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CASO
GRASSI
PARTE DE LA RELIGIÓN
El
misterioso viaje del cura y su secretario. ¿Fueron a los Estados Unidos
o a Suiza? La causa en la que se lo acusa por abuso de menores podría
dar un vuelco espectacular. Los intereses en juego y el juego de los espías
de cabotaje.
Esta
historia no es la historia de la verdad, aunque la busca desesperadamente.
Podría decirse, sí, que es la historia de enredos más interesada desde
que el caso Grassi llenó de ansiedad a la opinión pública y la obligó
a tomar partido sin discutir la única y verdadera razón de fondo: el padre
Julio César Grassi, mentor de la fundación Felices los Niños, benefactor
a ultranza, creador de una obra de la que dependen 6.400 chicos paupérrimos
en todo el país y a la que aportan muchos poderosos de la Argentina, ¿es
de verdad un abusador de menores?
Debería ser lo único que cuenta. Pero como parece que llevará un buen
tiempo saberlo, como parece que alrededor de la verdad hay dos bandos
que juran tenerla, nadie escatima ahora recursos ni teme convertir este
juego en una auténtica guerra sucia en la que, como siempre, hay dos demonios:
los periodistas de televisión (los que creen y los que no) y el resto
del mundo.
El pico máximo de la nueva escalada informativa comenzó a gestarse el
martes por la noche, cuando desde alguna central de inteligencia casera,
pero cercana a la SIDE, alguien creyó conveniente deslizar a los medios
las pruebas de otra supuesta infamia: el misterioso viaje de Grassi y
su secretario Mario Fabián Amarilla a Suiza, en algún momento entre el
25 de septiembre y el 2 de octubre pasados.
Preguntas al paso: ¿cuál sería el interés político de crucificar al padre
Grassi, si es que lo hay? ¿Podría ser éste un bocado de cardenal en la
cadena de escaramuzas que enfrentan desde hace ocho años a Duhalde y Menem?
¿Será el padre Grassi un mentiroso patológico, además de un beneficiario
privilegiado del menemismo?
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Miércoles
6 de noviembre. Sobre la redacción de NOTICIAS, y varias otras,
entre ellas la de "Telenoche", "aterrizó" ese día un listado extraído
de una computadora, presumiblemente de la oficina de Migraciones de Ezeiza.
El anónimo permitía deducir que el padre Grassi y Mario Fabián Amarilla
(a la sazón presidente de la Fundación) partieron de Buenos Aires rumbo
a la ciudad de Atlanta, en los Estados Unidos, el 25 de septiembre a bordo
del vuelo DL100 de la empresa Delta. Y que retornaron a Buenos Aires desde
la ciudad de Zurich el 2 de octubre a las 9.10 de la mañana en el vuelo
LX94, de Swiss Air.
Preguntas obvias: ¿qué fue a hacer el padre a la capital bancaria del
mundo? ¿Tendrá una oscura cuenta cifrada la fundación Felices los Niños?
¿Y si la cuenta es propia? Y Mario Fabián Amarilla, señalado como presunta
víctima del padre Grassi, asunto éste negado por él, ¿qué tiene que esconder?
"Es otra patraña, obvio." Esa fue la respuesta rápida del vicepresidente
de la fundación y vocero del conflicto, el infatigable Raúl Portal. Quien
pasó a contar esta historia: "En agosto recibimos la invitación de un
periodista argentino que trabaja en los Estados Unidos para presentar
la obra del padre Grassi allá y recaudar algún dinero". Cierto: el periodista
Manuel A. Marini, quien firma como Marcelo Marini, trabaja para la emisora
latina Telemundo y es colaborador de otra fundación llamada Niños Felices
USA, que se dedica no tanto a proteger a niños de la calle, sino a enfermos
y minusválidos de las minorías raciales. Tiene sede en Houston, Texas.
Marini es mendocino, gerente de Programación de la cadena y vive desde
hace treinta años en el país de Bush.
Respondiendo a la invitación, se prepararon para viajar Raúl Portal, su
esposa Lucía, Julio César Grassi y Mario Fabián Amarilla. Se presentaron
en la Embajada de los Estados Unidos para tramitar las respectivas visas
de entrada al país el 14 de agosto de este año. Y dos días después fueron
expedidos por la Policía Federal dos pasaportes: los de Grassi y su secretario.
Grassi renovaba el suyo, Amarilla lo estrenaba. Pero cerca de la fecha
de partida, cuando Marini debía enviar los pasajes desde Houston, Portal
y su esposa resolvieron no viajar. Sólo lo hicieron Grassi y Amarilla.
Hasta aquí, nada raro.
