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El
crimen del country
Se conocerá mañana la historia de negocios de la víctima
y su esposo
Informe a cargo de peritos contables de la Procuración
Se sabrá la actividad de Carlos Carrascosa y de su esposa,
María Marta García Belsunce
Ahondará en la relación con el banco de los Rohm y
en presuntos negocios con vecinos
La reconstrucción de los últimos años de actividad
financiera de Carlos Carrascosa, esposo de María Marta García
Belsunce, y los eventuales vínculos de la víctima
del asesinato del country Carmel con esos negocios estará
mañana, en formato de informe pericial, en el escritorio
del fiscal de Pilar Diego Molina Pico, que busca claves para esclarecer
el homicidio.
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Fuentes de la investigación dijeron a LA NACION que los tres
peritos contables de la Procuración General bonaerense trabajaban,
al cierre de esta edición, en las conclusiones del informe,
cuyo eje recorre la actividad de Carrascosa en la Bolsa, su evolución
patrimonial y, especialmente, su relación con el liquidado
Banco General de Negocios, de los hermanos Carlos y José
Rohm.
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Aunque no trascendieron detalles del contenido de ese dossier, las
fuentes confiaron que no sólo constaría que María
Marta García Belsunce tenía relaciones funcionales
con los negocios de su esposo, sino que los vínculos financieros
se extenderían, incluso, a vecinos del country de Pilar.
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En tanto, el fin de semana impuso al expediente central, en el que
se investiga el asesinato, una suerte de pausa. Molina Pico no fue
a Pilar y los fiscales de turno no debieron tomar ninguna medida
excepcional ayer ni anteayer.
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Las fuentes dijeron que esta semana el fiscal tomará nuevas
declaraciones testimoniales, a la espera de los resultados de los
peritajes que aún restan incluir en el expediente.
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Los análisis
Antes del viernes próximo, arriesgaron allegados a la causa,
Molina Pico recibiría los análisis de los restos de
sangre levantados de la escena del crimen. También, confiaron,
podría conocerse el nombre y apellido de la persona que estampó
la palma de su mano izquierda y tres dígitos en una de las
paredes de la casa de la víctima, y en una posición
que, por lo menos, llama a sospecha.
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Sobre este punto, no obstante, las fuentes sostuvieron que el conocimiento
del dueño de esas huellas no necesariamente constituiría,
per se, un elemento clave para el esclarecimiento del crimen. Ocurre,
dijeron, que luego de la identificación debe establecerse
en qué circunstancias de tiempo y de motivo se produjo tal
impronta; hay tantas posibilidades de que esa huella haya quedado
impregnada en la pared en cuestión antes o después
del hecho, pero no en pleno desarrollo del homicidio.
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Algo similar sucede con las muestras de sangre. Según las
fuentes, los reactivos químicos usados para detectar los
restos hemáticos en distintos lugares de la escena del crimen
inhiben la posibilidad de estudiarlos con todos los medios científicos.
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Por caso, explicaron, es posible determinar grupo y factor de esa
sangre pero no hacer una posterior prueba de ADN para establecer,
sin duda, de quién es. El primero es un método de
identificación incluyente: muchas personas pueden tener el
mismo grupo y factor de sangre que la víctima, incluido el
asesino, por lo que su identificación por este medio es incompleta.
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Los peritos, además, continúan con el análisis
de las llamadas telefónicas realizadas desde y hacia la casa
de María Marta García Belsunce. Ahora también
se agregó el estudio de las comunicaciones realizadas por
medio del teléfono celular de la víctima. El rango
de búsqueda no se limita al día del crimen, sino que
abarca una semana antes y después. Además, se incluye
un período especial -junio de 2001- en el que la víctima
sufrió el robo de su perro labrador y posteriores llamadas
en las que se le pedía el pago de un rescate para recuperar
el can.
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Allegados a la familia, en tanto, repitieron ayer a LA NACION que,
según el actual curso del expediente, el autor del asesinato
es alguien ajeno al entorno íntimo de la víctima.
"En el epílogo de esta historia, cuando se conozca al
asesino, muchos van a tener que pedir disculpas al esposo, a los
hermanos y al cuñado de María Marta", dijo a
este diario uno de esos allegados.
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Al respecto, argumentan que no sólo las resoluciones judiciales
dejaron sentado que los integrantes más conspicuos de ese
círculo íntimo no estaban imputados de ningún
cargo, sino que con las medidas adoptadas hasta ahora, la Justicia
ha apuntado hacia sospechosos sin relación de sangre o directa
con la víctima del aún misterioso crimen.
Fernando Rodríguez
Un fiscal se muestra poco optimista sobre
el esclarecimiento del caso
Juan Martín Romero Victorica, amigo de la familia de la asesinada
María Marta García Belsunce, consideró que
la investigación "está complicada"
El fiscal Juan Martín Romero Victorica, amigo de la familia
de la asesinada María Marta García Belsunce, se mostró
hoy poco optimista sobre la posibilidad de que el crimen sea rápidamente
esclarecido, y consideró que los allegados a la víctima
"estaban ocultando algo" y actuaron en forma "patológica,
enfermiza".
