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El caso García Belsunce
No habrá detenciones aún en el crimen del country
El fiscal analiza el expediente para limitar el número de hipótesis
Casi descartado el robo seguido de muerte, la teoría del crimen
pasional está hoy por encima de la del móvil económico
Los indicios refuerzan el conocimiento entre víctima y victimario
De no mediar una circunstancia extraordinaria, algo que, por estas horas,
no está en las previsiones de nadie, este año se cerrará
sin detenidos por el asesinato de María Marta García Belsunce.
De hecho, al cierre de esta edición fueron liberadas las únicas
tres personas que estaban presas por un episodio relacionado con el crimen
del country Carmel, de Pilar: la confección de un certificado de
defunción con datos que no se correspondían con las verdaderas
causas de la muerte.
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Sin embargo, la ausencia de autores o partícipes del crimen tras
las rejas no implica una paralización de la causa. Fuentes judiciales
confiaron a LA NACION que el fiscal de Pilar Diego Molina Pico, a cargo
de la investigación del misterio de Carmel, quiere llegar a la
próxima semana, cuando espera recibir los primeros resultados de
laboratorio sobre los rastros hallados en la escena del crimen, con su
expediente depurado de hipótesis.
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Al respecto, las fuentes dijeron que con las pruebas recogidas en la causa
hasta ahora el fiscal ya comenzó a desechar teorías: casi
totalmente descartado el hecho como producto de un robo simple, Molina
Pico cree que la hipótesis del asesinato motivado por una cuestión
pasional, o de altísimo componente emocional, está por estas
horas muy por encima de un crimen que eventualmente haya tenido como motor
un vínculo económico o financiero.
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No son pocos los datos que, para el fiscal, apuntalan una teoría
por encima de la otra. La mecánica de la ejecución -vaciar
el tambor de un arma, casi a boca de jarro, en la cabeza de la víctima-
es indicio de un estado de emoción violenta, de un arrebato emocional;
la subestimación de eventuales riesgos, puesto que a la hora del
crimen existían no pocas posibilidades de que alguien advirtiese
el suceso, indicaría que el acto criminal no fue premeditado, o
que, a lo sumo, no fue el epílogo de una planificación racional.
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La propia ubicación de la casa en Carmel, próxima al cerco
perimetral del country y con frecuente paso de personal de seguridad,
también da sustento a la hipótesis de que el asesino o asesina
-o más de uno, pues no se descarta la posibilidad de una pluralidad
de autores- es un vecino de la víctima o, al menos, una persona
con acceso frecuente.
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Relación entre asesino y víctima
No son los únicos indicios que apuntan a una relación previa
entre víctima y victimario. Como publicó ayer LA NACION,
que María Marta García Belsunce se haya llevado a la tumba
un pañuelo ensangrentado dentro de un bolsillo del pantalón
que vestía cuando la mataron da fuerza a la sospecha de que entre
el primer ataque y el desenlace mortal pudo haber tenido lugar una suerte
de pausa en el acometimiento criminal que, quizá, permitió
a la mujer intentar disuadir a su agresor, o tal vez suplicar sin éxito
por su vida.
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No pocos testimonios, por otra parte, sitúan dentro de Carmel al
asesino. En este caso, lo que abunda también es la pluralidad de
sospechosos: el vecino díscolo y no querido en el country y mujeres
de fluida relación con la víctima o con su esposo, Carlos
Carrascosa.
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Aunque peritos contables de la Procuración General bonaerense analizan
las actividades del viudo en busca de pistas que relacionen la muerte
con cuestiones de dinero, allegados a la familia dijeron a LA NACION que,
según se desprende de conversaciones con el fiscal, no se ha encontrado
aún en el pasado en vida de la víctima una motivación
para el crimen.
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Sobre esa base, argumentaron que no debe descartarse que el móvil
estuviese sólo en el autor. Esto es: que el homicida hubiese "sentido"
que tenía motivos para increpar y, como finalmente sucedió,
agredir mortalmente a María Marta García Belsunce al creerla
responsable de una situación disvaliosa o perjudicial en su contra.
