logotipo

img_google


Lyly
Mis poemas, mi sentir







La segunda luna

Ha llegado la segunda luna,
la que siempre fue portadora de ilusiones;
la he visto esta madrugada, allí,
en medio de algunas nubes.

Esta vez estaba muda,
callada en sus predicciones...
la misma luna que me decía tanto,
la que arrullaba mis noches,
mi canto, la que me traía esas horas
de sueños y esplendores.

La he visto allí, la miré largamente
repitiendo tu nombre, queriendo llegar así,
mucho más allá del horizonte,
mucho más allá de los mares,
más allá de aquellas nubes.

Me miraba indiferente,
brillando en su lejanía,
callando lo que le pasa, ocultando su pena,
refugiada en su tristeza,
como si fuera tu alma ausente.

En esta segunda luna,
han florecido las lilas;
no sentiste a mi lado su perfume
en la amanecida,
ni viste los nomeolvides azules
creciendo en la tierra
que, hasta hace poco, era tan fría.

Como esa luna lejana y muda,
va mi alma dando tumbos...
quisiera de una vez por todas ser un hada
para poder tocar tu frente,
para decirte que no temas,
para darte esa luz que pierdes
entre desesperanzas y noches silentes.

En tu noche que es mi día,
en tus madrugadas que son mis noches,
mira, si puedes, hacia lo alto;
verás en ella un mensaje, sencillo,
pero valiente: no hay noches sin mañana,
las penas no son permanentes,
todo tiene una razón, todo, un equivalente.

Si hoy te invade la pesadumbre,
el dolor que hoy sientes,
mañana será distinto,
habrá un rayo de luz, una esperanza,
un aliciente.

No dejes que la tercera luna te aleje,
atrapa los sueños, envuélvete en ellos,
sentirás la calidez de lo que te falta,
no te alejes,
no te dejes envolver por las sombras,
hay alguien que mira las lunas,
alguien que siente, que, sin darte tú cuenta,
pone suavemente noche a noche,
día a día, la mano en tu frente.









Madre, mira el ocaso

Madre, mira la lluvia
cómo resbala en las flores de Mayo,
puliendo los pétalos, abriendo su aroma;
mira cómo se escucha crecer la hierba;
el ocaso ya llega, madre, y yo aquí, sola,
mirando la tarde.

No madre, no son lágrimas, ¿sabes?
es el rocío de la tarde, el plañido de las campanas,
la primera estrella que asoma,
el color verdoso del cielo,
lo que hace que mis ojos se empañen.

Yo te diré madre, te diré de los ocasos,
llegan cuando no se les espera, de pronto,
cuando pensamos que aún es primavera;
llenan el corazón de flores, tienen olor a tierra,
hacen brotar las rosas y alimentan el alma de quimeras.

¿Escuchas madre,
cómo canta en la fuente
el agua cristalina?
¿Llega hasta a ti el rumor del mar?
¿Sientes como golpean las olas
en su encuentro con las rocas?

Yo las escucho, madre,
en este ocaso de cielo verdoso,
caminando en sueños por la arena
que no está...

Entonces, ¿por qué he de llorar, madre?
No hay razón para ello,
muy bien lo sabes. ¿No me crees?
¿Dices que no hay plañido de campanas?
¿Que no escuchas crecer la hierba?
¿Que es siempre el mismo color del cielo
cada tarde? ¿Y que no es el ocaso,
sino la madrugada?

Si lo sé madre, pero es Mayo
y el rocío se desgrana en las rosas.
No siempre es ocaso en todas las tardes,
hay ocasos que llegan a otras almas,
cielos verdosos a otras vidas...

...y a aquellas que no llegan,
a veces, sólo a veces,
dejan sabor amargo,
sabor a quimeras desvanecidas.





© Lyly
groups.msn.com/MISPOEMASMISENTIR






          






[Frase del día][Relatos][Postales Virtuales][Arco Iris][Midis]

[Actualidad Cultural][Mis premios][Páginas amigas][Anillos]




TUS POEMAS





Envía esta página a alguien especial...

Envía esta página a alguien especial






<BGSOUND src="/avalon8/musica/Pocahontas.mid" loop="infinite">