|
Para
el fiscal, la familia supo siempre que el pituto era una bala
Le dio vital importancia al episodio y escribió: "lograron
hacer desaparecer una prueba del delito"
18
de enero - (El Dia, La Plata) Horacio García Belsunce (h)
declarará hoy ante el fiscal Diego Molina Pico
El famoso "pituto", con su aspecto mínimo, insignificante
y dudoso, resultó letal como una jabalina lanzada al pecho
de los supuestos encubridores. Asi lo entendió el fiscal
de la causa, Diego Molina Pico, que en su acusación contra
el marido, los hermanos, el cuñado y el padrastro de María
Marta García Belsunce consideró -y fundamentó
con prueba documental, científica y testimonial- que todos
ellos habrían tenido conocimiento de que ese "cosito"
que decidieron arrojar al inodoro eran los restos de una bala y
no un "pituto" para sostener bibliotecas.
"... Así se logró hacer desaparecer una prueba
del delito", sostuvo textualmente el fiscal en su conmocionante
resolución del jueves, en la que formuló acusación
por presunto encubrimiento contra nueve personas allegadas a la
víctima.
En su escrito -a algunos de cuyos pasajes este diario tuvo ayer
acceso- Molina Pico dejó en claro que nunca creyó
la versión que dio la familia García Belsunce sobre
el hallazgo de ese extraño objeto debajo del cadáver
cuando aún yacía en el baño del chalet donde
ocurrió el crimen. Ese objeto resultó un plomo de
calibre 32, el sexto de los cinco disparos contra la víctima
y el único que no ingresó a la caja craneana porque
rebotó en el cuero cabelludo.
LAS
PRUEBAS
El hermano de la víctima, Horacio García Belsunce
(h); su medio hermano, Juan Hurtig; el padre de éste, Constantino
Hurtig y el marido, Carlos Carrascosa, decidieron arrojar el objeto
por el inodoro. "Creíamos que era un pituto para sostener
bibliotecas, jamás imaginamos que podía ser el plomo
de una bala", dijeron.
A partir de esto, el fiscal ordenó una serie de medidas que
le fueron dando al pequeño "pituto" cada vez más
dimensión dentro de la causa. Primero ordenó una búsqueda
en el pozo ciego de la finca que permitió hallar el "pituto".
Luego se hicieron pericias balísticas para establecer el
calibre del arma de donde había salido. Más tarde
otra pericia estableció que el "pituto" es igual
a los otros cinco hallados en el cráneo de la víctima.
En medio de la ansiedad que ganó a la opinión pública
en las últimas dos semanas cuando parecía que la causa
estaba detenida, el fiscal pidió informes a organismos de
seguridad para establecer si alguna de las personas que habían
tenido contacto con el "pituto" tenía conocimiento
del manejo de armas de fuego. La Armada Argentina contestó
que el ex agente de Bolsa y prestamista Carlos "El Gordo"
Carrascosa -marido de la víctima- era reservista y, por lo
tanto, tenía instrucción militar.
CUATRO
TESTIGOS CLAVES
Pero los pasos del fiscal hacia el "pituto" no quedaron
ahí. Durante las extensas rondas de declaraciones que tomó
en los últimos días, el funcionario del ministerio
público obtuvo las de Balbino Ongay, Inés Ongay y
Lucía Ongay, miembros de una familia de vecinos del country
que aseguraron haber oído a miembros del clan Belsunce -en
días inmediatamente posteriores al crimen- hablar del "pituto"
como un "casquillo, esquirla o tiro".
El fiscal habría valorado también contradicciones
entre quienes asistieron, en el baño donde encontraron el
cadáver, a la deliberación sobre la naturaleza del
"pituto". En ese sentido se supo que los dichos de Horacio
García Belsunce (h), quien públicamente admitió
haber envuelto el objeto en papel higiénico para después
arrojarlo por el inodoro, se contradicen con los de su medio hermano,
Juan Hurtig, que en su declaración judicial aseguró
haber sido él quien lo levantó y tiró al excusado.
