La dirección de los asuntos mundiales de AA
Enero de 1966
n nombre de la junta de custodios de AA, nuestro presidente y fiel amigo, el Dr. Jack Norris, nos ha pedido que hagamos frente a una responsabilidad de mucho alcance. Los futuros historiadores de AA marcarán sin duda esta ocasión como un momento crucial en el desarrollo de nuestra muy querida Comunidad. El motivo de esto es que ahora vamos a reconsiderar, y tal vez cambiar, la naturaleza y la composición del futuro liderazgo mundial de AA. Mientras meditamos sobre este problema por tanto tiempo sin resolver, estaría bien que recordáramos que en los asuntos de las sociedades nuevas y de las naciones, la determinación de su liderazgo final ha sido siempre una cuestión de importancia crucial. Esto es lo que nos enseña la historia de la humanidad.
El Dr. Jack nos ha pedido específicamente a los Alcohólicos Anónimos - al nivel de nuestra junta de custodios - que asumamos el papel principal en la dirección de los asuntos mundiales de AA. Para lograr esto, él ha presentado un programa detallado, un plan recomendado casi unánimemente por sus compañeros custodios. Si adoptáramos este nuevo concepto en 1966, la responsabilidad principal de la dirección de nuestros asuntos mundiales pasaría de los no alcohólicos de nuestrajunta actual a los custodios alcohólicos de la nuevajunta.
Nuestra reorganizada junta estaría compuesta de catorce custodios AA y siete custodios no alcohólicos. Siete de los miembros de AA serían escogidos de entre las áreas apropiadas de los Estados Unidos y Canadá en base a su capacidad de liderazgo en AA. Los siete restantes AA serían seleccionados en base de sus diversas pericias y talentos profesionales y administrativos. Esto constituiría una junta equilibrada de veintiún miembros, en la que los AA estarían en mayoría de dos a uno. Esto se puede comparar con nuestra junta actual de diez no alcohólicos y nueve AA. Los puestos principales de la nueva junta estarían abiertos a sus miembros AA en cualquier momento en que tal cambio fuera deseable. Sólo por razones prácticas, el mejorado equilibrio entre las tres clases de custodios nos debería complacer a todos nosotros.
No obstante, el plan de los custodios, según el esbozo del Dr. Jack, tiene implicaciones más grandes que el mero sentido práctico: Entraña profundos valores espirituales; es también una llamada a la responsabilidad más grande de AA. De hecho, también es una declaración de que AA ha evolucionado ahora hasta tal punto de estabilidad y competencia que ya no debe funcionar bajo lo que, desde 1938, ha sido el símbolo de la custodia protectora de nuestros amigos no alcohólicos. Como ya sabrán, la estructura actual fue creada hace mucho tiempo - en una época en la que AA no tenía nada más que tres grupos y sólo catorce miembros.
Merece la pena hacer una pausa aquí para recordar por qué nuestra Junta de Servicios Generales se constituyó originalmente de esta manera. Para nosotros los AA, el año 1938 fue de una incertidumbre angustiosa. No había ninguna prueba de que los alcohólicos pudieran estar sobrios indefinidamente. Tampoco había evidencia convincente de que tuviéramos la estabilidad emocional para cuidar de nosotros mismos, aunque estuviéramos sobrios. Además, no teníamos posición ante el público; la gente ni siquiera sabía que existíamos. Y también, ¿cuántos grupos de AA distantes pensarían en enviar sus contribuciones monetarias a una junta de custodios compuesta completamente de alcohólicos neoyorquinos? Este era el clima de miedo e indecisión que ensombrecía nuestro cielo en aquellos primeros tiempos.
Sin embargo, ya se había puesto en claro que nuestra naciente sociedad tendría que tomar una dirección. En la cumbre de la creciente pirámide de nuestros miembros, habría que erigir un faro cuya iluminación llevara el mensaje de AA a los que todavía sufrían del alcoholismo. Por miedo a que algún día su resplandor fuera apagado por las recaídas y la irresponsabilidad, no queríamos arriesgarnos a cuidar de este faro por nosotros mismos.
Nos hacia falta cierta forma de protección, ¿pero cuál? La solución que propusimos en 1938 es ahora bien conocida. Habíamos pedido a algunos amigos no alcohólicos, cuidadosamente escogidos, que formaran nuestra junta de custodios, y decidimos darle estado legal a esta junta. También estipulamos que, por tradición, el presidente y el tesorero fueran siempre no alcohólicos. Al admitir francamente que AA tenía la absoluta necesidad de tener tal protectorado, juzgamos, de una manera pesimista, que si todos los custodios AA se emborracharan, nuestra junta podría no obstante continuar funcionando gracias a sus guardianes no alcohólicos.
