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Hacer las cuentas

Una muchacha que encontró A.A. en prisión escribe a su madrina "de afuera" unas cuantas semanas después de ser puesta en libertad.

Querida Juana,

Te voy a escribir esta carta y tratar de aclararme mis ideas según la vaya escribiendo. Quiero compartir estos pensamien­tos contigo. Acabas de recibir tu regalo (medio litro de whisky sin abrir) que te mando junto con esta carta. En el momento en que te escribo, la botella está encima de mi tocador al lado de mi champú y mi colonia. Es del mismo color que el champú y para mí no tiene más significado del que tiene la botella de champú.

Lo tenía cuando la compré. Dentro de mí estaba temblan­do y volvía a sentir aquella tremenda presión en mi cerebro. Miré por la vitrina de la tienda para ver si alguien me habría visto comprarla. Me sentía tan culpable que, si un policía me hubiera arrestado por quebrantar la ley, no me habría resis­tido a acompañarle y, sin reservas, me habría declarado cul­pable. Por supuesto, comprar una botella de whisky el sábado por la noche no va en contra de la ley del país. Pero va en contra de "la ley de A.A.," y no es la voluntad de Dios el que me emborrache; no está de acuerdo con tus principios ni los míos.

La compré para hacerme una prueba. Quería saber qué efecto tendría en mi si la bebiera. ¿Sufriría de los delirium tremens? ¿Me quedaría en casa? o ¿saldría para rondar las calles? ¿Sacaría de mi maleta el manuscrito de mi novela? - hace meses que no lo he leído ni he añadido al texto siquiera una palabrita. O, ¿iría a tu piso para decirte, "¿Ahora qué piensas de mí? Siempre me dices que soy una buena persona y que tienes tanta fe en mí... ¿Qué te parece esto?" ¿Lloraría por José? ¿I~ a la bolera a buscar a Román? ¿Podría parar de beber?

Si no me la bebiera, quería saber por qué. Según lo escribo, me doy cuenta. La dejé envuelta unos quince minutos tirada en la cama. No le prestaba ninguna atención mientras arre­glaba la ropa en mi armario. Entonces la saqué de la bolsa, me senté en una silla y la miraba fijamente, leyendo la eti­queta. Me decía: "Fíjate en esta pequeña tal y tal. ¿Cómo podría dejar que esta botellita de liquido se apoderara de mi vida y de mí misma? No es nada. Yo soy algo. Soy un ser humano con motivos para creer que seré una buena persona. Esta botella tiene el poder de convertir a la gente en cobardes llorones. Ahora que conozco su jueguito la puedo superar. Puedo salir ahora mismo y darle a esa gente el conocimiento y el poder que necesitan para dejar de beberla por el resto de sus vidas. Aquí soy yo quien manda y te mando al diablo."

Me puse de pie y la puse en el tocador. Prendí la luz y dejé que me bañara la cara. Me miré un buen rato en el espejo. Veía las presiones que había sufrido enferma durante la ~ mana pasada, la gripe y la fiebre, la nariz hinchada - pero podía ver mucho más. Ojos que miraban al mundo con bon­dad y buena voluntad. Veía que la amistad de los miembros de A.A. había obrado una gran transformación en la expresión de esa cara; parecía que los labios podrían sonreír en cual­quier momento. Antes eran tan fríos y severos.

Me senté en una silla e hice la cuenta, la cuenta personal. Es así:

1. Juanita B. me ofreció más que el apadrinamiento. Me ofreció su amistad. No tenía que hacerlo, pero lo hacía porque yo le gusto, ella tiene fe en mí y se preocupa por mí.

2. Elena M. está orgullosa de mí, se toma la molestia de hablar conmigo en las reuniones. Me invitó a la boda de su hija. Nadie ha tenido nunca conmigo tan delicadas atencio­nes. Y yo iré.

3. Rosa D. y yo nos estamos haciendo muy amigas.

4. Víctor B. me dice: "sigue haciendo el buen trabajo," y me estrecha la mano.

5. Carlos M. dice que tengo A.A.

6. Alejandro V. se deshace por darme ánimo en las reu­niones y me tiene verdadero afecto.

7. Margarita B. me invitó a compartir su casa.

8. A Juan H. le gusta pasar el tiempo conmigo.

9. Francesca P. y Eugenio R. con el paso de tiempo serán mis amigos.

10. Tengo la oportunidad de hacer realidad un sueño de Juanita. Esta bendición debe colocarse en segundo lugar de esta lista. Puedo volver a la Prisión para Mujeres de Indiana como oradora, madrina y ejemplo y ayudar a las muchachas allí y contribuir a compensar a Juanita por las penas y dolo­res que ella ha soportado los últimos tres años.

11. Después de tres semanas en mi nuevo empleo, me ascendieron a camarera jefa. Hago un buen trabajo allí.

12. Soy muy trabajadora y, en mi día libre, me levanté temprano y fui a Champaign, Illinois, para tratar de ayudar a Juanita B.

13. He asistido a tres, cuatro o cinco reuniones cada se­mana celebradas por seis diferentes grupos de A.A. para captar así el mensaje lo mejor posible para ser un miembro eficaz y devolver lo que se me ha dado.

14. Ahora sé lo que es el amor cristiano entre personas. El Arzobispo Sheen habla acerca de ello muchas veces, pero yo no podía creer en tal cosa. Ahora conozco este amor.

15. He practicado los primeros siete de los Doce Pasos y dejo a Dios que disponga de mi vida como más le complazca. El está haciendo un buen trabajo.

16. Estoy contenta de vivir en una sola habitación. Mi fe­licidad tiene poco que ver con mis posesiones materiales.

Lo anterior es la lista de lo mejor que me ha sucedido desde que fui puesta en libertad hace 31 días. ¿Cómo podría esperar más u ocuparme de más de lo que ahora tengo?

Antes de empezar a escribir esta carta, fui al armario para buscar mi pijama. De repente dije: "Padre, cuídame. Ayúda­me a hacer lo que Tú quieres que haga."

Juanita, El lo hizo.

Tu amiga,

Dorotea

Indianapolis, Indiana

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