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OPINIÓN-
¡GRASSIAS PADRE!, ¿AHORA EN QUIÉN SE PUEDE CONFIAR?
Por Leandro Bonavita
De la Redacción de Agencia NOVA
La política argentina tiene un antes y un después a partir
de los hechos ocurridos el 19 y 20 de Diciembre del año pasado.
En esas jornadas, el presidente de entonces, Fernando De La Rúa,
debió presentar la renuncia por las intensas y violentas manifestaciones
de toda la población. En consecuencia, toda persona, institución
u organismo relacionado con el arte de hacer política quedó
inmerso en un desconcierto general y soportando el descreimiento del común
de los habitantes.
Los argentinos, inevitablemente, necesitaron soportes para afrontar semejante
desilusión. La Alianza que aparecía como el gobierno abanderado
de las cuestiones sociales y de la anticorrupción, debió
abandonar el frente del país por un desempeño inerte, cargado
de incongruencias y falta de carácter.
Así, la Iglesia apareció, en acciones como la Mesa de Diálogo
Argentino, como la responsable de aquietar las aguas y contener a las
personas, que inmersas en un desconcierto generalizado apelaron a la milenaria
fidelidad eclesiástica para calmar tantas angustias y tristezas,
provocadas por las expectativas no correspondidas del gobierno saliente.
Sin embargo, la sagrada institución hace tiempo que no es la misma
y tanto compromiso con sus seguidores parece haberle quedado grande. Primero
fue el Arzobispo de Santa Fe, Edgardo Storni, quien protagonizó
un episodio de ribetes sexuales que llegaron al más alto nivel
de la Iglesia Católica y que el mismo Papa Juan Pablo II se encargó
de aceptar la dimisión.
El segundo caso lo protagonizó la televisión, el medio masivo
muchas veces criticado y otras tantas venerado, que esta vez sirvió
como mecanismo de denuncia. El sacerdote, Julio César Grassi, titular
de la "Fundación Felices Los Niños" fue acusado
de presunto abuso deshonesto y corrupción de menores. El Juez de
Garantías 4 de Morón, Humberto Meade, dispuso su detención,
la que se produjo en la madrugada del jueves cuando el cura salía
de Canal 9, donde había asistido a un programa en vivo para desmentir
las acusaciones.
Las imputaciones aún deben ser comprobadas, aunque de lo que no
caben dudas es que la Iglesia Católica una vez más ha caído
en el desprestigio y su figura, ni hablar la del clérigo Grassi,
deberá ahondar esfuerzos para reivindicar la imagen que la gente
ha adoptado de ellos en la actualidad.
El hecho remite a tener presente el tema de Ricardo Arjona que menciona
que "Jesús es verbo, no sustantivo", en la cual queda
resumido de manera notable la función de un religioso: hacer, obrar,
ayudar, no esconderse detrás de una sotana negra y con ella lucrar,
o peor, abusar del poder; Poder que deben reconocer les fue dado por la
gente y que sin ella no tendrían razón de ser en este mundo.
La vida te presenta distintos caminos una y otra vez, se dice que para
ser un enviado de Dios en la tierra hay que ser elegido, por eso a los
jóvenes se les aconseja, muchas veces, que piensen la decisión.
Tomar los hábitos implica compromisos y sobre todas las cosas desconoce
el amor carnal, ese sentimiento alimentado por la pasión y el deseo.
Quizás, esa es la gran deficiencia del cristianismo, o ¿acaso
tener relaciones sexuales implica ser mejor o peor cura?; Sin embargo,
las cartas están echadas y por esto es que la decisión de
formar parte de la Iglesia exige meditación.
Se puede hacer una espesa crítica de las características
de esta religión Católica Apostólica Romana que estableció
para sí la República Argentina, pero más allá
de sus deficiencias es claro que necesita de buenos intérpretes,
de representantes idóneos y en la actualidad este país tiene
una Iglesia tanto o más cuestionada que la política, las
Fuerzas Armadas o la Policía Bonaerense.
"Sólo le pido a Dios", cantaría León Gieco,
pero esta vez para solicitar la reunión urgente de todos los delegados
de la Iglesia Argentina. ¿El objetivo? Hermanos (como a ellos les
gusta citar a sus fieles) unifiquen criterios, erradiquen de sus filas
personalidades como las de Storni y Grassi, o bien, decreten por un año
la liberación sexual, para que la "descarga emocional"
le devuelva a las capillas del país la contención que la
gente pide a gritos.
En la actualidad, cada administración gubernamental determina que
la gente se incline por el lema "que se vayan todos", por lo
tanto la Iglesia debe salir al auxilio de esas personas para paliar el
desencanto made in política. Sin embargo, esta semana la sociedad
tuvo otro cachetazo, de los muchos que la Argentina soporta en sus mejillas
y a partir de esto, surgió el reclamo, la exclamación desesperada
o la frase con un dejo de ironía: ¡Grassias Padre! ¿Ahora
en quien se puede confiar?
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