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La
calesita del horror
Magdalena
Torres tenia 23 años. Un primo hermano, llegado hace dos años
desde Santiago del Estero (de donde son oriundos los Torres) de 21, la
asesino, descuartizando sus miembros enterrandola bajo la calesita donde
trabajaba. Los padres de la joven claman Que lo corten en pedacitos,
que lo quemen, que le hagan lo mismo que le hizo a mi hija"

7
de marzo de 2002 - Velas, lágrimas y el reclamo para que se haga justicia
-
Familiares
y amigos de Magdalena Torres marcharon hasta el Ministerio de Seguridad.
Pidieron castigo para el único detenido. Los defensores del acusado
se alejaron del caso
Familiares
y amigos de Magdalena Edith Torres, la chica de 22 años que el 19 de
enero pasado fue descuartizada y enterrada en una calesita del Bosque,
realizaron anoche una nueva movilización en reclamo de Justicia.
Los manifestantes hicieron escuchar sus voces frente a la Gobernación
y culminaron el acto con una breve ceremonia en las escalinatas del
Ministerio de Seguridad bonaerense. Los afectos de Maggie prendieron
velas y pidieron el máximo castigo contra el único acusado, Miguel Alonso
Torres, de 21 años y primo hermano de la víctima.
En las últimas horas, y al margen del reclamo de la familia de Magdalena,
trascendió que los abogados defensores de Alonso abandonaron la causa.
La razón: los parientes santiagueños que aún mantenían algún tipo de
contacto con el detenido, le sugirieron que confesara y evidenciaron
su deseo de que continúe tras las rejas.
El acusado está siendo sometido desde hace tres semanas a estudios psiquiátricos
y psicológicos a fin de determinar su estado de salud mental y, concretamente,
para verificar si es o no imputable y pudo comprender la criminalidad
de sus actos.
Los investigadores a cargo del caso están seguros de poder demostrar
que Alonso Torres golpeó la cabeza de su prima con una maza, y que la
decapitó cuando aún estaba con vida. Luego habría seccionado sus brazos
y sus piernas, para enterrarlos en un pozo que cavó bajo la estructura
de El Duende Poppy.
Sobre la tierra barrida y sin manchas de sangre, el asesino habría dibujado
una “M”.
2
de marzo - La fiscalía requirió la prisión preventiva para el primo
de la joven Magdalena Torres. Argumentan que la mató con alevosía. La
golpeó tres veces en la cabeza con una maza. Cuando todavía respiraba
le cortó la cabeza y las extremidades. Luego enterró los restos bajo
la calesita del Paseo del Bosqe Miguel
Torres Alonso (21) seguiría detenido hasta al juicio oral por el salvaje
crimen de Magdalena Edith Torres (22) si prospera el pedido de prisión
preventiva que formuló ayer la Justicia penal de La Plata.
El cadáver descuartizado de Maggie fue hallado hace dos meses enterrado
en una calesita del Paseo del Bosque.
El único detenido es Miguel Torres Alonso, primo de la víctima. Ayer,
el fiscal Carlos Gómez solicitó que se dicte la prisión preventiva al
detenido luego de analizar los elementos de prueba reunidos hasta el
momento en la causa.
El requerimiento fiscal será analizado por el juez de Garantías Néstor
de Aspro. El caso está caratulado como “homicidio con alevosía”. El
encuadre contempla una pena de cadena perpetua ante una eventual condena.
Entre las distintas evidencias, figura el informe de autopsia en el
que se reveló que la joven fue descuartizada en vida, lo que demostraría
el ensañamiento del homicida.
La fiscalía dio por acreditado que Torres Alonso golpeó a su prima,
y cuando la tuvo desmayada, le seccionó el cuerpo y lo ocultó debajo
de la calesita.
Los investigadores también tuvieron en cuenta que el imputado sería
un experto depostador de chivos y ovejas. El joven conocería muy bien
estas tareas de campo ya que las realizaba en Santiago del Estero, su
provincia natal.
Se sospecha que el acusado trasladó la técnica usada con los animales
al cuerpo de su prima. Al parecer, en el campo primero se secciona la
cabeza del animal, se coloca en la tierra para que desangre, luego se
cortan las patas y finalmente el resto del cuerpo. Y también se entierran.
La misma metodología habría sido usada en el aberrante crimen. El cuerpo
de Magdalena fue enterrado en un pozo que el asesino cavó en el interior
de la calesita. Primero fue depositada la cabeza. Lo último fueron los
brazos y las piernas.
Asimismo, la alevosía en el homicidio estaría dada por los tres mazazos
en la cabeza que fueron aplicados a la víctima y en particular, la tarea
de descuartizamiento realizada cuando la chica todavía respiraba y respondían
sus signos vitales.
Mientras el juez analiza el pedido de prisión preventiva, la investigación
seguirá adelante. Aún restan dos pruebas fundamentales. Por un lado,
el acusado está siendo sometido desde hace dos semanas a estudios psiquiátricos
y psicológicos a fin de determinar su estado de salud mental y en concreto,
para verificar si es o no imputable y pudo comprender la criminalidad
de sus actos.
En tanto, un perito en suelos y relieve está confeccionando un estudio
en el terreno donde se halló el cadáver. Esta pericia tiene como objetivo
verificar que los restos de la víctima fueron enterrados no bien se
produjeron los seccionamientos, y la idea es conocer el grado de absorción
del suelo.
Así se probaría que el crimen fue perpetrado en el mismo lugar donde
fue enterrado el cuerpo y se descartaría una primera versión que alentaba
la posibilidad de que la muerte se cometió en otro lado y que luego
el cuerpo fue depositado en la calesita.
El sangriento homicidio habría tenido lugar entre las 10 y las 12 de
la mañana del 19 de enero último, el mismo día que la chica desapareció.
El cuerpo de Magdalena estuvo diez días enterrado en el centro de “El
Duende Poppy”, la única calesita que descansa en el Paseo del Bosque.
Durante ese tiempo, la desesperación fue ganando el ánimo de padres,
hermanos y una larga lista de familiares y amigos.
Torres Alonso había vivido en la casa de sus tíos hasta el mismo día
en que fue ultimada la joven. Ese día partió hacia Santiago del Estero,
de donde toda la familia es oriunda.
Desde allí, el joven telefoneó varias veces a La Plata. Hablaba con
su tía y le pregunta si Maggie había regresado. La familia siempre dudó
de él.
1
de marzo - La calesita del horror La fiscalía requirió la prisión preventiva
para el primo de la joven Magdalena Torres. Argumentan que la mató con
alevosía. La golpeó tres veces en la cabeza con una maza. Cuando todavía
respiraba le cortó la cabeza y las extremidades. Luego enterró los restos
bajo la calesita del Paseo del Bosque Miguel
Torres Alonso (21) seguiría detenido hasta al juicio oral por el salvaje
crimen de Magdalena Edith Torres (22) si prospera el pedido de prisión
preventiva que formuló ayer la Justicia penal de La Plata.
El cadáver descuartizado de Maggie fue hallado hace dos meses enterrado
en una calesita del Paseo del Bosque.
El único detenido es Miguel Torres Alonso, primo de la víctima. Ayer,
el fiscal Carlos Gómez solicitó que se dicte la prisión preventiva al
detenido luego de analizar los elementos de prueba reunidos hasta el
momento en la causa.
El requerimiento fiscal será analizado por el juez de Garantías Néstor
de Aspro. El caso está caratulado como “homicidio con alevosía”. El
encuadre contempla una pena de cadena perpetua ante una eventual condena.
Entre las distintas evidencias, figura el informe de autopsia en el
que se reveló que la joven fue descuartizada en vida, lo que demostraría
el ensañamiento del homicida.
La fiscalía dio por acreditado que Torres Alonso golpeó a su prima,
y cuando la tuvo desmayada, le seccionó el cuerpo y lo ocultó debajo
de la calesita.
Los investigadores también tuvieron en cuenta que el imputado sería
un experto depostador de chivos y ovejas. El joven conocería muy bien
estas tareas de campo ya que las realizaba en Santiago del Estero, su
provincia natal.
Se sospecha que el acusado trasladó la técnica usada con los animales
al cuerpo de su prima. Al parecer, en el campo primero se secciona la
cabeza del animal, se coloca en la tierra para que desangre, luego se
cortan las patas y finalmente el resto del cuerpo. Y también se entierran.
La misma metodología habría sido usada en el aberrante crimen. El cuerpo
de Magdalena fue enterrado en un pozo que el asesino cavó en el interior
de la calesita. Primero fue depositada la cabeza. Lo último fueron los
brazos y las piernas.
