Un alcohólico perdido
A la edad de 30 años ya sabía que era alcohólico, pero tardé otros diez años en encontrar la puerta de A.A. Solo los alcohólicos perdidos tenían que recurrir a A.A. Después de seis meses de asistir diariamente a las reuniones, me di cuenta de que yo, también, era uno de aquellos alcohólicos "perdidos."
En esas primeras reuniones, hace 18 meses, había un hombre que tenía un refrán predilecto: "Cuando llegué, me dijeron que A.A. tenía un destornillador apropiado para todo tornillo flojo." En ese momento me parecía gracioso el refrán, pero no se podía aplicar a mí. Hoy me siento agradecido porque A.A. tiene esas herramientas, ya que yo, sin duda, tenía algunos tornillos flojos que apretar.
Nueve años en el seminario, seguidos por 20 años de asistencia diaria a los servicios religiosos mientras el negocio que había montado aparentemente seguía prosperando, me habían hecho duro de pelar. Sí, era alcohólico, pero un caso no tan malo. ¿No había logrado dejar de beber siete años antes de llegar a A.A.? No me parecía que valía la pena mencionar que, mientras tanto, había aprendido a emborracharme con las píldoras.
En los Doce Pasos de A.A. está la clave del buen manejo del destornillador. Si los Pasos no dan resultado, nada lo dará. He probado una suficiente cantidad de otros programas de recuperación espiritual, siquiátrico, oriental, místico y los que se basan en el puro sentido común- como para saber que no me dan resultado. A.A. es el último recurso para alguien que acaba sintiendo la desesperación de un hombre que se está ahogando.
Durante mis primeros días en A.A. creía tener un problema doble, con el alcohol y con la droga. Después de tantos años sin tomarme un trago, parecía solucionado el problema con la bebida. Tardé un rato en darme cuenta de que un puñado de píldoras tenía el mismo efecto que el licor - el olvido. Un día, lo descubrí: Había sustituido el alcohol por las píldoras. Era absurdo, después de una laguna mental de tres días causada por los tranquilizantes y analgésicos, recobrar el sentido y felicitarme por no haberme tomado un trago - que nadie recordara. No había botellas vacías.
Mientras acepte en lo más profundo de mi corazón que nunca puedo beber como bebe la gente normal, sé que debo estar en A.A. y practicar los Pasos diariamente para vivir sin alcohol. No puedo usar ninguna droga o medicamento que afecte a mi estado mental o emocional. Estas drogas y medicamentos me harán volver al alcohol, conduciéndome a la muerte o a la locura. El indulto que tengo es sólo para hoy, y sólo si mantengo mi condición espiritual.
No es fácil hacerlo. Yo era "experto" en espiritualidad. Hoy, me siento como un niño confundido, tratando de saber qué es la verdadera espiritualidad. En los primeros cuatro Pasos, he llegado a ver cómo me engañaba para convencerme de que tenía una firme creencia en Dios. Los que creen en Dios no hacen las cosas que hacía yo. Hoy, lo único que puedo hacer en lo concerniente a la espiritualidad es asistir a las reuniones, leer el Libro Grande, tratar de hacer los Pasos y pedir la ayuda de Dios. El resto es asunto de Dios.
Antes de llegar a A.A., me jactaba de ser un alcohólico que había dejado de beber. Un día lo hice hablando con un miembro de A.A. El desestimó la hazaña comentando de paso: "No eres sino un borracho seco." Eso no fue ningún cumplido. Poco después, ese amigo me invitó a asistir a una reunión. Lo hice para complacerle, o asilo creía. Durante los 17 meses siguientes, asistía a una reunión o más cada día.
Todos los desastres que han sucedido desde aquella primera reunión ya estaban para suceder. Era como si hubiera hecho una bola de nieve en la cima de una colina alta y, durante los pasados 18 meses, la hubiera visto crecer rodando lentamente cuesta abajo para aplastarme. En ocasiones parecía que la bola podía derretirse o desviarse, pero no lo hizo. Hoy, me parece bien que no lo hiciera. Puede que no hubiera otra forma de aprender lo que tenía que aprender. Quizá éste haya sido el golpe final y devastador, y por fin he tocado fondo.
Todos mis problemas me los he creado yo mismo. Uno de los puntos culminantes de mi vida es el día en que empecé a captar el significado de esta frase del Libro Grande. Saber que me he creado mis problemas contribuye a que yo acepte las consecuencias de mis acciones con alguna tranquilidad de espíritu.
Sigo dándome cuenta cada vez más de lo enfermo que estoy. Este proceso de descubrimiento ha sido terriblemente doloroso. No hay posibilidad de que una persona se recupere hasta que no se dé cuenta de lo grande que es la necesidad de hacerlo, de lo inútil que es tratar de recuperarse a solas.
Al comienzo, la gente me decía: "Sigue asistiendo a las reuniones. Las cosas mejorarán." Yo seguía asistiendo y las cosas han mejorado, aunque no de la forma en que creía que mejorarían. No he tenido más éxito en todas las áreas de mi vida como creía que iba a tener. Cuando llegué a A.A., tenía un trabajo excelente, una bella y sofisticada mujer, un auto último modelo y una casa de encanto. Después de un año de sobriedad, no tenía esposa, ni empleo, ni coche ni dinero y llevaba un montón de deudas imposibles de pagar. Y para colmo, con 17 meses de sobriedad, como consecuencia de ciertas acciones mías antes de llegar a A.A., me encuentro como huésped del gobierno de los Estados Unidos en la instalación siquiátrica de una penitenciaria federal de alta seguridad. Todo esto tenía que suceder para que me diera cuenta de lo perdido que estoy sin la ayuda constante de mi Poder Superior.
¿Han mejorado las cosas? No tuve que tomarme un trago hoy. Tengo esperanza. Se puede ver una luz al final del túnel, aunque a veces es débil. Cuando se baja aquella luz, hay todavía todos esos borrachos sobrios de A.A. Son una prueba de que las cosas sí mejoran para aquellos que trabajan los Pasos y están dispuestos a esperar.
J.M., Corpus Christi, Tex.