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NUEVO
CONTRATO SOCIAL MUJERES-HOMBRES
El Nuevo Contrato Social Mujeres-Hombres
es un documento de compromiso por una mayor igualdad entre sexos en el
que se establecen unas líneas a seguir para su consecución.
Te presentamos la mayor parte del texto
que iremos completando con los gráficos estadísticos y la oportunidad
de bajártelo para que puedas analizarlo.
TEXTO
Introducción
La última década ha coincidido con un avance notable de las
reivindicaciones históricas del movimiento feminista y con la superación
del marco legal en que se apoyaba la desigualdad entre hombres y
mujeres. A pesar de ese avance legal, siguen vigentes las estructuras
creadas por la sociedad patriarcal que instituyó la división social
del trabajo en razón del sexo, según la cual vida pública y privada
quedaron divididas como dos ámbitos separados, configurando una
organización social sexista que ha asignado a las mujeres durante
siglos el trabajo doméstico y el cuidado de los hijos y de la familia y
a los hombres el espacio de lo público con el protagonismo en el
trabajo remunerado, la política, la cultura y el poder en general. El
mundo de lo privado ha permanecido en una situación de dependencia,
subordinación y falta de reconocimiento, mientras que el mundo de lo público
estaba en una situación preeminente, de valoración social y dominación,
legitimado y sancionado por las normas sociales, políticas y jurídicas
que conformaban la sociedad.
A partir de la segunda guerra mundial, sin embargo, y, sobre todo en
los países desarrollados, se ha comenzado a quebrar la frontera que
separaba el mundo privado del público debido a la incorporación masiva
de las mujeres a la educación y al empleo, a los cambios legislativos,
a las posibilidades existentes para decidir sobre la maternidad y a la
modificación de la propia percepción del papel de las mujeres en la
organización social. El resultado es una situación en la cual las
mujeres han penetrado en los espacios anteriormente masculinos, sin que
se haya producido en cambio y correlativamente, la participación de los
hombres en las responsabilidades familiares y domésticas que configuran
el espacio privado. En la organización social siguen perviviendo, además,
las viejas estructuras de la sociedad patriarcal que no se han adaptado
a la realidad.
Esta combinación de factores implica:
- la realización de una doble jornada por las mujeres que además
del trabajo asalariado siguen asumiendo mayoritariamente el trabajo
doméstico y las responsabilidades familiares.
- grandes disfunciones en la organización social que afectan a la
familia y personas a su cargo pero también a la organización del
trabajo y de los servicios.
- la percepción por parte de las mujeres de su exclusión del poder
y de la toma de decisiones en el ámbito público contradictoria con
su creciente grado de participación en el mismo.
La crisis de un modelo de organización basada en la división sexual
del trabajo se superpone y se interrelaciona con la derivada del
crecimiento estructural del desempleo, consecuencia entre otros
factores, del desarrollo de las nuevas tecnologías. Como en situaciones
históricas anteriores, el desarrollo tecnológico disminuye la
necesidad de mano de obra en la producción de bienes y servicios, lo
que está impulsando la búsqueda de fórmulas innovadoras para
conseguir ajustar la oferta de empleo a la demanda existente, de la cual
las mujeres forman una parte cada vez más significativa tanto
cualitativa como cuantitativamente.
Ante esta realidad, el reparto del trabajo y una nueva cultura de la
ecuación trabajo/ocio o vida privada, constituyen estrategias que
concilian la necesidad de satisfacer el derecho al empleo de los
ciudadanos/as con la posibilidad de que hombres y mujeres puedan hacer
compatible el trabajo y la vida familiar.
La situación provocada por el cambio en el papel social de las
mujeres y el desarrollo tecnológico, ha hecho coincidir la necesidad de
un cambio estructural con el avance de las mujeres y su oportunidad para
enfrentarse al mismo desde una perspectiva de género.
Las mujeres como colectivo social están, además, legitimadas para
demandar y protagonizar ese cambio estructural por diferentes razones.
Hay, en primer lugar, una legitimidad ético-jurídica amparada en el
propio sistema democrático como garante de la igualdad de
oportunidades. Existe una legitimidad de facto motivada por el potencial
de las mujeres como agentes económicos con niveles crecientes de
formación y cualificación que aportan, además, un trabajo (el doméstico)
no cuantificado hasta ahora en el PIB, pero imprescindible para el
funcionamiento social.
Las mujeres, además, se están configurando como un cuerpo electoral
con intereses definidos capaz de decidir los resultados electorales en
función de la identificación de las diferentes propuestas políticas
con los mismos.