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Aunque tal situación no restringe las sospechas a una sola persona,
no se descarta que esa línea de pensamiento haya sido útil
a la hora de fundar el único allanamiento que, hasta ahora, el
juez de Garantías Diego Barroetaveña debió autorizar
en dos meses de investigación.
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Ya no hay detenidos en la causa paralela
Ya no quedan detenidos en la causa paralela a la del crimen del country
Carmel, de Pilar. El juez porteño Julio Lucini resolvió
ayer procesar por falsedad ideológica de instrumento público
al médico que firmó el certificado de defunción de
María Marta García Belsunce y a un gerente de Casa Sierra,
la cochería que prestó el servicio fúnebre al día
siguiente del deceso precisamente gracias a que en aquella acta se consignó
que el deceso fue producto de causas naturales, con lo que se evitó
una autopsia que hubiese dejado al descubierto de inmediato el asesinato.
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En la misma resolución el magistrado dictó la falta de mérito
por el delito de asociación ilícita para aquellos dos procesados,
el médico Juan Carlos March y el funcionario de casa Sierra Oscar
Sierco. Así, quedó sólo el hecho del acta falsificada,
un delito que es excarcelable, por lo que March y Sierco fueron liberados
anoche.
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También hubo falta de mérito para procesar o sobreseer a
los otros nueve imputados en la causa, entre ellos, el cuñado de
García Belsunce Guillermo Bártoli, que llegó a estar
preso durante casi un día a raíz de este caso, detenido
cuando ya había partido hacia Uruguay, en barco.
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El otro imputado que estaba preso por este caso -el empleado de Casa Sierra
Marcelo Ferrín- también recuperó su libertad tras
la resolución de Lucini.
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Igualmente, la causa por los certificados de defunción con datos
apócrifos no se detiene con esta resolución. Lucini decidió
habilitar su juzgado durante la feria judicial para profundizar la investigación.
Ayer resolvió realizar la exhumación de dos cadáveres
cuyas actas de muerte fueron firmadas por March para establecer con una
autopsia las reales causas de deceso. El magistrado, durante la feria,
prevé recibir más de medio centenar de declaraciones testimoniales.
La
Nacion, 31 de diciembre de 2002
A DOS MESES DE LA MUERTE DE LA MUJER
Caso
García Belsunce: procesan y dejan en libertad a dos sospechosos
El
juez Lucini decidió procesar por falsificación de instrumento
público al médico que firmó el certificado de defunción
de María Marta y a un empleado de la empresa funeraria, pero ambos
quedarán libres esta noche. Además, ordenó exhumar
dos cadáveres por presuntas irregularidades.
El médico que firmó el certificado de defunción de María Marta
García Belsunce y un empleado de la empresa funeraria Casa Sierra fueron
procesados por falsificación de instrumento público, y recibieron la falta
de mérito por el delito de asociación ilícita, informaron esta tarde fuentes
judiciales en el llamado caso "García Belsunce II".
El médico Juan Carlos March y el empleado Oscar Sierco, quienes recuperarán
la libertad esta noche, fueron los únicos procesados en la causa en la
que hay otros nueve imputados, a quienes se les dictó la falta de mérito
por ambos delitos, aunque continuarán afectados a la investigación, agregaron
los voceros.
Según se indicó en Tribunales, atento a las penas que preve esa imputación,
el juez de instrucción porteño Julio Lucini dispuso dejar en libertad
a March y a Siero, y dictarles la "falta de mérito" por la figura de asociación
ilicito por las que también habían sido detenidos.
Marcelo Serrin, en tanto, también empleado de la funeraria y quien se
encontraba arrestado, recibió la falta de mérito en los dos delitos que
se le imputaban y quedó en libertad, se precisó.