Asimismo, la alevosía en el homicidio estaría dada por los tres mazazos
en la cabeza que fueron aplicados a la víctima y en particular, la tarea
de descuartizamiento realizada cuando la chica todavía respiraba y respondían
sus signos vitales.
Mientras el juez analiza el pedido de prisión preventiva, la investigación
seguirá adelante. Aún restan dos pruebas fundamentales. Por un lado,
el acusado está siendo sometido desde hace dos semanas a estudios psiquiátricos
y psicológicos a fin de determinar su estado de salud mental y en concreto,
para verificar si es o no imputable y pudo comprender la criminalidad
de sus actos.
En tanto, un perito en suelos y relieve está confeccionando un estudio
en el terreno donde se halló el cadáver. Esta pericia tiene como objetivo
verificar que los restos de la víctima fueron enterrados no bien se
produjeron los seccionamientos, y la idea es conocer el grado de absorción
del suelo.
Así se probaría que el crimen fue perpetrado en el mismo lugar donde
fue enterrado el cuerpo y se descartaría una primera versión que alentaba
la posibilidad de que la muerte se cometió en otro lado y que luego
el cuerpo fue depositado en la calesita.
El sangriento homicidio habría tenido lugar entre las 10 y las 12 de
la mañana del 19 de enero último, el mismo día que la chica desapareció.
El cuerpo de Magdalena estuvo diez días enterrado en el centro de “El
Duende Poppy”, la única calesita que descansa en el Paseo del Bosque.
Durante ese tiempo, la desesperación fue ganando el ánimo de padres,
hermanos y una larga lista de familiares y amigos.
Torres Alonso había vivido en la casa de sus tíos hasta el mismo día
en que fue ultimada la joven. Ese día partió hacia Santiago del Estero,
de donde toda la familia es oriunda.
Desde allí, el joven telefoneó varias veces a La Plata. Hablaba con
su tía y le pregunta si Maggie había regresado. La familia siempre dudó
de él.
20
de febrero - A un mes del horror: súplica de una madre Diez días después
del crimen de Magdalena Torres, su cuerpo fue hallado debajo de una
calesita. Mañana habrá una movilización en reclamo de justicia. El desgarrador
pedido de una madre. Las pericias psiquiátricas El
19 de enero, Magdalena Edith Torres (22) salió muy temprano de su casa
de Altos de San Lorenzo. Tenía previsto realizar unas compras y regresar
al mediodía. Pero nunca más volvió.
Los últimos en verla fueron unos jóvenes que cuidan los juegos en el
Paseo del Bosque. Ella estaba con su primo Miguel Alonso Torres muy
cerca de “El duende Poppy”, la calesita en la que el joven trabajaba.
Poco más tarde, los mismos testigos volvieron a ver a Alonso, pero esta
vez estaba sólo.
La familia Torres esperó todo el día a Magdalena. El transcurso de las
horas sólo trajo desesperanza.
Desde ese sábado padres, hermanos y amigos comenzaron una penosa peregrinación
que terminó exactamente diez días después, cuando fueron hallados los
restos de la joven, seccionados y enterrados debajo de la calesita del
Bosque, donde había sido vista, se cree, minutos antes de su muerte.
Desde el comienzo la familia dudó de la actitud de Alonso. El joven
había partido de la casa el mismo día en que la chica desapareció. Sospecharon
de la repentina decisión de regresar a Santiago del Estero. Para los
Torres, la calesita ocultaba algún macabro secreto, todos lo presentían
y no se equivocaron.
Recién cuando el dueño de la calesita regresó a la ciudad tras un tiempo
de trabajo en la costa, se topó con el horror.
El descubrimiento del crimen de Magdalena consternó a la ciudad. La
chica de sólo 22 años había sido asesinada a golpes. Luego su cuerpo
había sido seccionado y enterrado debajo del juego. Y todo el horror
había ocurrido en el transcurso de una hora, un sábado de pleno sol
y a media mañana.
Un día después Alonso fue traído otra vez a La Plata. Una comisión policial
fue en su búsqueda y lo detuvo en la casa de sus padres.
Con el transcurso de la investigación se conocieron escalofriantes detalles.
Alonso había sido un experto con el cuchillo, ya que estaba acostumbrado
a matar y descuartizar animales. Las técnicas usadas en los trabajos
de campo las habría utilizado para ultimar, seccionar y ocultar el cuerpo
de su prima.
Desde el comienzo se cree que el móvil podría tener ribetes pasionales.
El testimonio del novio de la joven terminó por confirmarlo: Nahuel
había conocido a Maggie a comienzo de enero y desde entonces habían
iniciado una relación muy prometedora.
Todos en la casa la escuchaban hablar de los planes que hacía. Una semana
antes del crimen. Nahuel fue presentado a la familia. El hecho habría
despertado la ira de Alonso quien, al parecer, guardaba otros sentimientos
hacia su prima.
Esclarecido y con castigo
Si bien el esclarecimiento del crimen trajo algo de alivio a los padre
de la joven, para ellos no es suficiente si el responsable no tiene
un merecido castigo.
Por eso desde el dolor sigue reclamando justicia. Quieren que Alonso
pague por lo que hizo. Que un crimen tan atroz no quede impute.
Para mañana la familia organizó una marcha que comenzará a las 11 y
tiene previsto arribar cerca del mediodía a los Tribunales Penales.
La familia de Maggie pide el apoyo de la comunidad platense para que
el reclamo sea multitudinario.
Ramona Antonia Maldonado es la mamá de Magdalena. La vida le pegó con
toda dureza, pero ella no se doblega. Quiere estar de pié para exigir
justicia.
Ella cuenta lo que vivió y suplica ayuda: “Desde hace más de quince
años tomé la decisión junto a mi esposo e hijos de abandonar mi Santiago
natal, para vivir aquí en esta ciudad. Podría haber elegido cualquier
ciudad del país, pero elegí ésta. Aquí me desarrollé socialmente pero
cuando vine de Santiago todos teníamos ilusiones y con ella la grandeza
que implica el sacrificio.
“Poco tiempo después conseguí trabajo y todos trabajamos de peones de
albañil para poder construir nuestra casa. Desde que llegué muchas cosas
pasaron. Desde entonces mis hijos fueron creciendo y traté de darles
una educación a cada uno de ellos. Los más grandes formaron sus hogar
y llegaron los nietos, y con ellos mi felicidad. Los sueños se fueron
concretando.
“Hace poco días la tragedia golpeó con total brutalidad nuestro hogar
desapareció mi hija, mi única hija mujer. Los días fueron pasando y
no se supo nada de ella hasta que un llamado de la dependencia policial
nos comunicó lo peor: había sido asesinada.
“El asesino la golpeó sin piedad, luego, en agonía, usó con ella las
técnicas que usaba para descuartizar animales. El asesino fue apresado,
pero los abogados lo quieren hacer pasar por loco.
“Es por eso que necesito la ayuda de todos los platense. En mis largas
horas de lucha recordaba el caso de María Soledad Morales en Catamarca,
el de Cabezas en Pinamar, el de Miguel Bru en La Plata, todos ellos
fueron asesinados, y de no ser por la fortaleza de sus seres amados
que se organizaron a salir a la calle para pedir justicia, hubiesen
quedado impunes. Yo tengo esa fortaleza que toda madre bien nacida tiene,
pero los necesito a todos ustedes para exigir justicia. Les ruego escuchen
mi grito de madre”. Sería un simulador El primer dia de las entrevistas
para analizar la salud mental de Miguel Alonso Torres fue un rotundo
fracaso. Los expertos en neurología, psicología y psiquiatría debían
comenzar ayer a la mañana los estudios con el acusado a fin de determinar
su estado de salud mental. Esto es si comprendió la criminalidad de
sus actos y el dirigir de sus acciones. Pero el detenido sorprendió
a todos. Se negó a hablar. Dicen que hasta simuló desmayos y ni siquiera
miró a los ojos a los peritos. Fuentes calificadas de la Asesoría Pericial
de Tribunales adelantaron que Alonso evidenciaría estar en su sano juicio
y sólo se trataría de un simulador.
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9
de Febrero - Experto con el cuchillo: Intentan probar que Miguel Alonso
Torres utilizó sus habilidades en los trabajos de campo para seccionar
el cuerpo de su prima Magdalena. Podría tratarse de un crimen planificado
y con alevosía. Realizarán pericias sobre el suelo donde fue enterrado
el cuerpo de la joven Nuevos
datos aportados a la investigación y el resultado de una serie de pericias
permitirían concluir que el crimen de Magdalena Edtih Torres (22) fue
cometido con premeditación y alevosía.