Sin embargo, y pese a todo lo anterior, la realidad social sigue
siendo fuertemente discriminatoria como ponen de manifiesto los análisis
de la situación social de la mujer en España y en el mundo, por lo que
los organismos internacionales durante los últimos años están
adoptando posturas muy nítidas a favor de los cambios estructurales
desde una perspectiva de género.
La IV Conferencia Mundial de la Mujer celebrada en Pekín ha supuesto
un espaldarazo a las posiciones feministas por parte de Naciones Unidas.
El avance sancionado en la IV Conferencia de la Mujer, de igualdad de
derechos entre el hombre y la mujer ha sido considerado como "el
mayor proyecto político del siglo, porque da una nueva universalidad y
legitimidad a la comunidad mundial". A final del milenio somos
testigos de que la necesidad de un cambio estructural coincide con el
reconocimiento de la legitimidad de la mujer para protagonizar el
cambio. La estrategia reivindicativa que ha permitido el reconocimiento
legal de los derechos de las mujeres ha de dar paso a un proyecto activo
de cambio social, un cambio estructural para acceder al nuevo pacto
social.
Los medios de comunicación, el lenguaje y la publicidad, son
instrumentos privilegiados para la creación de modelos de
comportamiento. Por ello cualquier estrategia dirigida al cambio del
papel de la mujer en la sociedad, desde la igualdad de oportunidades
hasta el nuevo pacto social, ha de incluir como referente clave, la
aparición en todos los ámbitos, de una imagen de la mujer acorde con
su realidad actual, que sólo así podrá irse consolidando.
Desde una óptica de progreso, nos enfrentamos, pues, al reto de
consolidar las conquistas sociales obtenidas, al tiempo que rediseñamos
nuevas instituciones y otras reglas de juego para una sociedad que ha de
adaptarse a las exigencias y posibilidades resultantes de la evolución
tecnológica y económica y atender a un tiempo a las necesidades
cambiantes de sus miembros.
El modelo de sociedad que surgió en los países desarrollados lleva
varios años en crisis. El problema del empleo, y de la financiación de
los servicios públicos y sistema de protección social, tiene que
resolverse hoy de una forma nueva. Como siempre que se vive un proceso
de transformación estructural, la solución que se encuentre definirá
el modelo de vida durante los próximos años. A diferencia de momentos
históricos anteriores, ahora las mujeres podemos y debemos propugnar
que ese modelo pase por compartir el trabajo dentro y fuera de la casa,
por el reparto del trabajo mediante fórmulas que mantengan la
productividad y el bienestar, y que a la vez den a mujeres y hombres la
posibilidad de elegir sus tiempos de trabajo, adaptándolos a las
necesidades familiares y a sus propias trayectorias personales. Ese
nuevo modelo exige un pacto social que sustituya al antiguo basado en la
división y en la separación del mundo en dos mitades. El nuevo pacto
supone la sustitución de la exclusión por la participación
compartida. La filosofía de compartir se constituye en motor del cambio
estructural que planteamos para hacer efectiva la igualdad de
oportunidades entre hombres y mujeres y establecer las condiciones
culturales, educativas, económicas y sociales, que posibiliten esa
sociedad compartida. Compartir el trabajo, compartir la familia,
compartir el ocio o el poder y en definitiva compartir la vida es el
fundamento del pacto social que proponemos las y los socialistas.
Objetivos esenciales del nuevo pacto social son:
1.- Compartir responsabilidades familiares
2.- Compartir el trabajo
3.- Compartir el poder
4.- Promover las condiciones que posibiliten una sociedad
compartida
El nuevo pacto social abordará el desarrollo de estos objetivos
poniendo en marcha medidas encaminadas a su consecución.
Compartir responsabilidad familiares
Las medidas orientadas al desarrollo de
este objetivo han de contribuir a remover los obstáculos derivados de
una socialización sexista. Se trata de superar la cultura derivada de
la división de roles, no sólo desde la perspectiva de la voluntad
personal entre hombres y mujeres para compartir las responsabilidades
familiares, sino también desde la perspectiva de la voluntad social
para promover un nuevo marco de convivencia basado en un modelo de
familia escuela de democracia. Para ello se proponen las siguientes
medidas:
-
Garantizar
que los procesos formativos y educativos contribuyan al desarrollo
de las potencialidades personales independientemente del sexo, tanto
en los ámbitos familiares como escolares.
-
Impulsar el
proceso de mentalización social orientado a compartir
responsabilidades en el ámbito del hogar, incidiendo especialmente
en la publicidad y los medios de comunicación.