Por otra parte, el juez que investiga la falsedad ideológica en el certificado
de defunción de García Belsunce ordenó exhumar dos cadáveres ante la presunción
de que las partidas que explican sus muertes fueron confeccionadas con
datos falsos.
El juez Lucini resolvió que las exhumaciones se lleven a cabo antes del
fin de semana próximo y ordenó que se tomen 60 declaraciones testimoniales,
para lo cual habilitará la feria judicial del mes de enero.
Clarin,
31 de diciembre de 2002
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Nueva
prueba: un pañuelo ensangrentado - Caso García Belsunce: liberan a los
detenidos pero hay dos procesados - El juez de instrucción Julio Lucini
dejó en libertad a los tres detenidos en la causa que se inició para investigar
la falsificación del certificado de defunción de María Marta. Analizan
los llamados salientes y entrantes de la línea fija de la casa de la víctima
El
médico que firmó el certificado de defunción de María Marta García Belsunce
y un empleado de la empresa funeraria Casa Sierra fueron procesados por
falsificación de instrumento público, y recibieron la falta de mérito
por el delito de asociación ilícita, informaron fuentes judiciales.
El médico Juan Carlos March y el empleado Oscar Sierco, quienes recuperarán
la libertad esta noche, fueron los únicos procesados en la causa en la
que hay otros nueve imputados, a quienes se les dictó la falta de mérito
por ambos delitos, aunque continuarán afectados a la investigación, agregaron
los voceros. Mientras, a Marcelo Ferrín le dispuso la falta de mérito
por los dos delitos.
Además, el juez que investiga la falsedad ideológica en el certificado
de defunción de María Marta García Belsunce ordenó exhumar dos cadáveres
ante la presunción de que las partidas que explican sus muertes fueron
confeccionadas con datos falsos, informaron fuentes judiciales.
El juez de instrucción porteño Julio Lucini resolvió que las exhumaciones
se lleven a cabo antes del fin de semana próximo y ordenó que se tomen
60 declaraciones testimoniales, para lo cual habilitará la feria judicial
del mes de enero.
Llamados
Los investigadores del crimen de María Marta García Belsunce se dedicaban
hoy a analizar los llamados entrantes y salientes en la línea fija del
domicilio de la víctima en las horas previas y posteriores al crimen y
no descartaban emplear el sistema de entrecruzamiento de comunicaciones
Excalibur para optimizar la tarea.
Fuentes allegadas a la investigación informaron que ante la presunción
de que la mujer haya conocido al autor del crimen es de gran importancia
estudiar cada una de las comunicaciones que mantuvo antes de morir.
También, explicaron los voceros, es importante evaluar qué tipo de llamadas
realizaron sus familiares desde la casa cuando María Marta estaba muerta,
ya que desde el inicio del caso los investigadores se refirieron a las
sospechas que despiertan los integrantes del círculo íntimo de la víctima.
Con el objeto de estudiar los llamados, los detectives de la Policía Judicial
analizaban los listados solicitados a la empresa proveedora del servicio
telefónico en el Carmel Country Club y no descartaban cruzar los datos
mediante el sistema Excalibur.
Un pañuelo
En tanto, hoy se supo que María Marta se llevó a la tumba un elemento
que, para los detectives que investigan su asesinato, es un indicio que
refuerza la hipótesis de que conocía bien a su atacante: un pañuelo ensangrentado.
Se trata de un pañuelo que el 2 del actual, cuando se comprobó que la
víctima había sido ultimada de cinco tiros en la cabeza, apareció guardado
en un bolsillo del pantalón elastizado azul oscuro que se había puesto
para ir a jugar al tenis (cosa que no pudo hacer por la lluvia) el día
del crimen. Es el mismo pantalón con el que fue enterrada en el cementerio
de la Recoleta un día después, según consta en el expediente.
