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Princesa por sorpresa

Tribulaciones de un chico que desea ser chica.

La primera vez que me puse unas bragas me encantó, no pude dejarlo.
Tras el nacimiento de mi hermano mayor, mis padres deseaban una niña, pero nací yo. Siempre me he considerado un hijo no deseado. Hasta los tres años, a veces mi madre y mi tía me vestían con la ropa de mi prima. No lo recuerdo, pero se que me gustaba porque me lo contaron después (en realidad me dijeron que me reía, por eso extraigo que me gustaba).
En los primeros años de mi vida pensaba ingenuamente que una vez adultos, los niños se convertían en mujeres y las niñas en hombres. Estaba deseando ser una persona adulta para ser una niña, que es lo que siempre he querido ser. Pero cumpliendo la típica pauta infantil de negar los deseos, decía que quería ser niño. Mis padres lo interpretaban como que quería ser siempre un niño, pero lo que quería decir era que quería ser una niña -mujer.
Recuerdo la primera vez que (casi) me pongo ropa femenina por decisión propia. En casa de una prima había un baúl de disfraces y entre ellos una falda azul tableada. Me encantó y quise ponérmela, pero mi prima me la arrebató de las manos y me dijo que eso no era para mi.
Después, tanto en la escuela como en la vida diaria, veía los vestidos de las niñas y las envidiaba, quería ponérmelos.
En el colegio también envidiaba los juegos de las chicas, pero no podía participar. Había un chico afeminado que jugaba con ellas porque tenía "estatus de mariquita", pero a mi no me lo permitían porque entendían que mis intenciones eran otras.
Así transcurrieron los primeros años de mi infancia hasta cumplir los ocho. A esa edad pase parte del verano con mi prima. Ella era la típica niña que decía que quería ser chico porque los chicos podían hacer lo que quisiesen, de modo que estando conmigo alguna vez se puso mi pijama. Yo la lié para que me ofreciese su camisón y al final lo conseguí. Después, la disuadí para que me insistiese en que me pusiese sus braguitas. Me hice de rogar pero también me las puse. eran azul claro, como el camisón, y me sentí muy bien al ponérmelas. Recuerdo que ya en aquel entonces le dije a mi prima que estaría muy bien no tener testículos para que no me abultasen. Esa noche dormí con el camisón y las braguitas. Al arroparme, mi abuela descubrió el camisón y me dijo, reprobándome, que parecía una "madama".
Por la mañana me cambié y varios días después mi prima le comentó a mis amigos que me había puesto sus braguitas. Aunque ellos no le hicieron mucho caso, me enfadé y mi abuela me preguntó por qué. Se lo conté y también le conté que me había puesto las braguitas, de modo que volvió a reprobarme, pero después intercedió ante mi prima, que desmintió todo ante mis amigos.
De aquello nada trascendió en mi familia, que yo sepa, y después comencé a vestirme de chica a escondidas. Nunca me descubrieron, pero tampoco conseguí jamás que mi prima me volviese a "hacer" que me vistiese como una chica, aunque estuve a punto de conseguirlo.
Por desgracia, conseguí ocultar mis sentimientos durante toda mi vida y nunca me sorprendieron vestido de chica. Los padres deberían estar más atentos a las inclinaciones de sus hijos para detectarlas a tiempo y apoyarles, máxime las madres que vistieron de niña a sus hijos en la primera infancia.
La verdad es que si naciese chico de nuevo me hubiese gustado que mi madre me vistiese de chica de pequeño, pero también hubiera querido que me descubriese y que me hubiese ayudado a ser una chica.
No se si podré llegar a ser una mujer. Tendría que romper con todo. No con mi familia, sino con mi trabajo, que para mi es bastante satisfactorio. Ya veremos.


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