier cosa que sería
una falta de respeto para sus padres, en una habitación con alguien que ellos
creen que es el Creador del Universo,” dice Meloy con una voz entrecortada por
la furia. Esto no es sólo el abuso de un niño, esto es el propio Dios que alega
haberlo hecho.
Hari Sampath, un indio profesional de software que vive ahora en Chicago y que
fue voluntario en el servicio de seguridad del ashram, ha hecho una petición en
la Corte Suprema de la India para que ordenen al gobierno central que investigue
a Sai Baba. Su mayor preocupación son las víctimas de la India de Sai Baba,
quienes usualmente tienen muchos más problemas para hablar libremente que los
occidentales. Durante su tiempo en Prasanthi Nilayam —dijo—, muchos estudiantes
en la escuela universitaria del ashram le dijeron que estaban siendo presionados
a tener sexo con el guru. “Yo he hablado con 20 ó 30 jóvenes que fueron abusados
sexualmente, y eso es la punta del tímpano de hielo. Hay niños de catorce años
que están obligados a vivir en el cuarto de Sai Baba y a creerse que es una
bendición. En la mayoría de los casos, los padres han sido seguidores por 20 o
más años y no les van a creer —dijo Sampath por teléfono desde Chicago—. Los
occidentales no tienen mucho que perder dando ese paso adelante. Los indios
tienen que continuar viviendo entre devotos de Sai Baba fanáticos.”
Sampath también quiere que intervenga el gobierno de los Estados Unidos basado
en que “ciudadanos estadounidense han sabido de este abuso y han estado llevando
a jóvenes estadounidense a Puttaparthi y echándoselos de comida.”
Hasta ahora, las fuerzas en contra de Sai Baba se han apuntado algunas
victorias. Muchos oficiales mayores han desertado. En septiembre del año pasado,
la UNESCO retiró su co-patrocinio de una conferencia de educación en
Puttaparthi, explicando que estaban “profundamente preocupados acerca de las
alegaciones ampliamente reportadas de abuso sexual hacia jóvenes y niños que
habían sido allanadas al líder del movimiento en cuestión, Sathya Sai Baba.”
El año pasado, después de que Conny Larsson, una estrella del cine sueco que
anteriormente había viajado por el mundo hablando de los milagros de Sai Baba,
dio a la luz pública sus reprimidas relaciones sexuales con el guru, la
Organización Sai de Suecia fue cerrada junto con una escuela afiliada a Sai. Un
artículo de portada de la revista semanal India Today reporta que después de un
artículo en el Daily Telegraph de Inglaterra, “El PM de Labor Tony Colman
levantó el caso en el Parlamento. Un ex ministro, Tom Sackville, también enfocó
el caso diciendo: ‘Las autoridades han hecho poco hasta ahora y eso es
lamentable.’ Existe un movimiento ahora para exhortar al gobierno inglés que
emita avisos a las personas que quieran visitar el ashram de Sai Baba.”
Dado a todo esto, uno sospecharía que el número de seguidores de Sai Baba esté
disminuyendo. Sin embargo, cuando uno echa un vistazo por Puttaparthi, parece
haber suficientes convertidos con ojos brillantes como para reemplazar cada
desertor.
El 5 de julio fue un día festivo en el ashram, un día en que Sai Baba se dirige
a sus devotos. Los feligreses comenzaron a pararse en fila desde antes de las
cuatro de la mañana para poder entrar al mandir. Por haber llegado a las 5.15
a.m. tuve que caminar por veinte minutos para llegar cerca del final de la fila
de señoras.
Había mujeres corriendo y empujando en todas las direcciones para poder llegar a
la fila, yo habría sido empujada como 50 metros si no hubiera sido porque una
bonita muchacha india vestida de blanco me haló y me puso en frente de ella. Al
final, después de haber esperado por más de una hora, no logré entrar, y acabé
sentándome afuera del mandir en un gentío de cientos que continuaban empujando
para estar más cerca de la entrada, más cerca de la energía sagrada de su señor.
Muchas de estas personas creen la respuesta oficial de que los cargos son todos
mentiras. Son “completamente falsos —dijo el director de la Organización Sai, un
pequeño anciano que, como todos los otros oficiales indios con quien hablé en la
organización, me pidió que no usara su nombre porque —Aquí nadie trabaja como
individuo. No hay más vocero que Sai Baba.
