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Caso
García Belsunce
La familia oculta algo, dijo Romero Victorica
Lo
hace para salvar el honor, afirmó
La
Nacion, 7 de enero de 2003
Juan
Martín Romero Victorica, fiscal de la Cámara de Casación, afirmó
que en el caso del asesinato de María Marta García Belsunce "se
está ocultando algo para preservar el honor, la dignidad y el apellido
de la familia", y que esa actitud se registra en el círculo más
íntimo de la víctima.
Advirtió,
no obstante, que "al menos Horacio (García Belsunce) padre y Horacio
hijo" no forman parte de esa trama de misterio.
Romero
Victorica, amigo de los García Belsunce desde hace muchos años, afirma
que fue el primero que, con vehemencia, expuso sus sospechas de que
en realidad María Marta había sido asesinada y no víctima de un accidente
doméstico, según sostenían los familiares y allegados hasta que la
autopsia echó por tierra esa versión.
.Rompió
el silencio
Ayer,
de vacaciones en Pinamar, el fiscal decidió romper el silencio y dialogó
con LA NACION acerca del misterioso crimen del country Carmel, de
Pilar.
.
-¿Cree
que si usted no hubiese hecho pública su sospecha este crimen iba
a quedar oculto?
.-Absolutamente.
Al principio yo también pensé que se trataba de un accidente, pero
luego sospeché que se podía tratar de un crimen y, si no hablaba con
la policía, esto quedaba impune.
.
-¿Por
qué?
.-Porque
Horacio (García Belsunce hijo) me dijo por teléfono, antes de ir para
la casa del country, en la mañana del día siguiente a la muerte, que
la hermana tenía fractura de cráneo, pérdida de masa encefálica y
que, además, encontraron un pedacito de metal. Entonces, con esto
último, pensé que le habían dado un fierrazo.
.
-Más
tarde la autopsia demostró que fueron cinco disparos...
.-Sí.
Una vez que se conocieron los resultados de la autopsia se supo que
había cinco balazos en la cabeza. Sólo ahí los familiares también
comenzaron a dudar acerca de las causas de la muerte de María Marta.
La única persona del círculo íntimo que me alentó para que siguiera
adelante con mi sospecha fue Javiera, la mujer de John, el medio hermano
de la víctima.
.
-Si
la familia estaba convencida de que se trató de un accidente, ¿por
qué cree que están haciendo un ocultamiento, tal como usted sostiene?
.-Están
ocultando algo para preservar el honor, la dignidad y el apellido
de la familia. Pero quiero dejar algo bien en claro: yo no digo que
estén encubriendo al homicida. Horacio padre y Horacio hijo, no.
.
-¿Por
qué los desvincula?
.-Porque
a ellos los conozco muy bien. El padre es el presidente de la Academia
Argentina de Derecho, es un hombre muy respetado en el ambiente académico.
Y a Horacio hijo lo conozco desde hace más de 25 años, tengo una amistad
con él. El sería incapaz de encubrir algo así. No tengo la menor duda
al respecto.
.
-¿Puede
aclarar la diferencia técnica legal entre ocultamiento y encubrimiento?
.-Formalmente,
encubrir es ocultar al delincuente, hacer desaparecer los instrumentos
del delito, borrar la sangre, limpiar el lugar y tirar el pituto (que
finalmente era una bala). Y ocultar es esconder las pruebas, y es
esconder al delincuente.
.
-Pero
entonces, no hay grandes diferencias entre estos conceptos...
.-Ocultar
y encubrir es más o menos lo mismo.
.
-¿Quién
cree que fue el asesino?
.-Según
los forenses, un arma calibre 32 (la utilizada en el asesinato) es
de uso común entre las mujeres. Esto es así porque estamos hablando
de un arma que vibra menos, retrocede menos y tiene un menor impacto
en las manos. De esto sé porque practico tiro. Es la que utilizan
los hombres de seguridad privada y los menores de 16 años. No es un
arma profesional. Es posible que haya sido una mujer.
.
-¿Tiene
alguna teoría respecto del móvil del crimen?
.-Por
las características que presenta, me inclino por algo pasional. Esto
se fundamenta en que fueron seis balazos los que realizó el agresor.