Mientras se robustece la hipótesis del móvil pasional (ver aparte),
parece complicarse aún más la situación del único detenido Miguel Alonso
Torres (21), sospechado de haber ultimado a golpes a su prima y luego
seccionado su cuerpo
para ocultarlo debajo de una calesita del Paseo del Bosque.
Es que ahora se sabe que Alonso es un experto depostador de chivitos
y ovejas. El joven conoce muy bien las tareas del campo, que realizaba
en su Santiago natal. Se cree que la habilidad con el cuchillo le sirvió
para seccionar el cuerpo de Magdalena.
El dato no pasó desapercibido para los patrocinantes de la familia de
la joven quienes ya solicitaron la realización de una pericia en el
suelo donde fue enterrada la joven.
Los abogados Carlos Irisarri, Juan José Losinno y Flavio Glielmmo, que
asesoran a la familia
Torres, solicitaron las tareas de un perito experto en suelo o excavaciones.
Intentan establecer las características del terreno, su dureza y permeabilidad.
Los letrados cree que el joven trasladó la técnica usada con los animales
al cuerpo de la víctima.
Dicen en el campo que primero se secciona la cabeza del animal, se coloca
en la tierra para que desangre, luego se cortan las patas y finalmente
el resto del cuerpo.
La misma técnica habría sido usada tras el
aberrante crimen. El cuerpo de Magdalena fue enterrado en un pozo que
el asesino cavó en el interior de la calesita. Primero fue depositada
la cabeza. Lo último que ingresaron fueron los brazos. La pericia podría
probar que el cuerpo fue desangrado en el pozo. Si bien el autor del
crimen habría limpiado el lugar (pese al poco tiempo con el que contó)
no se encontraron manchas de sangre en la tierra.
De esta manera, la medida solicitada por el particular damnificado intentará
demostrar que el homicidio fue cometido con alevosía, circunstancia
que aumentaría la pena con expectativa de reclusión perpetua.
La alevosía estaría acreditada en virtud de que el supuesto autor del
crimen asestó tres mazazos en la cabeza de su víctima y luego aplicó
sus aptitudes de depostador. “Los golpes en la cabeza facilitaron el
degollamiento”, sentenció el abogado Losinno.
Por otra parte, el estudio sobre el suelo permitiría determinar que
el crimen fue perpetrado en el mismo lugar donde fue enterrado el cuerpo.
Algunos datos refuerzan estas hipótesis. El sangriento hecho habría
tenido lugar entre las 10 y las 12 de la mañana del 19 de enero, el
mismo día que la chica desapareció. Si la muerte se hubiera producido
en otro lugar, decenas de ocasionales tran-
seúntes habrían sido testigos del traslado del cuerpo hasta el lugar
donde fue hallado diez días después. Además, Alonso tendría que haber
usado algún tipo de vehículo para llevar los restos, y el joven no tenía
automóvil: siempre se trasladaba en su bicicleta playera.
Por otra parte, estos elementos harían desvanecer la posibilidad de
un segundo implicado en el hecho. Si bien en algún momento de la pesquisa
se habló de la posibilidad de un cómplice, cada vez tiene más fuerza
la postura de un único autor del crimen
El cuerpo de Magdalena estuvo diez día enterrado en el centro de “El
duende Poppy”, la única calesita que descansa en el Paseo del Bosque.
Durante ese tiempo la incertidumbre y la desesperación fue ganando el
ánimo de padres, hermanos y una larga lista de familiares y amigos.
Alonso
Torres había vivido en la casa de sus tíos hasta el mismo día en que
fue ultimada la joven. Ese día partió hacia Santiago del Estero, de
donde toda la familia es oriunda. Desde allí, el joven telefoneó varias
veces a La Plata. Hablaba con su tía y le preguntaba si “Maggie” había
regresado. Pero la familia siempre dudó de él.
Ahora, todas las sospechas apuntan a que fue Alonso quien golpeó mortalmente
a su prima Magdalena, luego seccionó su cuerpo, lo enterró y limpió
el lugar. Sobre la tierra nuevamente barrida y sin manchas marcó una
“M”. Un indicio que pareció imponer un grado más de espanto al macabro
hecho.
Un arranque de celos A “Maggie” todos la querían. Y todos la
lloran. Nadie pareció tener motivo alguno para querer asesinarla.
Sin embargo, cuando las sospechas se apostaron sobre Miguel Alonso Torres,
el móvil pasional no tardó en vislumbrarse, aunque las circunstancias
no parecían claras.
Fue el testimonio de un joven de 18 años el que aportó el motivo que
pudo desencadenar la tragedia.
Como ya lo informó Trama Urbana, Nahuel Ignacio Maza había iniciado
el noviazgo con Maggie a comienzos de enero. Una semana después el chico
conoció a la familia de la joven y
también a Alonso.
Ahora se cree que Alonso habría tenido otros sentimientos hacia su prima,
y la llegada del joven habría despertado su ira.
Lo que ahora falta probar es si el crimen fue el resultado de un arrebato
o de un plan fríamente preparado. Mientras el particular damnificado
habla de alevosía, la defensa del joven apela a la inimputabilidad.
El estado psíquico de Alonso Torres será determinado luego de una batería
de pericias que está previsto realizar a partir del próximo lunes 18.
Se le harán estudios neurológicos, psicológicos y psiquiátricos.
7 de Febrero - Un grito de justicia por Maggie Un
centenar de personas “coparon” los Tribunales Penales. Exigieron dura
condena para el único imputado por el crimen de Magdalena Torres. En
tanto, trascendieron detalles de la relación que la chica mantenía con
un joven y que pudo ser el desencadenante de la tragedia Casi
un centenar de personas, entre familiares y amigos, ocuparon el hall
del Palacio de Tribunales Penales (7 entre 57 y 58) para hacer oír su
reclamo de justicia. Exigieron que la muerte de Magdalena Edith Torres
(22) no quede impune y que el único detenido por el crimen y descuartizamiento,
Miguel Alonso Torres, pague por el hecho.
“El merece morir”, rezaban algunos carteles que levantó la familia de
la joven, cuyo cuerpo fue hallado el 29 de enero enterrado en una calesita
del Paseo del Bosque. Es que desde que se encontró el cuerpo y se detuvo
al primo de la joven, supuesto autor del atroz crimen, la familia no
dejó de reclamar la pena capital para el chico de 21 años, quien durante
casi dos años vivió en la misma casa que su víctima. La marcha partió
en horas de la mañana de la casa de la familia, en 83 entre 27 y 27
bis, y al mediodía arribaron a los Tribunales.
El fiscal en turno Antonio Raimundi recibió a la familia de la chica.
“Le pedimos que el crimen no quede impune como otros, y le dijimos que
vamos a hacer millones de marchas si no se hace Justicia”, relató a
Trama
Urbana, Carlos Torres, el hermano mayor de Magdalena.
Si bien Alonso Torres fue detenido a pocas horas de hallado el cuerpo,
y existen pruebas que lo sindican como el supuesto autor, los familiares
temen que lo declaren inimputable. “No queremos que lo hagan pasar por
loco. Estamos seguros de que planeó el crimen”, agregaron.
Por otra parte, la manifestación en el interior de los Tribunales fue
vista con desagrado por algunos funcionarios. El fiscal Marcelo Romero
se quejó de la “lamentable actuación de la Policía de Seguridad”, que
permitió transformar los Tribunales “en un piquete de ruta... Sólo faltó
que incendiaran neumáticos... El derecho constitucional a la libre expresión
y al reclamo ante la autoridad pública tiene sus límites”, dijo el funcionario.
Si bien a esta altura de la investigación la responsabilidad de Alonso
Torres en el hecho parece no estar en discusión, aún es un misterio
el móvil del crimen. Desde un comienzo se avaló la hipótesis pasional,
ya que se creía que ambos primos mante-
nían una relación amorosa. Pero esa posibilidad fue desestimada por
la familia, que negó la relación entre ambos, aunque dejó abierta la
posibilidad de que Alonso tuviera interés en su prima. Sin embargo nadie
habló de Nahuel Ignacio Maza, un chico de 18 años que desde los primeros
días del año había conquistado el corazón de Maggie.
El 2 de febrero, la declaración del chico ante el fiscal Daniel Urriza,
quien lleva adelante la investigación, aportó datos que serían trascendentes.
La relación entre los chicos era muy reciente, pero lo suficientemente
profunda como para que Maggie estuviera haciendo planes.