Hoy día, podemos sonreír alegremente al pensar en todos estos temores excesivos y complicadas precauciones. Durante los pasados veintisiete años, solamente dos custodios AA han sucumbido ante el alcohol. Mientras tanto, nuestro mensaje ha sido transmitido al mundo entero de una manera muy eficaz. Probablemente no seria exagerado decir que la mitad de nuestros miembros actuales y una porción considerable de nuestra admirable unidad se deben, en gran parte, a los esfuerzos de los servidores mundiales de AA, tanto de la junta de custodios como de la Oficina de Servicios Generales.
Naturalmente, a veces hemos conocido tormentas emocionales, pero ninguna de ellas más grave que las que afligen a la mayoría de las otras sociedades. En cada caso, hemos logrado superar estas dificultades gracias al inmenso espíritu de dedicación que siempre ha caracterizado nuestros servicios mundiales en todos sus niveles. Los hechos hablan por si mismos. Hoy sabemos que no tenemos que temer al alcoholismo, ni tampoco al desequilibrio emocional excesivo.
Examinemos ahora la aportación de nuestros custodios no alcohólicos a través de los años. Puedo decir sin vacilación que su valor ha sido incalculable. Solo Dios puede saberlo. Por lo tanto, espero sinceramente que un buen número de estos amigos se queden con nosotros, tal como está previsto en nuestro nuevo plan.
En los días en que AA era desconocido, nuestros custodios no alcohólicos fueron los que nos presentaron ante el público. Nos proporcionaron las ideas que ahora son parte de la estructura del funcionamiento de nuestra Sede. Pasaron horas y horas trabajando voluntariamente a nuestro lado y en las tareas más detalladas e ingratas. Nos comunicaron gratuitamente sus conocimientos profesionales y financieros. De vez en cuando, fueron los mediadores que ayudaron a resolver nuestras dificultades.
Especialmente en los primeros años, su sola presencia en nuestra junta bastaba para infundir confianza y respeto total a muchos grupos lejanos, mientras aseguraban del valor de AA a todos a nuestro alrededor. Estos son los extraordinarios servicios que aún prestan hoy día. Ellos son también los hombres que se mantuvieron firmes durante aquella época emocionante pero peligrosa entre 1940 y 1950, cuando la unidad de AA y su responsabilidad colectiva fueron puestas a prueba - una época en que se iban forjando nuestras Doce Tradiciones a partir de las lecciones de aquella experiencia.
Por haber sido yo mismo un residente continuo en la casa de los servicios mundiales de AA durante más de un cuarto de siglo, no hay nadie que pudiera comprender mejor que yo lo que estos fieles amigos han significado para nosotros. Es para mí una de las satisfacciones más profundas y duraderas testimoniar en este artículo el reconocimiento a sus magníficas aportaciones. La expresión de nuestra gratitud no podría ser completa sin la mención de la contribución indispensable al bienestar de AA que en una ocasión nos aportó un amigo y custodio no alcohólico. Me refiero a un hombre a quien muchos de ustedes ya conocen - quien en una época fue nuestro presidente, el Sr. Bernard Smith. Durante una de las crisis más graves que esta Comunidad haya experimentado jamás, fue Bern quien nos persuadió para que asumiéramos nuestras responsabilidades claras y legítimas.
Hay que confesar que, como individuos, nosotros los alcohólicos nunca hemos estado muy dispuestos a aceptar con mucho entusiasmo las grandes responsabilidades. Todos nosotros nos vimos forzados al principio a acudir a AA bajo el látigo del alcohol. En medio de una nueva vida, nos vimos confrontados por los Doce Pasos y las Doce Tradiciones. Muy a menudo, adoptamos estos principios de una manera parcial. No obstante, según iba pasando inevitablemente el tiempo, nos conformábamos cada vez más. Empezamos a practicar los principios de AA porque sabíamos que eran buenos para nosotros aunque muchos de ellos todavía nos resultaban muy difíciles. No obstante, tuvo que pasar mucho tiempo antes de que llegáramos al punto de poder aceptar nuestras mayores responsabilidades con esa disposición total y alegre que la espiritualidad consistente y eficaz terminó por concedernos.
