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OBSESIONES                                                                                                                                                                "... porque, si miramos a nuestro alrededor, parece que el sentimiento de pertenencia a un grupo es un refugio cálido para la debilidad de la razón o los desasosiegos que produce su ejercicio".

German Yanke
 
 MARGA GIL ROESSET                                         
 
NOVEDADES
 
El alcalde de las Rozas, Bonifacio de Santiago, ha comprado el chalet en el que Marga Gil Roesset se suicidó en 1952 por amor a Juan Ramón Jiménez.
 
ENLACES SOBRE MARGA 
 
 
 
DE JUAN RAMON PARA MARGA 
 
 MARGA GIL ROËSSET

Acaso creyó que no vivía a su gusto. ¡Quién puede hacer su gusto! ¡Quizás no podía realizar su obra! ¿Quién puede realizar su obra?. Pero ella no quería términos medios. Y decidió con voluntad suprema, abreviar su vida, realizarla sintéticamente unos tiempos y luego desaparecer ¿o reaparecer? ¿Qué creía? Cuando agonizaba, henchida de viril estertor, vendada la cabeza como una fe, tenía una exaltación serena y fija, voluntariosa que parecía decir: porque he querido.

La tarde siguiente, cuando la llevaban en su caja blanca, ancha y firme, a hombros, carretera de las Rozas, frente a Guadarrama azul y firme, parecía repetir: porque he querido.

Y ya enterrada he pensado que su voluntad de hierro estaba bien contra la tierra, hecha base, fundamento, firme que, si daba una flor, sería flor fuerte, un fuerte gusto áspero, un ala, ala segura.


AURORA

Estará auroreando, primero, sobre ti
el campo seco, Guadarrama rosa;
aún soñará tu tierra gris en esa lucha dulce
del sol que viene y la huidera sombra;
el gorrión  accidental, la fija esquila
gotearán su  son, su pío de la hora.

¡Qué pleneitud, tú en lo definitivo,
fundida a lo que nunca cambiará ya de historia;
estensión de tu yedra, tu nueva vida solitaria
por lo real profundo sin pasadiza forma;
emilla verdadera de lo fijo,
escultura, conciencia
enquistada en la tierra que no se desmorona! ....

(Un momento, en su riel, el alto tren del alba
conducirá sus deslumbrados presos de una pena a otra.)

...¡Tú dentro ya, tú fuera, tú ya libre
el vivo muere, el muerto es inmortal,
sustancia voluntaria para más alta obra!


SIESTA

¡Qué solo suena el tiempo rojo y verde
contra tu comenzada ausencia eterna!

¡En qué arrinconamiento quemado nos dejaste
la superficie material sin tu presencia!

Te llevaste contigo a tu más ser
la identidad de nuestro azul,
la instalación desnuda del anhelo,
el fervor amplio de la estación plena.

(Estoy viendo ascender la rosa que dijiste,
caliente, entre la luz mayor y, a un tiempo, fresca.

Verano y sol aquí encima, sin ti,
un eco frío y una pompa seca)

Ahora será, otra vez primaveral, debajo,
a tu apretado alrededor, tu hora entera.

Hora con radios de tu corazón
centro parado en floración suprema.


ESPACIO

Tu forma se deshizo. Deshiciste tu forma.
Mas tu conciencia queda difundida, igual, mayor, inmensa
en la totalidad.

Y te sentimos
alrededor, en el ambiente pleno
de ti, tu más gran tú.

Nos miras
desde todo, nos sumes,
amiga, desde todo, en ti, como en un cielo,
o en un mar.

LUGAR

Con la tierra, en la inmensa madrugada,
tú; en esa paz sin sed, que no admite cansancio,
tesoro del estar definitivo
bajo el abismo azul sin miedo ni cuidados ....

(Mano, ¡con qué mano segura
te abristes tú la entrada del remanso;
qué bien sabías tú en la sombra, arriba,
que penetrabas en la luz, abajo!)

...Y en lo evidente variable,
por el alrededor, jardín de espera
de caballeros y señoras,
tirito al blanco de la feria vana,
los otros, sí, nosotros, grises, negros,
intentando, tentando, tanteando.

                                 Agosto de 1932

LO DE MARGA

En un sobre cerrado y a nombre de <<Lo de Marga>>, tenía Juan Ramón en Puerto Rico las siguientes cuartillas escritas:

Marga nos tomó como pretexto para <<su historia>>. Pero es tan bello lo que escribió y fue tan valiente y decidida por su imajen, que me parece un crimen (matarlo del todo), una falta de humanidad no dejar en la vida <<su fantasía>>.