Nahuel y Magdalena se conocieron el 5 de enero. Ambos habían ido a bailar
a Recordando. Los chicos volvieron a verse durante la semana. Finalmente
el viernes se encontraron en la plaza San Martín.
Cuando aún estaban juntos apareció un joven en bicicleta y Maggie dejó
a Nahuel para acercarse a él. “No te pongas celoso, que es mi primo”,
le dijo cuando regresó. Todo pareció un encuentro ocasional. Nahuel
volvió a ver a Alonso cuando una semana después fue a la casa de la
familia Torres. Tras el habitual encuentro en la plaza, la chica lo
invitó a almorzar. Era el viernes 18, a un día de su desaparición.
A todos lo presentó como su novio. Mientras uno de los hermanos de Maggie
lo trató de cuñado, Alonso hizo lo propio y le dijo “primo”.
Para Nahuel, Alonso se mostró algo callado y con un dejo de indiferencia.
A la comida familiar le siguieron partidos de truco y charla amena.
Al día siguiente los chicos iban a volver a verse, tenían planeado ir
juntos a una peña. Cerca de las 17 del sábado, Nahuel llamó a la casa
de los Torres, pero Magdalena no estaba. Poco después la madre de la
chica decidió llamar a la casa de Nahuel para preguntarle si la había
visto.
El paso de las horas sólo traía más incertidumbre. Esa noche Nahuel
volvió a hablar con la madre de su novia. La mujer le dijo que Magdalena
no había regresado a la casa y le confió que temprano ambas habían mantenido
una discusión. Hasta mencionó la sospecha de que la chica se hubiera
ido a Santiago del Estero (adonde había partido Alonso).
La conversación entre la madre de Magdalena y Nahuel podría aportar
datos importantes, por lo que la llamada será rastreada y los dichos
serán utilizados como elementos de prueba. Así se fortalecería la hipótesis
de que Alonso estaba celoso de la nueva relación de su prima.
Maggie le había contado a su familia el amor que sentía por Nahuel.
“Lo veía tan bueno que hasta ya hacia planes de casarse y tener hijos”,
contó su hermano Carlos. “Ella se merecía todo. Este desgraciado no
sólo me arrancó a mi hermana, me sacó a mi amiga del alma”, agregó el
dolido hermano.
4
de Febrero - El día en que toda la ciudad fue a despedirla - El 9 de
febrero pasado fue enterrado el cuerpo de Natalia. Ese día 6.000 personas
reclamaron Justicia El
país entero estaba consternado. Otra vez la despiadada mano asesina
sobre el cuerpo de una joven indefensa. Otro caso “María Soledad”, se
dijo inmediatamente. Habían pasado horas nada más del descubrimiento
del cuerpo, y ya se barajaba la posibilidad de que algunos poli-cías
estuvieran implicados.
Pasaron apenas 5 días desde aquel criminal 4 de febrero. Y luego de
las pericias de autopsia la Policía entregó el cuerpo a los familiares.
El 9 de ese mes los padres enterraron a su hija en el cementerio local.
Fue una escena desgarradora que quedó en la mente de todos los argentinos.
El padre, de rodillas frente al féretro de su hija, juró llegar al fondo
de la cuestión y obtener justicia. Hoy se cumple un año desde aquel
asesinato que enmudeció al país entero. Sigue el mismo sospechoso detenido
-el “gallo” Fernández-, mientras que los dos policías presuntamente
implicados continúan en libertad.
“Yo la entierro”
Alrededor de 150 personas asistieron al entierro. Fue casi íntimo, comparado
con las 6.000 almas -en su mayoría turistas- que al mismo tiempo protestaban
por el centro de la ciudad en reclamo por el esclarecimiento del hecho.
Sus padres y hermanos estaban muy conmocionados . La gente reclamó el
esclarecimiento al grito de “justicia”.
“Dámela”, le gritó Gustavo Melmann a un empleado del cementerio que
tenía una pala. “A mi hija la voy a enterrar yo, carajo”, agregó. El
hombre se la entregó y, ahí nomás, Melmann empezó a tirar tierra fresca
sobre el ataúd de su hija. Sus dos hijos varones lo imitaron: con las
manos arrojaron y arrojaron tierra hasta sepultar por completo el féretro.
Nicolás Melmann no pudo contenerse: se tiró de cabeza adentro del pozo
y se acostó arriba del ataúd de su hermana. Unos minutos después, la
tumba quedó completamente tapada. El padre de Natalia se quedó en silencio,
con la mirada clavada sobre la tierra. Nadie se atrevió a tocarlo ni
a hablarle. Unas horas después dijo que en ese momento estaba haciendo
un juramento. “Sobre su tumba le juré a Natalia que no voy a descansar
hasta que los asesinos vayan presos”.
2 de Febrero - Los Torres quisieron linchar al asesino
- Sucedió frente a las puertas de la DDI, cuando los familiares de la
joven descuartizada vieron llegar al principal sospechoso. Interceptaron
la patrulla y se abalanzaron sobre la custodia. La Policía optó por
trasladarlo a una comisaría. Pudo declarar ante el fiscal, pero se negó
a hacerlo Miguel Torres Alonso, el joven de 21 años acusado
de asesinar y enterrar a su prima hermana en una calesita del Paseo
del Bosque, llegó ayer a La Plata acompañado por una fuerte
custodia policial.
Los familiares de Magdalena Edith Torres (22) se concentraron frente
a las puertas de la Delegación Departamental de Investigaciones
(DDI) desde las primeras horas de la mañana. Esperaban que llegara
entre las 8.30 y las 10 de la mañana. La camioneta que lo trajo
desde la localidad santiagueña de Loreto apareció recién
a las 12.30 del mediodía.
Miguel Alonso Torres contó con una fuerte custodia policial,
ante la presunción de que la familia Torres pretendiera hacer
justicia por mano propia. Y razones no faltaban: conscientes de que
todas las pruebas apuntan a este pibe, los padres y hermanos de Magdalena
hicieron público su deseo de instrumentar la pena de muerte como
castigo para el homicida. Que lo corten en pedacitos, que lo quemen,
que le hagan lo mismo que le hizo a mi hija, dijo el padre de
la chica bestialmente descuartizada.
Los ánimos se recalentaban cada vez más, al ritmo del
galopar de las horas. La gente se sentó a la sombra, con carteles
dedicados al presunto homicida. En uno lo llamaban hijo de prostituta,
como forma de guardar el decoro. En otro, pegaron un título entrecomillado
de Trama Urbana que reproducía un reclamo de los Torres: Que
lo quemen, que lo maten.
Este tipo (Miguel Torres Alonso) no puede estar en la calle, él
la destrozó y queremos que lo pague así, de a poco,
repetía incansablemente Fabián Torres, uno de los tres
hermanos de Magdalena.
Es un h... de p..., es nuestro primo hermano, lleva la misma sangre,
le dimos de comer, le dimos una cama, ¿cómo pudo hacer
eso?, cuestionó el muchacho.
El medio centenar de personas terminó de alterarse por completo
cuando advirtió que se acercaba la camioneta 4X4 blanca con el
acusado adentro. No podían verle la cara, cubierta por una remera
, pero sabían que era él.
Los Torres y sus amigos se abalanzaron sobre el móvil, disparando
contra Torres los gritos e insultos más ofensivos y -claro está-
más previsibles.
La ira era más fuerte que las bocanadas de viento que soplaban
a esa hora. Los policías te-nían miedo de que los manifestantes
intentaran linchar al detenido, y había muchas posibilidades
de que lo lograran. Para evitarle semejante final a una historia ya
suficientemente cruenta, el chofer de la 4X4 dio la marcha atrás,
apretó el acelerador y salió de allí lo más
rápido que pudo.
Alonso Torres y sus custodios perdieron media hora dando vueltas por
los alrededores, esperando que las puertas de la DDI recuperaran la
calma habitual. Claro que eso no pasó. Y la Justicia dispuso
que el acusado fuera trasladado a una comisaría, donde quedaría
finalmente
La malvenida Miguel Alonso Torres fue detenido
en la ciudad santiagueña de Loreto, adonde viajó el mismo
día del crimen. Una delegación de la comisaría
Quinta y la DDI local lo aprehendió el miércoles último
y se encargó de traerlo nuevamente a La Plata. La camioneta 4X4
que lo trasladaba llegó a la DDI a las 12.30 del mediodía.