También se puede observar que, como cualquier otra gente, nosotros los AA somos propensos a resistirnos a los cambios grandes, especialmente cuando todo parece funcionar bien. A menudo, esta resistencia estaba fundada en nuestros temores. Pero a veces ha constituido la auténtica prudencia. En algunas ocasiones, este conservadurismo ha evitado decisiones apresuradas y poco estudiadas sobre asuntos importantes.
Lo que ha sido cierto en lo concerniente a nosotros como individuos, ha tenido que serlo también con respecto a nuestra Comunidad. Puedo acordarme muy claramente de la gran resistencia que hubo a la creación de nuestra junta mundial de custodios en 1938, a la publicación de nuestro libro de texto Alcohólicos Anónimos en 1939, y aún tiemblo al recordar la fuerte oposición que surgió ante la idea de celebrar una Conferencia de Servicios Generales de Alcohólicos Anónimos, cuando este proyecto se presentó por primera vez en 1946. En aquellos tiempos, la mayoría de los AA creían sinceramente que las tentaciones y los riesgos que entrañaban estas empresas tan complejas eran demasiado para nosotros. No obstante, ahora podemos dar gracias a Dios por haber asumido y aceptado finalmente estas responsabilidades vitales y claramente definidas.
Tenemos que decir, sin embargo, que en cada una de estas ocasiones tuvimos que estar firmemente convencidos de la absoluta necesidad de un cambio. Tenía que haber de manifiesto un sólido núcleo de liderazgo personal constructivo y convincente.
Esto es exactamente lo que nos dio nuestro excelente amigo Bern Smith en 1950, cuando tras años de discusiones acaloradas pero poco aclaratorias, no habíamos podido llegar a la decisión de formar la Conferencia de Servicios Generales de AA. Lo que salvó la situación fue su liderazgo personal.
Permítanme que amplíe el contexto de esta declaración. Para 1946, comenzaron a salir a relucir algunas realidades de la vida de AA. Nuestra junta de custodios - conocida entonces como la Fundación Alcohólica - se iba encontrando cada vez más aislada a medida que nuestros grupos se expandían por el mundo entero. De hecho, el único vínculo entre nuestra junta y estos miles de miembros consistía en unos pocos incansables alcohólicos de la Oficina de Servicios Generales, el Dr. Bob y yo. Los custodios eran prácticamente desconocidos. El Dr. Bob había caído enfermo, tal vez mortalmente enfermo. Nuestro vinculo era perecedero y demasiado frágil. Por eso, a algunos de nosotros nos parecía que era urgente que nuestra junta de custodios se relacionara directamente y sin demora con la totalidad de AA.
Había una razón más: Una mayoría de nuestros grupos ya habían dicho que no querían seguir viviendo bajo la protección y la administración de sus fundadores y veteranos locales - sin importar lo muy queridos que fuesen. Para suerte o para desgracia, nuestros grupos tomaron la decisión de cuidarse de sí mismos.
Esta fue la revolución de AA que condujo a la redacción de la Segunda Tradición, cuyos principios para el funcionamiento de AA estipulan que la conciencia de grupo sea la autoridad final de todas las actividades de servicio y que los servidores de confianza nombrados por los grupos actúen en su nombre.
Los miembros de nuestra junta, aislados durante tanto tiempo, eran sin duda servidores de confianza. Pero era cierto, no obstante, que estos custodios no tenían conexión directa con la conciencia de grupo de nuestra Sociedad, ni tampoco eran responsables ante ella. Por lo tanto, empezó a ser evidente que nosotros, en Nueva York, continuábamos funcionando como un protectorado, algo que para entonces ya estaba pasado de moda y no concordaba con las disposiciones y el espíritu de la Segunda Tradición de AA. Por consiguiente, se propuso formar una Conferencia de Servicios Generales de delegados que pudieran hacer frente directamente a estas deficiencias. Según se propagaban las nuevas de este proyecto, empezó a aumentar la resistencia. Cuanto más se insistía en efectuar la Conferencia, más inflexible era la oposición. Muchos AA estaban profundamente atemorizados. Se imaginaban a sí mismos envueltos en una oleada de búsqueda de prestigio, de politiqueo, de dificultades financieras y todo lo demás. Bajo tales circunstancias, muchos miembros no podían ver la apremiante necesidad de un cambio radical. Ante todas estas protestas, naturalmente la junta llegó a la conclusión de que la mayoría de los AA no querían en absoluto una Conferencia de Servicios Generales. Me temo que yo también contribuí a empeorar este atolladero con mi incesante e implacable insistencia sobre el asunto de la Conferencia.
