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El
homicidio del country
Más lejos del asesino de García Belsunce
- Fuentes
de la causa dijeron que en lo inmediato no habrá detenciones
- Persiste
la teoría del crimen pasional
- Ninguna
de las armas secuestradas en Carmel fue la usada en el ataque
La
Nacion, 3 de enero de 2003
La
acumulación de fojas en el expediente no logró aún acercar a la
Justicia a la identificación del asesino de María Marta García Belsunce.
Fuentes de la causa confiaron ayer a LA NACION que no habrá en lo
inmediato medidas espectaculares, como detenciones, y que el fiscal
de Pilar Diego Molina Pico, que investiga el crimen, espera todavía
los informes periciales sobre huellas digitales y manchas de sangre,
aunque no deposita en ellos un valor altamente esclarecedor.
Por
ahora, explicaron las fuentes, el fiscal está abocado a extraer
de las constancias del expediente una motivación capaz de explicar
la naturaleza del homicidio, y que ese móvil conduzca al autor o
autora del hecho. En esa línea, continúa al tope de la lista la
hipótesis del crimen pasional.
Esa
teoría sitúa al asesino como una persona con una relación previa
con la víctima, alguien de Carmel o con acceso irrestricto al country.
Pero las pruebas aún no colocan a un vecino como autor: según los
peritajes, ninguno de los seis revólveres calibre 32 secuestrados
en el barrio privado es el arma homicida, afirmaron ayer a LA NACION
allegados al caso.
Hay
otro costado del episodio por el que Molina Pico avanza, con cautela
pero con firmeza: el eventual encubrimiento. Sobre este punto, confiaron
fuentes de la investigación, la controversia se halla en la ausencia
de la policía en la escena del crimen a poco de ocurrido el asesinato.
"Por
el momento parece difícil atribuir a la limpieza del baño, a la
firma de un certificado de defunción con datos falsos o, incluso,
a la desaparición de uno de los proyectiles el carácter de un acto
de encubrimiento. Pero hay cuatro o cinco personas que sí pueden
quedar complicadas por el episodio en el que se evitó que un patrullero
de la comisaría 1a. de Pilar llegase a la escena del crimen", dijo
a LA NACION un investigador.
.
Consta
en el expediente que la noche del crimen se recibió en la guardia
del country una llamada telefónica en la que desde la seccional
se avisó que un patrullero iba en camino. También consta que un
amigo de la víctima -Sergio Binello- pidió al presidente de Carmel,
Alberto White, que evitase el ingreso de la policía, de ser necesario,
coimeándola.
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Por
último, se sabe que White no necesitó hacerlo porque la llegada
del móvil se desactivó luego de que el hermano de la víctima Horacio
García Belsunce (h.) llamó al jefe de la brigada antisecuestros,
comisario mayor Angel Casafús, para pedirle que le "saque a la policía
de encima".
Es
un secreto bien guardado, aún, la identidad de quién llamó a la
policía poco después de que la noticia de la muerte de María Marta
corrió por el country el 27 de octubre último.
Anoche
continuaba latente la disputa entre los investigadores policiales
y el fiscal de Pilar Molina Pico acerca de la estrategia por seguir:
la policía insiste en que es necesario arrestar sospechosos, tanto
del entorno familiar acusados de un posible encubrimiento, como
vecinos del country, acusados del homicidio.
Para
ellos también la tesis preferida es la del crimen pasional, ya sea
debido a una supuesta relación inconveniente de la víctima o de
su esposo Carlos Carrascosa. La policía cree que las acciones que
la familia explica como errores de buena fe son, en realidad, indicios
de un encubrimiento. En cambio, para altos jefes policiales consultados
por LA NACION esto indicaría que ellos sabrían quién es el autor
del crimen.
Por
otra parte, allegados a la familia de la víctima insisten en la
teoría de la buena fe y, sobre todo, apuestan a la capacidad de
Molina Pico para soportar las presiones de aquellos que piden una
rápida resolución del caso con detenciones en el círculo íntimo
de la muerta y llegar a resolver el crimen con un autor tras las
rejas.
Anoche,
el abogado de la familia José Licinio Scelzi dijo: "Cuando se descubra
al autor podremos hablar de los móviles; y ahí sabremos si hubo
una ligereza del grupo familiar para limpiar todo o si el encubrimiento
responde a otras cuestiones".
Exhumaciones
En
tanto, luego de resolver la parte referida puntualmente al episodio
de la firma de un certificado de defunción con datos que no se condicen
con las verdaderas circunstancias del deceso de García Belsunce,
el juez porteño Julio Lucini avanza sobre la posible actividad de
médicos y casas funerarias en el eventual ocultamiento de muertes
violentas.
Con
ese objetivo el juez ordenó que hoy se realice la exhumación de
los cadáveres de un matrimonio mayor en el cementerio de la Chacarita.
Las actas de defunción del deceso de la pareja fueron firmadas por
el médico Juan Carlos March y el servicio fue prestado por Casa
Sierra, los mismos que actuaron en el caso de García Belsunce.
Fuentes
judiciales explicaron a LA NACION que este segundo caso fue elegido
por sus características excepcionales: curiosamente, marido y mujer
fallecieron el mismo día, pero en lugares distintos. Y en ambos
el certificado lo firmó March.
Hay
otro elemento distintivo: uno de los integrantes de la pareja murió
en un hospital público. En esos casos, el certificado de muerte
lo firma un médico del establecimiento, por lo que nada justifica
que March hubiese rubricado el acta de defunción.
Así,
la existencia de una suerte de industria de encubrimiento de crímenes
es, hoy, una posibilidad más cierta que la de conocer, con nombre
y apellido, al asesino de María Marta García Belsunce.
Los
peritajes
Se
esperan en la fiscalía de Pilar los resultados de dos peritajes:
uno de ellos sobre tres huellas dactilares y el rastro de una palma
de la mano; el otro es un estudio hemático para determinar si las
manchas de sangre lavadas, halladas en las paredes de la casa, corresponden
a la víctima o a una tercera persona.
Si
las huellas son de un tercero ajeno al familia se abre un nuevo
camino de investigación, al igual que si la sangre es de un grupo
y factor distintos del de María Marta García Belsunce.
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