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WALTER
OLMOS (1982-2002)
Apadrinado
por Rodrigo, en 1998 comenzó a transitar el camino de la fama. Su primer
disco, “A pura sangre”, vendió 45 mil unidades en un mes y,
el año pasado, se consagró como el sucesor de El Potro al reunir unas
20 mil personas en los dos shows que dió en el Luna Park.
Todavía
estaba internado en el Hogar Tutelar de Menores de Catamarca, cuando tuvo
la idea de hacerle una promesa a la Virgen: “Si me hacés cantar,
te doy diez pesos”. Sabía que lo que pedía era un verdadero milagro
y por eso estaba dispuesto a ofrecer todo a cambio. Para ese chico de
la calle, ofrecer diez pesos era como entregar su vida entera. Porque
en ese momento Walter Olmos ni siquiera se atrevía a pensar en un futuro.
Mucho menos, a soñar con el éxito y la gloria que finalmente la Virgencita
del Valle le concedería como regalo.
Unos años antes del día en que pidió por su milagro, Walter había empezado
a cantar. Y, por sobre todas las cosas había descubierto que nada en el
mundo le gustaba más que cantar. A los 16 años pasó a formar parte de
una pequeña banda que le permitió conseguir algo de comida a cambio de
sus canciones. Al tiempo, ingresó a Los Bingos, un grupo catamarqueño
que desde hacía treinta años hacía música de cuarteto. “Ahí sí ya
le pude pagar a la Virgen los diez pesos que le había prometido”,
contaba Olmos al recordar sus comienzos. “Pero fue recién cuando
conocí a Rodrigo que mi nombre empezó a sonar más allá de mi ciudad”.
"Fue
recién cuando conocí a Rodrigo que mi nombre empezó a sonar más allá de
la ciudad donde nací..."
Ese día, Rodrigo había dado uno de sus shows en un bar de Catamarca. Pero,
en vez de irse ni bien terminó de cantar, quiso quedarse un rato más en
el lugar. “Yo estaba sentado a la mesa de una radio que estaba transmitiendo
desde adentro del boliche y justo pusieron un casette con un tema mío”,
contaba Walter Olmos. “Era “Por lo que yo te quiero”.
Y él preguntó quién era ese que cantaba como La Mona Jiménez pero que
no era La Mona. Le dijeron que era Walter, un pibe de acá. Me felicitó
por el tema y después me propuso que me fuera con él para hacer el tema
juntos. Así empezó. Primero fuimos a Tucumán y después a Córdoba. Era
la primera vez que yo salía de mi provincia. Rodrigo era de Córdoba y
ahí hay miles de chicos que hacen cuartetos y él fue a elegir justo a
un pibe de Catamarca, de donde nunca se pensó que podía salir un cuartetero”.
Apadrinado por Rodrigo, Walter Olmos desembarcó en el mundo de la popularidad
y la fama a través de su presentación en las bailantas y clubes del interior
del país, y de la salida de su primer disco, “A pura sangre”,
que en apenas un mes vendió 45 mil unidades. En seguida, los fanáticos
del cuarteto vieron en él a un posible sucesor de El Potro y esa presunción
pareció hacerse realidad cuando el mismo Rodrigo lo señaló como su heredero,
distinción que Olmos agradeció pero que nunca terminó de aceptar: “Está
bien lo de El Elegido, pero nada de ser el sucesor o el heredero, yo pienso
que nadie es heredero de nadie. Rodrigo es único, la Mona es único y yo
quiero ser único. Hay gente que lo piensa de otra manera y yo lo sé, pero
creo que el único heredero que tiene Rodrigo es su hijo”.
Convertido en la nueva estrella del cuarteto, su imagen empezó a aparecer
en las páginas de los diarios y revistas sin que eso alterara su esencia.
A pesar de ser una cara conocida Walter seguía con su costumbre de viajar
en micro desde se Catamarca natal para estar en contacto con la gente.
“Lo mío es la calle”, decía. “Eso está adentro mío.
"Rodrigo
estaba sentado a la mesa de una radio y justo pusieron un tema mío. Era“Por
lo que te quiero”. Y él preguntó quién era ese que cantaba. Le dijeron
que era Walter, un pibe de acá. Me felicitó y me propuso hacer un tema
juntos. Así empezó..."