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Romero Victorica admitió que "no me ha gustado"
la forma que actuó "la familia" al borrar las huellas
del asesinato.
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El fiscal, en declaraciones a la radio La Red, consideró
que la investigación de lo que verdaderamente ocurrió
"está complicada" y agregó: "No soy
demasiado optimista" sobre la posibilidad de que se esclarezca
pronto.
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A la hora de barajar hipótesis, estimó que la de un
crimen "pasional" le parece la más probable, teniendo
en cuenta el número de disparos que recibió la víctima
y las circunstancias en que se produjo el crimen el 27 de octubre
pasado.
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Romero Victorica afirmó que los actuales investigadores de
la causa no están tomando medidas contra la familia por el
"encubrimiento" del que parecen ser responsables, porque
están "priorizando la búsqueda del asesino y
el móvil del crimen" en esta etapa.
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"El tema de las complicidades se está dejando de lado"
por eso, opinó, al tiempo que definió que "la
incoherencia de la familia", por la forma en que actuó
tratando de borrar las huellas del asesinato y al haber arrojado
una bala al inodoro, entre otras cuestiones sospechosas, "yo
la llamaría ocultamiento".
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"Estaban ocultando algo, no sé qué", dijo
el fiscal, quien añadió que "hoy la actitud de
la familia no me ha gustado nada: es patológico, enfermizo"
lo que han hecho, añadió.
Fuente: DyN
(N. de la R.) Esa misma noche, Romero Victorica manifesto su desagrado
hacia los diarios Clarin y La Nacion, expresando que no era lo publicado
lo que habria dicho. Segun el fiscal, quien insistio en ser intimo
amigo de la familia desde hace años y sentir honda pena por
lo acontecido, el "ocultamiento" del que hablara se limitaria
estricta y meramente a un ambito social, "algo muy tonto y
sin sentido".
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María
Marta García Belsunce, en su casa del country Carmel
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El
personaje en la noticia
Molina Pico, un fiscal reservado y con fuerza para resistir presiones
Es hijo de un ex jefe de la Armada de la década menemista
Diego Molina Pico tiene entre sus manos la causa más importante
de su aún joven carrera judicial. Pero igualmente cierto
es que no sólo en Pilar sino en todo el Departamento Judicial
San Isidro no hubo, desde que el Código Procesal Penal bonaerense
puso en manos de los fiscales la investigación de los hechos
delictivos, otra causa como el asesinato de María Marta García
Belsunce, un crimen con todos los ingredientes como para transformarse
en un imán para la imaginación y las especulaciones,
por sus protagonistas y por la escena, un exclusivo barrio privado.
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Si todas esas circunstancias hacen de este crimen un caso excepcional,
la pregunta obligada es si este fiscal de sólo 37 años,
hijo del almirante retirado Enrique Molina Pico, jefe de la Armada
durante la primera presidencia de Carlos Menem, es capaz de llevar
semejante investigación a buen puerto.
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Sus actuales colegas y sus viejos compañeros sostienen que
sí, por tres razones: su amplia visión estratégica,
su cerebral capacidad de razonamiento y sus agallas para resistir
cualquier tipo de presión.
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Aquel pensamiento estratégico y esa perseverancia en sus
convicciones, dicen quienes lo conocen bien, se forjaron en Diego
Molina Pico en su paso por la Marina, de donde se retiró
en 1998, como teniente de navío, para rendir y aprobar el
examen ante el Consejo de la Magistratura provincial y ganar un
puesto como fiscal titular en una Unidad Funcional de Instrucción
(UFI) de San Isidro.
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Embarcado
No tiene, pese a lo que parece indicar aquel rango, una formación
militar, pues ingresó en la Armada como abogado. Eso, no
obstante, no lo alejó del mar. De hecho, sus allegados recuerdan
dos importantes misiones como embarcado: las intervenciones argentinas
en fuerzas internacionales en el bloqueo a Haití y en una
de las naves que viajó a la Guerra del Golfo, en 1991.
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Casado, con una hija, Molina Pico no aparece nunca ante micrófonos
o cámaras. Rehúsa por norma dar informaciones públicas
acerca de las causas que instruye. Ese mismo bajo perfil tenía,
dicen sus antiguos jefes, en la Armada, donde jamás intentó
sacar provecho de ser el hijo del comandante en jefe.
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Recibido en la Universidad Católica, con una maestría
terminada el año último en la Universidad del Salvador,
y experto en derecho internacional, Diego Molina Pico tiene un trato
muy cordial que, sin embargo, jamás lo lleva a renunciar
a su perenne reserva. Dos meses y medio del caso del que habla el
país con él aún fuera del foco de las cámaras
y con sus vacaciones suspendidas por propia decisión confirman
su capacidad para trabajar con discreción, pero sin pausa.
La
Nacion, lunes 6 de enero de 2003
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