HABLO
EL JUEZ
En tanto, el juez de Garantías de San Isidro Diego Barroetaveña
deslizó ayer la posibilidad de que el autor del asesinato
de María Marta podría estar entre las nueve personas
imputadas por el "encubrimiento agravado" del crimen.
En cuanto a los imputados, trascendió que la ronda de indagatorias
por el encubrimiento del crimen iniciada ayer continuará
esta mañana en la fiscalía de Pilar en el siguiente
orden y horarios: Nora Burgues de Taylor a las 9, Sergio Binello
a las 10, Guillermo Bártoli a las 11, Horacio García
Belsunce (h) a las 12 y Carlos Carrascosa a las 14.
El domingo a las 9 sería el turno del padrastro de la víctima,
Constantino Hurtig, en tanto que anoche declaraban la masajista
de María Marta, Beatriz Michelini; el medio hermano de la
víctima, Juan "John" Carlos Hurtig; y el primer
médico en ver el cadáver, Juan Ramón Gauvry
Gordon.
El juez Barroetaveña, al ser consultado sobre la resolución
que firmó el jueves, explicó que "alguna de las
personas que está por encubrimiento, si se suman nuevos elementos,
podría ser imputada por homicidio".
El juez de Garantías -quien luego de imputar a nueve integrantes
del círculo íntimo de la víctima inició
sus vacaciones- indicó que existen "hechos que llaman
la atención", aunque aclaró que aún no
hay elementos "suficientes" como para ordenar una detención
por homicidio.
"El fiscal encubrimiento agravado; sin embargo, en la resolución
digo que hay alguna situación, algunos elementos, que si
bien no resultarían suficientes todavía para alguna
detención (por homicidio), son hechos que llaman la atención",
señaló el magistrado.
El juez aseveró que entre los hechos que llaman la atención,
figuran "quién fue el primero en llegar" a la casa
donde se produjo la tragedia, "cuánto tiempo transcurrió
hasta que la instrucción se formalizó... Los rastros
fueron borrados, se instaló desde el principio el tema del
accidente, cuando el marco que encontró la primera persona
que llegó al lugar distaba mucho del marco del accidente".
"Un viejo adagio judicial dice que 'lo que no está en
el expediente no existe'. En este caso, hay cosas que no están
en el expediente, pero creo que existieron. Hay que investigarlas,
hay dudas que mantenemos todos, hay cosas que no están esclarecidas",
subrayó.
Además Barroetaveña admitió que "no se
tiene en claro" el móvil del crimen y remarcó
que si bien se trabaja entre dos hipótesis", no tienen
"concretamente cuál fue o si fue un mix, ya que hay
algunas cosas que aclarar".
El juez analizó la labor que cumplió la Policía
en el inicio del caso y recordó que el propio comisario Angel
Casafús reconoció haber recibido una llamada de Horacio
García Belsunce (h).
"No le dijo directamente 'sacame a la policía'; no le
dice 'a mi hermana la mataron, no vengan'. Casafús dice que
inmediatamente lo que hizo fue llamar al comisario (director de
la DDI de San Isidro, Aníbal) De Gastaldi... Eso no obra
en el expediente, habrá que investigar qué sucedió",
explicó. En ese sentido, consideró que si efectivos
policiales llegaron a la escena del crimen y "vieron a la persona
muerta no les puede pasar inadvertido que se trataba de un homicidio".
Barroetaveña estimó que si la instrucción policial
se hubiera producido inmediatamente después del crimen "se
hubiera contado con más elementos" para resolver el
caso, pero igualmente se mostró "optimista" sobre
el éxito final de la investigación.
