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Apuntes
para la relación Policía y Comunidad
Por Raúl Marcelo Cheves rmcheves@way.com.ar www.way.com.ar/rmcheves
I. Introducción.
Fortalecer las relaciones con su mandante que es la Comunidad, es un tema
central, al cual nos dedicaremos muy especialmente. Por ello, veremos
algunos aspectos a tenerse en cuenta, que representan las bases de la
Policía Comunitaria, una propuesta y práctica necesarias,
que en términos generales no son nuevas en Latinoamérica,
sino olvidadas y/o relegadas a un segundo plano.
Pero esta Policía Comunitaria, para no quedar fuera de contexto,
aislada y fracasar; debe accionar en el marco de toda una Gestión
Comunitaria en Seguridad, que implica la integración de su personal
como la disposición de sus medios, en los programas de trabajo
con participación (que no necesariamente son los foros o consejos
vecinales), tendientes a la reducción de la vulnerabilidad social
de la población, fundamentalmente aquélla en especial y
delicada situación de riesgo. Esto es muy importante para el cumplimiento
eficaz y eficiente de su misión, pues le brindará una progresiva
asociación con el grupo sociocomunitario de pertenencia que le
da origen, legitimidad y sustento.
II. Cuadro
de Situación.
Se:
o Acercará la Institución policial a los barrios.
o Fortalecerá la confianza del vecino con la Policía.
o Facilitará la llegada del vecino a la autoridad policial.
o Receptarán las inquietudes vecinales para el futuro accionar
policial. Unidades de asesoramiento.
o Construirán modelos de prevención del delito, acordes
con cada barrio.
o Cumplirán tareas de supervisión y no exclusivamente de
represión.
o Transformará el Perfil del Policía Típico real
en ideal. Persona situada.
III. Profundización.
Las relaciones con la comunidad es una de las principales funciones que
la policía debe llevar a cabo para la prevención del delito
y la protección ciudadana. Por ello estarán convenientemente
programadas y formando parte importante de la planificación general
de cada agencia policial.
La Policía debe abandonar su tradicional aislamiento y abrirse
a la Comunidad, desde una modificación edilicia de sus bases operativas,
transformándolas en dependencias más receptivas a la concurrencia
de los vecinos y no exclusivamente para la entrada y salida de delincuentes,
hasta una fluida vida de relación entre los vecinos y sus funcionarios.
Y esto se logra, caminando por los barrios, conversando con la gente,
conocerla y demostrarle que una de las formas de prevención del
delito es también reconocerse como parte, y estar para velar por
ella.
Los titulares de estas dependencias, responsables de la protección
ciudadana, se apoyarán en las diferentes entidades, asociaciones,
clubes, etc., de cada barrio, llegando inclusive a considerar la posibilidad
o necesidad de fijar periódicamente su despacho en las mismas para
escuchar y receptar las inquietudes y opiniones vecinales, respecto al
accionar policial como para la ejecución de medidas.
En su condición de operador de contacto y referencial, la policía,
representada por sus funcionarios que cumplen servicios en las diferentes
dependencias, participará inexcusablemente de las actividades escolares,
sanitarias y/o vecinales en general como parte misma e importante de su
función policial cotidiana. Recíprocamente, tiene necesariamente
que compartir y hacer conocer algunos aspectos de su vida y labor institucional
con los escolares; autoridades de educación, de la salud, de las
organizaciones no gubernamentales como de los vecinos en general, mediante
reuniones regulares de carácter social.
De esta manera, se irá construyendo el despliegue policial barrial
que ya no será de diseño policial exclusivo sino producto
de la interacción con los vecinos e instituciones intermedias,
permitiendo la puesta en marcha de un modelo diferente de prevención,
en función de cada área, flexible y sustentable.
Entonces, los vecinos, per se o, a través de sus distintas asociaciones
barriales o profesionales, además de comprobar el fácil
acceso a la Policía, se constituirán en sus potenciales
unidades de asesoramiento con lo cual, fortalecerán también
su confianza.
Recuerdo que a fines de 1993, un colega de Policía me solicita
al menos un ejemplo de cómo llevar a la práctica la tan
aparentemente teórica relación Policía-Comunidad.