La familia Torres lo esperaba desde antes de las 8. La Policía
se encargó de cubrir el rostro del principal sospechoso con una
remera blanca. Y alojarlo lejos de la furia de la gente.En horas de
la tarde, Miguel Alonso Torres volvió a sentarse en un patrullero,
aunque esta vez el viaje fue distinto, igual que el destino.
Esposado y seguido de cerca por varios policías, el muchacho
de Loreto subió las escalinatas de los Tribunales penales. Allí
dentro, en el ex edificio de la Dirección de Vialidad, lo esperaba
el fiscal que investiga el espeluznante caso: Daniel Urriza.
Como suele decirse en estos casos, todo se limitó a un
trámite. En la UFI 5 Alonso Torres fue formalmente notificado
del grave delito del que se lo acusa y a través de su abogado
defensor comunicó su decisión de no declarar. Eso fue
todo.
Unos minutos más tarde volvió a arrellanarse en el asiento
trasero del patrullero. Y regresó a la celda.
Se nos escapó
Bastante lejos de allí, en el patio de una casa de 82 entre 27
y 27 bis, los Torres mastican la bronca y hacen un balance de lo que
sintieron al estar tan cerca de Miguel, separados por una carrocería
bien cerrada.
Carlos, el hermano mayor de Maggie
(así le decían a Magdalena) toma la posta y explica: Queríamos
matarlo, pero se nos escapó.
Cuando nos enteramos de que traían a este maldito fuimos
todos los que podíamos, aclara.
Preguntarle qué piden, qué esperan, qué desean,
parece redundante. Pero la respuesta llega antes de que cualquier cronista
se la dispare: Pedimos que se haga justicia. Que de una vez por
todas se termine esta pesadilla. Estamos destruidos.
¿Alcanza con que el principal sospechoso esté preso? otra
pregunta redundante para este caso y esta familia: No estamos
conformes ni contentos con la detención.
Desde aquel martes 29 de enero, Carlos, sus hermanos y sus padres rezan
porque las peores cosas le pasen a aquel que les arrancó a esa
chica. Ayer, admitieron por primera vez que la venganza tampoco cura
el dolor ni evapora los fantasmas de la ausencia: Le hagan lo
que le hagan, él ya nos quitó algo que estaba muy dentro
nuestro.
Para aquel que no lo sepa, Magdalena Edith Torres tenía nada
más que 22 años y una familia que la adoraba. El sábado
19 de enero salió de su casa como siempre, sólo que esta
vez no volvió. Dos empleados del Paseo del Bosque la vieron con
su primo hermano en la calesita que éste cuidaba en el turno
de la mañana. Miguel volvió a la casa de sus tíos
a eso de la una y media de la tarde del mismo día. Juntó
un poco de ropa, cargó la bicicleta en un remise y anunció
que regresaba a su Loreto natal. Durante toda esa semana, y aunque la
familia de Maggie sospechaba que su desaparición estaba directamente
vinculada con aquel viaje, llamó por teléfono al matrimonio
Torres para saber si la chica había regresado, contaron
los pesquisas.
El martes de la semana pasada, el concesionario de la calesita El Duende
Poppy entró a la estructura central del carrusel alertado por
un olor nauseabundo. El suelo mostraba algunas ondulaciones. Lo presionó
con un palo. Y apareció un brazo.
La autopsia estableció que Magdalena fue asesinada de tres golpes
en el cráneo. Luego fue descuartizada y semienterrada.
La angustiosa búsqueda El sábado
19 de enero, Magdalena se fue muy temprano de su casa de Altos de San
Lorenzo. Avisó que iba al centro a comprarse un pantalón.
Pero nunca más regresó. Cuando las horas pasaron, su fami-lia
presintió lo peor. Fueron a la comisaría de la zona y
recorrieron cada lugar en el que podría haber estado. Todo fue
inútil. Ese mismo día, repentinamente Miguel Alonso Torres
anunció que se volvía a Santiago del Estero. Su actitud
sembró intrigas en la familia. Algo extraño estaba ocu-rriendo.
Durante los siguientes diez días la familia Torres buscó
desesperadamente a la joven. A medida que el tiempo pasaba se iba diluyendo
la esperanza de hallarla con vida.
Asesinada y mutilada La noticia fue dolorosa pero
no sorprendente. Cuando el martes 29 la policía halló
el cadáver de una mujer debajo de la calesita del Bosque, la
familia no dudó. Se trataba de Magdalena. El día de su
desaparición, la chica había sido vista en el lugar junto
a su primo Miguel. Luego lo vieron a él sólo. Y luego
él se fue misteriosamente de la ciudad. Todas las sospechas parecieron
cobrar sentido. El joven era empleado de los juegos. La chica había
sido asesinada a golpes. El cuerpo estaba mutilado. Con los restos,
fueron enterrados en el lugar también las armas utilizadas para
la masacre. Ese mismo día, la policía salió a la
búsqueda del presunto criminal.
Un dolor irreparable Pocas horas después
del hallazgo se realizaron apuradamente la autopsia y las demás
pericias. El cuerpo ya estaba en avanzado estado de descomposición.
El miércoles al mediodía se realizó la inhumación
de sus restos. Pero la fami-lia pidió que aunque sea unos breves
minutos Magda regrese a su casa. El féretro fue llevado a la
vivienda fami-liar de Altos de San Lorenzo. Vecinos y amigos se acercaron
para despedirla. Unas trescientas personas la acompañaron hasta
el cementerio local. Todos la querían y estuvieron presentes.
Fue el mejor homenaje. La familia se reunió en la casa para compartir
largas horas de terrible dolor y furia.
El primo hermano Hacía poco menos de dos
años que Miguel Alonso Torres había dejado su Santiago
natal y había llegado a La Plata para probar suerte. El hermano
de su padre y su familia lo recibió con los brazos abiertos.
Le dieron casa, comida, una familia. El les arrebató lo más
sagrado.
Magdalena era la única mujer de cuatro hermanos. La más
mimada. La querida por todos. Algunos aseguraron que mantenía
una relación amorosa con su primo. La familia lo desestima pero
cree que él la pretendía. El móvil es aún
un misterio, pero todas las evidencias señalan a Alonso Torres
como el autor del terrible crimen. La familia no perdona semejante traición.
Reclaman la pena de muerte para el joven.
¿Por
qué la mató?
1
de Febrero - Hoy llega a La Plata el principal sospechoso del crimen
de Magdalena Torres. Además del fiscal, lo esperan los familiares
de la víctima. En las últimas horas se conocieron más
detalles de aquel sábado negro. Los allegados a la chica aseguran
que nunca mantuvo un noviazgo con su primo. Por Alejandra Castillo de
la redacción de Hoy
Miguel Alonso Torres (21), primo hermano y presunto homicida de Magdalena
Edith Torres (22), viajaba anoche hacia nuestra ciudad. Aquí
lo esperan el fiscal que investiga la causa, Daniel Urriza, una celda
en la DDI, y los familiares de la chica descuartizada y enterrada en
una calesita del Paseo del Bosque. Ni más ni menos.
Si la Justicia no hace nada lo vamos a hacer nosotros. Queremos
la pena de muerte. Queremos que lo corten en pedacitos, o que lo sienten
en la silla eléctrica. Nada de 8 o 25 años, no, no queremos
que a ninguna otra chica le vuelva a pasar esto. Las palabras
salen de la boca de Carlos Torres, a horcajadas de esa tonada tan de
vals, tan de siesta calurosa, tan irrenunciablemente santiagueña.
Carlos es el hermano mayor de Magdalena. Tiene 36 años y una
mujer que se llama Norma y a la que se le quiebra la voz cada vez que
lamenta: A ella ni siquiera le dejaron el derecho a un velatorio
decente.
Norma se encargó de organizar la misa que el próximo lunes
4 de febrero, a las 19.30 horas, realizarán en la Parroquia del
Sagrado Corazón de Jesús, en 58 y 9. Las oraciones
son como flores que nunca se marchitan y que nuestro buen Padre Dios
recoge, dice la tarjeta que invita a rezar por la memoria de Magdalena.
Memoria es lo que le sobra a esta familia que hace 12 años llegó
del departamento santiagueño de Loreto. Memoria para recordar
a esa chica que recibió tres mazazos en la cabeza y a la que
le cortaron la cabeza, los brazos y las piernas, antes de cubrirla con
la tierra sobre la que reposa la estructura de una calesita. Memoria
para no sepultar la injusticia. Y para juntar los pedazos de aquel sábado
19 de enero entonces sofocante y lleno de sol; ahora horrendo.
La que sigue habría sido la secuencia, reconstruida a partir
de los datos que aportó la familia Torres desde el primer momento
de la desaparición de la víctima, sumados a los que acercaron
algunos testigos clave.
