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ANIVERSARIO: 15 AÑOS DE LA MUERTE DE LINO PALACIO
Un recuerdo para el dibujante "que no tuvo infancia"
El creador de Don Fulgencio empezó a publicar a los 16 años. Tenía un
humor transparente y universal
Una persona que hace reír al mundo en un momento tan
caótico ya se ganó un lugar en el Olimpo", le ecribió el ministro de Defensa
inglés Hore Belisha a Lino Palacio, luego de descubrir las caricaturas
políticas que el dibujante publicó durante la Segunda Guerra Mundial.
Y así fue. Mañana se cumplen 15 años del asesinato del creador de Don
Fulgencio, y sus personajes fueron protegidos por la mejor deidad: la
memoria popular.
Palacio publicó su primer dibujo -el de un atleta que había ganado una
competencia- en La Razón a los 16 años y estaba tan ansioso por
verlo publicado que fue hasta el taller del diario y desde una ventana
espió cómo lo imprimían.
Desde entonces trabajó también para publicaciones como Atlántida,
El Hogar, Caras y Caretas, Don Goyo, Mundo Argentino
y el diario La Prensa, donde dirigía el suplemento infantil. Durante
50 años tuvo a su cargo las tapas de Billiken.
"Su padre es uno de los mejores dibujantes del mundo", le dijo el mismísimo
Walt Disney a Faruk -el hijo, también humorista, de Lino- en una oportunidad
en que se encontraron en los Estados Unidos.
A lo largo de más de tres décadas, Palacio se dedicó también a la publicidad.
Fueron suyos eslóganes en algún tiempo famosos como "Peines Pantera peinan
la vida entera"; "No señor, me me callo. Exijo aceite Gallo" -cuyo logotipo
es todavía el que usa la empresa-, o "No se quede con las ganas. Fume
un Caravana".
En cierto sentido, los mecanismos que vuelven efectivas estas frases son
los mismos que aplicó en ese humor transparente y universal -apoyado
en lo visual y en lo lingüístico- del que Palacio fue exponente con sus
historietas, a partir de los 30.
Don Fulgencio, Ramona, Avivato, Cicuta, Doña Tremebunda exhiben un único
y ensamblado rasgo de personalidad: o son inocentes, o torpes, o malos,
o demasiado vivos. Son o no son, porque fuera de esa característica física
o moral carecen de existencia. Y así se presentan: de cuerpo entero.
Coherentes dentro de esa unilateralidad, estos personajes de gráfica original
-pies chiquitos y tobillos finitos, torsos estáticos y espaldas ahuecadas-
causaban gracia justamente por esa previsibilidad.
Quizás los gags causen ahora menos efecto; más que los chistes sobrevivieron
los personajes. Incluso muchos de los que no leyeron las historietas,
le dicen Don Fulgencio a un grande con actitudes de chico: "El hombre
que no tuvo infancia".
"La tradición Palacio descansa en esos pilares pop que son los personajes
-explica Alan Pauls en La infancia de la risa-. Don Fulgencio,
Ramona y Avivato, entre otros, son a esta altura, menos criaturas gráficas
del humor argentino que sus conceptos paradigmáticos: la fulgencidad,
la ramonidad, el avivatismo".
Nacido en 1903, el dibujante -como su personaje- no tenía edad. Según
decía, se había plantado en veinte, al salir del servicio militar. "Don
Fulgencio sigue viviendo en mí, todos los días cuando me encuentro ante
alguna situación inesperada y pienso qué hubiera hecho en mi lugar el
personaje. Me pasa a veces que doy alguna respuesta que sé que no es mía,
sino de él. No se asombre, entonces, si un día me ve por la calle pateando
una caja de fósforos." En los últimos años de su vida, el humorista logró
cumplir un sueño: dibujar un mazo de cartas donde el rey de copas aparece
borracho. Y hasta hacerse tiempo para crear óleos, collages y esculturas.
El 14 de setiembre de 1984, tres ladrones entraron al departamento donde
vivía con su esposa, Cecilia Pardo de Tavera, y asesinaron a la pareja.
Un final que el dibujante ni siquiera le hubiera permitido al malvado
de Cicuta; si hasta Don Fulgencio perdió ese día la inocencia.
JUDITH
GOCIOL, Clarin Lunes 13 de setiembre de 1999
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