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EL
ASESINATO DE MARIA MARTA GARCIA BELSUNCE
La
huella misteriosa con sangre pertenece a una mano pequeña
Estaba
en la casa donde mataron a María Marta. Por eso se hizo una
toma masiva de huellas diigitales en Carmel para su comparación.
Se comprobó que no es de ningún familiar de la víctima.
Clarin,
Sábado 4 de enero de 2003
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CARMEL.
EL COUNTRY DONDE VIVIA Y FUE ASESINADA MARIA MARTA. EL CRIMEN
SIGUE IMPUNE. (Foto: Ricardo González)
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Es la huella de una mano pequeña, de rasgos tan nítidos que
hacen pensar a los investigadores que su dueño no es una persona
acostumbrada a los trabajos manuales. Más aún, que probablemente
es de alguien de buena vida. Quedó impresa en la escalera que va
de la planta baja al piso superior de la casa de María Marta Belsunce,
justo el lugar donde la mujer apareció muerta. Los peritos ya la
compararon con los dígitos de diez familiares cercanos de la víctima
y determinaron que no pertenece a ninguno de ellos. Tampoco es del
camillero de la funeraria ni de un vecino sospechoso. Pero todavía
quedan unos 40 cotejos por hacer.
Los investigadores abrigan esperanzas de que la huella —son
las marcas de tres dedos y la palma de una mano, según algunas versiones
manchadas de sangre— pertenezca al asesino o a alguno de sus
encubridores. También es posible que el rastro haya quedado en el
lugar por casualidad, que tal vez pertenezca a alguna de las casi
200 personas que estuvieron en la casa durante el velatorio de María
Marta. Pero esto recién se sabrá cuando se conozcan los resultados
finales de las pericias.
Lo que se conoció ayer fueron sólo conclusiones preliminares. Tal
como anticipó Clarín, el fiscal Diego Molina Pico, a cargo del caso,
resolvió tomar muestras de las huellas de unos 50 vecinos del country
Carmel de Pilar, donde ocurrió el crimen. Además tomó las de los
familiares más cercanos de la mujer, de los médicos que estuvieron
en la casa, de la masajista de la víctima, de guardias de seguridad
y de empleados de la funeraria Casa Sierra.
"Que las huellas no sean de la familia no los desincrimina ni los
incrimina. La huella pudo haber sido dejada por alguien que estuvo
en la casa antes o después del asesinato. No lo sabemos", explicó
a Clarín una fuente de la investigación.
Además de este informe, el fiscal Molina Pico recibió ayer algunos
registros de las llamadas telefónicas hechas desde la casa de María
Marta en el día del crimen. Según fuentes del caso, por ahora de
allí no surgen grandes novedades, aunque aún se deben hacer más
entrecruzamientos y chequear los celulares de la familia.
De acuerdo a los registros, aquel domingo 27 de octubre María Marta
llamó a una peluquería de Pilar a las 15.51. Luego se fue a jugar
al tenis, pasó por la casa de su cuñado Guillermo Bártoli para ver
el partido Boca—River con su familia y de allí volvió a su
casa pasadas las 18.10.
Su marido, Carlos Carrascosa, la halló muerta en el baño de la casa
cerca de las 19.10. A las 19.22 llamó a una ambulancia de Osde y
10 minutos después le habló a un médico amigo. Y a las 19.50 hubo
un llamado a Constantino Hurtig, segundo marido de la madre de María
Marta. Poco después la comunicación fue hacia la casa de Horacio
García Belsunce (hijo), hermano de la víctima.
Los llamados siguientes fueron a un funcionario del cementerio de
La Recoleta, cerca de las 22, y a la casa del padre de María Marta.
En la mañana del lunes posterior no hubo comunicaciones llamativas,
salvo por una conversación que se habría mantenido con un concejal
de Pilar.
María Marta fue enterrada esa tarde como si hubiera muerto en un
accidente doméstico, en la bañadera. Su familia ignoró las manchas
de sangre que habrían quedado fuera del baño y tiró por el inodoro
un "pituto" de plomo que resultó ser una bala. Quien se inquietó
por ese hallazgo fue John Hurtig, hermanastro de la mujer, que dijo
ante el fiscal que le generó tantas dudas que habló con García Belsunce
(hijo) y con Carrascosa sobre la posibilidad de llamar a un forense:
"Quería que me dijeran si había posibilidad de que fuera una accidente
y seguía mi vida. Si no, quería saber quién la mató".
Hurtig tenía razón: más de un mes después, su hermanastra fue exhumada
y se encontraron cinco balazos calibre 32 en su cabeza. También
tenía la marca de una sexta bala, la que tiraron por el inodoro.
