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El
crimen del country Carmel
Desapareció un cofre de la casa de la víctima
Contenía la llave de una caja de seguridad
Se ignora además el paradero de tres chequeras de la Asociación
Amigos del Pilar
Nadie utilizó esos valores y no faltó dinero
Ahora cotejarán las huellas de 408 allegados
Como si le faltasen, la investigación del crimen del country
sumó un nuevo misterio: la desaparición de un cofre
portavalores que estaba bajo la custodia de María Marta García
Belsunce cuando fue asesinada de cinco balazos. Esa caja metálica
contenía las chequeras y la llave de una caja de seguridad
en la que guardaba el dinero la Asociación Amigos del Pilar,
de la que la víctima era vocal.
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Nadie puede explicar hoy qué fue de ese cofre similar
a los usados en oficinas como caja chica, buscado sin éxito
tanto en la casa del country Carmel como en la camioneta de la víctima.
Menos aún se sabe quién y por qué pudo haberlo
sustraído.
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La desaparición de la caja fue denunciada ante el mismo fiscal
que investiga el crimen del country, Diego Molina Pico, a fines
de noviembre último, cuando ya era un secreto a voces en
Carmel que María Marta no había muerto accidentalmente,
sino a manos de un asesino.
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Hasta el momento, según confiaron a LA NACION allegados al
caso, ninguno de los cheques misteriosamente desaparecidos fue presentado
al cobro. La asociación ya dio de baja las chequeras y obtuvo
de la sucursal Pilar del banco HSBC una nueva llave y combinación
de la caja de seguridad, en la que no faltaba nada. Con todo, el
fiscal Molina Pico espera desde el 7 de diciembre último
que el HSBC le informe si desde el 27 de octubre pasado, día
del crimen, hasta que la asociación Amigos del Pilar recobró
el control absoluto de los cheques y del contenido del cofre bancario,
alguien intentó acceder a la caja de seguridad.
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Fuentes de la causa confiaron a LA NACION que, la semana siguiente
a la muerte, las integrantes de Amigos del Pilar advirtieron que
el cofre con las chequeras y la llave de la caja de seguridad no
estaba en la sede de la asociación, en Pilar Design, por
lo que las compañeras de María Marta García
Belsunce se comunicaron telefónicamente con el marido de
la víctima, Carlos Carrascosa, para avisarle que irían
a Carmel a buscarlo.
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A sabiendas del celo que María Marta tenía con las
tareas que encaraba -dijeron a LA NACION allegados a la asociación-,
las amigas de la víctima hicieron una exhaustiva búsqueda
por toda la casa, ante la presunción de que el cofre podría
estar oculto, para su resguardo.
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Pero no apareció en la vivienda ni en la camioneta de la
víctima.
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La falta del cofre se convirtió en una preocupación
cuando un abogado amigo confió a las integrantes de Amigos
del Pilar que las pesquisas que realizaban los policías que,
sin ocultarse, se paseaban por el country y revisaban palmo a palmo
la casa de la víctima eran un claro indicio de que la muerte
de María Marta no era producto de lo que, hasta entonces,
todos habían creído.
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El 28 de noviembre último la asociación denunció
ante Molina Pico la desaparición del cofre. Paralelamente,
comenzaron las gestiones para anular las chequeras faltantes y volver
a acceder a la caja de seguridad, en la que, se comprobó
después, el contenido -dinero en efectivo- estaba intacto.
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Otros faltantes
En la causa se estudió la posibilidad de que la víctima
haya muerto a manos de un ladrón, pero siempre llamó
la atención que la casa no hubiera estado en desorden y que
no faltasen valores.
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En realidad, existen en la causa indicios de otro faltante. En su
segunda declaración, del 11 de diciembre último, Carrascosa
advirtió que había dejado guardados 800 pesos en un
portaanteojos que estaba dentro de una mesa de luz, pero que dos
días después del crimen comprobó que sólo
quedaban 400 pesos que, curiosamente, aparecieron en otro portalentes,
junto al anterior.
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Allegados a la familia, no obstante, dijeron que no era posible
comprobar que ese efectivo faltante no hubiese sido tomado por la
víctima, antes de su muerte, y que Carrascosa no se hubiera
enterado, o que simplemente el dinero haya sido usado y él
no lo recordara.
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Según esas fuentes, resulta extraño que si la desaparición
de esa suma fuese producto de la acción de un delincuente
-el asesino o un ladrón ocasional-, el autor no se hubiese
llevado la suma completa y, además, se hubiera tomado el
trabajo de cambiar de lugar los billetes restantes.
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Mientras se avanza en esta línea y se esperan los informes
bancarios, el fiscal dispuso ampliar la búsqueda de los dueños
de las huellas dactilares que se hallaron en una pared del antedormitorio,
junto al baño donde se consumó el homicidio.
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Todo el country
Hasta ahora se chequearon más de 2.100.000 improntas registradas,
sin ningún resultado. Molina Pico había pedido que
se chequearan unos 200 juegos de huellas de allegados a la víctima
que pasaron por la escena del crimen entre la noche del 27 de octubre
y la media tarde del 28.