- Reorganizar de los tiempos de la vida
pública y privada de modo que la vida social y familiar sean
compatibles y que hombres y mujeres puedan compartir el trabajo
fuera del hogar y la atención familiar (jornada laboral, horarios
comerciales, escolares, de reuniones políticas y otras actividades
participativas).
Compartir el trabajo
Desde una perspectiva de género, el primer reto histórico y una de
las mayores conquistas de las mujeres ha sido conseguir el
reconocimiento del derecho al trabajo. Salir del ámbito doméstico en
que han permanecido relegadas durante siglos para acceder al mercado de
trabajo, es un logro reciente e irreversible de las mujeres del mundo
desarrollado. Ahora bien, este trascendental avance social se produce en
una etapa de crisis del modelo social de los países industrializados
derivada, entre otras razones, de la profundidad del cambio tecnológico,
que junto a la demanda generalizada (hombres y mujeres) de empleo,
convierten este último en un bien escaso que hay que repartir.
Ante la crisis del empleo, parece cada vez más evidente que el
futuro pasa por buscar nuevas vías de redistribución de los aumentos
de productividad generados por el cambio tecnológico, a través, entre
otras medidas, de una paulatina reducción, reordenación y reparto del
tiempo de trabajo. Asimismo, la búsqueda de nuevos yacimientos de
empleo se convierte en un objetivo de interés económico y social.
Dichas medidas no podrán desarrollarse satisfactoriamente sin la
participación de las mujeres, tanto por su papel central en la
organización social y familiar, como en la actividad productiva,
participación que aspiran a consolidar e incrementar prosiguiendo el
camino iniciado, hace varias décadas, de igualdad de oportunidades.
Además las mujeres participan, como agentes económicos, desde una
doble contribución: a través del trabajo remunerado y a través del
trabajo "invisible"en el hogar, no remunerado que se hace
preciso aflorar en la contabilidad nacional como riqueza realmente
existente. La consideración de este trabajo como yacimiento de nuevos
empleos, permitirá ampliar el mercado de trabajo.
Iniciativas para repartir el trabajo
-
Impulsar e
incentivar la negociación en el seno de las empresas y entre los
interlocutores sociales para que las ganancias en productividad se
dirijan fundamentalmente a la reducción del tiempo de trabajo y a
la creación simultánea de nuevos empleos.
-
Incentivar
fiscalmente y mediante bonificaciones de las cotizaciones sociales,
las fórmulas de trabajo compartido, la reducción de horas extras y
su compensación por tiempo libre, los contratos de relevo y las
jubilaciones incentivadas.
-
Favorecer
con ayudas fiscales los permisos, licencias, excedencias,
reducciones de jornada, etc, de carácter individual para atender el
cuidado de los hijos, personas mayores y enfermos, procurando su
utilización por parte de los hombres, o para otras necesidades como
ampliar la formación, poner en marcha iniciativas de autoempleo,
etc.
- Hacer del trabajo a tiempo parcial un
trabajo deseable para hombres y mujeres cualquiera que sea su
cualificación y niveles de renta, para que este tipo de contratación
deje de ser en gran medida una forma de subempleo predominante en
determinados sectores de actividad, entre colectivos de mujeres y jóvenes
en busca de empleo, para pasar a ser una forma de reducción del
tiempo de trabajo que permita compatibilizar el trabajo, el ocio, la
formación y la atención de las responsabilidades familiares
compartidas.
Defender la igualdad de trato y
oportunidades y erradicar las discriminaciones en razón de sexo.
-
Promover la
presencia equilibrada de hombres y mujeres en los ámbitos de
negociación de los interlocutores sociales dentro y fuera de la
empresa.
-
Orientar
actuaciones en materia de igual retribución por trabajo de igual
valor.
-
Proseguir en
las políticas de acción positiva orientadas a corregir la actual
segregación profesional y ocupacional así como la precariedad y
desprotección de los nuevos contratos.
-
Desarrollar
la formación y orientación profesional de hombres y mujeres
dirigida a diversificar las opciones profesionales que posibiliten
una mayor flexibilidad en el empleo y en el uso de tiempo libre.
- Promover una mayor participación
femenina en los sectores vinculados a las nuevas tecnologías.
Propuestas para aflorar la riqueza y
el trabajo en el ámbito doméstico y familiar desde su consideración
como nuevos yacimientos de empleo.
· Formular y aplicar métodos
para determinar el valor cuantitativo del trabajo no remunerado en el ámbito
doméstico, mediante cuentas satélites acordes con las cuentas
nacionales básicas.