La respuesta fue inmediata y le dije entre otras alternativas:
1) ¨... se puede comenzar con la elección de una escuela primaria
del área de responsabilidad; tomando contacto con su autoridad
y para su próximo festejo escolar, enviar la bandera con el abanderado
y la escolta de la dependencia policial a los actos que correspondan.¨;
2) ¨... se selecciona personal de la dependencia para que periódicamente
tome contacto en aula con los chicos de la escuela y en conjunto conversen
sobre temas de seguridad.¨;
3) ¨... nada impide que al menos una vez por semana o mes, o periódicamente,
el titular de la dependencia policial constituya despacho en diferentes
sociedades de fomento de su ámbito de responsabilidad para atender
a la gente y resolver desde el mismo terreno o al menos contener, los
problemas que se le planteen y/o la realización de trámites
varios con el propósito de evitar su concurrencia a la dependencia
policial.¨;
4) ¨... indicarle al personal policial que en oportunidad de patrullar
los barrios, se detengan con frecuencia a conversar con la gente y responder
sus preguntas.¨;
5) ¨... concientizarse que el lugar del funcionario policial es preponderantemente
en la vía pública y en permanente contacto con la comunidad
y no en los despachos u oficinas de las dependencias policiales.¨.
Cada dependencia policial conocerá su real Perfil del Policía
Típico, elaborado profesionalmente y que en la mayoría de
los casos no se ajusta a las necesidades comunitarias ni a las institucionales
pero que es remediable. A partir de lo señalado, la interacción
con los vecinos dará pautas de orientación que permitirá
convertir ese perfil real, en el ideal para que los funcionarios policiales
sean verdaderamente personas situadas, es decir, quienes están
compenetradas con el espíritu comunitario, brindándoles
una eficaz y eficiente protección a la vez que colaborando en su
desarrollo y progreso. Tradicionalmente ha imperado un perfil policial,
que nos muestra a un funcionario recio y duro como osadamente agresivo;
claro, tiene que responder al modelo hegemónico, donde el ciudadano
común, o es delincuente o puede serlo con lo cual le permitirá
actuar en un espectro de permanente desconfianza (que por supuesto; fue,
es y será recíproca); pero en realidad necesitamos y pretendemos
que nuestro agente policial, sea una persona de notable sensibilidad y
receptiva, para actuar fácil y convenientemente en un tejido social,
donde la población en general puede ser víctima del delito,
o si lo es, responder con suficiente capacidad de contención para
reconfortarla.
Muchos barrios en América Latina se han organizado en torno a su
necesidad de seguridad integral y ante la persistente conducta delictual
y la desidia oficial, en particular, la policial. Aunque no sea novedosa,
la constitución de foros, asambleas o consejos barriales, orientados
a la seguridad y conformados a nivel ciudad, es sin lugar a duda una medida
necesaria que el Estado debe fomentar pero sin desgastar, como instrumento
independiente y de apoyo a la gestión legislativa, a la vez que
permite el conocimiento de la realidad criminológica y de las posibilidades
del sistema policial. Muchas experiencias de esta clase, no tuvieron éxito
pues manifestaron un componente ideológico muy fuerte y emparentado
con las fuerzas políticas locales de cada país, tanto del
oficialismo como de la oposición que desvirtuaron su cometido pues
se dedicaron a lograr espacios de poder, llevándolas al fracaso.
Ahora bien, debe tenerse también en cuenta, que nada impide, mediante
un pensamiento analógico, la constitución de foros de asistencia
a la gestión gubernamental con incumbencia en diferentes áreas
de interés de la sociedad, como foros de salud, foros de educación,
foros de trabajo, foros de acción social, etc.
Cuando la gente se agrupa alrededor de un tema de interés, mediante
un foro, asamblea o consejo por ejemplo, es fundamentalmente porque no
tiene respuesta oficial que la satisfaga acerca del mismo, y consecuentemente,
existe algún sector del Estado que no esta funcionando como debiera.
Esto quiere decir, que el ciudadano no está recibiendo respuestas
ni representado convenientemente por quienes integran los cuerpos legislativos
de nivel local, provincial-estatal o nacional; por lo cual, amerita un
compromiso oficial de seriedad donde no cabe la mentira o el juego con
la comunidad, a la vez que cumplirse con las pautas que ésta fije,
a través de tales consejos o foros y que éstos, no sean
convertidos en la excusa estatal, ante su ineficacia de combatir el delito,
de pretender que el vecino, además de llevar a cabo estos trabajos
adicionales que implican el sacrificio de su descanso y tranquilidad,
se haga cargo de una cuota importante de responsabilidad que no le corresponde.
Entonces, los requerimientos formulados objetivamente por los vecinos
como por ejemplo, en materia de personal policial, medios logísticos,
etc., no deberán sufrir demoras bajo la excusa de no contarse con
las partidas presupuestarias, porque en ello debió pensarse antes
de haberlos convocado. Promover una convocatoria y constitución
de foros o consejos comunitarios, ya sea por el tema de la seguridad o
por cualquier otro, para luego no cumplirse con las exigencias y requerimientos
que éstos formulen, provocará una situación por demás
frustrante y de peores dimensiones que aquélla por la cual los
convocara.
