Los
miembros de la Sociedad de Psiquiatría de La Plata afirmaron que “el
suicidio provoca, sin lugar a dudas, un impacto de primera magnitud
en los individuos y en la sociedad. Es así como en la dinámica psicológica
de los familiares y allegados aparecen sentimientos ambivalentes y emociones
encontradas: dolor, frustración, enojo, culpa, reproches, interjuegan
una presencia estresante y devastadora”.
“No obstante, de todas ellas es la culpa la que adquiere una persistencia
grave, aún incluso en los casos donde esta fatalidad no sea consecuencia
de omisiones o acciones de los protagonistas, como la familia, allegados,
profesionales e instituciones de la salud intervinientes, si los hubiera”.
Los especialistas coinciden en la necesidad de profundizar las campañas
de prevención, para que el círculo íntimo del potencial suicida detecte
los mensajes encubiertos que puedan preanunciar un final trágico.
La mayoría de las personas se sienten deprimidas en algún período de
su vida, pero para algunas estos decaimientos son más intensos y duran
más tiempo.
Aunque no es simple, lo importante es buscar ayuda y estar atentos a
estos síntomas: temperamento deprimido la mayor parte del día, todos
los días. Cambios bruscos de temperamento. Falta de energía y de interés
por la vida. Irritabilidad y agitación. Desequilibrios en el sueño.
Importante pérdida o ganancia de peso. Creencias de inutilidad y culpabilidad.
Dificultad en la concentración. Insensibilidad hacia el
sexo. Pensar en la muerte y la opción al suicidio.
Los profesionales argumentan que rara vez alguien decide suicidarse
sin pensarlo de antemano. En las horas y los días previos hay signos
y advertencias. Los más fuertes e inquietantes son verbales: “No puedo
seguir adelante”, “Ya nada me importa” o incluso “Estoy pensando en
acabar con todo”.
Estos comentarios hay que tomarlos siempre en serio. Befrienders International
es una fundación compuesta por una red de centenares de centros de ayuda
al suicidio en todo el mundo. Según indican, existen determinadas situaciones
que pueden llevar a una persona al suicidio. “El abuso sexual o físico,
un historial familiar de suicidio o violencia, el fallecimiento de un
amigo íntimo o miembro de la familia, el divorcio o separación marcando
el fin de una relación, pobres resultados académicos, pérdida del trabajo,
procesos legales inminentes, encarcelamiento reciente o próxima excarcelación”.
Dos cartas
El profesor platense Héctor Rubén Guardia se suicidó en Mendoza el pasado
26 de diciembre, al parecer, por problemas familiares. Fuentes policiales
señalaron que el profesional ingresó a una armería, y tras comprar un
arma se mató adelante del vendedor. Héctor Rúben Guardia tenía poco
más de 40 años, y era muy querido en la comunidad educativa platense.
Fue profesor de historia, y se recibió de locutor nacional en el ISER
de La Plata, en diciembre de 1999. Un año más tarde concursó un cargo
y lo ganó transformándose en el profesor de Oratoria de los alumnos
de la carrera de locución. Según fuentes policiales, la víctima dejó
dos cartas explicando los motivos de su decisión. Pero el contenido
de las mismas quedó bajo el hermetismo de los investigadores y familiares.
Un
mal que afecta al mundo
Los datos mundiales sobre el suicidio son realmente alarmantes. La división
entre países desarrollados y subdesarrollados, contrariamente a lo que podría
pensarse, no conlleva una diferencia estadística en detrimento de los segundos.
Según datos estadísticos, el suicidio es la octava causa de muerte en el
mundo desarrollado. Unas 2000 personas se suicidan diariamente; 80 por hora
y 750 mil al año.
Estados Unidos, potencia mundial y paradigma del triunfo del avance tecnológico
y desarrollo científico, presenta números no tan alentadores: allí, una
persona tiene más probabilidad de suicidarse que de ser asesinado, ascendiendo
las muertes por suicidio 12,5 por cada 100 mil habitantes.
En nuestro país, alrededor de 2.300 personas terminan con su vida cada año.
Los hombres tres veces más que las mujeres (1.755 contra 494).
El trabajo de un profesional se vuelve fundamental. Los registros oficiales
sobre este tema arrojan a la luz datos que evidencian la importancia de
la ayuda profesional: casi un treinta por ciento de los suicidas consultó
a un médico dentro de las 48 horas anteriores al suicidio y más del 60%
lo hizo los últimos 50 días de su vida.