Confirmen, por amor a Dios. Entre la noche del miércoles y la hora de
cierre de esta edición, el jueves 7 aproximadamente a las 24, NOTICIAS
realizó 42 llamados para confirmar algunos de estos datos. ¿Cómo es posible
que si en los pasaportes de Grassi y Amarilla figuran que partieron de
Ezeiza hacia Atlanta y desde Atlanta se emitió un pasaje para un vuelo
sin escalas a Buenos Aires (ver facsímil), Grassi y Amarilla entraran
en la Argentina procedentes de Zurich? ¿Por qué los servicios de inteligencia
están tan interesados en subrayar un presunto desvío desde Atlanta a Suiza?
¿Por qué Grassi ocultaría un viaje relámpago a Zurich? ¿Porque habría
cobrado un premio de 150 mil dólares en los Estados Unidos, tal como informó
"Telenoche" en un informe?
Después de 15 llamados a la Dirección de Migraciones y el Ministerio del
Interior, una altísima fuente de Interior confirmó que el cura y su secretario
efectivamente llegaron desde Zurich a la Argentina, según los registros
oficiales con que ellos cuentan. Después de 7 llamados al defensor del
padre Grassi, el abogado Jorge Sandro, NOTICIAS no pudo confirmar si el
padre viajó o no. Si contaba con otro pasaporte, o no. Sí lo pudo confirmar
con Luis Moreno Ocampo, su otro representante legal. Después de 20 llamados
a los voceros y seguidores de Grassi, NOTICIAS no pudo confirmar si el
padre había estado en Suiza alguna vez. Sólo Raúl Portal se hizo cargo:
"El padre me dijo textualmente: ‘No conozco Suiza’". Fue el
miércoles. Y el jueves, Grassi pidió a una colaboradora de la fundación
que transmitiera a NOTICIAS: "No estuve en Zurich, ni tengo otros pasaportes.
Ni de la Comunidad Europea, o de Cancillería ni de Unicef".
La presencia del doble pasaporte podría alentar la idea de algún viaje
clandestino. La cuestión no era menor. Por eso el Ministerio del Interior
insistió: "Grassi y Amarilla llegaron el 2 de octubre a las 9.10 de la
mañana procedentes de Zurich". Esta nueva confirmación choca de bruces
con el testimonio del periodista Marini: "Yo mismo compré los pasajes
en Atlanta. Los de ida y los de vuelta. El padre Grassi y el señor Amarilla
llegaron desde Buenos Aires a Atlanta sin escalas, después de 10 horas
y pico de vuelo, el 26 de septiembre; ese mismo día partieron hacia Houston
en el vuelo 239 de Delta, donde se iba a realizar una choripaneada con
los chicos de Niños Felices USA. En Houston estuvieron jueves, viernes,
sábado, domingo y lunes; y el martes partieron desde Houston hacia Atlanta
en el vuelo 1547, de Delta. Tres horas más tarde, yo mismo los despedí
y salieron desde Atlanta en el vuelo 101 sin escalas hacia Buenos Aires".
¿Vuelco en la causa? El jueves fue un día de novedades. Productivas, para
la causa de los que creen en Grassi. El equipo de abogados que batalla
con su defensa con el debut triunfal de Moreno Ocampo, quien logró instalar
un estigma en el corazón del concluyente informe de "Telenoche investiga".
Ya un día antes, el miércoles, Miguel Ángel Pierri, defensor de los chicos
supuestamente abusados (Fabián Amarilla, Iván Guex y Flavio Mondolo, alias
Fabrizio, Luciano y Fernando en el informe de Canal 13), lucía una sonrisa
de Cinemascope porque logró un KO técnico al obtener una desmentida crucial
para los cruzados de Grassi. La licenciada Ana María Diberto quien, según
el informe televisivo, fue la encargada de practicar una pericia (nunca
integrada a la denuncia judicial inicial contra el cura), sobre el chico
identificado como Fernando. Según se informó en el primer envío, esa pericia
llegaba a la conclusión de que "Fernando tenía con el padre Grassi una
pareja homosexual consolidada desde muy temprana edad (...). Pero el juez
no pudo incorporar esa pieza al expediente, que quedó dormida hasta hoy".
