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UN EQUIPO ESTUVO AYER TRABAJANDO EN EL LUGAR DEL CRIMEN DE GARCIA
BELSUNCE
Los
peritos siguen buscando pistas en la casa de María Marta
Duró algo más de cuatro horas y sus resultados aún no se conocen.
El objetivo era chequear algunas declaraciones que se sumaron al
expediente en los últimos días, revisar el croquis que se hizo al
comienzo de la investigación sobre la forma en que se habría cometido
el crimen y volver a estudiar las manchas de sangre. Pero sobre
todas las cosas, buscar pruebas nuevas que se puedan haber escapado
en procedimientos anteriores. Así fue como los peritos de la Policía
Judicial hicieron ayer una inspección ocular en la casa donde vivía
y fue asesinada María Marta García Belsunce.
Los peritos fueron al chalé, en el country Carmel de Pilar, acompañados
por un consultor de medicina forense. Junto a él repasaron la posición
de las huellas dactilares —tres dedos y una palma— que
estaban impresas en la escena del crimen. Esos rastros están siendo
cotejados con las fichas de 408 vecinos del country.
Según fuentes del caso, la importancia de esta inspección ocular
es relativa. Lo que indica, sí, es que está en duda la hipótesis
de que María Marta fue atacada en la planta baja de la casa y luego
fue perseguida hasta el baño del primer piso.
Los laboratorios aún no confirmaron si, como se creía en un primer
momento, hay manchas de sangre en ese recorrido. La atención está
puesta sobre un sillón ubicado a unos diez metros del baño, pero
los investigadores cada vez son más escépticos con obtener resultados.
Este no es un dato menor, ya que los investigadores consideran que
una de las mayores pruebas de que hubo un encubrimiento familiar
sería la presencia de manchas de sangre fuera del baño donde apareció
el cuerpo. Si esto se confirmara, los parientes no podrían seguir
negando haber visto un indicio tan claro de que la mujer no había
muerto en la bañera.
María Marta, socióloga de 50 años, apareció muerta el domingo 27
de octubre. La halló su marido, Carlos Carrascosa, quien enseguida
sostuvo que se había accidentado. Así fue sepultada, pero un mes
después la exhumaron y descubrieron que tenía cinco disparos en
la cabeza.
Ahora la atención de los investigadores está centrada en el círculo
íntimo de la víctima. Para la Policía, ya hay pruebas para detener
al menos a tres familiares de la víctima. Sin embargo, el fiscal
Diego Molina Pico parece manejar otros tiempos y la causa hoy está
en medio de un bache.
Ni siquiera el posible motivo del asesinato está claro. Los investigadores
dividen opiniones entre el móvil pasional y el económico, aunque
no hay indicios que sustenten con fuerza ninguna de las dos hipótesis.
No arrojó resultados el informe realizado por peritos contables
sobre los negocios de Carrascosa. Tampoco habría datos importantes
por el lado de la SIDE, a la que el fiscal pidió un análisis del
tema.
La cajita de metal
Mientras se mantiene la incógnita sobre una cajita de metal con
cheques y una llave que —tal como anticipó Clarín— desapareció
de la casa de María Marta, los investigadores apuestan a que surja
algo de las conversaciones telefónicas de la familia. Aunque fuentes
del caso lo desmienten, versiones indican que se habrían intervenido
al menos 15 teléfonos de parientes de la víctima. Uno de ellos,
Horacio García Belsunce, no está en el país: el hermano mayor de
la mujer fue fotografiado por la revista Noticias en Punta del Este.
Ayer la fiscalía siguió tomando testimonios. Uno de los que declaró
habría sido un mozo de una estación de servicio que ratificó la
declaración de un compañero: habría coincidido en que, el día siguiente
a la muerte de María Marta, el vecino Nicolás Pachelo preguntó por
la mujer "que mataron en el country". En aquel momento, nadie sabía
que en el Carmel se había producido un crimen.
Sábado
11 de enero de 2003
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