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El crimen de María Marta García Belsunce: la escena del homicidio / Mucamas atónitas por lo que vieron en la casa Tiraron almohadas ensangrentadas Cuando el cortejo fúnebre partió hacia el cementerio de la Recoleta, sólo tres personas quedaron en la casa Cuentan lo que vieron y lo que hicieron El lunes 28 de octubre, cuando el cortejo fúnebre con el cuerpo de María Marta García Belsunce abandonó la casa del country Carmel, sólo quedaron tres personas en la vivienda escenario del asesinato: dos mucamas y un jardinero que tuvieron la tarea de limpiar el baño donde ocurrió el crimen y el dormitorio en el que fue velada la víctima. Todos quedaron impresionados por lo que vieron. Mirta Molina, que trabaja en la casa de Carlos Carrascosa y María Marta García Belsunce desde hace cuatro años, relató ante los investigadores, según dijeron fuentes judiciales a LA NACION, que apenas llegó subió a la planta alta, donde vio el cuerpo en la cama matrimonial. “Estaba como dormida”, dijo, pero conmocionada optó por quedarse en la planta baja. Cuando los deudos se retiraron, dijo que el cuñado de la víctima, Guillermo Bártoli, le pidió que limpiara toda la casa, la ventilara y se ocupara de asear el baño y el dormitorio. Contó con la ayuda de Ema Benítez, una secretaria del Concejo Deliberante de Pilar, que los fines de semana trabaja como empleada doméstica en Carmel. Ema fue quien recomendó a Mirta para trabajar en lo de Carrascosa. Lo primero que les llamó la atención a todos es la sangre que había sobre la almohada y el colchón donde descansaba el cuerpo de la víctima. Entonces, nadie creía que María Marta García Belsunce había sido asesinada, sino que había caído al resbalar en la bañera, como les habían informado otras empleadas domésticas. También las ayudó el jardinero de Carmel, Fabricio Courreges, que llegó a la casa cuando se enteró de la noticia del supuesto accidente. Junto con Fabricio, Mirta Molina retiró el colchón y lo llevaron al balcón, donde la señora debió utilizar lavandina, agua y detergente para limpiar la sangre que había quedado impregnada. Los almohadones que estaban a la altura de la cabeza de la víctima, por donde el cadáver perdía sangre, también estaban manchados. Tanto que los tiraron, tal como relataron ante la Justicia. Según un forense consultado por LA NACION, es un proceso normal que un cuerpo sin vida pierda sangre a través de las heridas que presenta. Ema Benítez relató que limpió la pared del dormitorio, detrás de la cama, y como eso hizo que el resto se vieran percudidas, limpió todas las paredes. Una vez en el baño, observaron que en la bañera había sangre y agua hasta la mitad. Hallaron con Ema Benítez manchas en el mármol de una mesada y debajo del inodoro. Eran como salpicaduras. Una pregunta clave fue si alguno de los presentes limpió una pared del antedormitorio, donde hay un cuadro, debajo de un sillón: todos lo negaron.Allí justamente fue donde se encontraron manchas de sangre que habían sido lavadas por el supuesto asesino y una huella digital que aún no se sabe de quién es. Los investigadores creen que esa prueba científica ayudará a conocer el nombre del asesino. La Nacion, 29 de diciembre de 2002 |
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