Tampoco se propondrán y alentarán fáciles medidas
salvadoras, sobre todo en períodos preelectorales como son las
innecesarias creaciones de nuevas dependencias policiales, en cuyos funcionamientos
se citan sentimientos e intereses comunitarios, pero que en la realidad
y generalidad, no van más allá de la letra de la norma que
las contempla, debido a la carencia de recursos que en el mejor de los
casos, se obtienen segregándolos de otros elementos policiales.
Por otra parte, estas creaciones por corresponderse con el perimido esquema
de la eliminación de oportunidades por saturación de objetivos,
no guardan relación con la disminución de la delincuencia
con lo cual sostenemos que podrán construirse todos los elementos
policiales que el presupuesto oficial y/o la ayuda comunitaria permitan;
pero, si no se atacan las causas generadoras del delito, virtud a un sistema
integrado de seguridad, además de una mala inversión financiera,
el sentimiento de inseguridad de la población será incontenible.
Muchas agencias se encuentran colapsadas en virtud de sostener un despliegue
operativo estático y atomizado por la cantidad innecesaria de elementos
policiales, cuando el futuro accionar policial no pasa por estos asientos
fijos sino por la dinámica planificada de sus potencialidades humanas,
logísticas y tecnológicas.
Ahora bien, en este esquema, es conveniente que los funcionarios policiales
cumplan preponderantemente tareas de supervisión social, además
de las tradicionales tareas de represión del delito; y en esto,
la estética cumple un papel preponderante. El funcionario policial,
en sus relaciones con la comunidad para la prevención del delito,
mantiene un cotidiano contacto, que lo convierte en su referente; su presencia
y porte, su manera de pararse y caminar en la vía pública,
su forma de contestar preguntas o de dirigirse por señas o palabras
a las personas, su uniforme en cuanto a diseño, conservación
y uso como el colorido, estado y mantenimiento de sus auxiliares logísticos
(vehículos patrulleros, por ejemplo); es decir, su conducta y equipo
en general; son partes fundamentales de tales actividades. El funcionario
policial debe ser ante todo una persona con corazón y sentir a
la gente y que ésta lo sienta a él como su protector, debe
ganar su confianza y dejar de ser alguien inalcanzable o misterioso de
quien se tiene reservas o temor al contacto. Por ello, la organización
policial resguardará celosamente, mediante una adecuada capacitación
y contralor, el manejo integral de la estética y las formas de
relación pública, personal e institucional, por parte de
sus agentes en todo momento y circunstancia del devenir comunitario, a
la vez que evitará el deterioro o mal estado, la multiplicidad
y diversidad de colores tanto en los uniformes como en los auxiliares
logísticos, dado que inciden negativamente en la opinión
de la población, la cual construye y define la imagen personal
del profesional policial como la institucional, en función de tales
presupuestos. Asimismo, esta diversidad en el vestir profesional, produce
algunos inconvenientes en la rapidez que los administrados tienen que
poseer para la identificación de quienes son sus servidores policiales
y por otra parte, se pierde el concepto de uniformidad.
IV. Corolario.
Las relaciones Policía y Comunidad se apoyan necesariamente en
las relaciones existentes entre Estado y Comunidad. En vano sería,
promover y aún llevar a la práctica, políticas institucionales
para mejorar la proyección comunitaria de la Policía; dentro
de un espectro social deteriorado y en donde los diferentes gobiernos,
impulsan y/o carecen de políticas de desarrollo o fomentan modelos
de exclusión que, además de generar reclamos y conflictos,
los mismos se dirimen y concluyen generalmente con la solución
estatal de enfrentar en la vía pública, a la policía
con su gente.
Dicho esto, deben constituirse en el pilar fundamental en toda Planificación
Policial y orientadas a evitar que desde ningún concepto, los vecinos
ante su desesperación por estar o considerarse desprotegidos, adopten
actitudes o ejecuten acciones de índole policial de impredecibles
consecuencias. Estas acciones, van conformando una política criminal
informal y de hecho sumamente perjudicial para el bienestar social, dentro
del cual se ubica la seguridad. Una típica medida es la compra
de armas de fuego por los particulares que deriva en su portación,
exhibición y uso, circunstancia que debe neutralizarse severamente
a la vez que generar un programa de recuperación del armamento
en poder de la ciudadanía.
Referencia
Bibliográfica.
Cheves, Raúl Marcelo; Policía en naciones Unidas II, Segunda
Edición Actualizada (2000).
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