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EL
ASESINATO DE MARIA MARTA GARCIA BELSUNCE
La
trama del encubrimiento sobrevuela el crimen del country
Nuevos
datos ahora hablan de una postura familiar cambiante, de testimonios
que sembraron desvíos en el expediente y de actitudes ilógicas.
Esperan informes sobre llamados telefónicos.
Los que lo vieron dicen que entró al despacho del fiscal Diego
Molina Pico bastante exaltado. Horacio García Belsunce (hijo), el
hermano mayor de María Marta, llevaba un papel en una mano y el
enojo marcado en el rostro. "¿Qué tenés que andar investigando esto,
si fue un accidente? Va a ser todo un escándalo", le dijo, según
los testigos. Y tiró sobre el escritorio el documento que había
llevado: el certificado de defunción donde, con toda falsedad, se
indicaba que su hermana había muerto en Capital Federal por un "paro
cardiorrespiratorio" no traumático.
La escena, relatada a Clarín por fuentes del caso, ocurrió el 12
de noviembre pasado, apenas dieciséis días después del asesinato
de María Marta García Belsunce. La investigación que revelaría que
el supuesto accidente doméstico sufrido por la mujer habían sido
en realidad cinco disparos recién empezaba. Las sospechas de que
la familia encubría algo también comenzaban a tomar consistencia.
Los datos que surgen ahora hablan de una postura familiar cambiante,
de testimonios que sembraron desvíos en el expediente y de actitudes
ilógicas. Por eso, el fiscal Molina Pico aguarda con ansiedad los
informes sobre las llamadas hechas y recibidas por los teléfonos
celulares de 15 personas, incluidos parientes de la víctima, algunos
vecinos del country Carmel de Pilar y sus amigos. Quiere ver quién
habló con quién y en qué momento.
María Marta, socióloga, de 50 años, apareció muerta en el baño de
su casa del country el domingo 27 de octubre. Un charco de sangre
la rodeaba. La halló su marido, Carlos Carrascosa, quien de inmediato
dijo a todo el mundo que la mujer se había resbalado en la bañera.
Por su chalet hubo luego un desfile de gente.
Entre ellos estuvo García Belsunce (hijo). Según los datos del expediente,
tres horas después del hallazgo este abogado llamó al comisario
Angel Casafuz para pedirle que la Policía no fuera al country. Casafuz
admitió haber recibido el llamado, pero dijo que fue el lunes siguiente
y que lo primero que hizo fue pedirle al comisario Aníbal Degastaldi
que se interiorizara en el caso. Esto último no habría sido así.
Fuentes del caso contaron a Clarín que Degastaldi recibió la primera
noticia el lunes a la mañana por un llamado del fiscal de Casación
Juan Martín Romero Victorica, amigo de los García Belsunce. Este
le habría contado de la muerte de María Marta y le habría dicho:
"No me gusta, hay cosas que no cierran con que fue un accidente".
Qué lo hizo dudar es un enigma.
Degastaldi se comunicó entonces con el fiscal de turno, Diego Molina
Pico, y ambos decidieron ir al country, donde estaban velando a
María Marta. Allí los recibieron Carrascosa y Romero Victorica.
De acuerdo con fuentes del caso, al ver a Molina Pico, Romero Victorica
se lo habría llevado aparte. "Mirá, pibe, me fui un poco de boca.
Acá no hay nada raro, es una familia honorable", le habría dicho.
Luego, Carrascosa le habría explicado al fiscal: "Mi mujer se resbaló
y se golpeó. Se desvaneció y se ahogó en el agua de la bañera".
Ni mención de la sangre.
Ante esto, Molina Pico habría intentado subir al primer piso de
la casa para ver el baño, pero por la cantidad de gente que estaba
en el velatorio, apenas pudo mirar de lejos. Entonces le encomendó
a Degastaldi que empezara a instruir un sumario.
El fiscal esperó hasta el 8 de noviembre. Ese día, le pidió a la
gente de Degastaldi el sumario. Según fuentes del caso, se encontró
con que estaba vacío. Por eso decidió instruirlo él mismo: citó
a empleados y médicos para el 11 y a la familia, para el 12.
El 11, uno de los médicos de ambulancia que estuvo en la casa, Santiago
Biasi, le contó al fiscal que había notado "tres orificios" en la
cabeza de la mujer. Al día siguiente, fue a la Fiscalía García Belsunce
(hijo) y mostró el certificado de defunción falseado. Al declarar,
describió un cónclave familiar donde se discutió si un "pituto"
de plomo hallado junto al cuerpo era o no una bala. Lo que no explicó
fue por qué discutieron esa posibilidad si estaban convencidos de
la versión del accidente. Ni por qué tiraron el "cosito" por el
inodoro.
John Hurtig, hermanastro de María Marta, fue el siguiente en declarar.
También describió el cónclave, aunque con distintos integrantes,
y contó que había tenido la idea de llamar a un forense para revi
sar el cuerpo. Pero que no lo había hecho.
Con todo esto, el 14 de noviembre el fiscal ordenó la exhumación
del cuerpo. Su pedido generó reacciones: el juez de Garantías Juan
Makintach, hasta entonces a cargo del expediente, se excusó de seguir
interviniendo por su amistad con García Belsunce (hijo). Por qué
lo decidió recién entonces, no se sabe. Tampoco qué llevó al abogado
de Carrascosa, Marcelo Nardi, a pedir esa noche, a las 20.30, que
se exhumara el cuerpo, cuando eso ya había sido decidido por el
fiscal. El abogado también intentó que su cliente fuera aceptado
como querellante, pero lo rechazaron.
El 2 de diciembre se exhumó el cuerpo. El 12 se conocieron los resultados:
cinco balazos en la cabeza de María Marta y la marca del sexto,
que rebotó y luego fue arrojado como "pituto" por el inodoro.
Los investigadores hoy se preguntan con qué objetivo Carrascosa
señaló que suponía que faltaba plata de la casa si nada había sido
revuelto. "A veces yo dejaba dinero en una cajita en la mesa de
luz. La revisé y estaba vacía, pero no sé si tenía plata o no",
habría dicho. O por qué unas amigas fueron a declarar que no hallaban
una chequera de una asociación con la que colaboraba María Marta.
¿Se quiso desviar?
También se mira con recelo el motivo que tuvo García Belsunce (hijo)
para declarar que a María Marta le habían robado un perro dos años
atrás y que un vecino del country la extorsionaba para devolvérselo.
De ese vecino se dice que el lunes siguiente a la muerte, cuando
la versión aún era la del accidente, le preguntó al empleado de
una estación de servicio cercana al Carmel si sabía algo "de la
mujer asesinada". Ahora se investiga si este hombre maneja información
comprometedora.
Los investigadores creen que los registros de los celulares los
ayudarán a desentrañar esto. Y aguardan saber si en un sillón de
la casa de María Marta había sangre, dato que terminaría de confirmar
que la familia ignoró signos evidentes del crimen. Mientras mantienen
las sospechas centradas en el círculo íntimo —una persona en particular—
y en el de amistades —una mujer—, esperan también el informe de
los peritos contables. Resultados preliminares indicarían que un
pariente de la víctima actuaba como agente de vecinos del Carmel,
ayudándolos a sacar dinero del país en forma ilegal. Una actividad
que, si derivó en venganza y crimen, haría que todos desearan que
el certificado de defunción nunca hubiera sido cuestionado.
Clarin,
Domingo 5 de enero de 2003
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