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El
asesinato de María Marta García Belsunce
Analizan cabellos de la escena del crimen
Por
Fernando Rodríguez y Hernán Cappiello
De la Redacción de LA NACION
Surgió
una nueva pista y, a la vez, un nuevo desafío para los detectives
del laboratorio criminalístico: vellos púbicos y cabellos fueron
hallados por peritos forenses en un sillón del antedormitorio de
la casa del country Carmel donde, hace 72 días, fue asesinada de
cinco balazos en la cabeza María Marta García Belsunce.
En
este homicidio misterioso, en el que las únicas certezas parecen por
ahora surgir del laboratorio policial, este nuevo indicio fue evaluado
ayer por los investigadores como un elemento de importancia para reforzar
o descartar alguna de las hipótesis acerca del asesinato; en especial,
aquella que, a más de dos meses del caso, parece ser la que tiene
más fuerza: la del crimen pasional.
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Fuentes
de la investigación dijeron a LA NACION que los rastros fueron encontrados
en el mismo sillón estampado en el que también se descubrieron manchas
de sangre que fueron lavadas a poco del homicidio.
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Ese
sillón, de acuerdo con la reconstrucción que realizaron los detectives
de la policía judicial que colaboran con el fiscal de Pilar Diego
Molina Pico, fue un escenario protagónico en la secuencia que llevó
a la muerte a la víctima.
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Sostienen
que el asesino pudo haber luchado con ella en la planta baja de la
casa y, una vez arriba, haberla empujado contra una pared que está
detrás del sillón -donde también se descubrieron salpicaduras de sangre-
y luego dejarla caer sobre el mueble, donde también había manchas
que fueron lavadas.
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Los
expertos no informaron si los cabellos son de hombre o de mujer y
se espera el resultado de los estudios de ADN para determinar si pertenecen
a la víctima o a otra persona.
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Dos
anónimos
Hasta
el momento, según dijeron fuentes judiciales a LA NACION, en el expediente,
las únicas evidencias acerca de un móvil sexual en el asesinato de
María Marta García Belsunce surgen de dos anónimos.
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Uno
de ellos, escrito en papel con la mano izquierda por una persona evidentemente
diestra y con faltas de ortografía, habla de un supuesto vínculo extramatrimonial
de Carlos Carrascosa, esposo de la víctima, y que su pareja fue quien
mató a María Marta. Fue investigado el asunto, pero no se llegó a
nada. Marcelo Nardi, abogado de Carrascosa, insistentemente negó esa
versión.
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El
otro indicio referido a un posible móvil sexual surge de otro anónimo.
En la comisaría de Pilar se recibió la llamada de una persona que
dijo ser el gerente del hotel El Paso de Fátima. El interlocutor,
que no dio su nombre, aseguró entonces que vio el rostro de María
Marta García Belsunce en los medios de comunicación y que recordó
que ella frecuentaba el albergue acompañada de otras damas.
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La
policía fue al lugar y estableció que se trataba de un edificio abandonado
con un cartel de venta. En la inmobiliaria se informó que el hotel
estaba en oferta de compra desde hacía mas de un año. Con los datos
que les aportaron en la inmobiliaria conversaron con el dueño del
inmueble, que declaró ante el fiscal Molina Pico que el lugar estaba
cerrado desde hacía un año y medio y que no era un hotel alojamiento
o una casa de citas, sino un hotel de pasajeros usado con frecuencia
por quienes trabajaban en el Parque Industrial Pilar.
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Este
dato fue otro callejón sin salida para los investigadores.
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Reiteradamente,
José Licinio Scelzi, abogado de los familiares de María Marta García
Belsunce, descartó que el móvil del homicidio esté ligado a ella.
Insistió en que no hay ninguna conducta impropia en su vida que haya
determinado su muerte y que antes era más probable que los motivos
homicidas estuviesen sólo en la mente del asesino o asesina.
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Pero
el laboratorio promete dar a conocer más detalles de un caso enigmático,
donde las pistas no llegan a identificar a un homicida.
