|
CARCELES 14 de diciembre de 2002 - El Centro Universitario de la UBA en el penal de Villa Devoto / Los internos que apuestan al estudio - Ayer se graduó el primer licenciado en Administración; la carrera más solicitada es la de Derecho - Unos 200 presos cursan cinco disciplinas con las mismas exigencias de toda la Universidad - No hay celadores y ellos mismos se encargan de coordinar las actividades
Iluminado por los flashes de los fotógrafos, con un certificado por mérito y esfuerzo, una invitación formal a sumarse como ayudante de cátedra y un ejemplar del libro "Juan Salvador Gaviota" recibido de manos de sus compañeros -"porque simboliza lo que él es para nosotros"-, Marcelo se convirtió ayer en el primer licenciado en Administración graduado en el Centro Universitario Devoto (CUD), que depende de la UBA y funciona en el penal homónimo. .De jeans y remera azul, serio y peleando por no dejar asomar la emoción, Marcelo -ronda los 50 años y su apellido se mantiene en reserva- tomó el diploma de manos del rector Guillermo Jaim Etcheverry y lo levantó en alto, en una dedicatoria a sus compañeros, que, sentados entre sus familiares y parados en apretado desorden hasta desbordar el salón, agradecieron el gesto con un aplauso cerrado..Desde
hace 17 años, en el CUD se dictan cinco carreras: Derecho -la preferida,
con unos 50 graduados-, Sociología -con dos-, Psicología -con uno-,
Contador público y licenciado en Administración, y un programa de la
Facultad de Ciencias Exactas. Unos 200 internos cursan allí el CBC y
las carreras, con el trabajo de casi 100 docentes, las mismas exigencias
académicas que en el resto de la UBA y la posibilidad de continuar sus
estudios en la facultad cuando salen en libertad.
.El CUD tiene un espacio propio y especial dentro del penal. Separado de los pabellones donde viven los internos, los códigos de la cárcel no funcionan allí igual: no hay celadores, se circula con libertad entre las 9 y las 18 y no se separa a los internos según el delito que cometieron, sino que todos comparten las aulas, los espacios comunes, la biblioteca y el comedor. .Mientras ayer los internos caminaban con sus hijos en upa y compartían el almuerzo con sus familiares, el ambiente era bien diferente del de los comienzos, hace 17 años, cuando, como recordó un interno, " bajaban diez presos de los pabellones y al lado de cada uno se sentaba un policía". .En este sistema de autogestión y autodisciplina, "estamos privados de la libertad, pero menos presos", describió Adolfo, alumno de Administración. "No creo que use la carrera para trabajar cuando salga. Voy a tener 50 años y antecedentes, un karma que llevás siempre. Pero igual voy a terminarla, por mis hijas", concedió. Los internos coordinan las carreras, manejan la biblioteca y crearon un Centro de Asesoría Jurídica en el que trabajan estudiantes, graduados del CUD y abogados "para los internos que desconocen su situación legal. Se preparan escritos y hasta se han conseguido libertades", se enorgulleció Adolfo. .Treinta puntos .La concurrencia al acto de finalización del ciclo lectivo desbordó ayer las dimensiones del CUD: decanos de las facultades, funcionarios de la UBA y del penal, docentes, estudiantes y sus familiares colmaron los pasillos. "La Universidad encuentra aquí una de sus justificaciones más importantes. Aquí se construye la libertad", dijo Jaim Etcheverry. .Marcelo eludió la curiosidad de la prensa. " El doctor no quiere hablar", dijo a los periodistas uno de los internos, que se ofreció como mediador. Así lo llaman sus compañeros: Marcelo es médico clínico de la calle (recibido fuera de la cárcel, en la jerga) y cumple una condena de diez años por homicidio de la que ya transitó ocho. Ahora le faltan dos materias para recibirse también de abogado y en julio próximo saldrá en libertad transitoria, es decir que podrá pasar los fines de semana en su casa. Tiene dos hijos, con los que no tiene contacto, y vive en el pabellón 49 ("el VIP, podríamos decir"). ."Marcelo no se limita a hacer su propio trabajo, sino que tiende la mano a los que vienen detrás", lo elogió en público Estela Camarotta, coordinadora del programa de Ciencias Económicas en el CUD. Tímido y reservado, en cuanto pudo salir de la mirada de todos se acomodó rápidamente entre el público, justo detrás de sus padres. .Sólo diez internos pueden tener el beneficio de vivir en el CUD. Para acceder a él deben reunir treinta puntos: diez por méritos académicos, diez por trabajos en favor del CUD, cinco por cuatrimestre cursado y cinco por tener más de 15 materias aprobadas. ."Lo primero que aprendemos acá es que podemos. Afuera pensás que no podés hacer otra cosa que delinquir, pero acá te das una oportunidad", dijo Maxi, de 31 años, que estudia y coordina la carrera de Derecho y tiene una condena de ocho años por robo, estafa y narcotráfico. Ya cumplió tres y dentro de poco saldrá con libertad transitoria. Lo más difícil, afirmó, es "adaptarse al encierro. Acá llegás sin familia, sin valores, sin autoestima". También hay obstáculos más concretos: en el pabellón de ingreso, con lugar para 60 internos, conviven 350. .Maxi cuenta su historia y se sonríe: "Pensar que hice cada cosa... y ahora le tengo miedo a un examen". Puccio, estudiante De pie en un rincón del salón, Arquímedes Puccio presenció también el acto. El recordado líder del clan familiar que se dedicaba a los secuestros extorsivos y asesinatos en la década del 80 está a punto de recibirse de abogado. Con 73 años, se convertirá en el interno de mayor edad del mundo en recibirse en una cárcel. Otro nombre "famoso" hay en el CUD: el primer graduado en Derecho fue Sergio Shocklender, en 1991. . 14 de diciembre - EL HOMBRE YA ERA MEDICO Y AHORA ESTA ESTUDIANDO DERECHO Un preso recibió un título universitario Se llama Marcelo, tiene casi 50 años, y obtuvo el título de licenciado en Administración de Empresas. Marcelo es un alumno brillante. Con más de 9 de promedio, y cerca de 50 años de edad, acaba de obtener su segundo título universitario. Además de médico, ahora es licenciado en Administración de Empresas y sigue estudiando Derecho. Ayer recibió su diploma de manos del rector de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Guillermo Jaim Etcheverry. Porque Marcelo no es un estudiante más. Hace ocho años que está preso por homicidio y estudia en el Centro Universitario de Devoto (CUD), de la cárcel de Villa Devoto. Y se convirtió en el primer egresado de la Facultad de Ciencias Económicas de ese centro.
En
el CUD los estudiantes ejercen un sistema de autodisciplina y autogestión
que genera un oasis en la prisión. Allí 200 presos estudian Derecho,
Ciencias Económicas, Psicología y Sociología, además de tomar cursos
de computación.
|
|||||||
|