Si uno quiere matar, con un solo tiro alcanza. Pero el asesino tuvo
una actitud morbosa, apasionada y febril: disparó, remató y recontramató.
.
-
¿Cuál fue el clima en la casa al día siguiente del crimen?
.-Carrascosa
(Carlos), el marido, estaba desconectado del mundo. Y el resto de
los familiares estaba encerrado en la teoría del accidente en la bañadera.
Estaban conmocionados. Además, también se encontraban presentes unas
200 personas que estaban golpeadas por lo sucedido. Hay que ponerse
en el lugar de esta gente. Es una situación muy difícil.
.
-Particularmente,
¿cómo estaba Horacio García Belsunce (h.)?
.-También
estaba convencido de que se trataba de un accidente. Que María Marta
se había golpeado con los grifos de la bañadera. Incluso, en un momento,
cuando me comentó que María Marta tenía fractura de cráneo y había
perdido masa encefálica, le pregunté si no dudaba de que se tratara
de un crimen.
.
-Y
qué le contestó...
.-Que
yo era su amigo y no su fiscal.
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-¿Vio
sangre en la casa?
.-No,
no vi nada. Ni siquiera entré en el baño. Lo único que pude observar
fue el cuerpo de María Marta; le habían acomodado el pelo, la pusieron
presentable y estaba con el rostro apacible en una cama, boca arriba.
Ahí me pregunté por adentro: "¿Cuánta sangre habrá en esa almohada
donde descansa la nuca de esta mujer?"
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-¿Por
qué decidió hablar hoy (por ayer)?
.-Porque
me enojé con lo que salió publicado en algunos medios periodísticos
esta mañana (por ayer), respecto de que yo le había dicho a Molina
Pico (Diego, el fiscal de la causa) el día del velatorio que no había
ocurrido nada raro en el lugar y que estábamos frente a una familia
honorable. Jamás expresé esto.
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«Firmenich,
su presa más perseguida; los radicales, uno de los
blancos favoritos y la controversia, una de sus formas de
vida»
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Juan
Martín Romero Victorica
Un hombre de perfil alto
Durante los años 80 y hasta que ingresó como fiscal
en la Cámara de Casación Penal, Juan Martín
Romero Victorica era un hombre mediático.
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Década de grandes sucesos, la de los 80, de cambios de gobierno
a las apuradas, de políticos arribados y arribistas. Epoca
de renovación en la Justicia y de funcionarios que, como
Romero Victorica apelaban a los medios para hacer escuchar su potente
voz. No por nada lo apodan El Potro.
.
Hombre de carácter fuerte, fue especialmente famoso cuando
se convirtió en el perseguidor de la cúpula de Montoneros
y en el carcelero de Mario Eduardo Firmenich, cuando logró
la extradición de este guerrillero desde Brasil, hasta que
fue indultado.
.
Sin embargo, se declaraba amigo íntimo de otro montonero
poco arrepentido, Rodolfo Galimberti, y hasta fue a la fastuosa
boda que el secuestrador de los hermanos Born festejó, en
1990, en Punta del Este. En aquella fiesta, se cruzó con
su también amigo, el ahora empresario Daniel Hadad, y con
uno de los hijos de Jorge Born.
.
Años más tarde protagonizaría un semiescándalo
cuando intervino en la devolución del dinero que la familia
Graiver debía a los Born.
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Antirradical, fascinado por la caza, conocedor como pocos de armas
de fuego y declaradamente de derecha, Romero Victorica protagonizó
la última de sus controvertidas apariciones públicas
cuando fue nominado, en 1992, para integrar como juez la Cámara
de Casación Penal.
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Tanta fue la resistencia de todos los juristas que Romero Victorica,
en una carta personalísima, pidió al entonces presidente
Carlos Menem que retirara del Senado su pliego como candidato a
la Casación.
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Hoy, este hombre casado, de 58 años, con cinco hijos y ocho
nietos y que suele estar armado, logró ser fiscal de la Cámara
de Casación Penal y se jacta de haber comenzado en la Justicia
hace 40 años. Sus casos más resonantes ocurrieron
conduciendo la fiscalía federal de San Martín. Firmenich,
su presa más perseguida; los radicales, uno de los blancos
favoritos y la controversia, una de sus formas de vida.