Con qué arma se dispararon esos tiros sigue siendo un misterio.
Los investigadores ayer descartaron que fuera alguno de los seis
revólveres 32 incautados a vecinos del country: las pericias dieron
negativo. Ahora esperan los análisis sobre las manchas de sangre
que había en la casa o que las huellas digitales los lleven hacia
la misteriosa persona de mano chiquita.
CAUSA
PARALELA AL CRIMEN DE GARCIA BELSUNCE
Pericias
sobre dos cadáveres
Los
exhumaron ayer por orden judicial. Son de un matrimonio. Sus certificados
de defunción los firmó el mismo médico que
actuó con María Marta García Belsunce. Sospechas
de adulteración.
Por orden del juez de Instrucción Luis Lucini, sepultureros
del cementerio de Chacarita exhumaron ayer los cadáveres de un matrimonio
cuyos certificados de defunción podrían haber sido adulterados por
Juan Carlos March, el mismo médico que firmó el acta "trucha" que
documentó la muerte de María Marta García Belsunce.
La exhumación se hizo ayer a la mañana en el sector 12, manzana
5 del cementerio de Chacarita. Allí estuvieron policías de la comisaría
29ª. Durante más de una hora los sepultureros cavaron donde estaban
los féretros de María Adelaida Moyle y Daniel Marcelo Castro, dos
personas mayores de 80 años que, según certificó March, murieron
el mismo día, con sólo 5 horas de diferencia y en distintos lugares.
La tarea de exhumar los cádaveres se demoró más de lo previsto,
ya que los sepultureros no podían sacar con facilidad los ataúdes:
la madera estaba podrida y se desarmaban. Pero después de probar
de distintas maneras lograron hacerlo. Al lugar no fueron familiares
del matrimonio ni instructores judiciales.
Según consta en el certificado de defunción de María Adelaida Moyle,
la mujer murió en el Hospital Francés a las 13.30 del 20 de julio
de 2002 como consecuencia de un "paro cardiorrespiratorio".
La muerte de Moyle, según fuentes del caso, no sería la que despierta
más sospechas. Dudan más de la de su marido, ya que, en su certificado,
March escribió que el hombre murió de la misma manera que su esposa,
pero a las 8.30 y en otro lugar.
Como la mujer tenía hijos de una pareja anterior, se investiga si
las actas pudieron haberse falseado por alguna cuestión vinculada
con la herencia. Un hijo del primer matrimonio de la mujer fue quien
firmó el certificado de su padrastro por parte de la familia. Todo
se hizo a través de la funeraria Casa Sierra, la misma que intervino
en el caso García Belsunce.
Después de la exhumación, los cuerpos fueron llevados a la Morgue
Judicial, donde se les harán autopsias para determinar si murieron
por causas naturales, como indican las actas de defunción. Los resultados
de las autopsias, según fuentes del caso, podrían estar entre el
lunes y el martes. Lucini también tiene previsto tomarles testimonio
a no menos de 60 personas por otras muertes sospechosas. Pero esto
se hará recién en febrero.
Las exhumaciones se hicieron en el marco del expediente abierto
a partir del caso García Belsunce, donde se investiga si hay una
asociación ilegal entre funerarias y médicos para falsificar certificados.
En la causa fue detenido y liberado Guillermo Bártoli (cuñado de
García Belsunce), porque fue el familiar que autorizó el acta de
defunción que dice (firmado por March) que la mujer murió en Capital
Federal por un "paro cardiorrespiratorio no traumático", cuando
en verdad recibió cinco tiros en la cabeza en su casa de Pilar.
Por otra parte, Oscar Sierco, ex gerente de la funeraria Casa Sierra
(efectuó el velatorio y sepelio de María Marta) y que estuvo tres
días detenido (luego liberado por "falta de mérito") también habló
en distintos programas de tevé. En la causa anexa por la falsificación
del certificado de defunción acusó directamente a la familia García
Belsunce de haber "tapado todo como en una novela macabra".
"Es una injusticia que hasta ahora hayamos estado presas diez personas,
mientras esta gente que ha tapado todo está en libertad y ni siquiera
pasaron un momento demorados", dijo Sierco en esas declaraciones.
Y agregó que lo echaron de su trabajo cuando se conoció el asesinato.
Sierco también contó que, al momento de contratar el servicio, el
cuñado de María Marta mencionó la intención de la familia de "cremar"
el cuerpo de la mujer y "por eso compró un ataúd de los más económicos".
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