MARGA GIL ROËSSET

 Tú sufrimiento, muerta tú,
se ha quedado espandido sobre mí,
como el rojo del sol después de
puesto, por la tarde.
sentimiento sordo, profundo,
concentrado, inmenso, como el rojo
de la puesta de sol en un crepúsculo eterno.

                                   (agosto 1932)
                                    F. de mi V.


Antes, amiga, yo buscaba
en el fulgurador ocaso grana los infinitos suficientes.

Te tendistes, por tu gusto, bajo la
tierra, entre el ocaso y yo,
sangrienta como una puesta loca
de sol retardado en la negra noche.
Ahora tú eres un fijo ocaso, una llama perenne,
un infinito suficiente.
                                     

Fechas de mi voz               (4 de Agosto 1932)


MARGA

Si Marga hubiera tenido tiempo, espacio para soñar, hubiese suplido con aquellas alas, de que me hablaba, la realidad visible. No le quedaba más que realidad visible mejor o peor. No aceptó la peor. Prefirió la realidad invisible.
                                                                                                     Juan Ramón JIMÉNEZ
 
UN ARTÍCULO INTERESANTE 
 
La semana
ESCULTURA
La otra historia de Marga
La historia ya conocida de Marga Gil Roësset atravesó a través de estas mismas páginas de ABC Cultural, en febrero de 1997, el discreto silencio de una familia aún sobrecogida por su drama, sesenta y ocho años después. Apresada entre el dolor y el recuerdo familiares, cautiva entre las memorias y los poemas de Juan Ramón Jiménez y el diario todavía inédito de Zenobia Camprubí, la figura de Marga se alzará libre por fin -con la libertad absoluta que le otorga su propia obra- de las ataduras del trágico desenlace que eligió para sus 24 años de extenuante lucha con la belleza.
La exposición que celebra en Madrid el Círculo de Bellas Artes, a partir del próximo martes, abre una página nueva en la historia del arte español de los años 20 y 30, una página breve pero intensa dedicada a Marga Gil Roësset, a la que la comisaria de la muestra, Ana Serrano, no duda en llamar la Camille Claudel española. Escultora y dibujante autodidacta, arrebatada desde niña por el poder de un talento sin mesura, Marga Gil Roësset luchó a alma partida, en un permanente desafío, contra las potencias geniales que se manifestaban en todas y cada una de sus actividades, contra su propio ímpetu artístico y poético.
Como Camille Claudel antes de ingresar en el manicomio donde murió abandonada por Rodin, Marga Gil Roësset destruyó en su estudio la mayor parte de su obra la mañana en que puso fin a su vida, el 28 de julio de 1932. La exposición rescata un conjunto de dieciséis esculturas originales, en granito, madera y escayola, todas pertenecientes a la familia de Marga salvo un busto de Zenobia Camprubí, propiedad de un hijo de Juan Guerrero Ruiz, el gran amigo y memorialista de Juan Ramón.
El busto de Zenobia, que fue la última obra de Marga, inacabada, sella con algo más que simbolismo la tragedia de la joven escultora, absorbida cruentamente por su fascinación ante el poeta de Piedra y cielo. Marga, que conoció a Juan Ramón en los primeros meses de 1932, cuando éste contaba 50 años, se quitaría la vida para librarse del peso de su amor imposible por el poeta, pero también para zafarse de la inabarcable vitalidad que la arrollaba.
«Marga era como Mozart, porque a ella también la devoró su propio talento», dice Ana Serrano, comisaria de la exposición. «Aunque parezca un disparate, creo que Marga encontró en el amor no correspondido el pretexto romántico para liberarse de aquel duelo del que habló Baudelaire: el de la búsqueda de la belleza, donde "el artista grita siempre horrorizado antes de sucumbir"», dice.
«La exposición es oportuna para que no se siga explotando el morbo sobre su historia final, que es anecdótica. Porque Marga no es un mero episodio en la vida de un poeta célebre, sino que es el poeta el que fue un episodio más en la vida de Marga, aunque fuera el desencadenante de su fin», afirma Ana Serrano.