Revelan
quién llamó al móvil de la policía
Fue
una empresa de emergencias médicas
- El
segundo médico que llegó a la escena avisó en código a su base
que había dudas sobre el caso atendido
- Así,
el operador de la central comunicó la sospecha a una comisaría
La
mayoría de las hipótesis con las que se intenta explicar los motivos
del crimen y poner nombre y apellido al asesinato de María Marta
García Belsunce no tienen, hasta ahora, sustento fáctico en el expediente
a cargo del fiscal de Pilar Diego Molina Pico, jefe de la investigación
del caso. Así, de la causa de la que más se habla por estos días
en el país surgen más datos sobre las curiosas irregularidades y
omisiones cometidas por los propios familiares de la víctima a poco
de ocurrida la muerte que pistas para esclarecer el homicidio.
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Ayer
quedó casi zanjado uno de los primeros misterios del caso relacionado
con esa serie de errores que aún, al menos en forma oficial, no
han sido tipificados como actos de encubrimiento: ¿quién llamó al
patrullero que iba hacia el country Carmel, más precisamente a la
casa de García Belsunce y Carlos Carrascosa, la misma noche del
crimen? Ese móvil nunca llegó a la escena del crimen porque Horacio
García Belsunce (h.) pidió al comisario mayor bonaerense Angel Casafús
que le "sacara a la policía de encima".
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Fuentes
de la investigación confiaron a LA NACION que todo indica que quien
llamó a la comisaría es un operador de la empresa de emergencias
Emernort, la segunda en arribar a Carmel la noche del crimen. Y
que lo hizo a instancias de una comunicación en clave que le hizo
el médico que llegó al country cuando otro colega ya había constatado
que la paciente por atender estaba muerta.
Un
mar de dudas
Consta
en la causa que el médico de esa empresa Santiago Biasi fue el primero
en dudar sobre la mecánica de la muerte. El declaró que fue al country
para una atención de código amarillo (no un caso grave), y se le
precisó que su paciente tenía un traumatismo en una pierna. Ya en
Carmel a Biasi le pareció todo sospechoso. Se encontró con que ya
había una ambulancia. El médico que lo precedió (Juan Ramón Gauvry
Gordon, de Paramedic, por cuenta de OSDE) ya había constatado el
deceso y autorizó a la masajista Beatriz Michelini, una de las primeras
en ver el cadáver de aquella a la que atendía cada domingo a las
19, a que limpiara el piso del baño en el que fue ultimada García
Belsunce.
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Las
dudas de Biasi crecieron cuando Gauvry Gordon estuvo a punto de
acceder a uno de los clásicos pedidos familiares a los que ningún
profesional, según los expertos forenses, debe hacer lugar jamás:
subir el cadáver a la cama. Tanto él como su chofer, Antonio Cacci,
le recomendaron al colega que no moviera el cuerpo porque se metería
en un lío.
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Y
la sospecha de Biasi se hizo máxima luego de que, al tacto, advirtió
que María Marta tenía tres orificios en el cráneo, con fractura
y pérdida de masa encefálica, que nunca pudieron haber sido el producto
de una caída sobre el intercambiador de agua de la bañera de hidromasajes,
como sostenía entonces el marido de la víctima, Carlos Carrascosa.
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Ante
tal situación, según declaró, Biasi le dijo a su colega que había
que hacer la denuncia y le preguntó quién se haría cargo. Gauvry
Gordon -dijo- le contestó que lo haría él. Ambos se retiraron del
lugar sin que se hiciera esa llamada. Pero ayer se supo que Biasi,
de regreso, avisó a su base que el código amarillo que había ido
a atender era, en realidad, un código azul (un caso extremo). Con
ese aviso en clave, el médico advirtió a su central que el caso
atendido era problemático y que era necesario avisar a la policía.
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Que
el móvil, finalmente, no llegase a la escena del crimen es hoy un
motivo de investigación que excede cualquier explicación médica.
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