Magdalena salió de su casa de 82 entre 27 y 27 bis a eso de las
8.30 de la mañana. A sus padres les dijo que iba a comprar un
pantalón al centro. Todo hace creer que nunca fue allí,
sino a encontrarse con Miguel en el Bosque.
El pibe trabajaba desde hacía poco menos de dos años como
cuidador en el turno mañana de la calesita El Duende Poppy y
los botes del Lago.
Dos empleados de otros juegos del Paseo aseguran haberlo visto junto
a su prima alrededor de las 10 de la mañana.
Estaban en el carrusel, cerrado por esta época del año.
Su concesionario, Orlando Guerzoni, había viajado a Mar del Plata
por cuestiones de negocios.
El y Miguel eran los únicos que tenían la llave de acceso.
Nadie puede asegurar qué hizo el principal sospechoso desde el
momento en que fue visto por los dos testigos y hasta las 12 del mediodía,
cuando se presentó en la casa del hermano de Magdalena, en 89
y 21.
Mi mujer y yo habíamos salido. Mis cuatro hijos estaban
solos. El entró como si fuera el dueño y le pidió
a mi hija de 14 años que le diera mi carabina calibre 22. Estaba
como loco, decía que los policías lo estaban siguiendo,
y que necesitaba el arma para matarlos, recordó Carlos
en diálogo con Trama Urbana.
Un poco por miedo y otro poco por desconfianza, la chiquita se negó
a entregarle la carabina. Mientras tanto, su hermana corrió a
la casa de un vecino para avisarle a sus padres lo que estaba pasando.
Carlos no esperó un solo segundo. Y salió corriendo hacia
su casa: Estaba furioso, ¿entendés?, entró,
hizo un llamado- no sé a dónde-, amenazó a mis
hijos... lo quería matar. Cuando llegó, Miguel ya
se había ido.
Los hijos de Carlos aseguran que llevaba consigo una bolsita celeste.
De allí, el ahora principal sospechoso fue a la casa de otro
familiar, donde contó la misma historia de los patrulleros persiguiéndolo
y los policías encañonándolo con 9 milímetros.
Eso no es cierto, nadie lo estaba siguiendo, aclara Carlos.
Por último, Miguel recaló en la vivienda de Magdalena.
En ese momento sonó el teléfono y él atendió:
era Carlos. ¿Sabés lo que me dijo el pelot...? que
había sido una broma, que quería saludarme antes de irse
a Loreto.
Efectivamente, a las 13.30 de ese mismo sábado negro, Alonso
Torres amontonó un poco de ropa en un bolso, cargó la
vieja bicicleta en un remise, y anunció que se marchaba. Ya no
cargaba con la bolsa celeste. Y tampoco dio muchas explicaciones.
La familia de Magdalena tardó varias horas antes de vincular
la imprevista partida con la desaparición de una jovencita que
jamás salía sin decir adónde iba. Cuando el cielo
se tragó el sol y el reloj consumió cientos de minutos
sin tregua, recién hilvanaron ambos sucesos.
Fuimos a la comisaría Quinta y le contamos lo mismo que
te estamos contando a vos. ¿Sabés qué nos dijeron?
tu cuñada es demasiado linda, seguro que se fue con alguien,
comentó Norma indignada. Algo parecido a culpar a un jacarandá
por el celeste de las flores derramadas.
El martes pasado, Orlando Guerzoni abrió la calesita, sintió
olor feo, presionó la tierra con un palo y vio lo
que parecía ser un brazo. Los mismos policías confirmarían
las sospechas más negras de los Torres, aunque la realidad las
superó por lo macabra, por lo terrible.
Los investigadores están seguros de poder probar que Alonso Torres
descargó tres golpes secos sobre el cráneo de Magdalena.
Que para esto habría usado una maza y un martillito con punta
secuestrados en la escena del crimen. Que la cortó con un serrucho
o una sierra. Que la sepultó a un metro de profundidad, con una
pala que también hallaron en la estructura central de El Duende
Poppy. Que planeó el homicidio pero enloqueció a la hora
de ejecutarlo. Que sazonó de evidencias cada centímetro
por el que anduvo antes de huir hacia Loreto. Los instructores bajo
el mando de Urriza reunieron testigos, rastros y evidencias para corroborarlo.
Lo que parece difícil de explicar es el móvil capaz de
explicar (si cabe la palabra) el por qué de semejante espanto.
Para los pesquisas, la causa estaría escondida en una relación
sentimental que unía a los primos. Para los hermanos y los padres
de Magdalena, el único que estaba enamorado era él.
Nunca fueron novios. Por eso la mató.
El
perfil Miguel Alonso Torres llegó a La Plata hace dos años.
Desde el primer día vivió en la casa de sus tíos,
los padres de Magdalena. Al poco tiempo consiguió trabajo en
la calesita del Bosque. Aquellos que lo conocen lo describen como un
muchacho tímido, trabajador, tranquilo. En definitiva,
alejado del perfil que debería tener un hombre capaz de matar
a mazazos a una mujer antes de seccionarla en varios pedazos. Los investigadores
creen que la víctima y el presunto victimario eran amantes, y
que él la habría asesinado cuando ella se negó
a que huyeran juntos. Los familiares de Magdalena rechazan de plano
esa hipótesis.

“Que
lo maten, que lo quemen”
El dolor irreparable y la indignación se mezclan
por estas horas en el ánimo de la familia Torres. No hay razones que
puedan explicar el aberrante crimen. No hay perdón. Quieren castigo.
Piden para el asesino de Magdalena la pena de muerte
Ramona
Maldonado, Juan Torres, sus hijos Fabián, Carlos y Ramón,
algunos parientes y amigos cercanos pasaron gran parte del día
juntos, en el patio de la casa de Altos de San Lorenzo. Cerca del mediodía
el cuerpo de Magdalena Edith fue velado a penas media hora en ese mismo
lugar. Luego, sus restos fueron inhumados en el Cementerio local. Por
la tarde, todos volvieron a la casa para seguir compartiendo lentas
horas de terrible dolor. Y juntos recibieron la noticia de que Miguel
Alonso Torres, el joven de 21 años, acusado de haber asesinado
a golpes y luego descuartizado el cuerpo de Magdalena, ya estaba detenido.
En medio de la angustia compartida, todos alzaron la voz para exigir
Justicia. Para ellos sólo la pena de muerte puede compensar semejante
crimen.
Los padres, hermanos, cuñadas y tíos exigieron que el
asesino pague con su vida por lo que hizo.
En medio del calor de la tarde y mientras los más chiquitos -que
poco comprendían del por qué de tantas lágrimas-
rompían el silencioso dolor de los adultos, la familia Torres
recibió a Trama Urbana. Habló del presunto asesino, pidió
Justicia y buceó en los mejores recuerdo de Magdalena.
Que lo quemen, que lo maten. Juan Torres se refiere así
al hijo de su hermano que vive en Santiago del Estero. Todas las imputaciones
se dirigen al joven que durante dos años convivió bajo
su techo y comió de su mesa. La angustia se le nota en el rostro
y se da fuerza sólo para pedir Justicia. Y para él, la
detención no es suficiente. Para su esposa Ramona, tampoco. La
madre se puso luto para despedir a su única hija mujer. Ahora
le pesan las palabras pero igual relata su más dolorosa experiencia.
Durante exactamente diez días peregrinó por el dolor en
busca de su hija desaparecida. Nadie le daba explicaciones. La esperanza
de encontrarla con vida se fue diluyendo con el paso de los días
y el dolor aumentando. Finalmente, la peor noticia llegó. El
martes al mediodía, el titular de la Comisaría Quinta
se comunicó con ella por teléfono. Minutos después
un patrullero la trasladaba a la comisaría. Ella presintió
lo peor y no se equivocó. El cuerpo sin vida de Magdalena ya
había sido hallado. En el mismo lugar donde la habían
visto por última vez junto al supuesto asesino. Todos presentían
que podría estar allí.
El sábado 19 Magdalena salió de su casa ubicada en 82
entre 27 y 27 bis. Eran poco más de las 8 de la mañana
y avisó que iba al centro a comprarse un pantalón. Nunca
más volvió.
Cerca de la una del mediodía, Alonso regresó a la casa.
Se había cambiado. Estaba con en short, muy nervioso y apurado.
Imprevistamente anunció que se volvía a Santiago. Llamó
un remís, cargó la bicicleta, algunas ropas y se marcho
sin más explicaciones.
