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UN
PEDIDO PARA SALIR A TRABAJAR
La mujer con la mayor condena de la historia quiere salir de la cárcel
- Es Claudia Sobrero, condenada por matar al dibujante Lino Palacio y
su mujer. Detenida en 1984, a los 21 años, el fallo de un juez —hoy apelado—
le permitiría avanzar hacia las salidas transitorias
17
de marzo 2002 - En 1989 la Justicia la condenó a reclusión perpetua
más la accesoria por tiempo indeterminado, el castigo más grave del Código
Penal. Nunca antes, ni después, en nuestro país se sentenció a una mujer
a una pena igual. Tenía 27 años y desde los 21 estaba encerrada en el
penal de Ezeiza por un crimen que conmovió al país: mató a golpes y puñaladas
al dibujante Lino Palacio —creador de Don Fulgencio, entre otros personajes—
y su esposa, ambos de 81 años.
Hoy a casi dos décadas de los asesinatos —ocurridos la noche del 14 de
setiembre de 1984— Claudia Sobrero sigue en Ezeiza. Con 39 años, una conducta
calificada como "ejemplar" y la carrera de sociología a punto de concluir,
quiere que le permitan salir de la prisión para ir a trabajar y visitar,
aunque sea unas horas, a su familia.
Sobrero tiene dos hijas. Con una —que tuvo de adolescente, durante su
primer matrimonio— mantiene contacto. La otra nació en 1982 cuando formó
pareja con Jorge Palacio Zorrilla de San Martín. "El Gordo", como ella
le decía, era nieto de Lino Palacio y fue quien le dio la llave del departamento
del dibujante, que Sobrero y dos cómplices usaron el día del crimen. Para
dar un primer paso hacia las salidas transitorias, Sobrero ya cuenta con
un fallo a favor. Lo firmó el 31 de enero el juez de ejecución penal Néstor
Narizzano, quien consideró que, en su caso, correspondía suspender la
aplicación de la "accesoria de reclusión por tiempo indeterminado", establecida
en el artículo 52 del Código Penal y fijada en la sentencia.
El planteo del juez cuenta con el aval de seis informes positivos del
Servicio Penitenciario Federal, un estudio del Cuerpo Médico Forense y
una recomendación de la Procuración Penitenciaria. Sin embargo el futuro
inmediato de Claudia Sobrero todavía está en discusión.
El fallo de Narizzano fue apelado por el fiscal de Ejecución Oscar Hermelo.
Y ahora es la Cámara de Casación la que debe dar la opinión final. Allí
el debate no será sencillo: además del caso particular, el planteo de
Sobrero reabre una polémica sobre la aplicación del artículo 52.
Para algunos esta norma es inconstitucional porque establece una pena
que en realidad no tiene límite. Para otros —entre ellos la Cámara Nacional
de Casación y Corte Suprema— simplemente debe encararse como una medida
de seguridad, un recaudo para resguardar a la sociedad, que puede suspenderse
si la peligrosidad del condenado se revierte.
Luego de estar más de 17 años encerrada, Sobrero hace tiempo que debía
pasar, (dentro del régimen penitenciario) de la fase de "confianza" a
la de "prueba", evolución indispensable para acceder a las salidas transitorias.
Pero uno de los requisitos para lograr este avance es no tener una condena
con la accesoria del artículo 52. Por eso para Sobrero es clave lo que
en los próximos meses resuelva Casación.
El juez Narizzano detalla en su fallo el debate jurídico sobre la accesoria
por tiempo indeterminado y concluye que, para él, se trata de una "medida
de seguridad" y, como tal, en el caso de Sobrero debe ser suspendida.
Entre otros elementos, aporta un estudio que le hicieron a la mujer los
médicos del Cuerpo Forence. "Se observan en la interna significativas
modificaciones de su funcionamiento mental, con sentido positivo, respecto
al funcionamiento constatado en la época del delito por el que fuera condenada",
dice el informe médico.
Los forenses agregan: "Por ello podemos observar ahora la desaparición
de la anarquía vital, del desorden mental, de la toxicomanía, la irresponsabilidad,
la impulsividad. En este sentido los índices de peligrosidad se han revertido".
"Fuimos a robar. Yo abrí la puerta, estaba pasada de LSD. Fue terrible.
Nadie puede culparme tanto como yo misma, pero no necesito que me hagan
pagar más. Acá ya pasé de todo, hasta contagiarme de HIV", le dijo Sobrero
a la Revista Viva el año pasado. Por entonces ella y otras presas fueron
entrevistadas por su exitoso trabajo en el taller de serigrafías de la
cárcel de Ezeiza.
"El otro día recordaba la Plaza San Martín. La vereda ancha, los árboles
, los juegos, el olor del pasto... es increíble las defensas que uno tiene.
Siempre digo: no me voy a olvidar", contó en esa entrevista.
La idea del asalto del 14 setiembre de 1984 —que terminó con la vida del
matrimonio Palacio— era saquear la caja fuerte del departamento de la
Avenida Callao al 2000. Sobrero y dos amigos entraron a la casa del dibujante
pensando que éste y su esposa estaban pasando unos días en Mar del Plata.
Pero se equivocaron. Lino Palacio estaba allí. Lo apuñalaron y golpearon
hasta la muerte, igual que a su esposa.
El grupo estaba tan drogado que del departamento de Callao se fueron a
jugar al pool. Sobrero fue detenida pocos días después en Tucumán. La
había incriminado su ex pareja, el nieto de Lino Palacio.
En 1986, aprovechando un apagón, Sobrero logró fugarse del penal de Ezeiza.
Pero la Policía la encontró a los tres días. Se había alojado en un hotel
barato de Mar del Plata, de donde era su familia. Desde entonces no pisa
la calle. En su celda terminó el secundario y curso la carrera de sociología.
Allí espera ahora una nueva decisión de la Justicia.
Un recuerdo para Lino Palacio
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