Él especula que los acusados están motivados por “la envidia y la frustración.
Quizás están muy enfermos y no están siendo curados o tienen deseos que no están
siendo cumplidos.”
El propio Sai Baba, quien casi nunca da entrevistas a los medios, se refirió a
las alegaciones en un discurso el año pasado diciendo: “Algunos devotos parecen
estar inquietos por estas falsas declaraciones. Esos no son verdaderos devotos.
Habiendo conocido el fuerte poder de Sai, por qué le van a temer ‘al ruido de
los cuervos’. Lo que esté escrito en la pared o dicho en mítines políticos, o
los cuentos vulgares expuestos por los medios gráficos no lo debe de afectar a
uno.”
Sin embargo, el supuesto interés del guru en el falo de sus feligreses es ya
como un secreto abierto entre los servidores con antigüedad del ashram. Lo más
espantoso de esta historia no es sólo la evidencia del difundido abuso en uno de
los cultos más grandes del mundo, después de todo, entre la Iglesia Católica
Romana y los Hare Krishnas, ya es raro que uno se sorprenda de encontrar
perversidad en la sombra de la piedad en este tiempo. Lo que también es muy
extraño es que tantos de los seguidores de Sai parecen aceptar que su guru que
predica la castidad, lleve a jóvenes, incluyendo menores, a su privado, les pida
que se bajen los pantalones, los masturbe y en ocasiones exija que le hagan sexo
oral. Ellos creen las historias y creen que él es Dios.
En un ensayo (que aparece on line) llamado Sai Baba and Sex: A Clear View,
un devoto estadounidense llamado Ram Das Awle dice: “Ante todo yo creo que Sai
Baba es un avatar, una encarnación completa de Dios....Y, de acuerdo con lo que
yo he oído y leído, estoy inclinado a pensar que algunas de estas alegaciones
acerca de Baba probablemente sean verdad: a mí me parece posible que Él haya, en
ocasiones, tenido interacciones íntimas sexuales con devotos.” Después de
divagar por varios párrafos, el ensayo llega a la conclusión que Sai Baba toca a
los hombres con el propósito de despertar la energía de su kundalini para
remover un karma sexual previo, y que “cualquier contacto sexual que Baba
haya tenido con sus devotos —de cualquier forma que sea— en realidad sólo ha
sido una potente bendición dada para despertar el poder espiritual en esas
almas. ¿Quién puede decir que eso sea malo? En cambio la verdadera perversión es
llamar ‘abuso sexual’ a esa clase de contacto.”
Según Leland (el norteamericano que era conferencista motivador), “cuando él lo
hace, tiene su propósito.” Leland dice que él conoce a un joven de 15 ó 16 años
al que Baba le pidió que le tocara el “área de sus genitales” durante una
entrevista. “Entonces Baba le indicó que le tocara sus pies. Cuando el joven fue
a mirar hacia arriba, Baba tenía su túnica subida y un tolete, un lingam de
Siva. No sucedió mucho más que eso.” Leland sospecha que tales incidentes son
parte del plan de Sai Baba para diseminar su palabra. “Probablemente más gente
va a saber de uno si existen alegaciones de que uno es un pedófilo que si se
dice que Dios ha encarnado en la Tierra.”
A Sai Baba también se le ha llamado un mago barato. Hasta algunos de sus
feligreses dicen que lo han visto haciendo trucos con sus materializaciones,
aunque para ellos es parte de su juego y su inefabilidad. Sin embargo no hay
nada de amateur en su genio para cancelar la incredibilidad. Haus, el seguidor
suizo, parecía tener una mente abierta y no le molestaba dialogar acerca de los
cargos en contra Sai Baba, pero no los creía. “Yo creo que es una proyección de
los problemas de sus devotos —dijo—. Aquí se oyen muchos rumores, pero para mí
eso no importa. Cuando uno está feliz ¿por qué va a dudar?”. Ahora posiblemente
Haus esté parado frente a las puertas del mandir en este momento, como uno de
los miles de hombres que están esperando una entrevista personal con Dios.
Página creada en Argentina en julio de 2002, actualizada varias veces hasta el
24/4/2004.
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