A todos les resultó extraño. Cuando las horas transcurrían
y Magdalena no regresaba, la inquietud se apoderó de la familia.
Según relató su mamá ella nunca salía sin
decir dónde estaba. Era una chica independiente pero no olvidada
avisar si iba a tardar.Ese mismo día los Torres fueron a la comisaría
Quinta pero allí les informaron que debían transcurrir
24 horas para considerarla desaparecida. La familia no se quedó
en casa. Desde entonces comenzó una penosa peregrinación
por lugares conocidos. Buscaban datos que pudieran dar una explicación
a la extraña ausencia.
En ese contexto, para la familia no pasó desapercibida la abrupta
huida de Alonso. Fue una prima quien se dio una vuelta por el Paseo
del Bosque. Otros dos empleados del predio le dijeron que Magdalena
había estado allí, el mismo sábado cerca de las
10 de la mañana. Estaba junto a Alonso.
No la miraban a los ojos, bajaban la vista. Seguro que sabían
algo, describió una tía sobre la actitud de los
dos jóvenes que se convirtieron en los últimos que la
vieron con vida. Poco después los testigos lo volvieron a ver
a Alonso llevándo un bidón con agua, pero, esta vez, estaba
solo.
La familia sabía que los únicos que tenían las
llaves de la calesita eran el dueño (que por esos días
estaba en Mar del Plata) y Alonso. No tardaron en sospechar que allí
podría estar la clave de la desaparición de la chica y
se lo dijeron a la policía. Aseguran que nadie escuchó
el reclamo.
En los diez día que transcurrieron, Alonso telefoneó periódicamente
a la casa de sus tíos en La Plata. Preguntaba si Magdalena había
aparecido.
Ayer algunas noticias habían llegado a Santiago. Alonso no llamó
pero lo hizo su padre quien se desempeña como numerario de la
Policía local. Quiso saber qué había pasado. Saben
que es un buen hombre y no quisieron ser ellos los portadores de la
desgraciada noticia, así que le dijeron que habían encontrado
un cuerpo pero que no sabían si se trataba de Magdalena. Cuando
el hombre llegó a su casa, su hijo ya había sido subido
a un patrullero y trasladado con rumbo a La Plata donde lo espera la
Justicia.
Demasiadas
Dudas Una mañana de intenso calor. Un día sábado. Decenas de deportistas,
visitantes u ocasionales transeúntes. Y, en medio, el más macabro de
los hechos. ¿Cómo hizo el asesino para acallar los gritos en un lugar
tan concurrido? ¿Cómo hizo para seccionar el cuerpo en un espacio tan
reducido como lo es el interior de la calesita? Según se pudo reconstruir
con los testimonios de los familiares de Magdalena, el crimen habría
sido cometido entre las 10 y la 13 del sábado 19 de enero. Pero las
algunos puntos aún no encuentra explicación. Por eso para la familia
de la víctima surgen las dudas en torno a si existió más de un asesino.
Sospechan que una o más personas debieron ayudar al sujeto que mató
a la chica, al menos para ocultar su cuerpo y borrar las evidencias
que lo comprometían. Las pericias podrán acercar, ahora, un poco de
claridad. La investigación tendrá que determinar si existen huellas
dactilares en las herramientas usadas o algún otro elemento que permita
comprobar si en realidad el asesino contó con ayuda.
Una
multitud la despidió en su hogar
Tras finalizar la operación de autopsia, el cuerpo de Magdalena fue
entrega a la familia para su inhumación. Dada la cantidad de días transcurridos
desde el fallecimiento, no se iban a velar los restos pero la familia
pidió que aunque sea unos minutos, la joven vuelva a su barrio y a su
casa.
El velatorio duró escasa media hora. No hubo tiempo para avisar a nadie.
Pero, sin embargo, todos se enteraron.
Unas 300 personas entre familiares, vecinos, amigos y compañeros del
colegio formaron parte de una larga caravana que finalizó en el cementerio
local.
En medio de escena de gran dramatismo todos se acercaron para dale el
último y más doloroso adiós.
Para la familia Torres la gran cantidad de personas que estuvieron en
el lugar fue el mejor homenaje para Magdalena.
Una demostración de lo querida que era en todos los ambientes donde
ella se movía.
Los amigos y conocidos también acompañaron a su familia.
La familia Torres es oriunda de Santiago del Estero. Todos sus hijos
nacieron allí. Doce años atrás quisieron probar suerte en La Plata.
Se asentaron en 82 entre 27 y 27 bis. De apoco construyeron su casa
y vieron crecer a sus cuatro hijos, tres varones y una chica.
Dos de los chicos ya formaron sus familias y le llenaron la casa de
nietos. Magdalena era la única hija mujer, la más mimada y protegida
por todos.
Era divertida, dinámica y estaba llena de sueños. El 23 de febrero iba
a cumplir 23 años.
Hace dos años, un nuevo integrante se sumó a la casa de Altos de San
Lorenzo. Se trataba de Miguel Alonso Torres, un primo hermano que llegó
en busca de nuevos horizontes. Era parte de la familia, un hijo más.
Trabajaba pero no aportaba económicamente a la casa.
La familia lo describe como un chico callado, más bien introvertido
que escondía una doble personalidad. Todas las miradas apuntan hacia
él. Esta acusado del terrible crimen.
Alonso se marchó sin haber cobrado el sueldo
Nunca ninguno de los integrantes de la familia Torres pensó que estaban
conviviendo con un potencial asesino.
Nadie sospechó de él pero a todos les resultó sospechosa su actitud.
La repentina huida no tenía explicación. Era cierto que el muchacho
tenía planes de regresa a Santiago. Debía inscribirse para comenzar
unos cursos que tenia proyectados. La Plata había sido una experiencia.
Pero quería volver a su ciudad.
Sin embargo, nada hacía pensar que lo haría tan pronto. Tenía compromiso
con su trabajo.
Era una persona de confianza para su empleador en él estaba depositada
una de las dos llaves de la calesita.
Además, todos en la casa sabían que estaba esperando cobrar el sueldo
de enero y que eso ocurriría recién dos semanas después.
Cuando dijo que se marchaba logró sorprender a todos. Luego llegaron
las sospechas.
Con el transcurso de los días comenzaron a pensar que el joven ocultaba
algo grave. Y no se equivocaron.
Le robaron las alhajas y el dinero que llevaba
Un tiempo atrás Magdalena trabajó como canillita del Diario Hoy. En
esa época ayudaba a su familia pero luego habría decidido retomar sus
estudios. Actualmente cursaba segundo año en la Industrial de Los Hornos.
Tenía proyectos, como todas las chicas de su edad.
Sus padres no le hacían faltar nada. Ramona es empleada de la empresa
Bagó desde hace varios años, y su marido trabaja en la construcción.
Hacían un gran esfuerzo pero lograban darle a sus hijos todo lo necesario.
A Magdalena le gustaba vestirse con ropa moderna y adoraba lucir anillos,
cadenas y aros de oro. Sus padres siempre encontraban algún razón para
regalarselos.
El día que desapareció, llevaba un par de anillos, una cadenas y aros.
Se cree que el asesino, también se llevó las alhajas y el dinero que
Magdalena tenía.
Uno de los hermanos de la víctima aventuró que el presunto asesino tuvo
tiempo hasta para vender las alhajas de su hermana. “Por eso no le importó
irse sin haber cobrado”.
El
Duende Poppy es el nombre de un carrusel del paseo del Bosque. Su dueño
advirtió que un olor nauseabundo escapaba de la estructura central. Sacó
una madera. Semienterrado, encontró el cuerpo descuartizado de una joven
mujer. El principal sospechoso es su primo y amante (Diario
Hoy, La Plata)
Macabro.
Esa es la única palabra capaz de sintetizar el hallazgo que se produjo
ayer al mediodía en una calesita del Bosque platense. Entre las maderas
que cubren el eje y el motor del carrusel, y enterrados bajo unos pocos
centímetros de tierra, aparecieron los restos de una mujer descuartizada.
Su asesino le cortó la cabeza, los antebrazos y ambas piernas por debajo
de las rodillas. No llevaba más ropa que un corpiño. Y el estado de putrefacción
permite especular que su horrible muerte se produjo hace no más de una
semana.
Con respecto a la identidad de la víctima, hasta última hora de anoche
se barajaron los nombres de tres jovencitas desaparecidas en los últimos
días, dos de ellas en jurisdicción de la comisaría Quinta.
No obstante, fuentes tribunalicias confirmaron anoche la versión que circuló
con más fuerza desde el momento mismo del hallazgo: se trataría de Magdalena
Edith Torres, de 23 años, quien el 20 de enero pasado desapareció misteriosamente
junto a su novio, un cuidador de los botes del lago.
