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POLICIA:
EL ASESINATO DE MARIA MARTA GARCIA BELSUNCE
Una
masiva toma de huellas digitales en el country Carmel
Fue
a unas 50 personas, para compararlas con la huella de una mano ensangrentada
hallada en la casa. Confirman que el día del crimen todos
los que entraron a Carmel estaban autorizados a hacerlo.
A un par de puertas de distancia. A unos pocos metros. O a unas
cuadras. Pero no mucho más. Los investigadores del crimen de María
Marta García Belsunce parecen cada vez más convencidos de que el
asesino sigue viviendo en el barrio donde hace más de 60 días disparó
seis balazos contra la cabeza de la mujer. Por eso decidieron tomarles
las huellas digitales a 50 personas del country Carmel de Pilar,
para compararlas con las marcas de tres dedos y una mano que quedaron
impresas sobre una mancha de sangre en la casa de la víctima.
Las pericias están siendo realizadas por peritos de la Procuración
de la Corte bonaerense. Esperan que los resultados estén listos
muy pronto, tal vez hoy mismo. Y que empiecen a aclarar el enigma.
Altas fuentes del caso revelaron ayer a Clarín que fue el fiscal
de San Isidro Diego Molina Pico, a cargo del caso, quien decidió
tomar las impresiones de las huellas digitales a vecinos del country
Carmel. También resolvió hacer lo mismo con algunos de los guardias
de seguridad y con los empleados de la funeraria Casa Sierra que
estuvieron en el lugar. Antes les habían pedido muestras a los familiares
más cercanos de María Marta, a los médicos que fueron a su casa
a intentar reanimarla y a su masajista.
A pesar de que ayer circuló con fuerza la versión de que ya había
un resultado preliminar de las pericias dactilares y que éstas señalaban
a un familiar de la mujer, voceros de la Procuración lo desmintieron
con firmeza. "Son mentiras: todavía no hay resultados de ningún
tipo", dijeron.
María Marta apareció muerta en el baño de su casa del country Carmel
el 27 de octubre. Su familia la sepultó como si hubiera sufrido
un accidente. Pero un mes después su cuerpo fue exhumado y se descubrieron
cinco balazos en su cabeza y la marca de un sexto. Las sospechas
más fuertes son que el asesino está en el círculo íntimo, incluida
una mujer muy amiga de la víctima, que hubo un móvil pasional y
que los familiares encubrieron todo.
El fiscal se dedicó ayer a tomar declaraciones testimoniales a distintos
vecinos del country y a allegados a la mujer. Algunos fueron a dar
testimonio por segunda vez, ya que Molina Pico quería precisar datos
sobre lo que vieron en la escena del crimen y en las horas posteriores.
Es que todo se circunscribe al country. Según altas fuentes del
caso, las grabaciones de las cámaras de video de la puerta y del
perímetro muestran que nadie extraño entró ni salió del lugar en
las horas cercanas al crimen. Otras fuentes agregaron que el análisis
todavía no terminó y que aún hay varias horas de video por mirar.
Mientras, los investigadores esperan que les presenten las pericias
que se están haciendo sobre las manchas de sangre encontradas en
la casa. Hay dos puntos principales: un sillón ubicado en la planta
alta, que en un estudio hecho con el reactivo Luminol indicó presencia
de sangre, y un atizador que estaba al lado del baño.
El sillón es importante porque, si hay sangre allí, se confirmaría
que la familia ignoró signos evidentes de que la mujer no había
muerto en un accidente doméstico en el baño. El atizador es clave
porque se cree que pudo haber sido usado por la víctima para defenderse.
Es decir, que la sangre que habría allí sería del asesino y tal
vez se podrían hacer estudios de ADN.
Además, falta saber si en el cuerpo de María Marta había algún fluido
extraño y si en sus uñas había rastros de piel de quien la mató.
Todavía no les entregaron a los investigadores los listados de los
llamados telefónicos hechos y recibidos en la casa el día del crimen.
Y aún no están listas las pericias sobre los seis revólveres calibre
32 —el usado en el crimen— secuestrados a gente del
country. El martes se hicieron disparos con ellos para obtener muestras,
aunque no hay muchas esperanzas: "Nadie guardaría un arma tan 'caliente'
en su casa durante dos meses", comentaron fuentes del caso. "Aunque
nunca hay que descartar la estupidez humana".
Rolando
Barbano, Clarin, Viernes 3 de enero de 2003
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