Puede ocurrirte a ti
¿Te puedes acordar de las veces en que, al despertarte, no podías levantarte de la cama a no ser que supieras dónde tenías escondida una botella en la casa? El día en que cogí la borrachera que acabó conduciéndome a la prisión para cumplir una condena de 15 años, no fue en nada diferente a otros centenares más.
Cuando amanecí esa mañana, me parecía un día como todos los demás. No tenía la menor idea de que algo me sucedería que, con mi manera deformada de pensar, haría que me enloqueciera, que haría que me olvidara de mí mismo hasta tal punto que quisiera causarles daño a otras personas.
al llevar a la prisión, me veía integrándome a una forma de vida que parecía significar el fin de todo para mí. La familia, los amigos y conocidos, todos me habían abandonado; no querían tener nada que ver conmigo. ¿Por qué? ¿A quién echar la culpa? ¿Cómo me habría dejado enredar en ese lío en que me encontraba metido? Enfermo de mente, de cuerpo, de alma y, para colmo, lentamente estaba perdiendo la vista.
¿Dónde estaba el fiel compañero? Don alcohol, el amigo que te había sostenido desde hacía ya tantos años . . . ¿Cómo te podría haber abandonado en tal hora desesperada?
Entonces viene el guardián y te dice que es hora de ir a ver al jefe. Enfermo, temblando, te presentas ante alguien para facilitarle información sobre ti mismo. A las preguntas que te hace, no puedes contestar, o no quieres ni tratar de contestarlas. Te sacuden con insistencias preguntas para descubrir los detalles del crimen, el cual puede que no estés seguro de haber cometido.
¿Qué puedo hacer? ¿Qué voy a hacer?
estas preguntas pueden parecerles sencillas - a los que nunca se vuelven esclavos del alcohol. Hazle al alcohólico las mismas preguntas y verás la respuesta que te da. No puede ni intentar constestarlas. No obstante, el interrogador esperaba una respuesta. No le interesaba por qué yo estaba allí ni el crimen que había cometido. Le incumbía recoger la información que se necesitaba para cubrir el papeleo e iniciar así mi expediente penal.
Para mí eso era el fin.
¿Qué podría hacer yo a mi favor? Era preciso responder a esa pregunta y enseguida. En mi temprana niñez, mis padres me enviaban a la iglesia varias veces cada semana; pero, mientras iba vagabundeando por todo el país, perdí las costumbres que ellos, con tanto ahínco, habían tratado de inculcar en mí. Y sabía que la opinión que ahora tenía de la cristiandad nunca me rescataría del enredo en el que me encontraba. Encarcelado, esperando las cadenas con que me arrastrarían aquí, conocí a un tipo que una vez fue miembro de algo que se llamaba A.A. l hablar con él, podía ver que, en muchos aspectos, nuestras vidas habían corrido paralelas, la una con la otra. Me aconsejó que investigara el grupo de A.A. de la prisión.
Gracias a Dios por haberlo investigado.
Pedí y me concedieron permiso para asistir a las reuniones del Grupo Pionero. Me quedé maravillado con los ex bebedores que allá hablaban de una nueva manera de vivir. ¿Podría yo, Bernardo, admitir qu8e no podía controlar mi forma de beber? Ni soñando. ¿Quién podría haber ideado tal programa tan lleno de tonterías? Yo podía manejar mi vida sin unirme a una pandilla de locos.
Pero parece que me había contagiado, porque estaba allí la próxima vez que se reunió el grupo, intentando burlarme de todo lo que se decía. Nadie decía nada que para mí tuviera sentido, o así quería que lo fuera. No obstante, seguía esperando la siguiente reunión. Por fin, después de muchos meses, y muchas palabras, empezó a penetrar en mi dura cabeza que había algo aquí que yo había pasado por alto. No sabía qué era, pero iba a averiguarlo.
Empecé a hacer un inventario.
Llegué a darme cuenta de que era culpable de todo lo que significara vivir en contra de los Doce Pasos de A.A. y, además, que había renunciado a Dios como yo Lo concebía. ¿Qué hacer al respecto? Primero, conformarme con Dios como yo Lo concebía. Segundo, ponerme a practicar los Doce Pasos - y esto no significaba meramente decir que iría a paso lento hasta encontrar mi propio camino, sino ponerme en acción y trabajar cada uno de los Pasos como si me jugara la vida, como así lo era. Es sorprendente lo que podemos descubrir acerca del programa y de Dios como Lo concebimos, si solamente hacemos un esfuerzo para saber. No te cuesta ni la mitad del esfuerzo que te costaba emborracharte.