Ese pañuelo tiene restos de sangre. Si se confirma, como sospechan los
investigadores, que esas manchas son de la víctima, cobraría vigor un
fuerte indicio de que, tras un primer ataque en su contra, María Marta
García Belsunce tuvo tiempo y oportunidad de limpiarse el derrame de una
herida de ataque y que, quizás, en ese tiempo intentó disuadir a su agresor,
según el siguiente capítulo de la acción criminal.
Con los peritajes se intenta establecer ahora la data de esas manchas
hemáticas. Si se descarta que hayan estado en el pañuelo, previo al homicidio,
y si se confirma, a partir de los testimonios, que antes de la muerte
no sufrió heridas sangrantes, la única explicación será que esos restos
advertidos el día de la autopsia sólo pudieron haber llegado a la tela
entre el primer ataque -con un objeto aún no precisado con exactitud-
y los cinco disparos a quemarropa que acabaron con la vida de García Belsunce.
Los forenses encargados de la necropsia precisaron que en el cadáver examinado
no hallaron, a priori, indicios que denotaran signos de lucha o de defensa.
El estudio tanatológico, por otra parte, corroboró cinco lesiones contuso-perforantes
en el cráneo -los orificios de entrada de las balas- y las fracturas de
cráneo correspondientes como las causantes de la muerte.
Pero el protocolo de autopsia, además, describe otras lesiones de carácter
vital: equimosis (moretones) sobre la ceja izquierda y junto a la ceja
derecha, en la parte anterior de ambos muslos, detrás de la rodilla izquierda
y en la parte interna de la pantorrilla derecha; también, una sexta huella
de golpe de un proyectil.
Ese rastro corresponde al plomo -presuntamente, el primer disparo- que
la familia de la víctima desechó por el excusado al pensar que era un
sostén de estantes de biblioteca que nada tenía que ver con el deceso.
Por supuesto, al comienzo de la necropsia los médicos tuvieron que desvestir
el cadáver. María Marta García Belsunce ya no vestía la remera del día
del crimen, sino una camisa. Pero sí llevaba puesto el mismo pantalón
deportivo; según confiaron allegados a la familia, eso ocurrió así
porque esa prenda no estaba mojada ni manchada de sangre.
Los médicos que firmaron el protocolo de autopsia consignaron oportunamente
que del pantalón habían extraído un pañuelo con manchas similares a la
sangre, el que remitieron al laboratorio para su estudio.
Aún no se conocen los resultados de tal examen, pero ese elemento que
los forenses encontraron más de un mes después del crimen, aún preservado
en el féretro, ahora desvela a los investigadores, que intentan determinar
quién mató, y por qué, a María Marta García Belsunce.
No se descarta que, casi como un acto reflejo, la víctima hubiese intentado
limpiarse la sangre que debió emanar en abundancia del roce del primer
disparo en la cabeza, la lógica indica que semejante acto de cuidado personal
sólo puede denotar una suerte de pausa en el curso del ataque mortal.
Sobre esa posibilidad hacen ahora hincapié los detectives del caso. Creen
que si tal pausa existió, en ese tiempo María Marta García Belsunce, quizás
aturdida por una lesión que por entonces no comprometía su vida, pudo
haber hecho un intento por convencer a su atacante de poner fin a la agresión.
En esa línea de pensamiento, sostienen como una posibilidad cierta
que la víctima hubiese llevado adelante tal intento disuasorio porque
conocía bien a quien, finalmente, acabó por asesinarla.
"Este puede ser un elemento del que deriven reflexiones que ayuden a entender
lo que pasó. Los investigadores parecen haber llegado a la conclusión
de que hubo un primer ataque al entrar en la casa, y que víctima y victimario
luego subieron por la escalera, hasta que el acto culminó con la muerte
en el baño.
Si esto fue así, la sangre en el pañuelo podría indicarnos que ella tuvo
al menos la posibilidad de entrar en algún tipo de diálogo con su agresor,
como para amortiguar o hacer cesar el acometimiento violento", dijo una
fuente de la investigación.
Infobae,
31 de diciembre de 2002
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