La siguiente escena es digna de una película del neorrealismo italiano
porque, por el lado menos esperado, el juez que está a cargo de la causa,
Humberto Alfredo Meade, terminó desmintiendo sus propios dichos frente
a la televisión, confiado en que nadie lo denunciaría. Fue el 26 de octubre
pasado. El escenario: una reunión de camaradería en el Tribunal de Menores
que preside la juez Cristina Landolfi, de Morón. Frente a 30 testigos,
que dan fe en un documento labrado por la misma juez (los testigos son
todos psicólogos o médicos forenses), el doctor Meade, el mismo que bautizó
al cuarto del cura como "suite nupcial", pidió la palabra "para disculparse
públicamente por haber permitido que se aludiera a una pericia supuestamente
realizada por la licenciada Ana María Diberto" (de cuya inexistencia se
da cuenta en el informe de fs.204), diciendo textualmente: "Que de esa
pericia en realidad le habían informado que existía, aunque nunca la vio,
ya que como tenía por entonces tres juzgados a mi cargo, no tenía tiempo
de leer los expedientes". La foja 204 dice: "Tengo el agrado de dirigirme
a SS en respuesta a lo solicitado en la resolución de fs 203 de la causa
16776, caratulada ‘Fundación Felices los Niños, su denuncia’
(...) a fin de informarle que de la atenta lectura de la causa en cuestión
surge que no ha habido intervención de mi parte como perito psicóloga
(...) no habiendo producido en consecuencia ningún informe en la presente
causa’. Firma la licenciada Diberto, claro.
Qué ocurrió en este caso. ¿Los colegas de "Telenoche investiga" se apresuraron?
Lo que sigue es una entrevista en off con un periodista del equipo de
investigación.
Noticias: Cómo les llega a ustedes la supuesta pericia psicológica de
Flavio Móndola?
Periodista: Nos la cuenta el juez Meade a tres periodistas del equipo.
Se trata de una pericia que no se materializó en la causa, no quedó en
papel.
Noticias: Pero ustedes transcribieron una pericia, que se puede escuchar
en off en el primer envío que hicieron.
Periodista: Lo que hicimos fue dar un textual, según los comentarios de
Meade, sobre las conclusiones de la licenciada Diberto.
Noticias: ¿Y por qué no se incorporó en la causa inicial?
Periodista: Por recomendación de la licenciada Diberto, según explicó
el juez. Ella creyó que afectaría la psiquis del chico y lo pondría en
el ojo de la tormenta.
El Calafate y un fiscal en la mira. Todo empezó con la segunda parte de
la investigación de "Telenoche". El segundo envío profundizó en el episodio
que habría protagonizado el cura con otro menor, y en una cama, durante
una visita de evangelización de Grassi y sus muchachos en el Sur. Como
se recordará, un vecino de El Calafate invitó a los chicos del contingente
a ver un partido de fútbol. Fueron todos menos el cura y Luciano (cuyo
verdadero nombre es Luis). Los testimonios presentados acusaban a Grassi.
Lo habían descubierto in fraganti. Es decir, tratando supuestamente de
seducir a un menor.
La encargada de la panadería en la fundación, María "la Betty" Castro,
se prestó a declarar ante las cámaras de tevé y dijo, efectivamente, que
uno de los chicos se había acercado para contarle lo que había visto.
Al otro día debía declarar ante el fiscal Adrián Flores. Pero antes envió
una carta documento a la fundación Felices los Niños donde advertía que
no volvería a trabajar hasta que no estuvieran garantizadas para ella
las condiciones mínimas de seguridad. La oficina de Recursos Humanos de
la fundación le contestó que se podría presentar a trabajar. Por supuesto.
Ya frente al fiscal, Flores confirmó lo dicho ante la tevé. O por lo menos
eso se creía antes de que Luis Moreno Ocampo, un peso pesado entre los
abogados, se sumara a la defensa.
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Según
Moreno Ocampo, el fiscal Flores no habría transcripto todo lo que la señora
declaró en ese momento. Esto es: Betty, la panadera, habría confirmado
lo que le contaron, pero también habría agregado que su fuente era un
chico famoso por sus mentiras, y que no creía que el padre Grassi fuera
capaz de abusar de un pibe.
Moreno Ocampo acusó de parcialidad al fiscal a cargo de la instrucción
frente al procurador general de la provincia de Buenos Aires, Eduardo
de la Cruz. Le contó que, según testigos del Tribunal de Menores en donde
Betty declaró, el testimonio de la señora transcripto en el papel no era
fiel, porque omitía la caracterización de mentiroso con que ella había
calificado a su fuente.
El procurador De la Cruz derivó la denuncia al fiscal general Federico
Nieva Woodgate, y el jueves mismo el fiscal Adrián Flores fue relevado
de la investigación.
Matar con el error. Vale la pena repasar la secuencia del supuesto viaje
a Suiza de Grassi y su "secretario". El martes llegó a la redacción de
NOTICIAS una fotocopia con las "pruebas". Llegaron a varias redacciones.
Ante la negativa del cura y sus allegados, NOTICIAS se dedicó a chequear
la información que ya trascendía como cierta por otros medios de comunicación.