· Avanzar en la búsqueda de
nuevos empleos, y promover iniciativas de empresa y de economía social
en los nuevos yacimientos de empleo vinculados a actividades como medio
ambiente, mejora de las condiciones de vida en las ciudades, atención
de las personas (empleos de proximidad), ampliando las iniciativas
tendentes a trasladar al mercado laboral actividades realizadas
tradicionalmente en el ámbito familiar y el doméstico.
Compartir el poder
Otro reto igualmente esencial es lograr
que las mujeres participen en la toma de decisiones. En la actualidad,
las decisiones colectivas se toman por autoridades y grupos de poder con
predominio masculino. En consecuencia, tienden a reflejar los valores,
experiencia y puntos de vista de sus autores, resintiéndose de la falta
de contribución de las mujeres.
Hasta tanto no se consiga una representación equilibrada de las
mujeres en la toma de decisiones la sociedad seguirá adoleciendo de déficit
democrático. Sólo la democracia paritaria, tal como se viene
reclamando desde la Cumbre europea de Mujeres en el Poder (Atenas 1992)
-ni más del 60% ni menos del 40% para hombres y mujeres- resolverá ese
déficit y sentará las bases de una democracia sin exclusiones. Para
ello se proponen las siguientes actuaciones:
-
Estudiar una
posible reforma de la Ley electoral para cumplir la democracia
paritaria, de forma que ninguno de los dos sexos alcance una
representación superior al 60% ni inferior al 40%.
-
Introducir
la paridad en todas las instancias de representación y decisión,
especialmente en las instituciones públicas, partidos políticos,
colegios profesionales, sindicatos, consejos y otras organizaciones
de participación social y política.
- Regular en la normativa de partidos
políticos la inclusión de la democracia paritaria.
Promover las condiciones que posibiliten una
sociedad compartida
Para alcanzar los objetivos anteriormente señalados se hace
imprescindible remover los obstáculos que impiden su realización. Por
ello, son objetivos básicos para promover las condiciones que
posibiliten una sociedad compartida: impulsar nuevos valores sociales;
defender los sistemas de bienestar social necesarios como garantía de
derechos sociales universales; desarrollar políticas urbanistas y de
vivienda que recuperen el espacio para la convivencia; y desarrollar
medidas de acción positiva específicamente orientadas a superar los déficits
de igualdad en la situación de las mujeres.
Promover nuevos valores sociales
-
Fomentar la
erradicación de los estereotipos sexistas en la educación, la
publicidad, el lenguaje y los medios de comunicación social.
-
Desarrollar
una nueva cultura que incorpore los valores del nuevo modelo de
sociedad y que se refleje en los instrumentos que conforman la
socialización de la colectividad.
- Potenciar en los medios de comunicación,
el lenguaje y la publicidad una imagen de la mujer acorde con su
realidad actual.
Desarrollar recursos e
infraestructuras de Bienestar social para la convivencia.
-
Desarrollar
la universalidad de la protección social, desde la perspectiva del
derecho individual, superando la condición de beneficiario/a del
titular del derecho por vínculo familiar.
-
Impulsar y
desarrollar el Sistema Público de Servicios Sociales y en especial
los servicios destinados a la infancia, personas mayores, enfermos y
discapacitados, y en general, los servicios de ayuda a domicilio y
apoyo a la convivencia.
-
Incrementar
la red de servicios sociales de atención específica a mujeres
- Extender la red de escuelas
infantiles, con prioridad de 0 a 3 años.
Desarrollar políticas urbanísticas,
de vivienda y transporte que recuperen el espacio para la convivencia.
-
Diseño de
políticas urbanísticas y medio ambiente e integradoras que
acerquen los espacios de vivienda, empleo y servicios.
-
Desarrollo
de redes integradas de transporte público que faciliten el acceso
al empleo, a la vivienda y a los diferentes ámbitos en los que se
desarrolla la vida cotidiana.
- Políticas de diseño y construcción
de viviendas que tengan en cuenta los diferentes modelos de
estructura familiar y las necesidades de sus miembros y posibiliten
la convivencia intergeneracional.
Medidas de acción positiva
Como acciones a corto plazo, en la perspectiva de un nuevo pacto
social, los planes de igualdad de oportunidades constituyen el
instrumento idóneo para la defensa de los derechos y libertades de las
mujeres. El III Plan de Igualdad de Oportunidades que defendemos ha de
enfrentarse al reto de consolidar las conquistas sociales obtenidas y
desarrollar las medidas de acción positiva previstas en el proyecto
presentado al Gobierno y a los Grupos Parlamentarios por la Plataforma
de Asociaciones Feministas.
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