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A lo largo de nuestras vidas recibimos bendiciones por medio de experiencias espirituales, normalmente muy confidenciales. Esta es una historia real que ocurrió en 1994:
El 22 de Julio iba yo camino a Washington D.C. en un viaje de negocios. Todo era normal, hasta que aterrizamos en Denver para un cambio de avión. Mientras recogía mis pertenencias, escuché un aviso por el altavoz requiriendo al Sr. Lloyd Glenn al teléfono. Mi corazón dio un vuelco, mientras corría hacia el teléfono me preguntaba si sería algo grave. Era una llamada del Hospital Mission desde donde me informaban que mi hijo de 3 años había quedado atrapado bajo la puerta automática del garaje por varios minutos y que cuando mi esposa lo encontró, estaba casi muerto. Un vecino, que es médico, le había dado RCP (Resucitación Cardio Pulmonar) y los enfermeros habían continuado con el tratamiento mientras Brian era transportado al hospital. En ese momento, Brian había revivido y los doctores creían que iba a vivir, pero no sabían cuanto daño habían sufrido su cerebro y su corazón. Me explicaron que la puerta se había cerrado completamente en su esternón, exactamente encima de su corazón y estaba severamente herido.
Casi un mes después del accidente, Brian se despertó una tarde de su siesta y dijo: "Siéntate mami. Tengo algo que decirte." A su edad, Brian generalmente hablaba en pequeñas frases, así que mi mujer se sorprendió de la frase tan larga que usó. Hizo lo que Brian le pedía, se sentó a su lado en su camita y el niño empezó a decir: "Mamá, ¿recuerdas cuando quedé atrapado bajo la puerta del garaje? Bueno, estaba muy pesada y me hacía mucho daño. Te llamé pero no podías oírme. Empecé a llorar, pero entonces me dolía más. Y entonces... ¡llegaron los pajaritos!" "¿Los pajaritos? ¿qué pajaritos? -le preguntó confundida mi esposa "Sí. -le contestó él- Los pajaritos. Hacían un ruido raro y volaron hacia el garaje. Me cuidaron". "¿Te cuidaron?" "Sí, -dijo él.
Uno de los pajaritos fue por ti. Te fue a decir que yo estaba atrapado bajo la puerta." Una dulce sensación de reverencia, fuerte y a la vez más ligera que el aire, llenó el cuarto. Mi esposa se percató de que un niño de tres años no tenía idea de la muerte ni de espíritus, y se preguntaba si Brian se estaba refiriendo a seres que venían del más allá, llamándolos "pajaritos" porque volaban en el aire como pájaros. "¿Cómo eran esos pajaritos?" -le preguntó. Brian contestó: "Eran muy hermosos. Estaban vestidos de blanco, todos de blanco. Algunos tenían verde y blanco. Pero algunos tenían sólo blanco." "¿Te dijeron algo?" "Sí. -contestó- Me dijeron que el bebé estaría bien." "¿El bebé?" -preguntó confundida mi esposa. Brian contestó: "El bebé tirado bajo la puerta del garaje". -continuó- Tú saliste y abriste la puerta del garaje y corriste a donde estaba el bebé. Le dijiste al bebé que se quedara y no se fuera." Mi esposa casi se desmaya al oír esto, ya que, en efecto, ella se había inclinado junto a Brian y al ver su pecho herido y sus facciones, viéndolo prácticamente muerto, miró hacia arriba, alrededor y dijo, "No nos dejes Brian, ¡quédate si puedes, hijo mío! ¡No nos dejes!"
Al escuchar a Brian decirle las palabras que ella había usado se dio cuenta de que el espíritu del niño había dejado su cuerpo y había estado viendo la escena desde arriba. "¿Y qué pasó entonces?" -preguntó ella. "Nos fuimos de viaje. -dijo él- lejos, lejos." Se comenzó a agitar tratando de expresar cosas para las cuales no conocía palabras. Mi esposa trató de calmarlo y confortarlo. El niño luchaba tratando de decir algo que era obviamente muy importante para él, pero el encontrar las palabras era difícil. "Volamos rapidísimo en el aire. ¡Son tan bonitos, mami! -agrego él-. Y hay muchos, muchos pajaritos." Mi esposa estaba impresionada.
Brian nos enseñó que los "pajaritos" siempre están con nosotros, pero que no los vemos porque miramos con los ojos y no los escuchamos porque oímos con nuestros oídos. Pero siempre están ahí, sólo se les puede ver aquí (se puso la mano en el corazón). Murmuran cosas para ayudarnos a hacer lo que está bien porque nos aman mucho. El niño continuó diciendo: "Yo tengo un plan mami. Tu tienes un plan. Mi papi tiene un plan. Todos tenemos un plan. Todos debemos vivir nuestro plan y mantener nuestras promesas. Los pajaritos nos ayudan a hacer esto porque nos quieren tanto."
En las siguientes semanas, con frecuencia repetía su historia en parte o completa una y otra vez. Siempre era la misma historia. Nunca cambió los detalles ni tampoco el orden de los mismos. A veces incluía mas información y clarificaba el mensaje que ya nos había dado. Nunca dejó de impresionarnos al ver cómo podía darnos tanto detalle y como podía explicarse de aquel modo, más allá de su capacidad cuando hablaba de los "pajaritos". A donde quiera que iba, hablaba con extraños sobre los "pajaritos". Sorprendentemente, nadie lo llegó a ver con extrañeza cuando lo hacía. Por el contrario, siempre ponían una cara dulce y sonreían.
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