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EL
CRIMEN DEL COUNTRY: BUSCAN CUENTAS BANCARIAS Y PROPIEDADES EN EL
PAIS Y EN EL EXTERIOR
A
pedido del fiscal, la SIDE colabora en la investigación
Agentes
de la Secretaría de Inteligencia del Estado investigan la
situación financiera de la familia. Mientras, la Policía
coteja las huellas digitales de 200 vecinos de los García
Belsunce.
Rolando
Barbano, Clarin, Jueves 9 de enero de 2003
Quizá la clave esté en una cuenta bancaria radicada en un banco
del exterior. O en propiedades de las que aún no se tiene noticia.
Tal vez sean acciones o participaciones en sociedades comerciales.
El fiscal que investiga el crimen de María Marta García Belsunce
cree que hay una chance importante de que allí aparezca el motivo
del asesinato: le pidió a la Secretaría de Inteligencia del Estado
(SIDE) que revise todos los movimientos financieros de los familiares
de la mujer en la Argentina y en el extranjero.
"Un problema de pasiones familiares, mezclado con reclamos o venganzas
económicas, o que María Marta se había enterado de algo inconveniente,
no sería nada extraño", indicó una fuente del caso a Clarín. Aunque
recién trascendió ayer, el pedido del fiscal Diego Molina Pico para
que intervenga la SIDE tiene ya varios días e incluye también a
vecinos del country.
Al mismo tiempo, el fiscal investiga las rutinas de la familia de
María Marta y de sus vecinos del country Carmel a través de los
guardias de seguridad. Entre la noche del martes y la tarde de ayer
interrogó a todos los custodios del lugar, incluidos los que no
estuvieron allí el día del crimen. Quiere conocer los hábitos de
la gente, sus relaciones y, sobre todo, sus peleas.
"Los custodios son como las mucamas: ven todo, escuchan todo, saben
todo", justificó uno de los investigadores. El fiscal no sólo les
preguntó a los vigiladores sobre la familia García Belsunce y sus
visitas, sino también sobre algunos vecinos del country. Como Nicolás
Pachelo, un hombre que —tal como ya anticipó Clarín—,
el día siguiente a la muerte "accidental" de María Marta estuvo
preguntando en el bar de una estación de servicio Esso sobre "la
mujer que mataron".
Sobre la coartada de este vecino, que ya declaró como testigo y
negó toda vinculación, habría algunas dudas. Un par de testigos
que lo contradirían en cuanto a los horarios. Y otros testimonios
dicen que María Marta encabezaba un reclamo para que lo expulsaran
del Carmel, fruto de una disputa anterior por el robo de un perro.
Por eso también la importancia del testimonio de los guardias de
seguridad.
Mientras, el fiscal aguarda que el juez porteño Julio Lucini le
envíe la causa donde se investiga una mafia que supuestamente adulteraba
certificados de defunción, como el de María Marta. Este expediente,
donde el cuñado de la mujer estuvo detenido, fue requerido por Molina
Pico el 30 de diciembre pero aún no llegó.
Lo que sí llegó a la Fiscalía es el último informe sobre las huellas
digitales —tres dedos y una palma— halladas en la escalera
de la casa de María Marta. Los peritos volvieron a cotejarlas con
las de la víctima y determinaron en forma definitiva que no son
de ella. Por eso Molina Pico entregó una lista de 200 personas —las
que estuvieron en el velatorio de la mujer— para que se cotejen
sus impresiones.
María Marta apareció muerta el domingo 27 de octubre. Su marido,
Carlos Carrascosa, dijo que la encontró en el baño de su casa del
country de Pilar cerca de las 19. Aseguró que creyó que había tenido
un accidente doméstico y bajo esta versión fue enterrada. Pero un
mes después el fiscal ordenó su exhumación y descubrió que a la
mujer le habían pegado cinco tiros.
Carrascosa tiene, en principio, una coartada sustentada por los
custodios del country y la masajista de su mujer. Aquel día, cuando
él llegó a la casa, en la puerta estaba el guardia José Ortiz. Este
había ido hasta allí porque María Marta no respondía a los llamados
que le hacía el custodio Maciel desde la entrada para que diera
autorización de ingreso a la kinesióloga.
Más allá de esto, el fiscal sigue otras pistas. Como la que le entregaron
dos mujeres sobre la desaparición de una cajita metálica con fondos
de una entidad benéfica que guardaba María Marta. Según las denunciantes,
allí estaba guardada la llave de una caja de seguridad que la asociación
tiene en el banco HSBC de Pilar. Molina Pico pidió informes sobre
este tema, pero aún no los recibió.
Ahora se espera que la Gendarmería haga una pericia para determinar
si el asesino pudo haber usado un silenciador, y que lleguen los
resultados de los cruces telefónicos hechos sobre comunicaciones
de familares y vecinos de la víctima. Pero la mayor expectativa
sigue centrada sobre el análisis que se está haciendo sobre el sillón
que estaba a diez metros del baño donde murió María Marta, donde
aparecieron dos cabellos y un vello púbico. Se busca determinar
si sus parientes no quisieron ver la sangre que había allí.
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