Entonces entró en escena Bern Smith. Con una diplomacia y un tacto inigualables, comenzó a señalar que el riesgo real de la aventura de la Conferencia era, en su opinión, mucho menor que el riesgo de no hacer nada en absoluto. El creía que esta política de inacción acabaría por provocar el colapso (1, cuando menos, un grave deterioro del corazón del servicio de AA. Estaba convencido de que no podíamos arriesgarnos a tener tal desastre en nuestra Sede, una desgracia de la que posiblemente nunca nos recuperaríamos.
También nos recordaba constantemente que el autogobierno es la primero responsabilidad de toda sociedad democrática, tal como habíamos declarado que era la nuestra en la Segunda Tradición. Como ya sabemos, estas opiniones de Bern fueron finalmente aceptadas, y nunca olvidaré aquel maravilloso día en su oficina en el que el comité de estructura de los custodios recomendó la inmediata creación de la Conferencia de Servicios Generales de AA. Por lo tanto, a nuestro amigo Bern le debemos el que hoy tengamos nuestra Conferencia anual.
Esta historia tiene ciertamente una relación clara y profunda con este asunto tan importante de la dirección futura de AA; un asunto que tenemos de nuevo en el tapete y sobre el que se ha estado discutiendo diez años.
Resulta evidente que el Dr. Jack ha estado realizando por nosotros un servicio parecido, de importancia única. Por lo tanto, a él y a sus compañeros custodios, les debemos rendir un homenaje parecido. Debido en gran parte al sabio y paciente liderazgo del Dr. Jack durante este período de cambio, tenemos ahora ante nosotros el plan de los custodios. Si lo adoptamos, este plan marcará el último paso esencial en la evolución de la estructura de los servicios mundiales de AA.
Apenas si hace falta decir que yo apoyo el plan de los custodios; su exposición en la Conferencia de 1965 fue uno de los acontecimientos más inspiradores y conmovedores de toda mi vida de AA.
Finalmente, reflexionemos juntos sobre el contenido espiritual de este plan tan importante.
Como ya sabemos, todo progreso en AA se puede calcular en términos de sólo dos palabras: humildad y responsabilidad. Nuestro desarrollo espiritual se puede medir con precisión en función de nuestro grado de adhesión a estos dos magníficos criterios. Una humildad cada vez más profunda, acompañada de una creciente disposición de aceptar y asumir las obligaciones bien definidas, son las piedras de toque de nuestro progreso en la vida espiritual. Para nosotros, son la esencia misma del buen vivir y del bien hacer. Por medio de ellas podemos descubrir y hacer la voluntad de Dios.
Por lo tanto, consideremos las dádivas espirituales que nuestros amigos han ofrecido hoy para el futuro bienestar de AA. Se han ofrecido a ser tres menos en la junta. Teniendo aún la mayoría en la junta, en la que todavía ocupan los puestos importantes, a nuestros amigos no alcohólicos se les ha asignado durante todos estos años el papel de guardianes, una responsabilidad que nunca se han visto obligados a desempeñar. Por lo tanto, hace tiempo que este antiguo símbolo de protección carece de sentido. Reconociendo esto, el nuevo plan de los custodios prevé que, en el futuro, nuestros amigos serán una minoría en la junta, convirtiéndose así en nuestros asociados. Al hacer esta humilde oferta, nos han invitado a asumir la responsabilidad más grande - la dirección, con la ayuda de Dios, de nuestra propia vida como Comunidad.
Si ésta es su forma de demostrar la humildad, ¿cómo vamos a demostrar nuestra responsabilidad? Como si fuéramos una familia que acaba de alcanzar su mayoría de edad, nos han dicho en esencia: "Tienen el porvenir abierto ante ustedes, y ya están listos para hacerle frente. Abrácenlo sin miedo. Tenemos una fe y una confianza inquebrantable en ustedes. En su marcha hacia su destino, recuerden siempre que Dios, con su sabiduría, les ha concedido tres gracias preciosas: la liberación de una aflicción mortal; una experiencia que les permite llevar a otros esta inapreciable liberación; y una visión cada vez más amplia de la realidad de Dios y de su amor."
Que nosotros los Alcohólicos Anónimos permanezcamos siempre dignos de estos tres dones de gracia y de las supremas responsabilidades que ahora son nuestras, por tanto tiempo como Dios, con su gran generosidad, quiera que duremos.