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EL
ASESINATO DE MARIA MARTA GARCIA BELSUNCE
Una
huella puede resolver el caso García Belsunce
Es
la de una mano pequeña, con una cicatriz en un dedo
La
Nacion , Sábado 4 de enero de 2003
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Ayer
fueron exhumados dos cadáveres en la causa por el certificado
de defunción
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Los
primeros estudios realizados sobre las huellas digitales halladas
en la casa del country Carmel, donde fue asesinada María Marta García
Belsunce, determinaron que las marcas pertenecen a una mano pequeña,
de hombre o mujer, con una cicatriz en uno de los dedos, no acostumbrados
a realizar trabajos manuales o tareas rudas.
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Así
lo adelantaron a LA NACION allegados a la investigación del homicidio,
quienes señalaron que aún no fueron incorporados al expediente judicial
los resultados del cotejo de huellas para determinar a quién pertenece
la mano. Lo que se sabe es que no es de ninguno de los integrantes
de la familia de García Belsunce, ni de la propia víctima. Tampoco
pertenece a los camilleros de las ambulancias que acudieron, ni
a un vecino del country al que familiares señalaron como sospechoso.
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Los
rastros fueron encontrados en una pared de la antesala del baño,
cerca del marco de un cuadro. Esas huellas -tres de ellas de dedos
y una palmar- quedaron impresas sobre la pared. Allí había salpicaduras
de sangre, por eso se sospecha que quien dejó esas impresiones pudo
ser el que limpió la escena del crimen. La posición que tienen es
curiosa: la mano está ubicada con los dedos hacia abajo, como si
alguien se hubiera apoyado en la pared levantando el codo.
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A
pesar de estas afirmaciones de fuentes allegadas a los detectives
de la policía judicial, otras fuentes que colaboran con el caso
señalaron que la impronta es de una mano de un hombre y que no sería
tan pequeña.
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Junto
con este dato, la investigación de la causa que tiene en sus manos
el fiscal de Pilar Diego Molina Pico pareció dar un giro en la última
semana. Mientras, con sigilo en el expediente se siguieron reuniendo
pruebas, allegados a la causa señalaron que "el universo de posibles
homicidas está fuertemente recortado". Las fuentes especificaron
que la lista de sospechosos más firmes era muy corta: sólo contiene
dos nombres que nadie quiere revelar.
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Según
dijeron a LA NACION allegados a la familia, de las múltiples hipótesis
que siguen los investigadores ayer había nuevos elementos como para
que sólo dos líneas cobraran fuerza . Ambas contemplan como sospechosos
a conocidos de María Marta García Belsunce y que, además, tendrían
libre acceso al country Carmel.
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Esas
mismas fuentes cercanas a los García Belsunce indicaron que las
dos líneas por donde avanza la pesquisa no contemplan la posibilidad
de que la víctima haya tenido una vida paralela a su relación conyugal
con Carlos Carrascosa.
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"El
móvil no hay buscarlo en la víctima, sino en el homicida", insistieron
y dejaron trascender que, de confirmar alguna de las tesis en danza,
"identificar al autor del delito pondrá al descubierto que no existió
nunca un encubrimiento familiar".
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A
pesar de ello, la convicción de la policía siempre fue seguir adelante
con la hipótesis de un crimen pasional y detener a allegados a la
familia bajo el cargo de encubrimiento.
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Sin
embargo, esta nueva lectura que se habría hecho del expediente hasta
puso en tela de juicio la interpretación de los rastros hallados
en la escena del crimen.
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Hasta
ahora se sostenía que la aparición de salpicaduras de sangre lavadas
a lo largo de la pared de la escalera y en una pared de antesala
del baño, donde María Marta García Belsunce fue asesinada de cinco
tiros, implicaba que la víctima forcejeó con su atacante en la planta
baja, que huyó escaleras arriba y que en la antesala del baño y
en la bañera de hidromasaje fue muerta.
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Sin
embargo, hay investigadores que sostienen otra versión: creen que
todo el ataque ocurrió en la planta alta y que las salpicaduras
de sangre en la escalera fueron dejadas por el atacante al huir.
Esto hace pensar que, tal vez, el asesino esperaba a la víctima
en el dormitorio.
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Las
fuentes señalaron que si bien la causa perdió vértigo, se sigue
trabajando. Aunque advirtieron que no deben esperarse resonantes
medidas judiciales y mucho menos detenciones. "El tiempo es el de
un expediente judicial, no el de la ansiedad de las redacciones
o el de la vorágine de la televisión", señalaron.
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A
estos datos se agregaron ayer las revelaciones acerca de las comunicaciones
telefónicas realizadas desde el teléfono de la casa del country
Carmel, el día del crimen. Durante seis horas, el sistema informático
VAIC, que analiza los cruces de llamadas, estuvo instalado y trabajando
en la fiscalía de Pilar. Con el resultado de los cruces telefónicos,
ayer declararon en la fiscalía todos los que recibieron llamadas.
La idea es cotejar si coinciden las horas y si reconocen haber recibido
esas comunicaciones.
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Según
un informe difundido por el programa "La Información", de América,
desde la vivienda se llamó a las 19.07, minutos después de hallado
el cuerpo a la primera ambulancia. Luego a dos médicos amigos de
la familia y más tarde a otros integrantes del grupo familiar. Hasta
un concejal de Pilar recibió una llamada en plena madrugada.
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Aunque
otras fuentes dijeron que se analizan otros números donde figuran
otras llamadas entrantes y salientes, tal vez, más esclarecedoras.
Por
Hernán Cappiello
De la Redacción de LA NACION
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La
marcha de la investigación
.Se
supo que las huellas no pertenecen a María Marta García Belsunce,
ni a sus familiares ni a los camilleros
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Utilizan
un sistema informático para entrecruzar las llamadas efectuadas
desde la casa de Carmel luego del asesinato
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Dicen
que hay sólo dos sospechosos del homicidio
Exhumaron
dos cuerpos
Los
cadáveres de un matrimonio, que murió curiosamente el mismo día
en diversos lugares y cuyas actas de defunción fueron firmadas por
el mismo médico que certificó la muerte de María Marta García Belsunce,
fueron exhumados ayer en el cementerio de la Chacarita.
La
medida fue ordenada por el juez de instrucción Julio Lucini, que
el lunes tendrá un adelanto de la autopsia que se realizará a los
cuerpos.
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El
magistrado investiga la posible existencia de una asociación ilícita
integrada por médicos y funerarias dedicada a librar actas de defunción
irregulares para encubrir muertes violentas o posibilitar fraudes
con el cobro de pensiones.
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Lucini
comenzó a investigar el caso luego de que se supo que el acta de
defunción de María Marta García Belsunce fue firmada por el médico
Juan Carlos March sin ver el cadáver.
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El
documento señalaba que la señora había muerto como consecuencia
de un paro cardiorrespiratorio e insuficiencia cardíaca no traumática
en un departamento de la Capital Federal, cuando en realidad fue
asesinada en el country Carmel, de Pilar.
Tras
procesar a dos funcionarios de la funeraria Casa Sierra y al médico
March, el juez Lucini comenzó a analizar una veintena de actas de
defunción. Empezó por las que le resultaron sospechosas: en este
caso la de un matrimonio cuyos integrantes murieron el mismo día,
en distintos lugares. Las actas las firmó March, a pesar de que
uno de los cónyuges falleció en un hospital público, donde un médico
del lugar podría haber certificado su muerte.
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