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La
libertad del padre Grassi está vigilada por una monja
Tras
29 días preso logró la excarcelación condicionada pero sigue procesado
por abuso deshonesto
Es
una libertad con condiciones, pero libertad al fin. El sacerdote Julio
César Grassi, detenido por presunto abuso sexual y corrupción de menores
después de un informe de Telenoche Investiga (canal 13), quedó en libertad
el jueves por la mañana luego de ser notificado por la jueza Mónica López
Osornio en la sede del juzgado de Garantías No 1, de Morón. Pero no puede
ir solo a su fundación “Felices los Niños”, y donde vaya,
de ahora en más lo sigue una monja. Se trata de Zulma, una religiosa de
50 años, de la orden saleciana -a la que alguna vez Grassi perteneció-,
que ahora es algo así como su sombra y a quien él conoce hace años, por
lo que estaba en la lista de personas que la defensa debía ofrecer a la
jueza para que ésta decidiera quién controlaría al procesado mientras
dure la libertad vigilada. Uno de los defensores de Grassi, Miguel Angel
Pierri, indicó que el sacerdote continúa sujeto a proceso y que la medida
“no puede ser revocada, porque es una disposición de la jueza de
Garantías. Queda sometido a proceso y tiene que presentarse una vez por
mes ante el Juzgado. El proceso continúa, Grassi sigue siendo investigado
por abuso deshonesto, pero estamos trabajando por su total absolución.
La petición de prisión preventiva de la fiscal fue denegada”. El
padre Grassi, en tanto, fue recibido en andas en su fundación -donde sólo
puede permanecer hasta las 18:30-, en medio de un clima de alegría tal
que ni siquiera se privó de los robos. “¡Felices los pibes chorros!”
-gritó alguien furioso entre la multitud-, después de comprobarse la presencia
de carteristas a montones. Ajeno a esos pormenores, el sacerdote ofició
una misa y dialogó con la prensa. “Esto fue una gran mentira, una
gran equivocación, una gran injusticia. Ahora hay que trabajar para que
quede plenamente demostrada la verdad, y para eso pediré justicia para
todos los que dañaron a la Fundación, pero con caridad, sin venganza.
Me entregué todo para que los chicos de la calle estén bien asistidos,
y ahora por eso llevo esta cruz, por ellos. La jueza Mónica López Osornio
es una persona extraordinaria. Agradezco a Dios por su decisión y voy
a seguir trabajando por los chicos más necesitados y porque se pueda demostrar
plenamente mi inocencia. Esto fue un complot contra la Iglesia católica”
-agregó el sacerdote-, libre tras estar 29 días detenido en la Delegación
Departamental de Morón. “Ustedes ven cómo me recibieron -agregó-.
Se va a demostrar mi inocencia. Yo juro por Dios, estos niños y por todos
los hombres, que soy inocente”, dijo el sacerdote frente a la prensa,
esa que tantas veces lo elevó y que hoy, tras varias denuncias y una investigación
periodística, se divide en dos bandos bien diferenciados: los que lo condenan
y aquellos que lo defienden, aun sin esperar la última palabra de la Justicia
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Revista
Semanario, 25
de noviembre de 2002
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