"Se
arregló, pagamos para que se hiciera lo que el gordo quería"
En
la construcción de su acusación contra familiares
y allegados a María Marta García Belsunce, el fiscal
puso sobre la balanza otro testimonio clave: el de Elena Caride
de Gatto, una amiga de la víctima y vecina del country. Ella
contó en la causa que la veterinaria de caballos de polo
Nora "Pichi" Burges de Taylor le dijo, luego del crimen:
"... Y como esto podía abrirse en un suicido o en un
homicidio, y el Gordo (por Carrascosa) estaba muy mal, nos pidió
que no la llevaran, que no le hicieran autopsia... Y como venían
ambulancias y venía la policía, entonces se arregló
y pagamos para que se hiciera lo que el Gordo quería".
Si
los cadáveres hablan, así lo cuenta María Marta
Siempre
se dice que "los cadáveres hablan" cuando quedan
a solas con los peritos forenses. Ellos pueden interpretar cada
signo, cada golpe, cada rastro, como un testimonio, una revelación,
de lo que pasó. Este relato es, entonces, la traducción
de lo encontrado por los expertos que examinaron el cadáver
de María Marta García Belsunce. De ese informe, cargado
de palabras como esquimosis y hematomas, surgiría claramente
que la víctima recibió un brutal castigo antes de
ser asesinada y que el agresor habría tenido los puños
de un hombre fuerte. Con los tiros, en cambio, flota una duda. "La
forma furiosa de vaciar el cargador es femenina", arriesgó
un investigador.
El primer moretón en la frente pudo ser efecto de la primera
trompada. El segundo, por la caída contra el piso. El tercer
golpe, el cercano a la oreja izquierda, pudo haberle llegado cuando
buscaba escapar, escaleras arriba. Ahí es posible que haya
trastabillado y golpeado las pantorrillas contra los escalones.
Esos moretones no tendrían otra explicación. En esa
caída quizá fue cuando se fracturó la costilla.
Entonces, atontada por los golpes y los insultos, María Marta
pudo haber quedado otra vez a merced de su agresor que la golpeó
otras dos veces en la cara. La hizo sangrar y ella, en un intento
por recuperarse, buscó en el bolsillo trasero del jogging
azul. Sacó un pañuelo pequeño y se lo pasó
por la cara, estampándole su propia sangre. Instintivamente
volvió a dejarlo en el mismo bolsillo donde también
guardaba unos pesos. Con todo eso, pañuelo y dinero, fue
enterrada, como si nadie hubiese querido tocarla demasiado antes
de colocarla en el féretro para su apurado entierro o su
frustrada cremación.
TANTO
ODIO, TANTAS GANAS DE MATAR
Después de ese golpe es posible que haya hablado con su agresor.
O que lo haya insultado y amenazado provocándole todavía
más odio, más resentimiento, más ganas de hacerla
sufrir.
Ahí vio entonces el arma. Le volvió la espalda para
correr, otra vez, escaleras arriba. Llegó al vestíbulo
del primer piso y buscó la ventana que da al tejado. Pensó
en gritar desde allí o en lanzarse sobre los techos de pizarra
oscura. Pero un fuerte tirón le cruzó la cabeza y
un hilo caliente le bañó el cuello y se le deslizó
hasta las orejas. Ese primer disparo no la mató, pero la
paralizó. Su asesino la tomó por los cabellos y le
apoyó el caño del 32 sobre la nuca, en el huequito
que se forma entre la base del cráneo y el hueso al que va
pegada la oreja.
Entonces le arrancó la vida con otros cuatro apretones de
gatillo. Con cada disparo el asesino empujó el arma, como
queriendo darle más fuerza a la bala o como si tuviese una
bayoneta en la punta del cañón.
"La persona que la mató evidenció tener tanta
bronca, estar tan ciega de odio que si en vez de un revólver
hubiese tenido un cuchillo al cadáver todavía le estábamos
contando puñaladas", exageró anoche un viejo
caminador de las morgues bonaerenses al interpretar las señales
de la autopsia de María Marta.
|
|
M.M.
Garcia Belsunce de pie a la derecha
|
|