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Por
eso, piensan los investigadores, que los resultados de los peritajes
sobre las salpicaduras de sangre limpiadas en las paredes de la casa
y sobre las huellas digitales halladas en la escena del crimen pueden
aportar el nombre de algún sospechoso.
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Tampoco
se tienen noticias de otro peritaje que puede ser clave: cuando se
realizó la autopsia de María Marta García Belsunce, el 2 de diciembre
último, se levantaron muestras del material que tenía debajo de las
uñas. Es una práctica forense clásica que puede ayudar a descubrir
si hubo una pelea entre la víctima y su asesino y, en tal caso, por
rastros de piel o sangre que hayan quedado depositados allí el sexo,
el grupo sanguíneo y hasta eventualmente el ADN de un sospechoso.
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A
más de un mes de la autopsia, no se conocen aún los resultados de
esos estudios.
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Hasta
ahora, el fiscal y el juez de Garantías Diego Barroetaveña se convencieron
de la necesidad de hacer un solo allanamiento: el de la casa de una
vecina, Carmen Piazza.
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Las
bases de ese procedimiento, según fuentes judiciales, fueron dos:
la declaración de una mucama de la señora, Mónica Charras, que habló
del carácter de Piazza y dijo haber visto entre las ropas del ex marido
de Piazza un revólver. Acomodando en el placard, se le cayó el arma
y se le rompió una cacha de la empuñadura.
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Además,
otra vecina del country, María de Herrera, según fuentes judiciales,
declaró acerca del mal genio de la mujer.
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Con
esos indicios, la policía buscó en la casa de Piazza y encontró un
revólver calibre 22.
El
usado por el homicida era un 32 largo
La
Nacion, 8 de enero de 2003
Denuncia contra el fiscal y dos jueces
Por la falta de avances en la pesquisa
La redactó el abogado Juan Carlos Iglesias, sobre la base de
datos periodísticos
Hasta ayer al mediodía no había ingresado en la Justicia
Uno de los acusados se defendió
Un abogado, finalmente, dio forma de texto judicial a los interrogantes
y las sospechas que tanto allegados como espectadores del caso García
Belsunce se plantean respecto de los conductores de la investigación
del crimen. Juan Carlos Iglesias redactó una denuncia por encubrimiento
e incumplimiento de los deberes de funcionario público contra
el fiscal que dirige el expediente y los dos jueces de Garantías
de San Isidro que intervinieron en el expediente.
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El letrado, que ha presentado en los últimos años denuncias
sobre cuestiones diversas, se hizo eco de las dudas planteadas en
los medios de comunicación y dirigió su denuncia al
fiscal general de La Plata, Héctor Vogliolo. Al fiscal de Pilar
Diego Molina Pico le imputa haber permitido supuestamente que en su
presencia la familia borre pruebas. Al juez de Garantías Diego
Barroetaveña lo acusa de haber avalado la tarea del fiscal.
Y a otro juez, Juan Makintach, de haber demorado 15 días el
expediente antes de excusarse por su amistad con la familia de la
víctima.
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Fuentes judiciales dijeron a LA NACION que, pese a que Iglesias hizo
pública su presentación anteanoche, la denuncia no había
ingresado en la fiscalía platense al menos hasta ayer al mediodía.
Según el procedimiento penal bonaerense, esa denuncia deberá
ser girada necesariamente al fiscal general de San Isidro, superior
del de Pilar Diego Molina Pico, para que la evalúe y, de ser
necesario, haga la respectiva investigación.
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Respuestas desde la Justicia
La presentación de Iglesias encontró inmediata respuesta
en Makintach, quien sostuvo que la denuncia no tenía sustento.
El juez, además, culpó a Molina Pico -al que calificó
como amigo de los García Belsunce- de no haber puesto en su
conocimiento de inmediato que investigaba una muerte dudosa y lo responsabilizó
por no preservar la escena.
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Como para agitar más la polémica, Makintach remató:
"Es muy común que gente que tiene relación con
el ámbito judicial busque influencias para evitar la realización
de autopsias en muertes violentas, homicidios o accidentes".
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