Lo primero que hago cuando viajo a Catamarca es irme a la calle y perderme
un poco por ahí. Tengo a mi familia, a mis hermanos, pero después de estar
con ellos me voy a la calle. Ese es mi lugar”. Dispuesto a ayudar
a los que lo necesitaban, solía ponerle el oído a quienes querían contarle
sus problemas y anotaba sus números telefónicos en su agenda con la intención
de hacerles llegar su ayuda. “Casualmente venía hablando con un
flaco que se hizo un trasplante de corazón y me contó que está organizando
un evento a beneficio de los trasplantados. Quiere invitar a cantantes
famosos y le dije que cuente conmigo”,decía Walter Olmos una tarde
de sábado sentado a la mesa, en la casa de su novia Vanesa. Su figura
también empezó a aparecer con frecuencia en distintos programas de televisión,
incluida la telenovela “PH” y el ciclo de Nicolás Repetto,
“Sábado Bus”. “Fui como un chico de la calle, no como
Walter Olmos, el cantante. Todos los que van al programa de Nico son gente
de plata”, contaba días después el cantante cuartetero. “Y
hay muchos de esos que tienen y de pronto no ayudan a los chicos de la
calle o a la gente que necesita. Me sentí muy orgulloso de haber estado
a la par de esa gente porque muchas veces a los que están en la calle
los asocian a la marginalidad, al robo, y no los sacan de ahí. Yo quería
demostrarles como alguien que fue un chico de la calle puede estar tranquilo,
comiendo y brindando. Y lo hago porque creo que un chico de la calle puede
estar iluminado para llegar donde quiere llegar. Yo esa noche en lo de
Nico era un chico de la calle que estaba ahí, sentado hablando, comiéndose
su guiso”.
"A
los 16 años Walter Olmos decidió formar parte de una banda que improvisaba
temas cuarteteros en un bar de Catamarca a cambio de comida. De origen
humilde y dueño de un carisma especial que lo llevó rápidamente a la cima
del éxito, el cantante debió lidiar siendo apenas un adolescente con el
imperceptible límite del precio de la fama..."
Hace dos años, Rodrigo murió trágicamente en un accidente automovilístico
y la música de cuarteto pareció quedar huérfana. Había quedado un lugar
vacío y, aunque muchos se lo disputaban, ningún músico terminaba de hacerlo
suyo. Hasta que Walter logró conquistarlo.
A pesar de su resistencia a ser considerado como el sucesor de Rodrigo,
el público lo consagró como tal el año pasado, cuando unas 20 mil personas
fueron a escucharlo al Luna Park, el escenario que lo catapultó hacia
la fama definitiva. Esas noche, el público se dividía entre los que llevaban
la remera celeste con la leyenda “No se olviden de Rodrigo”
y los que tenían puesto el gorrito con la cara de Olmos. Sin embargo,
ni siquiera después de haber alcanzado semejante logro, amenazó con olvidar
su historia ni con dejarse enceguecer por las luces de la fama. “¿En
qué me cambió el éxito? En nada. Soy el mismo negrito de siempre. No necesito
guardaespaldas para caminar porque me crié solo en la vida. Sé cómo defenderme.
Distingo cuando alguien se me acerca por interés y cuando lo hace por
necesidad. Canto desde que tengo ocho años y ahora que tengo éxito sigo
siendo el mismo. Jamás me compraría una pulsera de oro, porque eso ni
me va ni me viene. Lo mejor que me dio la popularidad es el cariño de
la gente y sus aplausos. Porque yo vivo de esto. Cuando se dicen cosas
que me hacen mal, me da ganas de dejar todo. Pero en seguida me recupero
. Porque es la gente la que me da ganas para seguir adelante. Tengo salud,
amigos y una familia, por eso me considero el tipo más feliz de la Argentina.
Porque podés tener toda la plata del mundo pero si te enfermás feo, la
plata no sirve para nada. No hay plata que alcance cuando no estás bien.
Por eso, no me parece lo más importante”, confesó Walter Olmos hace
unos meses. “Además, estoy convencido de que esto no va a ser para
siempre. Lo sé”.
Revista
Caras, Edición del 9 de septiembre de 2002. |
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