Me preguntas: "¿Es fácil practicar este programa en prisión?" No. No. No. En la mayoría de los pasos a nivel se ve una señal que dice: PARE - MIRE - ESCUCHE. Cámbialo para que diga: PARE - MIRE - Y PIENSE.
¿Es fácil admitir que no podemos manejar nuestra vida? No. ¿Admitir que no estamos cuerdos? No. ¿Es fácil entregar nuestra voluntad y nuestra vida al cuidado de Dios como nosotros lo concebimos, después de haber pasado tantos años bebiendo? No. ¿Es fácil hacer sin miedo un minucioso inventario moral? No. ¿Es fácil admitir ante Dios y ante otro ser humano nuestros errores? Yo diría que no. ¿Estamos plenamente dispuestos a dejar que Dios nos libere de nuestros defectos? No. ¿Dispuestos a continuar haciendo un inventario personal y cuando nos equivocamos, admitirlo? ¿Quién soltaría tamañas tonterías? ¿Estamos dispuestos a intentar, a través de la meditación y la oración, acercarnos cada vez más a Dios? No. No tenemos suficiente tiempo para llevar este mensaje a otros alcohólicos. ¡Que se las arreglen solos!
¿Puede este programa llegar a ser fácil en la prisión? Si. si una persona es sincera; si realmente quiere hacer algo respecto al lío en que él había convertido su vida - la forma en que esto se hace en prisión no es muy diferente de cómo se hace afuera. Sí, puedo oírles decir a muchos de ustedes que en prisión no hay tantas tentaciones como las hay allí afuera. No tienen razón. Hay tantas, si no más, formas de sabotear el programa adentro como afuera.
Cuando practicas los Doce Pasos y los consideras, hay once de ellos, creo, que tratan la parte espiritual. ¿Tengo razón? ¿Qué significa la palabra espiritual? Según lo entiendo significa que he llegado a convencerme de que hay un poder superior a mí mismo; que para poder ir a pedir ayuda a este poder, tengo que olvidarme de intentar aprovecharme de las "presas frescas" - dejar de preocuparme por conseguir algunas píldoras y subirme a las nubes . . . de decir mentiras, de hacer todo lo posible para no hacerle a alguien un favor, de esperar beneficios materiales a cambio de todos los favores que haga. ¿Es esto practicar el programa? ¿Es esta la forma en que se hace afuera? La única respuesta que puedo dar es la de adentro, y digo que no. Si somos sinceros respecto a los Doce Pasos, podemos hacerlo. Si no lo somos, ¿por qué siquiera meternos en ello?
Buscamos una sola cosa en el programa de A.A. La sobriedad. ¿Verdad? Si buscamos otra cosa es, a mi parecer, una pérdida de tiempo. Porque no nos mantendremos sobrios jamás si solamente estamos buscando medios para ser puestos en libertad, para conseguir que se acorten nuestras sentencias. Olvídate de A.A.
Estoy seguro de que tú puedes hacer que A.A. funcione en prisión, pero tiene que practicar la tolerancia y llegar a estar dispuesto a dejar que el Poder superior te ayude cada día, en todo. Aprender a ser sincero contigo mismo, con Dios y con otros. Cada día debes tratar de enmendar tus múltiples defectos, pero no creas que vas a alcanzar la perfección. Procura asistir a todas las reuniones. Ya sé que, después de tres o cinco o diez años, nos cansamos de ver las mismas caras; pero, recuerda, aquellos de nuestro grupo que están todavía en libertad son los que practicaban la tolerancia.
¿Qué pasó con la ceguera que mencioné al comienzo? Sí, me quedé ciego. Pero, por medio del poder que reconocía como superior a mí mismo (sí, gracias a El), después de una operación recobré la vista de un ojo. Espero recobrar la del otro algún día. ¿Se habría convertido esto en realidad afuera? No sé. En verdad, lo dudo. conociéndome a mí mismo y lo mucho que me gustaba el alcohol, aliviador de dolores, estoy convencido de que, mucho antes de todo esto, la historia hubiera tenido su desenlace en la muerte.
Barney B., Grupo Pionero
Penitenciaría Estatal de Washington