Tumba al ras de la tierra
La calesita “El duende Poppy” funciona desde hace muchísimos años en mitad
del paseo del Bosque, frente al anfiteatro y a pocos metros del lago.
Está rodeada de árboles. Ni puestos, ni vendedores ambulantes. Sólo árboles,
y bastante más añejos que ella.
Cada mes de enero su dueño se acomoda al ritmo de esta ciudad, por lo
que los viejos tablones del duende Poppy giran nada más que los fines
de semana. Este año no fue la excepción.
De lunes a viernes las llaves del carrusel quedaban en manos del muchacho
que se encarga de administrar los botecitos y las bicicletas acuáticas
del lago.
La identidad de este joven no trascendió. Lo único que se sabe de él es
que desapareció con su novia hace más de una semana y que días atrás viajó
repentina e inesperadamente a la provincia de Santiago del Estero, de
donde sería oriundo.
Los detalles no son muchos, pero los investigadores creen que encajan
perfectamente con las piezas de este espeluznante rompecabezas.
Ayer a la mañana, el dueño de la calesita se presentó en el lugar. Sabía
que ya no la cuidaba nadie y que la tormenta del domingo podría haberla
castigado fuerte.
El terreno evidenciaba los estragos de la lluvia, pero no fue eso lo que
atrajo la atención del calesitero. Un penetrante y nauseabundo olor escapaba
por la estructura central.
Abrió la reja. Subió a la tarima de madera. Sacó el tablón donde una leyenda
advierte “reservado para discapacitados”. De un tirón, las orejas de Dumbo
quedaron a un costado. Miró al piso. Entre el barro se adivinaba un antebrazo.
El calesitero fue a buscar una pala y excavó hasta encontrar más restos.
No llegó mucho más lejos; entonces llamó a la Policía.
Los primeros en llegar fueron dos efectivos de la comisaría Novena, quienes
al descubrir la magnitud del hallazgo pidieron refuerzos y peritos de
la Policía Científica.
En pocos minutos la calesita del duende Poppy quedó cercada por la cinta
roja y blanca que siempre esconde alguna mala nueva. Los peritos desenterraron
los restos de Torres, sin saber hasta entonces su nombre.
Lo último que encontraron fue su cabeza.
“La habrían matado con un elemento contundente y seccionado con un hacha”
precisó un especialista forense sin atreverse a arriesgar más precisiones:
“para eso habrá que esperar el resultado de la autopsia” explicó.
Vale aclarar que esa operación recién podría concretarse dentro de las
próximas 24 horas, ya que los restos deberán ser sometidos a frío debido
a su avanzado estado de putrefacción.
En la escena del crimen los policías secuestraron un cuchillo tramontina,
una pala ancha, una pala de punta, un hacha y mechones de cabello rubio.
A unos pocos metros encontraron una frazada manchada, un colchón, una
almohada, un balde con restos de sangre y una botella conteniendo orina.
Cuando ya habían transcurrido varias horas después del hallazgo, la morguera
partió con el cadáver. En la comisaría Novena, prestaba declaración el
dueño de la calesita. Contaba los detalles del espanto. En la fiscalía
de Daniel Urriza trabajaban intensamente para tratar de ordenar las piezas.
En los últimos diez días desaparecieron tres jóvenes con las características
de la víctima. Dos de ellas con cinco días de diferencia y ambas en jurisdicción
de la comisaría Quinta.
Sin embargo, un dato echó luz sobre las sombras: Magdalena Torres estaba
ligada sentimentalmente con el pibe que solía cuidar justamente esa calesita.
Eran primos (ver pág. 2), vivían en la misma casa y desaparecieron el
mismo día.
Torres está muerta. Y a él lo buscan por homicidio.
30 de
enero - Los lazos de sangre y amor que unían a la víctima con el ahora
principal sospechoso Magdalena y su presunto asesino eran primos hermanos
y vivían bajo el mismo techo. Desaparecieron juntos. Creen que la chica
lo acompañó al Bosque por su propia voluntad. El se habría ido a Santiago
del Estero después del crimen. Las hipótesis que se barajan. Las pruebas.
Las dudas Magdalena Edith Torres tenía 23 años. Era delgada. Teñía
su pelo de rubio. Los ojos eran de un marrón claro. Medía poco más de
un metro y medio. Tenía un lunar en la mejilla izquierda. Y un tatuaje
en forma de cruz con la inscripción mami-papi en el brazo izquierdo. La
vieron por última vez el 20 de enero pasado. Fue un domingo. Aquel día
calzaba un jean gastado y zuecos de cuero. Pero no volvió. Su madre sospechó
que algo malo estaba pasando y radicó la denuncia en la comisaría Quinta.
Ocurrió lo que suele ocurrir con este tipo de denuncias. Cuando la que
desaparece es una mujer joven, todos los caminos conducen a la presunción
más simple: “se escapó... se fue con alguien”. En este caso, se conjugaron
las dos cosas, aunque de modo fatal. Magdalena Torres efectivamente habría
huido con alguien. Pero algo se salió de cauce. Los investigadores de
la fiscalía a cargo de Daniel Urriza sostienen que este hombre la llevó
a la calesita que solía cuidar en el Paseo del Bosque, la golpeó con una
maza, tomó un hacha, le cortó la cabeza, las piernas por debajo de la
rodilla y los brazos por encima de los codos. Después habría quitado uno
de los paneles de la estructura que resguarda el engranaje del carrousel,
y enterrado los restos por debajo de la tarima de madera. Siguiendo con
la hipótesis de los pesquisas del caso, después de cometer el crimen el
enloquecido amante habría huido a la provincia de Santiago del Estero,
de donde es oriundo, igual que su amada y prima hermana. Allegados a la
causa contaron que Magdalena y el ahora principal sospechoso vivían juntos
en la casa de la madre de ella. “Era un amor prohibido, precisamente porque
eran primos”, arriesgó a decir una fuente policial. En esta línea especulativa,
se cree que la pareja escapó de la casa de los Torres para pasar unos
días a solas. “También puede ser que ella no quisiera irse y él la hubiera
obligado”, observó la misma fuente. A favor de esta posibilidad juega
la inquietud que sintió la madre de Magdalena cuando ésta desapareció,
ya que no había advertido en su hija nada que pudiera inferir sus deseos
de huir. Los pesquisas pidieron que la identidad del sujeto se mantuviera
en reserva para resguardar la investigación. Admitieron que existen muchos
elementos de prueba que lo señalan como el autor del aberrante homicidio
y confían en que los resultados de ciertas pericias terminen por incriminarlo.
De acuerdo a la reconstrucción que la Policía pudo hacer con los elementos
colectados hasta ahora, la mujer habría llegado hasta el lugar del hecho
por su propia voluntad. “No hay marcas de arrastre ni señales de lucha”
precisaron los voceros a Trama Urbana. De aquí se deduce que el criminal
habría asesinado a Magdalena en la calesita El Duende Poppy, o al menos
en sus alrededores. “En ese lugar encontramos una masa con restos de pelo
que tenemos que comparar con el de la víctima”, aseguró un allegado a
la causa. También había un colchón y una frazada, lo que haría suponer
que el sospechoso (solo o con Magdalena) durmió allí algunas horas. ¿Cuándo
la mató y por qué? Lo primero podrá determinarlo la autopsia con cierto
grado de certeza. Lo segundo, quién sabe. “Es típicamente pasional”, redondeó
un pesquisa, apostando a aquel dogma policial según el cual los crímenes
por amor destilan odio, saña, desconsuelo.
Pedido
de paradero. La desaparición de la joven provocó la preocupación
de su madre, quien realizó la denuncia en la comisaría Quinta. Amor prohibido.
Al parecer, pocos sabían que los jóvenes, además, de primos, eran amantes.
Una relación que no aprobaría la familia. lEn el mismo lugar. La joven
habría sido asesinada en el interior de la calesita, donde luego fue enterrada.
lCon una maza. El tiempo transcurrido, el barro y la sangre no permitieron
determinar aún las causas de la muerte. Se presume que fue golpeada con
una maza, secuestrada junto al cuerpo. lOlor nauseabundo. El calesitero
sintió ayer el terrible olor que provenía del carrousel. Inspeccionó y
halló parte del cuerpo semienterrado. Huyó. El supuesto asesino
viajó a su ciudad natal, Santiago del Estero. Ahora la Policía está tras
sus pasos. Su detención es inminente.
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