El recuerdo de Marga ha gravitado siempre sobre sus familiares, aunque hoy sólo vive uno de los que la conoció, su sobrino José María Franco Gil, que a la sazón tenía cuatro años. Hijo del compositor José María Franco Brotons y de la hermana mayor de Marga, Consuelo Gil Roësset, a él pertenecen la mayor parte de las obras de Marga recuperadas para la exposición, heredadas de su madre, que las conservó siempre con tristeza y cariño. Ana Serrano recuerda aún su sobrecogimiento al ver por vez primera desde la calle aquellas esculturas, «ocultas con sábanas como si fueran fantasmas», en la terraza de la casa.
Junto al busto de Zenobia se expondrán otras tres esculturas realizadas por Marga en el último año de su vida: La mujer del ahorcado, Adán y Eva y Los primeros celos. La primera de ellas, pieza clave de la exposición, puede contarse con pleno derecho entre las grandes obras maestras de la escultura española de este siglo, y señala claramente el horizonte genial truncado por la muerte de la artista.
Marga comenzó a esculpir a principios de los años 20. «Su madre la llevó al estudio de Victorio Macho para que pudiera pulir su técnica, pero el escultor la dijo que si la daba clases estropearía su talento», cuenta Ana Serrano. En 1929, el crítico José Francés le dedica una extensa reseña en La Esfera, donde habla de su arte como de «un don del más allá» y donde se interroga por el origen del «afán insaciable de verdad humana» que surge de sus esculturas. «Si se le pregunta a Marga, ella se encoge de hombros y desnuda los dientes en una sonrisa felina». En 1930, con 22 años, Marga participa en la Exposición Nacional de Bellas Artes con una escultura hoy desaparecida, Adán y Eva. La obra de Marga, que se había convertido en la primera mujer que esculpía directamente sobre la piedra, conmociona a la crítica, que la augura sin reparos un futuro de genio de la escultura.
La exposición del Círculo, con obras que se extienden desde 1920, es decir, desde la niñez prodigiosa de Marga, abarca también su faceta de dibujante, la más precoz de su genio artístico. Son 104 dibujos, también propiedad de la familia en su mayor parte, a excepción de unos originales de la Fundación Juan Ramón Jiménez de Moguer.
La mayoría de los dibujos corresponden a ilustraciones de libros en los que colaboraron las hermanas Gil Roësset. Consuelo y Marga, nacidas en el seno de una familia acomodada, eran hijas de Julián Gil Clemente, general de ingenieros, y de Margot Roësset Mosquera, una mujer de gran cultura que se ocupó personalmente de la educación de sus hijos. Rodeadas de un ambiente culto y de la admiración del Madrid de su época por sus talentos, Consuelo y Marga pronto dieron rienda suelta a sus grandes inquietudes literarias y artísticas.
En 1920 publican en la editorial Mateu el cuento El niño de Oro, escrito por Consuelo, que tiene entonces 15 años, e ilustrado por Marga, que ha cumplido 12. Tres años después, las dos hermanas, que dominaban cuatro idiomas, publican en París, en la Librairie Plon, otro cuento, Rose des Bois, que realizaron en 1921. Si los dibujos de Marga en El niño de Oro pueden ser vinculados a la mejor tradición de la ilustración infantil europea, los que realizó en Rose des Bois, con 13 años, confirman la arrolladora genialidad con la que se desenvuelve en el dibujo esta niña autodidacta.
En 1932, con apoyo de Juan Ramón, por entonces asesor de Signo, preparan para esta editorial, en edición bilingüe, el libro Canciones de niños, publicado en 1933, que reúne composiciones con música de José María Franco Brotons y letra de Consuelo, y para el que Marga realiza varios dibujos unos días antes de su muerte. Sus ilustraciones se han despojado ya de todo barroquismo y evidencian un arte esencializado, de una perenne modernidad.
Con esta exposición se cumple un viejo sueño de Consuelo Gil Roësset, que en 1988 pidió a Ana Serrano que pusiera algunas «cosas» de Marga «en un rinconcito» de una exposición que aquella preparaba de su tía y maestra Marisa Roësset.
La que fuera asistente de Pedro Sainz Rodríguez, escritora de cuentos infantiles y editora de libros ya clásicos como los de «Antoñita la fantástica», murió en 1995, a los 90 años de edad, sin ver cumplido su deseo de ver expuesta la obra de su hermana Marga, cuyo olvido y desconocimiento siempre la habían entristecido. A «la luminosa memoria» de Consuelo, figura sin par de la cultura española de este siglo, ha dedicado Ana Serrano la exposición.
P. Corra

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