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Ahora se sumaron a la lista todos los habitantes y habitués
del country, con lo que la Policía Federal deberá
cotejar las huellas de 408 personas.
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Lo único que se sabe de esa mano, en concreto, es que es
pequeña y que uno de sus dedos tiene una cicatriz, la mano
de una persona que no acostumbra a realizar tareas manuales.
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En tanto, Molina Pico aún aguarda la demorada entrega del
resto de los peritajes solicitados en la causa, entre ellos, los
resultados de laboratorio sobre las manchas de sangre levantadas
de la escena del crimen en lugares poco usuales. Hoy tendría
en sus manos el informe completo sobre los cruces telefónicos
ordenados.
La teoría del asesino que mata por
placer
Un asesino que disfruta con ver cómo se derrama la sangre,
que goza con el acto de matar. Así se imaginan los allegados
al esposo de la víctima que puede ser el homicida que acabó
con la vida de María Marta García Belsunce.
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Marcelo Nardi, abogado de Carlos Carrascosa, ensayó esta
hipótesis ayer en diálogo con LA NACION: "Podría
tratarse de un homicida que haya actuado sin un móvil concreto,
un asesino abyecto que actúa por desprecio de la vida humana".
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Esa figura no es extraña al Código Penal. De hecho,
está prevista en el inciso 4o. del artículo 80, que
considera calificado el homicidio producido por placer. "En
esta línea, podríamos estar frente a un homicidio
con el sello de la maldad, que me lleva a presumir un impulso de
perversión brutal", especuló el abogado.
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Se trataría así de un individuo con su escala de valores
alterada, para quien la vida carece de sentido.
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Es por eso, indicó, que propusieron que se incorpore al equipo
de investigadores un psiquiatra forense, para explicar cómo
funciona la estructura mental de un asesino de estas características,
que actúa sin motivaciones. Aunque sostiene que no necesariamente
se trataría de una personal con sus facultades mentales alteradas.
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El abogado opinó que una posibilidad es que el homicida haya
vaciado el revólver calibre 32 por temor y para asegurarse
la impunidad, haya exterminado a su víctima.
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Esa idea, para el letrado, cuaja con la hipótesis de que
un ladrón haya irrumpido en la casa, que María Marta
García Belsunce lo haya reconocido y que, sin haber planificado
el homicidio, haya asesinado por el placer que le provoca infligir
dolor.
La
Nacion, 10 de enero de 2003
Desapareció
una extraña caja metálica - Estaba en la casa quinta.
Tendría la llave de una caja de seguridad de un banco. El
cofre no sería el único faltante
El
fiscal que investiga el crimen de María Marta García
Belsunce ordenó diversas diligencias para esclarecer la misteriosa
desaparición de una llave de una caja de seguridad de la
vivienda donde se cometió el asesinato.
Según los voceros consultados, esa caja pertenecía
a la Asociación Amigos del Pilar y la tenía en su
poder María Marta García Belsunce porque integraba
esa organización dedicada a tareas de beneficencia. En su
interior tendría unos 30 pesos y una llave de una caja de
seguridad contratada en la sucursal Pilar del banco HSBC.
La denuncia sobre la desaparición de ese cofre fue realizada
ante el fiscal por miembros de la asociación, quienes desean
recuperar el acceso a la caja de seguridad donde, según explicaron,
hay, entre otras cosas, cheques.
El fiscal Molina Pico decidió entonces remitir un oficio
a las autoridades bancarias para que le informen sobre los últimos
movimientos de apertura de esa caja de seguridad y le precisen si
alguno de ellos se realizó con posterioridad al 27 de octubre
último, día en que María Marta fue asesinada
de cinco balazos en la cabeza.
Hasta ayer el fiscal no había recibido los informes solicitados
al banco HSBC.
El cofre no sería el único faltante de la casa de
la víctima. Según declaró en la causa su esposo,
Carlos Carrascosa, tras el crimen detectó que le faltaron
400 de los 800 pesos que había dejado guardados en un estuche
de anteojos, en una habitación de su casa.
Otro elememento que Molina Pico aguarda desde hace días es
la copia del expediente que lleva adelante el juez de Instrucción
porteño Julio Lucini, en el que se investiga la falsedad
ideológica del certificado de defunción de María
Marta, delito por el que días atrás fue procesado
el médico Juan Carlos March y dos gerentes de la empresa
funeraria Casa Sierra.
Fuentes judiciales informaron ayer a que el fiscal Diego Molina
Pico ordenó que sean analizadas en total 408 huellas digitales,
la mayoría de ellas pertenecientes a vecinos del Carmel Country
Club de Pilar y personas que estuvieron en la casa cuando fue el
velatorio de la mujer.
Hasta el momento, las pericias determinaron que la huella pertenece
a una persona con "manos pequeñas, finas y bien cuidadas"
y que posee una cicatriz en uno de sus dedos.
También se estableció que no se correponde con ninguna
de las de los familiares directos de María Marta García
Belsunce.
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