El jueves por la noche, "Telenoche" se preguntaba qué había ido a hacer
Grassi y su secretario a Zurich, y por qué mentían.
Mientras tanto, dos periodistas de esta revista se comunicaron con autoridades
de Migraciones y del Ministerio del Interior. Es particularmente revelador
el segundo testimonio, el de un alto funcionario de Migraciones.
Noticias: ¿Puede asegurar que el padre Grassi y Amarilla entraron desde
Suiza?
Funcionario: Sí, así dicen nuestros registros.
Noticias: ¿Puede haber habido un error?
Funcionario: Si me dice un error, puede ser, pero es sugestivo que las
dos equivocaciones hayan sido con Grassi y su secretario.
Noticias: ¿Cuál es el control que tiene Migraciones? ¿El pasajero indica
de qué vuelo viene?
Funcionario: No, se le escanea el pasaporte.
Noticias: ¿Y cómo saben de dónde proviene? El pasaporte sólo tiene el
sello de los Estados Unidos.
Funcionario: Los funcionarios de Aduanas saben de dónde viene cada vuelo.
Noticias: ¿No pudo haber una equivocación? Ese día llegaron dos vuelos
casi juntos, ¿qué pasa si se mezclaron los pasajeros en distintas filas?
¿Eso es posible?
Funcionario: Es muy difícil. Pero déjeme que lo chequeo. Yo lo llamo.
A los quince minutos, el funcionario volvió a comunicarse con la redacción.
Ya no estaba tan seguro.
Funcionario: Mire, puede haber un error. Me dicen que ese día llegaron
tres vuelos casi juntos. El de Delta que venía de Atlanta, el de Zurich
y otro de American, desde Miami. Fue un loquero. Todos llegaron entre
las 8.45 y 9.10, aproximadamente.
Noticias: ¿Entonces pudo pasar que, al mezclarse los pasajeros, se haya
adjudicado una procedencia errónea a Grassi, a Amarilla y a cualquier
otro?
Funcionario: Casi seguro. Pudo haber pasado.
Noticias: Pero la televisión da una seguridad del ciento por ciento. Dice,
afirma, jura que el cura fue a Suiza y que vino desde Zurich. ¿Qué porcentaje
hay de que haya sido un error?
Funcionario: Con el panorama que le pinté es probable, en un noventa por
ciento, que haya existido una equivocación.
Noticias: Además, el cura mostró su pasaporte sin el paso por Suiza, y
los pasajes Atlanta-Buenos Aires...
Funcionario: Si es así, debe tener razón nomás.
La reveladora anécdota sirve para preguntarse cómo y por qué llegó a los
medios el ahora sospechoso registro de Migraciones. Cualquier agencia
de seguridad o servicio de inteligencia que busca pecados de cualquier
tipo comienza a rastrear por tres o cuatro bases de datos imprescindibles.
Primero averigua su situación patrimonial, su prontuario policial y si
tiene salidas al exterior. Es probable que quien difundió el "viaje" de
Grassi estuviera buscando datos condenatorios para terminar de hundir
al cura. Cuando accedió a la ficha de Migraciones -para lo cual contó
con la complicidad de algún funcionario- creyó encontrar la perla que
faltaba: el cura se desvió a Suiza, tras ir a juntar fondos a los Estados
Unidos. El hecho poco aportaba a la causa sobre abuso deshonesto que complicó
a Grassi, pero era un golpe mediático fenomenal para terminar de enterrar
al cura.
Pero todo el episodio, más allá de su confirmación o desmentida, es un
verdadero leading case de cómo se opera en este feroz ajedrez económico,
político y mediático, cruzado de intereses y peleas por el poder y el
dinero. Agentes de inteligencia conspirando y armando "papeles" contra
el cura y, en la vereda opuesta, cotizadísimos estudios de abogados que
demuelen fiscales y testigos con el truco jurídico más viejo del mundo:
si una parte es falsa, todo es falso.
Esta jugada busca golpear los aspectos más endebles del informe de "Telenoche",
que fue realizado por un equipo periodístico serio, y que sigue teniendo
consistencia judicial, según el propio jefe de los fiscales, Federico
Nieva Woodgate, reconoce en público.
La estrategia de los apóstoles de Grassi es clara: si el fiscal Flores
pudo haber pecado de parcialidad en un testimonio, ¿por qué no pudo hacerlo
con todos? Si "Telenoche investiga" se equivoca en un detalle, ¿por qué
no pudo hacerlo en todos los demás? Así piensan darle un vuelco definitivo
a la causa.
Cuando todo está teñido de violentas guerras mediáticas y políticas, la
verdad jurídica parece lejana. Y cada error (legal, político o periodístico)
puede ser letal.
Revista
Noticias, 9 de noviembre de 2002
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